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¿Que idea de niño tenemos?

Publicado por Francisco Mora activado 21 Marzo 2013

¿Que idea de niño tenemos?

¿Qué aprende un niño?

Fernando Osorio.

Antes de revisar que aprende un niño y como aprende, resulta necesario hacer un cierto rodeo por otro tiempo subjetivo, tiempo que pertenece a una etapa de la vida que nombraremos desde el psicoanálisis, como primordial. Y no solo desde el punto de vista de lo fundamental o prioritario, sino desde lo fundacional, desde lo constitutivo. Antes de pensar qué y como aprende un niño, se debe poder comprender cuál es la esencia subjetiva que le da existencia a un niño. Propongo entonces preguntarnos, para poder avanzar, ¿Qué es un niño?

Lo primero que se precipita es que para los múltiples abordajes científicos que se ocupan de su estudio, no es lo mismo. Un niño como idea o concepto, no es pensado del mismo modo por las diferentes disciplinas que se interesan en el.

Un niño no es lo mismo para la psiquiatría que para el psicoanálisis, ni es lo mismo para la psicopedagogía, la medicina, la antropología, la sociología, no se lo aborda ni estudia del mismo modo ni con los mismos objetivos. Para poder arribar al análisis de asuntos tales como la inteligencia, las cuestiones del aprendizaje o el fracaso escolar, es contingente desarrollar una idea: ¿ a que nos estamos refiriendo cuando hablamos de un niño? Vamos a arriesgar desde el psicoanálisis tres cuestiones primeras con relación a ¿Qué es un niño?

  1. Un niño no es nada mas allá de lo social
  2. Un niño es una sustitución.
  3. Un niño es, primero, en el “campo del Otro”.

Para el psicoanálisis, que un niño no sea nada mas allá de lo social remite a pensarlo en términos de una existencia a partir de lo que se diga de él, o de lo que se desee para él; eso que se dice es un significante que lo constituye; es decir, que un niño no va a ser en términos de existencia, hasta que alguien lo nombre o lo piense o lo desee, aun antes de haber nacido, hasta que no haya un significante que lo contenga.

A propósito de esto señala Lacan, “esa suposición radical nuestra, que pone al sujeto en su constitución en la dependencia, en una posición segunda en relación con el significante, que hace del sujeto como tal un efecto del significante, no puede dejar de surgir de nuestra experiencia (…) El significante determina al sujeto (…) por cuanto que, necesariamente, la experiencia analítica quiere decir eso, Pero sigamos las consecuencias de esas premisas necesarias. El significante determina al sujeto, el sujeto se estructura a partir de él (…) intento hacerles seguir más de cerca ese vinculo del significante con la estructura subjetiva” (1)

Por eso, un bebe abandonado en un hospital se puede morir aunque se lo alimente. Tenemos los casos de hospitalismo, de marasmo, que padecen algunos bebés abandonados en los hospitales. Si nadie dice nada por ellos, si nadie los nombra, si nadie desea nada por y para ellos, si no hay significante que los contenga previamente a su llegada , los niños mueren, y mueren biológicamente, no es solo subjetivamente, no se trata de una metáfora, ¡se mueren, literalmente!

Con respecto a la segunda formulación, un niño es una “sustitución”, diremos que un niño es una equivalencia, es algo que viene en sustitución de otra cosa, el niño equivale a otra cosa y con esto reforzamos también la idea de la “nada”, solo es algo a partir de que alguien también, lo nombra y lo aloja en un lugar. Su existencia sustituye a otra cosa; explicará Lacan que el hijo será el sustituto del falo y que la mujer solo requiere de un poco de paciencia para que su propio padre sea sustituido, en un futuro, pero por otro semejante que efectivamente le dará un niño.

En la formulación freudiana sobre la sexualidad infantil y la sexualidad femenina, un hijo viene a reemplazar al pene que no pudo tener la niña, es decir, hijo en lugar de pene (complejo de castración). Un hijo representa al falo que completa a la mujer, es decir, niño en lugar de pene, pero como falo que la completa; esta es la ecuación simbólica de que habla Freud. “El deseo del pene se ha mudado en deseo del hijo, o este último ha reemplazado a aquel. Una analogía orgánica entre pene e hijo se expresa mediante la posesión de un símbolo común a ambos” (3)

El tercer punto: un niño es, en el campo del otro. Otro (con mayúscula), en términos de aquel adulto (no cualquiera) responsable, que se haga cargo no solo de la crianza sino de donarle un nombre, imaginarlo, proyectarlo, alimentarlo, protegerlo, hacerlo ingresar en la cadena significante, o sea en el lenguaje, en la cultura. Este lugar de dependencia, del niño al significante que lo precede en su existencia, se halla en el espacio del Otro. Por lo tanto, el niño solo existirá en tanto exista un significante para él en ese territorio al que adviene: el campo del Otro. “El sujeto depende del significante y el significante esta primero en el campo del Otro”.

A partir de Lacan se formalizan algunos conceptos que permiten desprender la función parental de las personas físicas, de los personajes de las historias, en este caso de los personajes de la familia; la única posibilidad de no dejar pegadas las funciones con los personajes de la historia familiar es pensar esos lugares en un estatuto simbólico. A ese alguien que es significativo para ese niño, Lacan lo va a nombrar como “el Otro” en tanto lugar, en tanto función, que podrá ser ejercida en el mejor de los casos, por la madre. Y por supuesto tendrá consecuencias en la subjetividad de ese niño que el Otro no sea su madre biológica, no es condición sine qua non que lo sea, pero lo contrario tendrá consecuencias que habrá que estimar en cada caso.

Pero este movimiento es dialectico en el sentido de que alguien va a ser significativo para ese niño siempre y cuando lo nombre, desee algo por el o piense algo por él; y al mismo tiempo, solo va a ser significativo para el niño porque hace todo eso; cualquier persona no va a ser significativa para el niño, no es cualquiera que esta cerca, sino uno singular que lo nombra, lo piensa, lo desea.

En el ejemplo del marasmo, muchas veces sucede que niños abandonados en un hospital finalmente no se mueren porque alguien se vuelve significativo; por alguna razón aunque sea por bondad, por ternura, por solidaridad, alguien del entorno medico se vuelve significativo para ese bebé, alguien mira diferente a ese niño recién nacido, que esta en la incubadora, que está solo. Un bebé que no llora, que no se mueve, que no hace nada, pero que para alguien empieza a ser significativo, por ejemplo, para la enfermera; he ahí la fundación de un vinculo, ingenuamente ella se acerca, lo nombra, lo mira. Esto da la pauta de que alguien significativo para este niño se va a transformar en alguien que le va a dar cierto ordenamiento que va a permitirle nada menos que vivir, al hacerlo ingresar en la lógica del significante (5).

Podríamos decir –a partir de esta idea-, que la supervivencia de un niño no tiene que ver con la naturaleza, no es natural que un niño sobreviva, no se trata de un animal que busca la mamada, se alimenta y después se va, un niño no busca el alimento. Hay que ponerlo en el pecho para que aprenda a mamar, y esto no tiene nada de natural; no sobrevive por la naturaleza, no sobrevive por el alimento (aunque lo necesite obviamente), sino porque esencialmente alguien quiere alimentarlo, alguien quiere que se alimente y sobreviva. (6)

Concluimos provisoriamente que la existencia de un niño no tiene nada de natural, no va a sobrevivir por la naturaleza; podemos pensar que un niño puede llegar a este mundo por un puro acto de copula. Nace “un niño”, si, pero eso no quiere decir que nazca “un hijo”. Un hijo tiene otra entidad, un hijo es un niño que es nombrado como tal. Así es que Lacan mencionará en su Seminario La relación de objeto (7), que el niño será hijo en tanto ocupe un lugar en la triada imaginaria, junto al falo, logrando estar lejos de ser solo un niño.

“Para el niño esta muy claro (…), la madre hace del niño como ser real símbolo de su falta de objeto, de su apetito imaginario de falo. La salida normal de esta situación es que el niño reciba simbólicamente el falo que necesita; pero para necesitarlo, previamente ha tenido que experimentar la amenaza de la instancia castradora, primordialmente la instancia paterna. La identificación viril que se encuentra en la base de una relación edípica normativa, se funda aquí en el plano simbólico, es decir, el plano de una especie de pacto, de derecho al falo” (8).

¿Cuál es el estatuto que corresponde a la idea de niño?

S i un hijo no es del orden de la naturaleza ¿a qué otro estatuto corresponderá la representación de su existencia? Para el psicoanálisis, desear un hijo es del orden de llenar una falta constitutiva para ese adulto que lo desea.

Desear equivale a poder nombrarlo, poder sostenerlo, poder imaginarlo, incluso antes de nacer; la mujer imagina al bebé incluso antes de que la anatomía y la fisiología propias le digan que es madre biológicamente. Entonces, sentirse madre no tendrá que ver con la naturaleza del soma ni con los cambios somáticos que experimentará; ella lo imagina y todavía no lo conoce, no sabe cómo va a ser, piensa en el nombre y en realidad no sabe aun el sexo.

El niño llega a un lugar en el que ya se lo nombra, se lo piensa; esto estaría indicando que un niño nonato solamente es algo si se empieza a desear por y para él y se empieza a imaginar y a proyectar su existencia; caso contrario, se tratará de un viviente desprendido de toda erogenización de su cuerpo y de su psiquismo.

“La primera realidad se constituye pues sobre el eje de la relación primordial del niño con su madre aunque es imposible explicarla únicamente por el vinculo del deseo con un objeto que puede o no satisfacerla. De entrada reconocimos una referencia triangular en el niño, no en la relación con lo que dará satisfacción a su necesidad, sino en relación con el deseo de la madre; lo que el sitúa no es pues, el objeto sino a sí mismo en sus intentos por recuperar el objeto del deseo de la madre (…) De hecho, el niño se interesa primero en toda clase de objetos antes de hacer esa experiencia privilegiada que hemos descrito con el nombre de fase del espejo y que le abre nuevas posibilidades: la de situar al falo en tanto objeto imaginario, con el que el niño debe identificarse para satisfacer el deseo de la madre, y que se enriquece con esa cristalización del yo bajo la forma de imagen del cuerpo” (9).

Tampoco van a ser “naturales” muchos de los procesos por los cuales este niño va a transitar, por ejemplo, no va a ser natural que el niño camine, no va a ser natural que hable, no va a ser natural que coma. Querer comer no es natural, no es del orden de la naturaleza; así como al deseo no le corresponde un objeto en la realidad, la pulsión debe ser diferenciada de la necesidad en tanto función biológica (10) No se trata el vacio real del estomago lo que lo hace comer a un niño, no se trata del hambre puro y real sino del hambre articulado a una demanda, que se hará deseo.

Lo que hace comer al sujeto es una demanda que pesa sobre él, que lo sobrepasa, a saber: alguien quiere alimentarlo, alguien quiere que se alimente, y luego su respuesta: dejarse alimentar, vendrá acompañada de un deseo de incorporación; quiere incorporar aquel objeto que lo satisfizo de entrada y le creó una huella de bienestar, de placer. El alimento vendrá acompañando esa incorporación primordial. Recordemos que para el psicoanálisis no se trata de un instinto alimentario para la supervivencia, no es esto lo que esta en juego, ya que tal como lo trasmite Freud “el estimulo pulsional no proviene del mundo exterior sino del interior del propio organismo (…) la pulsión no actúa como una fuerza de choque momentánea (en este caso satisfaciendo el hambre), sino como una fuerza constante” (11).

Que un niño se alimente, camine, incorpore lo que los neurólogos llaman “aprendizaje fisiológico”, también va a depender de que alguien lo demande; después tendremos toda la gama y los matices de cómo se desea eso desde la madre que ejerce la función del Otro, y es quien ejerce la demanda y los extremos a los que se puede llegar. Y al respecto, en esto último jugará un papel fundamental el grado de omnipotencia que ejerza la madre en estos “aprendizajes primordiales”. Una presencia que lo puede todo y que lo sabe todo (omnipotente, omnipresente y omnisciente), puede ejercer sobre el niño un efecto de captura (coagulación del deseo) que lo retire de su posibilidad de convertirse en un ser deseante, dejando de desear para poder sobrevivir al avasallamiento materno (12).

¿Cómo aprende un niño?

Aprende participando de un circuito de demandas entre él y el Otro primordial, que en el mejor de los casos es su madre. En psicoanálisis se denomina “circuito de la demanda” a un proceso¨ (que tampoco es natural) que tiene que ver con poner en juego los deseos de ese Otro primordial en relación con el deseo del sujeto; en palabras de Lacan, las necesidades del sujeto deben pasar por los desfiladeros de la demanda (13). El bebé empieza a encontrarse con lo que le demandan y en principio lo que se le demanda es que responda como pueda a esa demanda. Y por supuesto, esta demanda siempre aparece oculta, velada, inconsciente, detrás de un pedido explicitado verbalmente ¿y detrás de que se oculta? Detrás de un gesto, de una mirada, de una expectativa del adulto.

Si la demanda de ese Otro primordial es alimentarlo, ese Otro espera que el infantil sujeto se deje alimentar; dejarse alimentar es la respuesta que el Otro espera recibir a su demanda de alimentarlo, es decir, espera que el cachorro humano se acomode a la demanda; con el cumplimiento de esa demanda se satisface algo mas, algo del orden del goce del Otro que se satisface si cumplen su demanda inconsciente. La advertencia de este circuito en otro orden de cosas, es lo que le permite al Otro primordial comenzar a decodificar el llanto del bebé y al bebé a acomodar ese llanto al código armado por ese Otro.

El circuito de esa demanda tiene diferentes tiempos y para que se produzca, tiene que pasar necesariamente por ellos, entre ellos el tiempo de la inscripción de la huella de la vivencia de satisfacción (14). En principio, con la llegada del niño a este mundo, lo primero que ocurre con la mujer que se transforma en madre en ese acto, es que lo toma y se lo apropia; lo retiene como parte suya, como algo que le pertenece, como si todavía no hubiera terminado de salir de su cuerpo, podríamos decir que este es el curso “normal” de los acontecimientos.

Hay en un primer momento, un primer movimiento que se produce entre ellos, que el psicoanálisis va a nombrar como un tiempo de alienación; un tiempo que tiene que ver con una identificación. El bebé se identifica (alienación) con eso que la mamá esperaba tener, un objeto precioso y maravilloso que la madre tiene y que la completa, le da satisfacción, le da mucho placer. Lacan dirá, en el Seminario 11, que el proceso de alienación al deseo del Otro, al que se expone el cachorro humano, no es más que un intento del sujeto de identificarse con lo que le falta al Otro (con el significante de la falta), ser su objeto, porque esto es lo que le permitirá sobrevivir en un tiempo tan primordial y de absoluta indefensión.

Variada psicopatología, posterior, en la adultez o en la adolescencia se genera porque ese lugar no estuvo bien constituido. Justamente, el análisis de un adulto intenta mostrarle los puntos subjetivos de su vida neurótica que están enlazados fantasmáticamente a este modelo de alienación ”aprendido” en la infancia; es decir, enfrentarlo con los modos de respuesta que mantiene en su actualidad de adulto, aun y cuando no necesita someterse (alienarse) para sobrevivir. Esto no es más que una repetición en la que esta atrapado y aun no lo ha advertido, el análisis progresará en la medida en que su goce, frente a esta compulsión a la repetición cese.

El niño goza de esta situación, se identifica con ese lugar de ser objeto precioso y maravilloso para su mamá; le encanta ser ese objeto, y esto es condición para que ese niño se constituya como tal; tiene que pasar por ese momento, es condición sine qua non para la subsistencia, ser primariamente ese objeto maravilloso. En ese primer tiempo no le hace nada mal estar en ese lugar. Ese primer momento es lógico y no tiene que ver con la evolución, no se da en un día determinado o en tal momento, sino que tiene que ver con un momento lógico del proceso de vínculo entre esa madre y ese hijo, entre ese Otro significativo y ese cachorro humano que llega a este mundo.

Después adviene otro tiempo en el circuito de demandas, se trata de un tiempo en el que se produce una oscilación materna; si bien ese niño es algo maravilloso para la madre, no la satisface tanto, no la completa tanto. Se trata de una madre que sigue siendo mujer, esencia de la salud mental de las mujeres; ella necesita algo más que un hijo o que ser solo madre. Se producirá otro movimiento en el proceso de estructuración constitutiva del sujeto, que es, siguiendo la formulación lacaniana, la separación.

La separación es una operación de salida de la alienación, y esto se produce porque el sujeto aprende que el deseo del Otro se dirige a otros lugares y no solo a él.; el niño. Como objeto, ya no satisface completamente las necesidades del Otro. Es decir, que el sujeto aprende las cuestiones del deseo por lo que no encaja exactamente, por lo que le falta al Otro, por las fallas en el discurso: “el deseo del sujeto se constituye en la medida en que el deseo del Otro esté mas allá de lo que dice como sentido (aquí Lacan se refiere al decir, no a lo dicho, a las apariencias), en la medida en que el deseo del Otro es desconocido, allí en este punto, la carencia se constituye”.

No ser todo para la madre, subjetiva al niño.

Freud va a hablar de perturbadora costumbre (16) respecto de lo que hace activamente un niño pequeño en su vida cotidiana, en su juego; una perturbadora costumbre que molesta al adulto, que pareciera estar ubicada justamente para remarcarle al adulto que él no es tan “maravillosos” como se pensaba. Algo así como una defensa frente a la posibilidad de quedar entrampado en ese lugar de objeto maravilloso de su madre.

Decimos que un niño sano desde el punto de vista subjetivo, desde la perspectiva de su salud mental, es aquel que produce incomodidad en el adulto y la produce a partir de sus “perturbadoras costumbres”, es decir, que con su perturbadora costumbre un niño le muestra al adulto que no lo puede todo; puede “prevenirlo”, “incriminarlo” o “violentarlo”, pero no podrá evitar con una eficacia absoluta que el niño no lo “moleste” con algunas actitudes o conductas. Dichas conductas serian un modo de demostrar un incipiente dominio ejercido por el infantil sujeto (algo de esto se puede leer en la clínica de la enuresis infantil) (17) sobre el intento de control del adulto sobre su persona.

Vinculado con esto, Freud, en su enseñanza también va a introducir un concepto que tiene que ver con un movimiento oscilatorio de la madre; oscilación que la madre empieza a tener con relación a su deseo único de bebé, desear otras cosas la hará oscilar en su deseo del hijo como objeto de su deseo y satisfacción. El bebé ya no es un “objeto maravilloso” para ella, y el hecho de que la madre oscile entre considerarlo un objeto maravilloso y no, le permite al niño correrse, salirse de ese lugar de objeto para su madre.

Cae la identificación al lugar de objeto, ya no esta identificado en ese lugar de “objeto maravilloso” que completa a la madre, el niño se sale de ese lugar; esto se produce a partir de los malos entendidos, de no interpretar exactamente qué le pasa, qué quiere ese hijo, y fundamentalmente, se produce porque la madre no tiene más ganas de estar en ese lugar de ser todo para su hijo y de única codificadora y decodificadora de demandas. Hasta ese momento de oscilaciones subjetivas fue la única que sabia a que respondía el llanto y bastaba que ella dijera o hiciera algo para que efectivamente se tratara de eso, resultaba casi mágica la intervención de esa madre erigida en el lugar del Otro primordial para ese hijo.

Si bien puede llegar a enfermar el hecho de que una madre no tenga la menor idea de lo que le pasa a su hijo. También es bueno que no sepa siempre todo; Freud descubre un juego infantil y lo formaliza: “fort da” (fuera-dentro) (18). Observa diferentes momentos del juego ; advierte que el niño esconde los objetos, los pierde de vista, los tira y esto molesta al adulto que tiene que ir a buscar los objetos que están perdidos; el bebé representa en sus acciones lúdicas esa pérdida de objetos, por momentos juega a perderse el mismo, se esconde y luego con expresión de júbilo aparece, y esta aparición suele i r acompañada de un sonido: “…o,o,o,-a,a,a,…”, sonidos que Freud articuló en la expresión fort–da.

Los objetos finalmente pueden perderse y entonces empieza un juego de identificaciones con los objetos que pueden perderse; si los objetos pueden perderse de la vista del Otro, entonces el también puede; eso atenta contra la omnipotencia materna de saber y de poderlo todo; si él puede perderse, puede perderse como objeto de satisfacción de la madre y esto le garantiza su salida, su separación. Con Lacan llegara la formalización de este juego, el niño juega a perderse, a salirse del campo del Otro, del campo deseante parental; si juega a perderse es porque puede sentir que sus padres logran prescindir de él, o sea consigue perderse; la oscilación materna funda su psiquismo.

Si el realiza su perdida, léase no estar objetivado en el campo del deseo parental, no estar tomado todo el tiempo por su madre, quiere decir que el no es todo para la madre, así se lo hace sentir; ella alcanza a dejarlo, sabe “perderlo” (efecto afanísico) (19) del lugar de objeto maravilloso porque no representa todo para ella; si el bebé no representa todo para ella entonces el bebé no es todo. Esto permite afirmar que el bebé no es entonces un objeto de satisfacción de la madre, no la satisface plenamente, la madre busca otros modos de satisfacción. Si busca otros modos de satisfacción es porque ella misma no es completa, si ella no es completa el niño ha quedado sin esa parte que a su vez lo completaba a él.

Al mismo tiempo que la madre se completaba con el niño, el niño se completaba con la madre; la crisis sobreviene cuando descubre que entonces él también es incompleto y que debe buscar otros modos de satisfacción y no ya en su madre.

¿Qué muestra el juego fort–da?

El niño juega con un carretel, juega a sustraer un objeto que el oculta del campo de la mirada y este juego va a tener que ver con la presencia o la ausencia de la madre, la simboliza, la representa a través de esto y la elabora, es la manera en la que el procesa esta pérdida de objeto que es él; él se pierde como objeto de la madre y a esa perdida la representa con los objetos del mundo; como decíamos, esta oscilación debe estar facilitada por la madre, si la madre no oscila en su deseo de posesión sobre su hijo, el niño siempre estará en el lugar del objeto.

Si no se produce la oscilación materna, en tanto operación de subjetivación, se anula no solo el efecto del juego, sino que se anula directamente el juego; y que un niño no juegue con los objetos del mundo es un dato clínico que habla muy mal de su salud mental, es un diagnostico desfavorable que un niño no juegue; se supone que los niños juegan, esa es la manera de elaborar lo traumático del mundo, de su existencia.

Podemos decir con Freud y con Lacan, que el niño recrea en ese juego la pérdida del objeto que es él mismo, pero también funda la falta en la madre, la reafirma (20); el juego del fort-da es un intento de fundar esa falta y de sostenerla, de ahí su repetición constante; si la madre esta en falta quiere decir que el niño no está ubicado en el lugar de objeto de su satisfacción y esto es salud mental para el niño… y para la madre también.

¿Cuál es el primer aprendizaje del niño?

Podríamos pensar a partir de aquí en la pregunta inicial de este escrito, ¿Qué aprende el niño? En principio aprende a jugar, que no es poca cosa, aprender a jugar significa para él, constituirse como sujeto deseante; ¿Qué aprende específicamente con ese juego? El niño aprende a ser un sujeto, aprende a dejar de ser un objeto, comienza a “ser”, ser un sujeto para dejar de ser un objeto; comienza a perder esa calidad de objeto maravilloso y empieza a reproducir “perturbadoras costumbres”, ya no es todo perfecto, maravilloso, y este niño no responde a todo lo que la madre espera.

Entonces, lo que aprende primariamente un niño es a lidiar con el deseo materno; a veces la madre lo quiere para sí, otras no, a veces parece saber todo sobre su hijo, otras veces no. El infantil sujeto descubre luego del tiempo de fort-da, que ese Otro significativo comienza a desplegar un desconocimiento; no sabe qué le pasa al niño, después de haberlo sabido casi de modo omnisciente; esto es saludable para el niño, le hace bien que la madre no sepa todo, porque así se tiene que dirigir a otros lugares para saber, por ejemplo, al padre del niño.

El niño entrará en el circuito de pedir, de demandar, y empezará a preguntar por sobre todas las cosas ; el preguntar en un niño es un augurio de salud mental, y sus primeras preguntas tienen que ver con el deseo materno: ¿Qué quiere, qué quiere de mi, qué soy para ella…? El suscitar preguntas es un riesgo; si hay preguntas, el niño corre el riesgo de que alguna vez le digan que no saben la respuesta, por lo tanto, para el niño preguntar es una zona de riesgo, si el pregunta pone en riesgo a ese Otro significativo para él, en ese momento, se pone en riesgo de enterarse de que el adulto puede no saber.

Así se genera la paradoja de la constitución subjetiva. El saber todo de parte de ese gran Otro le permitió sobrevivir en un tiempo de absoluta indefensión; y luego, lo que le va a permitir al niño seguir vivo desde el punto de vista subjetivo, crecer, aprender, entender y andar por la vida va a tener que ver con que ese gran Otro por fin no sepa algo y por sobre todas las cosas, no sepa sobre el niño. Así es que Freud desarrolla la noción de pensamiento mágico en el niño, se trata de una creencia que desarrolla el infantil sujeto como una fantasía

Dicha fantasía le indica que ciertas palabras o actos causarán o evitarán un hecho concreto de la vida cotidiana; pareciera que su pensamiento puede llegar a desafiar las leyes de causa y efecto, pero también señala Freud que el niño a través de este proceso mental, supone que los padres pueden saber qué es lo que esta pensando o elucubrando; para el niño es todo un descubrimiento enterarse de que los padres no pueden leer el pensamiento o saber todo lo que él piensa; el pensamiento mágico forma parte del desarrollo normal del niño, que una vez superado le permite subjetivamente poder “agujerear” y dejar en falta a los padres (21).

Este movimiento va a incidir en las preguntas que el niño va a hacer, y las primeras preguntas que va a hacer un niño tienen que ver con él mismo: ¿de donde viene, de donde salió, por donde salió, donde estaba cuando no existía, por qué, por ejemplo, no esta en esta foto familiar? Cuando el niño no pregunta, sostiene al adulto en su no saber, preguntar es correr el riesgo de que el adulto no sepa. Cuando los niños no pueden preguntar es porque no pueden exponer al adulto, agujerearlo, dejarlo en falta; y un adulto completo es aquel que tiene garantizada su completud con un niño que esta en el lugar de objeto de su propia incompletud de su falta.

Si ese niño obtura la falta del Otro con su propia existencia no hay la mas mínima posibilidad de perderse, de sustraerse de ese lugar; El adulto se completa con el niño y el niño completa (con su ser) la falta del adulto; allí hay un saber sobre el niño que lo objetaliza y no le permite suponer encrucijadas y por ende no hay dudas, no hay preguntas, no hay existencia separada, conforman una completud infranqueable, incuestionable. Un niño que no logra aprender a sustraerse armónicamente del campo del Otro está en crisis, entonces, como no entiende cómo hacer para dejar de ser objeto y no morirse en el intento, no pregunta, no arriesga.

No es completamente un objeto, pero tampoco le resulta tan cómodo ser sujeto, pareciera que se mantiene en un borde, en un límite que puede ser muy crítico para él, tiene una gran dificultad en su constitución como un sujeto, entonces se produce toda una gama de psicopatologías. Ciertos modos desproporcionados de sustraerse del campo deseante parental, producen enfermedad mental, el sujeto no termina de entender bien cómo sustraerse de esas demandas parentales sin caer en un riesgo peor.

Para el sujeto va a ser letal esta encrucijada, el no preguntar le va a impedir aprender, si un niño no puede preguntar no puede aprender, no podrá preguntar por el misterio del mundo, y el misterio del mundo es el deseo de los padres, la sexualidad de los padres, de donde vienen los niños: “el significante hace su entrada al mundo –o sea de que el hombre aprendió a pensar- a través de la realidad sexual (22). El no preguntar de muchos chicos tiene que ver con un no arriesgar, con preferir que el otro semejante (y por lógica consecuencia el Otro primordial) siga sabiendo todo.

Podremos decir finalmente, que un niño aprende inicialmente a destetarse; destetarse será un modo primordial de sustraerse del campo deseante materno. Entonces, el primer juego incluso antes del fort-da es el juego del “destetarse”, es decir, dejar de ser un objeto y empezar a ser sujeto, y este movimiento que él intenta en el destetarse, es producir una sustracción, un salirse, ser al mismo tiempo un objeto y no; el bebé toma el pecho y luego lo deja y se queda mirando y juega con el pezón, juega a destetarse.

¿Por qué un niño logra aprender en la escuela?

Si el niño tiene siempre alguien que contesta todo, el efecto que se produce es el de obturar su curiosidad, es probable entonces que deje de preguntar. El “curiosear” de los niños aparece en relación con la sexualidad de los padres, es decir, que la sexualidad como cuestión a develar esta en la mira del interés de un niño sano.

El inicio de sus interrogatorios también es una perturbadora costumbre, incomoda a los adultos con sus intrigas, todo gira en torno a que hacen los padres cuando están solos; luego las preguntas vendrán referidas a su propio cuerpo, a su propia sexualidad; este “curiosear”, si pudo ser desarrollado y acompañado por los adultos significativos para el niño, después se transfiere al ámbito escolar. El plan inconsciente del niño es poner al adulto en falta, así lo pone en juego en la escuela con sus maestros; en realidad, preferiría que el adulto no supiera todo, de ese modo algo le queda a su cuenta.

Así, entonces, el niño dirá: “para que yo pueda seguir preguntando, el Otro, el maestro, los adultos, deben transformarse en personajes que no contesten todo”. Si esto no se produce, de algún modo es probable que se suceda un detenimiento y el niño no aprende nada más. Los docentes muy autosuficientes y muy “completos” en cuanto a la información que trasmiten y la enseñanza que imparten, establecen un vínculo conflictivo con sus alumnos, y como consecuencia los chicos están todo el tiempo desafiando y buscando por donde se puede meter para desarticular esa razón aplastante.

Hay maestros excelentes con respecto a su formación, que no logran ver en su propia presentación omnipotente y omnisciente la etiología del conflicto con sus alumnos, no advierten que su posición avasalla el deseo de un niño por aprender; si no hay lugar para el interrogante, la duda, el desconocimiento legítimamente planteado, se produce una paradoja: el proceso de aprendizaje se detiene. El deseo materno en sus inicios, se muestra omnipotente y omnisciente, si el niño no ha aprendido a lidiar bien con el deseo materno, está permanentemente transfiriendo en el ámbito escolar y en el docente, este malestar.

Desazón que se traduce en hostilidad hacia quien no cede en su postura de querer saberlo todo; pero en este caso ya no se trata de la madre sino del docente. Y así es como se produce un encuentro con el alumno que está todo el tiempo queriendo desautorizar, desafiar y cuestionar el saber y la autoridad del adulto; este es el espacio que el niño utiliza para poner en falta al adulto: mostrarle que no sabe, se confunde de lugar, pero ni él mismo advierte esta transferencia afectiva.

Muchos niños, no por interés académico ni por buscar un nuevo conocimiento sino simplemente por desafiar el saber y la autoridad del docente, se transforman en “avisadores” de la pregunta. Algo que se presenta como una inquietud se transforma en una tortura, lo que están buscando es que se les diga: “no sé, no tengo la menor idea”. En general, si se está advertido de esto y se interviene correctamente se rompe este circuito, el infantil sujeto no ingresa en ese desafío paradigmático. Los docentes en general están en lugar imaginario, para los chicos, de una verdad, de un saber. Cuanto más estrictamente “sabios” se muestran, mas van a querer los niños agujerearlos, ponerlos en falta, van a querer demostrarles que algo no saben.

El no poder lidiar con el deseo de la madre, que para el niño esta también en el origen del conflicto con el docente, hace que esto empiece a generar psicopatología en ese niño. El no poder definir en qué lugar queda, si como sujeto o como objeto del deseo materno, o en este caso, del deseo del docente, genera enfermedad. En algunas oportunidades se observan en los chicos, síntomas que en la realidad no responden a un correlato neurológico, fisiológico, metabólico o genético, no pueden prestar atención, no se quedan quietos en clase o se enferman a menudo.

En fin, indicios que no llegan a ser absolutamente graves, pero si manifestaciones sintomáticas que perturban el normal desarrollo de su vida cotidiana escolar: aprendizaje, integración, lazo social. Esto esta vinculado con los modos deformados que ha incorporado para sustraerse del campo deseante parental, específicamente del deseo materno. Comienzan entonces a aparecer una serie de patologías que responden pura y exclusivamente a una necesidad: el niño tiene que sustraerse de ese campo en el que la madre todo lo sabe, todo lo puede, todo lo intenta, tiene todas las respuestas.

Uno de los mecanismos aunque deformado y peligroso, para poder sustraerse de ese campo es enfermarse. No puede sustraerse de una manera tranquila y sin padecimiento, cree por alguna razón, estar atrapado en ese circuito de demandas maternas y lo manifiesta con un síntoma; esa presentación sintomática pareciera ser la defensa frente a esa trampa, por esa razón no se trata de resolver la problemática enmudeciendo el síntoma con medicación o terapias alternativas, sino haciéndolo hablar en un análisis.

Esto permitirá despejar qué le ocurre a ese niño y qué le ocurre a esa madre que no esta pudiendo establecerse cada uno como sujeto autónomo del otro, ya sea por negligencia, indiferencia o sobreprotección. Esto liberará la transferencia negativa desplegada desde el alumno sobre los docentes y el niño podrá con mejores recursos proseguir con mas alivio su proceso de aprendizaje pedagógico.

Notas.-

1 Lacan J. La identificación; seminario inédito, citado en Dor, J. Introducción a la lectura de Lacan II. Prologo.

2 Se puede consultar el texto de F. Escardo “Abandónicos y hospitalismo”.

3 Freud, S. La sexualidad femenina (1931) y Lacan J. Seminario 4, La relación de objeto Cap XII, punto 1: La ecuación: pene = a niño.

4 Lacan J. Seminario XI.

5 Vegh, I. El sujeto de la Ley,

6 Freud, S. Pulsiones y destinos de pulsión, OC.

7 Lacan J, Seminario 4 La relación de objeto Cap. 3: El significante y el espíritu Santo.

8 Lacan J. Ibid, Cap 5. Del análisis como bundling y sus consecuencias.

9 Ibid, Cap XII, Del complejo de Edipo.

10 Lacan J. Seminario XI Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis

11 Freud, S. Pulsiones y destinos de pulsión. Op cit.

12 Lacan J., EL falo y la madre insaciable; La relación de objeto, Cap. XI, punto 2.

13 Lacan J. Seminario VIII, la transferencia, Buenos Aires, Paidós.

14 Freud, S. La vivencia de satisfacción; Proyecto de una psicología para neurólogos.

15 Lacan, J. Seminario XI, op cit.

16 Freud, S. Mas allá del principio de placer, O.C.

17 Freud, S. Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia sexual anatómica. O.C., Ver también el texto: Sobre la conquista del fuego.

18 Freud, S. Mas allá del … op cit.

¿Que idea de niño tenemos?

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