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A manera de introducción a la teoría Y práctica de los grupos. L. Edelman, D. Kordon

Publicado por Lucila Edelman y Diana Kordon. activado 25 Mayo 2014

A manera de introducción a la teoría   Y práctica de los grupos. L. Edelman, D. Kordon

A manera de introducción a la teoría

Y práctica de los grupos

Lucila Edelman* Diana Kordon*

La propuesta de realización del presente dossier surgió a partir de la inquietud de abrir un espacio en Vertex que reflejara el desarrollo del trabajo psicológico con grupos. Este surgió de una demanda social que se ha ido incrementando y cuya implementación abarca en la actualidad diferentes modalidades técnicas y modelos teóricos.

Es así como los grupos se han convertido de manera creciente en un instrumento clínico que ofrece variadas posibilidades. Esto se da tanto en el plano de la búsqueda de efectos terapéuticos de manera directa, como en la utilización del “plus” que ofrecen las situaciones grupales para la elaboración de distintas problemáticas y para el proceso de aprendizaje.

¿A qué se debe este “plus” que ofrece el grupo? El psiquismo se constituye a partir de una matriz grupal, la familia o el grupo primario, en el cual se van a desarrollar las primeras configuraciones vinculares y se va a constituir la identidad personal. A lo largo del tiempo, el psiquismo mantiene una relación de apoyatura sobre lo biológico, corporal y sobre lo social a través de los distintos grupos de pertenencia, mediatizados en algunos casos por la función materna y en otros incidiendo de manera directa.

El grupo primario permite la adquisición de identidad, tanto en cuanto al orden generacional como a la identidad sexual. Este grupo es también el portador inicial de un discurso que determina ciertos rasgos de identidad a partir de la inscripción histórico social, es el mediador del contrato social que garantiza a cada persona ser reconocida como miembro de una determinada cultura a cambio de constituirse en portavoz de la misma.

Posteriormente al grupo primario, el individuo integra otros grupos de pertenencia y de referencia, que inciden en la producción de nuevas identificaciones y mantienen el apuntalamiento del psiquismo. Cuando falta un apoyo y no es posible reconstituirlo como un sustituto, se produce una perturbación psíquica grave en la constitución del sujeto. También hay una perturbación cuando hay una falla en los apoyos o cuando estos tienden a invadir al sujeto impidiendo el proceso de discriminación entre este y el mundo externo. Los apoyos, muchas veces en forma silenciosa, son necesarios para el sostenimiento de la identidad personal y se ponen en juego especialmente en las situaciones de crisis y cambios.

El psiquismo esta constituido como un grupo, o grupos internos, por internalización de la matriz intersubjetiva. Al integrar grupos para el desarrollo de sus distintas prácticas sociales, el sujeto pone en juego su propia estructura grupal interna para establecer sus relaciones intersubjetivas. Los grupos, metafóricamente, representan al cuerpo. De ahí las numerosas referencias espontáneas incorporadas al lenguaje cotidiano: “el grupo en un cuerpo”, “espíritu de Cuerpo”, “la cabeza del grupo”, etc. Por eso, tanto en las situaciones de crisis social como cuando esta afectada o amenazada la corporeidad, como por ejemplo en la vejez, el grupo juega un papel relevante como sostén. Este papel de sostén está al margen de todo dispositivo técnico intencionalmente desarrollado con fines terapéuticos, y es uno de los plus que la situación grupal otorga.

Cuando en una situación de pérdida, de crisis o de catástrofe, fallan los grupos de pertenencia habituales, el agrupamiento permite reconstruir este apoyo. En las personas mayores, por ejemplo, cuando han comenzado el deterioro de las funciones corporales, el grupo puede representar, fantaseadamente, la imagen de un cuerpo poderoso e indemne. Todo sujeto tiene un doble dimensionamiento: su yo y su afiliación a un nosotros, que lo constituye heredero en la trama de sus identificaciones y de sus referencias de identidad. La posibilidad de implementar los factores de pertenencia y de discriminación en relación a diferentes objetivos clínicos constituye parte del valor potencial del grupo. Desde ya que es necesario para esto que haya una cierta distancia entre el sujeto y el grupo. De las vicisitudes de esta distancia dependerá el grado de pertenencia. Una pertenencia madura permite una discontinuidad, una entrada y salida de los grupos que no amenace la identidad personal. Si el sujeto no ha podido discriminar su grupo interno del grupo externo de pertenencia, su identidad personal queda fundida con la del grupo.

Todo grupo ofrece, por la presencia de los otros, múltiples espejos. Estos generan una vivencia inicial de angustia y temor a la despersonalización, pero permiten luego una visión de aspectos del sí mismo y un enriquecimiento en la trama identificatoria. Nos referiremos aquí a los grupos que se organizan deliberadamente con objetivos psicoterapéuticos generales o específicos o para el abordaje de las ideas y emociones latentes que están presentes en el desarrollo de toda situación grupal. Los grupos pueden estar basados en distintos modelos teóricos y técnicos.

Requieren dispositivos específicos para su desarrollo, según sus objetivos. Por dispositivo entendemos el conjunto de condiciones normativas de la tarea a desarrollarse: número de integrantes, tiempo de las reuniones y frecuencia de las mismas, duración limitada o ilimitada del funcionamiento del grupo, pero más especialmente el tipo de intervenciones de los coordinadores del grupo. Según cuál sea el dispositivo grupal se producirán determinados efectos y se verán con mayor o menor intensidad ciertos fenómenos. En el análisis de los modelos conceptuales es posible establecer dos concepciones teóricas permanentemente en polémica, aunque en la práctica clínica es dable observar que las fronteras no reconocen semejante estrictez ni antagonismo. De un lado existe un modelo que ubica al grupo como un todo, como una unidad indivisa de análisis de manera que se comprende e interviene sobre el conjunto como totalidad. En el otro polo la unidad de análisis es el individuo y las intervenciones y acciones psicológicas están dirigidas a el.

En los últimos años se desarrollan investigaciones que analizando los procesos implicados en los espacios intrapsíquico, e inter y transubjetivos, se proponen dar cuenta de la relación dialéctica individuo-grupo. Ser terapeuta de grupo, o coordinador de un grupo no terapéutico, re q u i e re una formación específica, teórica y práctica. No es lo mismo manejarse en el encuadre bipersonal característico de la psicoterapia individual, por ejemplo, que la compleja trama que se establece, entre todos, en un grupo. La carencia de esta formación específica lleva habitualmente al fracaso de los objetivos del grupo. Para efectuar un cierto ordenamiento, los grupos se pueden clasificar en terapéuticos y no terapéuticos de acuerdo a sus objetivos.

Grupos Terapéuticos

Los grupos terapéuticos, a su vez, pueden ser terapias de develamiento o de apoyo. Las terapias que denominamos de develamiento, son aquellas destinadas a elucidar cierto tipo de conflictos y a producir una modificación consecutiva en la estructura de la personalidad. Las terapias de apoyo están destinadas a producir el control de cierto síntoma. El control sintomático puede tener un valor en sí mismo muy importante, particularmente desde el punto de vista de las posibilidades de adaptación social de una persona. En el caso de las adicciones, especialmente el alcoholismo, constituyen el principal recurso terapéutico demostrado eficaz hasta ahora.

Por nuestra parte, definimos el grupo terapéutico como aquél en el que se produce una dramatización espontánea de los conflictos internos, permitiendo su modificación a partir de esa dramatización. No se trata de dramatización en cuanto técnica, sino de la dramatización natural que todos hacemos en un contexto grupal, sobre la base del despliegue del grupo interno de cada uno de los integrantes en la trama de la estructura de roles del grupo. Esta dramatización espontánea tiende a la repetición de las conflictivas que el sujeto busca superar. El grupo terapéutico moviliza la trama intersubjetiva y muestra directamente las formas en que se vincula con los otros y a través de esto su propia estructura interna. En la situación grupal se observan con rapidez fenómenos vinculados a la problemática del narcisismo, que en una terapia bipersonal, por la gratificación narcisista que ofrece subsidiariamente, pueden ser menos evidentes.

Los fenómenos narcisistas aparecen en el grupo de distintas maneras. Una de ellas, muy habitual, consiste en la tendencia al monopolio en la comunicación grupal, tendencia que muestra un acercamiento al polo de un vínculo dual, indiscriminado. En el grupo terapéutico, lo significativo no es solo lo verbal, sino también el tipo de inserción en la estructura de roles entendida en este caso como trama intersubjetiva, y no como los roles clásicamente descriptos por la teoría interaccional. En los grupos terapéuticos, se desarrollan fenómenos transferenciales específicos y complejos. Es a partir de estos que se puede acceder no solo a las fantasías originarias, comunes a todos los sujetos, sino también a las fantasías secundarias, conformadas a lo largo de la historia particular de cada persona. El despliegue de todos estos fenómenos se ve facilitado por la ambigüedad del encuadre terapéutico.

En el marco del tratamiento de pacientes psicóticos, se utilizan los grupos tanto, para pacientes internados como de hospital de día. Se realizan grupos pequeños y también grupos amplios, institucionales. Estos últimos se instauraron apoyándose en una doble corriente de ideas: la de la psiquiatría comunitaria, y en particular la de la psicoterapia institucional, y la del psicoanálisis. El ataque al pensamiento simbólico, la confusión entre las representaciones psíquicas y lo concreto de los comportamientos, el alto monto de narcisismo, la dificultad en la integración del Yo corporal, el Yo ideal megalomaníaco, son obstáculos muy importantes a la posibilidad de establecer una comunicación en el grupo.

Sin embargo, todos destacan como estos grupos sirven de encuadre y continente al paciente, su utilidad en la aceptación de la situación de internación, en la convivencia en el lugar de internación, en el manejo de las situaciones institucionales, en la elaboración de la ambivalencia. El papel de continente parece provenir, en estos casos, de la dimensión temporo-espacial que constituye un límite circundante, y cuya continuidad y mantención se hace por este motivo especialmente importante. También del papel de código que cumple la puesta en acto de un par contrastado (pacientes-equipo asistencial, nuevos-viejos, etc.) Las reuniones ulteriores, elaborativas, del equipo asistencial, facilitan la elaboración de las ansiedades y fantasías que éste difícil trabajo moviliza en cada uno.

Se encuentra escasa bibliografía s o b re este tipo de reuniones, tanto en cuanto a la descripción clínica como a la conceptualización de los fenómenos que allí ocurren. Los grupos de adictos se caracterizan por estimular los fenómenos de identidad por pertenencia y el control superyoico de los síntomas. En algunos casos se trabaja también s o b re los dobles mensajes y las inducciones sociales a la adicción. Entendemos por identidad por pertenencia el fenómeno por el cual el sujeto define su ser, y es definido por otros, a partir de pertenecer a determinado grupo. Esto refiere a aquello que no llega a discriminarse o desimbiotizarse. Así el alcohólico que se incorpora a un grupo de adictos, pasa a ser, si los objetivos se logran, un alcoholista recuperado, y requiere para mantenerse como tal una participación prolongada y continua en el grupo.

Si tenemos en cuenta las necesidades de cubrir una demanda social amplia, tal como la derivada del alto número de alcohólicos, o del alto porcentaje de neuróticos en el total de la población, el tema de los recursos económicos no es indiferente. Los grupos implican economía de esfuerzos, tiempo y dinero. Sin embargo, este menor costo tiende a producir una desvalorización social tras la sospecha de “barato”; (confluyendo así con las corrientes que remiten en última instancia al modelo de sujeto y de funcionamiento psíquico aislado.)

Grupos Operativos

Los grupos operativos fueron creados por Enrique Pichón Riviere. Podemos ubicarlos como grupos de aprendizaje. La tarea grupal es definida como aprender a pensar en términos de resolución de las dificultades creadas y manifiestas en el campo grupal. Los grupos operativos están basados en los conceptos de emergente y portavoz. El portavoz es aquel que en el grupo, y sin conciencia de ello enuncia algo que es signo de un proceso grupal que hasta ese momento ha permanecido latente o implícito. El portavoz es el denunciador de los aspectos latentes. En el grupo operativo se irían resolviendo los obstáculos que dificultan el aprendizaje. En este caso se entiende por aprendizaje la posibilidad de abordar un objeto, apoderarse instrumentalmente de un conocimiento para poder operar con él; disolviendo las resistencias al cambio que se consideran siempre presentes. Al igual que en los otros tipos de grupos, los grupos operativos han tenido distintos desarrollos y conceptualizaciones posteriores.

Grupos Balint

Los grupos Balint fueron iniciados durante la posguerra, en Londres por Michel Balint, en la Clínica Tavistock e incluidos en el Programa del Servicio Nacional de Salud de Inglaterra. En la Argentina apare c i e ron en la década del ‘60, en momentos en que los hospitales se poblaban de médicos jóvenes, comenzaban las primeras residencias médicas a nivel nacional y municipal, y se instalaban los servicios de psiquiatría en los hospitales generales. Al mismo tiempo se comenzaba a desarrollar la técnica biomédica en Buenos Aires: se implantaban los primeros marca pasos cardíacos, nuevos tipos de fístulas para diálisis y trasplantes renales, etc. Este tipo de grupos comenzó con la modalidad de grupos homogéneos de médicos internistas, coordinados por un psicoanalista. Su objetivo fundamental estaba centrado en el análisis de “casos médicos” intentando ayudar a los médicos a comprender lo que ocurría con sus pacientes cuando ambos se encontraban.

Es decir, facilitar un modo diferente de “escucha” de los procesos psicológicos que se desarrollaban en los pacientes. Posteriormente, se producen redefiniciones de estos grupos que brindan posibilidades más amplias, centrándose en utilizar el ámbito de reflexión grupal como instrumento de investigación, enseñanza y aprendizaje de la relación médico-paciente. Del análisis de los casos se pasa al análisis del vínculo médico-paciente, lo que se denomina “situación médica”, teniendo en cuenta que en esta se ponen en juego factores vinculados al ámbito en que se producen las acciones médicas (familia, institución) y sus características y condiciones psicológicas y sociales particulares; a las características específicas de la intervención médica, incluyendo la concepción de cada profesional y el impacto contratransferencial que le produce el vínculo con el paciente, y a características de los pacientes como así también al tipo de padecimientos que sufren.

Esta amplificación de los alcances de este tipo de grupos incluye la participación de diferentes trabajadores de la salud, médicos, odontólogos, enfermeros, etc. pertenecientes a diferentes equipos de trabajo o miembros de un mismo equipo asistencial. Se abordan así las dificultades en el funcionamiento de los equipos de salud así como en los profesionales, tanto en las relaciones de los miembros entre sí como en la relación con los pacientes.

Grupos de Reflexión

Los grupos de reflexión reconocen su antecedente en los grupos operativos, y se comenzaron a implementar con la idea de permitir la elaboración de las ansiedades que c rea el trabajo con pacientes psiquiátricos y la elaboración de los distintos conflictos que pudieran surgir en el equipo asistencial. En su desarrollo, los grupos de reflexión se utilizan para abordar situaciones grupales frente a diferentes problemáticas específicas, trabajando en el orden de los fenómenos transubjetivos. Es decir, se trabaja con relativa independencia de las características de personalidad de los miembros de dicho grupo, y estas no son interpretadas. Además del abordaje de problemáticas institucionales y de la consideración de la estructura de ro l e s de un grupo que realiza una determinada tarea, los grupos de re flexión permiten el entrenamiento e investigación de la grupalidad en sí misma.

Son también un instrumento útil para grupos de personas que viven una cierta problemática común y tienen que afrontar diferentes recursos personales para encararla. Algunos los consideran un recurso importante de prevención en salud mental. Al no tener los grupos de reflexión objetivos terapéuticos, y por lo tanto no considerarse sus integrantes pacientes, el deslizamiento hacia interpretaciones personalizadas puede resultar persecutorio o confusional para los que participan en ellos. Pero si la coordinación es eficaz, se pueden producir efectos terapéuticos debido a ese “plus” grupal antes mencionado, a las modificaciones de ciertos estereotipos, al intercambio de información cuando se abren las posibilidades de recibirla. Consideramos que en las situaciones de crisis o emergencia social, los grupos de reflexión, o grupos comunitarios de reflexión, permiten a los afectados acceder a los articuladores psicosociales que se ponen en juego, a la modalidad que adquieren las representaciones sociales en cada situación, y a poder visualizar las diferentes formas y grados de identificación con éstas.

Las situaciones de crisis producen modificaciones en el campo de lo vincular y de lo subjetivo individual. En ellas, es especialmente importante el papel de apoyo que el grupo presta al psiquismo. Muchas veces se produce una tendencia espontánea al agrupamiento, lo cual además de permitir encarar tareas en el orden de la realidad con el objetivo de abordar aquello que ha pro v o c a d o la crisis, reconstituyen un apoyo grupal al psiquismo.

En el presente dossier se incluyen algunos trabajos que dan cuenta de algunos modelos conceptuales, así como de prácticas que recuperan la potencialidad transformadora de los grupos. La propuesta es promover, estimular el debate creador y el intercambio de experiencias concretas que recuperen la riqueza de la grupalidad y amplíen las perspectivas de abordaje de los problemas que plantean

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A manera de introducción a la teoría   Y práctica de los grupos. L. Edelman, D. Kordon

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