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Entrevista a LUCIA GARAY

Publicado por activado 30 Octubre 2013

Entrevista a LUCIA GARAY

La crisis del lazo social

Entrevista a LUCIA GARAY

Por Héctor Carignano

Lucía Garay, licenciada en Pedagogía y Psicopedagogía, Socióloga, ex Diputada Nacional, Profesora Titular de Análisis Institucional, Escuela de Ciencias de la Educación, Univ. Nac. de Córdoba, es fundadora de REDEI (Red de Estudios Institucionales), que integra más de 10 universidades de Argentina, España y México.

Asegura que la crisis Argentina no es una crisis fundamentalmente económica, es una crisis social, en especial del lazo social, que está vinculado esencialmente a la educación. En esta entrevista desarrolla su particular visión, diferenciando con claridad la escolarización -que es función de la escuela, de la educación-que es labor de la sociedad.

Lucía Garay nació en Entre Ríos, en Cuchillas de Montiel, en el campo; su primera experiencia como Maestra Normal, hace ya 40 años, fue como docente rural.


“Para escolarizarse había que emigrar, así fue como las cinco hermanas partimos a la ciudad y nuestros padres quedaron en el campo, la familia apostaba a la escuela, aunque el costo fuera el desarraigo”, cuenta con orgullo mientras piensa su próxima respuesta.

- Usted asegura que lo más importante en Argentina no es la crisis económica sino la crisis social, manifestada esencialmente en la ruptura del lazo social. En esos términos, ¿cómo define usted al lazo social?

- El lazo social enlaza a dos sujetos o a dos grupos, pero ¿para qué los enlaza? Para tener una acción conjunta con otros, porque el lazo social supone que hay una acción que es conjunta, que es una acción colectiva.


Ahora bien, para que exista la posibilidad de que dos personas se enlacen, que tengan un lazo social y puedan hacer una acción conjunta, se tienen que cumplir tres condiciones.

Primero, tiene que existir la oportunidad de que las personas puedan hacer algo juntos.
¿Cuál ha sido el efecto social de la desocupación? Se analiza sistemáticamente como efecto a la pobreza; sin embargo, hay un efecto que permanece oculto en el análisis público. En Argentina, las relaciones, los vínculos sociales, siempre se han formado en los espacios de trabajo, a diferencia de otras culturas. Es en el espacio de trabajo donde la persona, no sólo trabaja con otro, sino que se hace amigo de otro, trasciende el espacio laboral, comparte otros ámbitos, incluso no excepcionalmente, se originan relaciones amorosas en los espacios de trabajo, lazos sociales que trascienden el carácter obligatorio del lazo que supone trabajar con otro.


En Argentina, cantidad de lazos y tramas sociales, se producían a partir del trabajo, mucho más que la pertenencia barrial; en Argentina, nunca se pudo generar culturas barriales en los mismos términos que la cultura del trabajo. Por lo tanto, la desocupación hace que el sujeto quede privado de la oportunidad de formar lazos sociales, no solamente tener un salario para sobrevivir, queda privado de un modo de inserción que le permitía tener redes sociales, que incluso le daban un efecto sustitutivo a los efectos económicos de la desocupación.


Por eso, para los jóvenes la escuela, los espacios educativos se han convertido en espacios tan importantes para el establecimiento de relaciones, porque allí existe la posibilidad de acción colectiva.
Primera condición que se rompe en Argentina, la oportunidad de encontrarse con otro y formar una acción conjunta.

La segunda condición para establecer un lazo: las personas tienen que tener un mínimo de códigos comunes; si dos personas no comparten un código, una idea, un concepto, aunque sea muy simple, no pueden hacer algo juntos.


Una de las crisis más importantes que tiene la escuela hoy es el vacío del pensamiento común. En Argentina, se habla de personalismo, del individualismo, pero en realidad un aspecto más fuertemente atacado en nuestra sociedad es la generación de pensamiento común.

Tercera condición: un sentimiento, que es central y es el sentimiento de confianza.
Quiere decir que cada uno de los que comparten una acción común, tiene respecto al otro la confianza de que el otro va a mantener la lealtad del lazo. La confianza es la seguridad de que el otro va a proceder lealmente, cumpliendo lo acordado como acción conjunta.
Si nosotros tenemos un valor o un sentimiento que en Argentina está destrozado, es el fenómeno de la confianza.

Hablamos de la pobreza material, pero yo creo que la pobreza más importante que tenemos los argentinos hoy, es una pobreza simbólica, es una pobreza de ideas, una pobreza de acción colectiva, sobre todo una pobreza de confianza. Si no nos proponemos recuperar estos procesos, no servirá la recuperación económica, vamos a consumir más, tendremos menos carga con la deuda externa, pero el aspecto simbólico no puede ser marginado de una acción deliberada por parte de la sociedad.

Es en este aspecto donde la educación cumple un papel central, porque la educación es un proceso que permite crear esos códigos comunes, permite formar confianza y pensamiento común, y es aquí donde radica la función social educativa. Sin embargo, esta tarea no la puede cumplir la escuela, es una tarea de la sociedad, es decir de la familia, de las organizaciones, de los medios, del estado. Por eso, debemos diferenciar escolarización de educación.

- Usted diferencia con claridad educación de escolarización, ahora bien, ¿qué ha pasado con la escuela como modelo?


- En Argentina, el modelo escolar fue impactante. Existe la tendencia a escolarizar todo, por ejemplo el reino animal, escuela para perros, escuelas de fútbol, escuelas para padres, escuela para la tercera edad, toda la educación -que es en realidad un proceso social y humano- lo pasamos por el modelo escolar; de alguna manera, esta escolarización de los procesos sociales produce un vaciamiento de la movilización social en procura de la educación.


Las escuelas, que integran sistemas educativos de gran tamaño, han concentrado totalmente el proceso de titularización, se convirtieron en instituciones de acreditación. El Estado conserva el monopolio de la titularización y la acreditación y es el Estado el que transfiere a las escuelas el poder de titular.


Ahora bien, para acreditar hay que evaluar, entonces la evaluación se transforma en un resorte central de las Instituciones; además, las titulaciones están ligadas al empleo y a la economía y en consecuencia, el sujeto que asiste a las instituciones educativas tiene una desesperación por el título o el certificado, lo cual ha desplazado la vocación por el aprendizaje. Entonces, el fracaso escolar deviene en no certificar, que no titular. (NR: no se entiende)

- Debemos diferenciar el fracaso escolar del fracaso educativo. ¿Qué es fracaso educativo?

-Al fracaso educativo lo verificamos en el niño o en el adolescente, o los adultos, que no han adquirido algunos procesos básicos que son fundamentales para poder aprender. Esos procesos básicos están relacionados con los códigos sociales esenciales para vivir y producir con otros. Es un fenómeno amplio y difuso, difícil de evaluar objetivamente., producto de la crisis y su impacto en las funciones de crianza y educación de las familias y que se ha extendido a todos los sectores sociales.

“El fracaso escolar está precedido por el fracaso educativo y nuestras escuelas, colegios o universidades, estructuradas en base a un modelo racionalista y positivista, no están organizadas ni preparadas para hacerse cargo de esa socialización básica de la que sus alumnos carecen.”

http://www.sitiocooperativo.com.ar/colsecor/online/garay.html

La violencia, factor de destrucción de todo lazo social posible.

La violencia, factor de destrucción de todo lazo social posible.

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