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El lugar del Psicoanálisis en la formación en psicología.

Publicado por Hernando Bernal Z. activado 3 Junio 2014

El lugar del Psicoanálisis en la formación en psicología.

El lugar del psicoanálisis en la formación

de un psicólogo con énfasis

en psicología social

Hernando Bernal Zuluaga.

«Los analistas tienen intereses sociales, no son parásitos sociales. Promueven el avance del psicoanálisis para protegerse de los efectos devastadores del discurso de la ciencia, intentando responder a las cuestiones del discurso contemporáneo»
Jacques-Alain Miller.

«En efecto, comparado con todos los otros sistemas, el psicoanálisis es el más apropiado para trasmitir al estudiante un conocimiento cabal de la psicología»
S. Freud en ¿Debe enseñarse el psicoanálisis en la Universidad?



A la pregunta ¿cuál es el lugar del psicoanálisis en la formación de un psicólogo con énfasis en psicología social?, habría que agregarle una particularidad, un rasgo, que hace la “identidad” del programa de psicología con énfasis en psicología social de la Fundación Universitaria Luis Amigó: La psicología social escogida como marco de referencia para pensar la intervención en lo social de sus psicólogos es la de Enrique Pichón Rivière. Es decir que si el psicoanálisis tiene un lugar importante en la formación de los psicólogos del programa de la Funlam, es gracias a su énfasis: la psicología social pichoniana.

En este punto hay que hacer ya dos aclaraciones. Primera: La mayoría de los programas de psicología sirven cursos de psicoanálisis o, en su defecto, de psicología dinámica, la cual tiene sus raíces en el psicoanálisis freudiano y kleiniano. En cualquier curso de Historia de la psicología o de Introducción a la psicología, el estudiante entrará en contacto con la teoría psicoanalítica y su autor, Sigmund Freud.

Una de las tres grandes ramas de la psicología, junto a la cognitiva y la humanista, es la dinámica, la cual se apoya en los trabajos de Freud posteriores a 1920 y que dan una importancia creciente al yo y sus mecanismos de defensa. Las facultades de psicología que no sirven cursos de psicoanálisis en su programa, es más lo que pierden que lo que ganan, ya que la formación integral de un psicólogo pasa por el dominio y conocimiento de las disciplinas que identifican la formación del psicólogo, su historia, su epistemología, sus modelos teóricos y metodológicos, entre los cuales se encuentra el psicoanálisis freudiano y el de sus sucesores: el kleinismo, la psicología del yo, la psicología dinámica, el lacanismo, etc.

Segunda aclaración: la psicología social de Enrique Pichón Rivière no es la única psicología social existente, ni la única que se enseña y se transmite en el Programa de psicología de la Funlam, pero sí es la orientación privilegiada en el Programa, ya que las personas que lo concibieron consideraron que era la que mejor se ajustaba a nuestra idiosincrasia latinoamericana y a la orientación humanista de la FUNLAM, la cual venía con una tradición institucional en programas reeducativos y terapéuticos, y con un interés decidido por adelantar comprensiones más fecundas y respuestas más acertadas frente a las condiciones existenciales y materiales de los grupos humanos más vulnerables, sujetos a los cuales apunta la Misión lnstitucional, en su compromiso, no solamente con la producción y proyección del conocimiento, sino con la intervención de las problemáticas que afectan la calidad de vida de la niñez y de la juventud, de la familia y de la sociedad.

Freud va a tener un papel preponderante en los desarrollos teóricos de la psicología social, ya que él vincula las funciones del yo con las de las instituciones sociales. Sus textos de psicología social abarcan principalmente a «Tótem y Tabú» (1912-13), obra en la que mostrará, a partir de una hipótesis mítica, como se forma la sociedad humana como institución originaria; «Psicología de las masas y análisis del yo» (1921), en la que haciendo un estudio de la identificación y la formación del yo, surge la importancia de lo social en la constitución del sujeto. Dice Freud en el primer párrafo de este texto:

“La oposición entre psicología individual y psicología social o de las masas, que a primera vista quizá nos parezca muy sustancial, pierde buena parte de su nitidez si se la considera más a fondo. Es verdad que la psicología individual se ciñe al ser humano singular y estudia los caminos por los cuales busca alcanzar la satisfacción de sus mociones pulsionales. Pero sólo rara vez, bajo determinadas condiciones de excepción, puede prescindir de los vínculos de este individuo con otros. En la vida anímica del individuo, el otro cuenta, con total regularidad, como modelo, como objeto, como auxiliar y como enemigo, y por eso desde el comienzo mismo la psicología individual es simultáneamente psicología social en este sentido más lato, pero enteramente legítimo.”

Este párrafo, en particular, pienso que se ha constituido en la base de los desarrollos teóricos de la psicología social que tiene sus fundamentos en el psicoanálisis, como lo es la psicología social de Enrique Pichón Rivière. También en Freud encontramos como textos importantes de la psicología social a «El porvenir de una ilusión» (1927), donde Freud señala que la sociedad, como precio por su ingreso a ella, exige al individuo la renuncia a ciertas satisfacciones pulsionales. Tales exigencias hacen al sujeto hostil a la cultura, pero esta es neutralizada mediante la identificación con la autoridad paterna prohibidora, lo cual viene a constituir el superyó del sujeto.

En «El malestar en la cultura» (1930) Freud vuelve a afirmar que los fines de la sociedad y el individuo no coinciden. El hombre tiene una agresividad innata, una importante fuerza desintegradora de la sociedad, a la que denominó “pulsión de muerte”. Otros textos de interés social en Freud son: «La moral sexual "cultural" y la nerviosidad moderna» (1908), «El interés por el psicoanálisis», parte II, secciones E, F y G (1913), «De guerra y muerte. Temas de actualidad» (1915), «¿Por qué la guerra?» (1933), «Comentario sobre el antisemitismo» (1938) y «Moisés y la religión monoteísta» (1939a). Así pues, Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, no sólo fue un científico interesado permanentemente en la clínica, sino también en la cultura, la sociedad y sus problemas. De cierta manera, Freud hizo también, a parte de una teoría del sujeto, una teoría de la cultura desde el punto de vista psicoanalítico, teoría que funda en gran medida los desarrollos de la psicología social de Pichón Rivière.

Si bien es cierto que el psicoanálisis toma como objeto de estudio el psiquismo del sujeto, es a raíz de esta indagación que Freud se va a interesar en las bases afectivas del vínculo del sujeto con la sociedad. El psicoanálisis ha descubierto que los sentimientos sociales son portadores de un interés o libido sexual que ha sido objeto de represión, y por tanto, se constituyen en la causa de determinadas perturbaciones anímicas que, inclusive, pueden llegar a definir lo peculiar de un grupo. Para Freud, las neurosis en general tenían un carácter asocial, es decir, que esforzaban al sujeto a estar fuera de la sociedad. Así mismo, él demostró que el precio del progreso cultural el sujeto lo debe pagar con un déficit de dicha provocado por la elevación del sentimiento de culpa, constituyéndose éste en el problema más importante del desarrollo cultural.

Por otro lado, el psicoanálisis también ha descubierto la participación que las constelaciones y los requerimientos sociales tienen en la causación de la neurosis. Freud siempre sostuvo que el aumento de las afecciones nerviosas es un producto de la exigencia cultural que aportan la educación y el ejemplo. Así, el niño que produce de manera espontánea las represiones de lo pulsional, no hace sino repetir un fragmento de la historia de la cultura humana. Es un hecho, pues, que desde esta perspectiva, la cual tiene en cuenta lo vincular, se remarca el carácter fundante de ese Otro social en la constitución del psiquismo. Así lo transmitió S. Freud en sus escritos sociales, Pichón Rivière al hablar de la estructura de vínculo, Bleger en relación al encuadre y Kaës en sus teorizaciones acerca de la función de apuntalamiento psíquico de las instituciones.

Fundamentalmente es la década del 60 la que marca el inicio del desarrollo de la psicología social en Argentina. De la década del 50 al 60 provienen los aportes precursores del Dr. Enrique Pichón Rivière, padre profesional de grupalistas e institucionalistas como los Dres. Bleger, Ulloa, Liberman, Bauleo, Pavlovsky, entre otros, que tuvieron un alto nivel de producción intelectual en distintos dispositivos y técnicas (instituciones, grupos, familia, psicoterapias breves, psicodrama) y que introdujeron a futuros psicólogos sociales en el "campo de las psicoterapias colectivas relacionadas con el psicoanálisis". La mirada grupalista de Pichon Rivière a través de cuestionamientos a la organización hospitalaria en Argentina y sus aportes a una psicología de la vida cotidiana, son antecedentes fundamentales de este campo.

Pichón Rivière construyó una particular psicología social con su concepción de grupos centrados en la tarea, la técnica de grupos operativos, la inclusión del psicoanálisis freudiano y kleiniano en el ámbito grupal, la dialéctica materialista de Marx, ciertas concepciones lacanianas, con una importante influencia de los literatos "malditos" y el arte pictórico no convencional. Él dejó un camino abierto a sucesivos desarrollos que Bleger y Ulloa iniciaron para hacer que la Psicología Social tuviera una presencia importante en la vida académica.

Así pues, desde las primeras líneas de «Psicología de las masas y análisis de yo», Freud rechaza la oposición clásica entre psicología individual y psicología social, destacando que en la vida psíquica del individuo hay constantemente otro, que se toma como modelo, semejante, objeto o rival, y que por lo tanto la psicología individual es siempre psicología social. Pero además de servir como base teórica a un buen número de teorías psicológicas de lo social, el psicoanálisis le brinda otro tipo de aportes al estudiante de psicología con énfasis en psicología social.

En el psicoanálisis es posible distinguir tres niveles que se constituyen, a su vez, en los tres principales aportes al psicólogo que se forma en el énfasis de psicología social. Primero, el psicoanálisis es un método de investigación, que consiste esencialmente en hacer manifiesta la significación inconsciente de las palabras, los actos, las producciones imaginarias (sueños, fantasías, delirios) de un sujeto. «Hacer consciente lo inconsciente» se constituirá en un principio de la psicología social latinoamericana, el cual será elaborado como «hacer explícito lo implícito» o «hacer evidente lo latente».

Un psicólogo social debe preparase para saber leer e interpretar los fenómenos sociales que se presentan en una comunidad o institución cualquiera, en la medida en que ellos tienen todos una causa oculta, una intencionalidad velada, de tal manera que el método psicoanalítico le brinda una formación al psicólogo en dicha interpretación o lectura de lo social de una manera privilegiada, es decir, lo forma como investigador de las verdaderas causas ocultas o desfiguradas de los fenómenos sociales. Y esto en la medida en que dicha interpretación -que ya no es la misma que se da en el consultorio con un analizante- puede extenderse también a producciones humanas para las que no se dispone de asociaciones libres, pero que pueden ser leías y pensadas con una observación sistemática y un pensamiento disciplinado en el análisis.

Segundo, el psicoanálisis es un método psicoterapéutico basado en esa investigación de lo inconsciente, caracterizado por la interpretación de las formaciones del inconsciente -el sueño, los actos fallidos, las agudezas u ocurrencias, el olvido y el síntoma psíquico- bajo transferencia y en la búsqueda del deseo inconsciente del sujeto.

El psicoanálisis es pues, un método de intervención clínica, base de la psicoterapia psicoanalítica, conocida principalmente como psicología dinámica o psicología del Yo, y todas las diferentes orientaciones que coinciden en la concepción del proceso psíquico como la confluencia de fuerzas inconscientes o que subrayan la existencia de una dinámica pulsional en el sujeto. Así pues, el psicoanálisis le brinda al estudiante de psicología, cualquiera que este sea, las bases conceptuales en las que se apuntala la psicología dinámica y las psicoterapias de orientación psicoanalítica.

Y tercero, el psicoanálisis es un conjunto de teorías psicológicas sobre un sin número de aspectos de la vida de los sujetos -el psicoanálisis hace, por ejemplo, una psicología de la vida amorosa; de cierta manera, el psicoanálisis no es otra cosa que una psicología del amor entre los seres humanos-, y un conjunto de teorías psicopatológicas, en las que se han sistematizado los datos aportados por la clínica psicoanalítica, es decir, su método de investigación y de tratamiento del sufrimiento humano.

Todas las concepciones psicológicas adquiridas por este medio, no solamente le aportan al estudiante de psicología con énfasis en psicología social, una sólida fundamentación epistemológica y metodológica para el conocimiento tanto del comportamiento humano, como de los contextos y escenarios en el que se desempeñará como profesional, sino que también le brinda la formación de un pensamiento crítico, abierto y reflexivo. A nivel epistemológico, el psicoanálisis aporta una reflexión acerca de las condiciones de producción de su saber. Pero no solamente a este nivel el psicoanálisis aporta una reflexión a nivel epistemológico -sobre su estatuto como ciencia y la constitución de su objeto de estudio, por ejemplo-, sino que su discurso enseña que el sujeto de la ciencia es el mismo sujeto del psicoanálisis, en la medida en que ese sujeto forma parte de la coyuntura que hace a la ciencia en su conjunto. A su vez, el psicoanálisis aporta a la misma epistemología, un lugar para el psicoanálisis dentro de las ciencias conjeturales, denominación dada por Lacan a el objeto que subsume el cuerpo de las ciencias conjeturales en la medida en que son opuestas a las ciencias llamadas humanas, según las propias palabras de Lacan en «La ciencia y la verdad», texto de sus Escritos.

Como consecuencia de lo anterior, el psicoanálisis le brinda al estudiante de psicología, una actitud crítica muy aguda, dirigida, sobre todo, a los discursos que imperan en la modernidad -el discurso de la ciencia y el discurso capitalista- y los efectos devastadores que éstos tienen sobre los vínculos sociales y los nuevos modos de organización social, lo cual se puede observar en la falta de límites para el saber de la ciencia, el tratamiento que ésta hace del sufrimiento humano borrando la subjetividad, la globalización y la influencia del mercado en la forma de concebir al otro -el sujeto vale por lo que tiene y no por lo que es-, el imperio de ideales que llevan una individualización teñida de competencia y agresividad entre los sujetos -competitividad, calidad total, excelencia académica, combatividad, éxito, etc.-.

No saber que hacer con los desechos que deja la ciencia y que agudizan el problema ecológico, -la polución, las toneladas de basuras, los desechos químicos y nucleares, etc.-, la ausencia de un anudamiento del sujeto dentro de una trama familiar, fenómenos de violencias generalizadas en todo el mundo, la especialización en el saber de los sujetos, la búsqueda de satisfacción a corto plazo, el consumismo alocado de objetos por parte del sujeto contemporáneo, el ascenso del sentimiento de falta de sentido para la vida de los sujetos, la fragmentación del lazo social en gethos, la generalización de prácticas autísticas y perversas en la sexualidad de los sujetos con una deflación del amor, el surgimiento de todo tipo de comunidades unidas por un tipo específico de sufrimiento -grupo de obesos, de homosexuales, de tuberculosos, de trasplantados, etc., etc.-.

La ausencia de la línea que separa lo privado de lo público, los fenómenos de toxicomanía, segregacionismo y mercadeo del cuerpo en sus diferentes niveles -tráfico de órganos, trata de blancas, esclavitud, prostitución infantil, etc.- y el surgimiento de los comités de ética, sólo para mencionar algunos de los problemas contemporáneos a nivel del vínculo social. Así pues, el psicoanálisis brinda al estudiante una serie de conceptos teóricos que le permiten abordar y comprender estas y otras problemáticas psicosociales, y lo dota de una posición crítica frente a los estragos del discurso de la ciencia, que, como bien lo dijo Lacan, no le deja ningún lugar al hombre.

Por todo lo anterior, es que dentro de la «Descripción del Plan de Estudios del programa de psicología de la Funlam», aparecen referenciados contenidos psicoanalíticos en los «núcleos temáticos» de Problemas contemporáneos de las Ciencias Sociales, en donde de lo que se trata es de desarrollar los tres ejes teóricos sobre los que se apoya la Psicología Social de Enrique Pichón Rivière: el psicoanálisis -con sus nuevos desarrollos con la teoría de Jacques Lacan-, la Psicología Social norteamericana y la sociología.

En el curso de Introducción al Psicoanálisis (tercer semestre), en el que se elabora la noción de Inconsciente, la primera y segunda tópica freudianas, los aportes de Jacques Lacan al inconsciente intersubjetivo, la importancia del lenguaje en la determinación del sujeto, los conceptos de "otro" como semejante y "Otro" (con mayúscula) como el término que engloba a la cultura y los determinantes histórico-sociales, y las nociones de imaginario, simbólico real como constituyentes de la realidad psíquica.



En el curso de Escuelas fundantes de la Psicología Social (segundo semestre), junto a las Escuelas y orientaciones que hacen parte de la historia de la psicología, se incluye también el descubrimiento del inconsciente. En el curso Teoría de los Grupos, se hace énfasis en la comprensión de la estructura y dinámica de los grupos humanos desde diferentes autores, incluidos entre ellos Freud, con sus textos sociales, y Pichón Rivière.

En el curso de Procesos de Subjetivación (Segundo semestre), se desarrolla el tema del estadio del espejo como formador de la función del yo en el sujeto y la incidencia de la imago en el desarrollo afectivo humano. En el curso de Estructuras Clínicas (Tercer semestre), se ve el papel de la sexualidad en la estructuración de la neurosis, la teoría del Significante y su papel en las estructuras clínicas y las tres estructuras clínicas establecidas por el psicoanálisis lacaniano: Psicosis, perversión y por supuesto, la neurosis.

Por último, en los cursos de Psicopatología II (Quinto semestre) se ven elementos de psicopatología clínica desde el psicoanálisis y desde la psicología y en el de Técnicas Operativas de Intervención (Cuarto semestre): se hace énfasis, entre otras cosas, en la dimensión de lo manifiesto y lo latente como elementos fundamentales para la lectura que hace el psicólogo social en su ejercicio profesional.

Como ganancias secundarias que deja la transmisión de la teoría psicoanalítica en los alumnos, están el contacto con el pensamiento contemporáneo universal, con teorías de punta como la lacaniana, un respeto profundo a la diferencia, que se sostiene en un rasgo singular que le permite a cada sujeto ponerle un límite a las demandas imperiosas e ideales que le impone la modernidad. También el psicoanálisis, como ningún otro saber psicológico, promueve en el sujeto el discernimiento ético de los problemas humanos y sociales, a los que se enfrentará el psicólogo social, y el conocimiento de sí mismo.

El discurso psicoanalítico transmite una oposición entre la ética de las buenas intenciones y la ética de las consecuencias, de los resultados. La ética de las consecuencias es contraria a la ética de la intención, la cual se guía por la ley del corazón y el delirio de presunción de las almas bellas. Una ética de las consecuencias permite juzgar los actos, es decir, que los actos de los sujetos dependan de sus consecuencias, y no de sus buenas intenciones.

Que un psicólogo social -por lo menos un psicólogo que no se llame a engaño- llegue armado a la comunidad donde interviene, con el saber que le proporciona los conceptos como «sujeto del inconsciente» y «pulsión de muerte», le permitirá intervenir en dicha comunidad de forma muy diferente a como lo haría desde el sentido común, el cual suele pensar que el ser humano tiende a buscar su propio bienestar y el de los demás, sino que él estará, por lo menos advertido, de que lo malo no solo es lo perjudicial y dañino para un sujeto, sino también lo que desea y lo que en muchas ocasiones le brinda satisfacción.

Se trata, por supuesto, de una satisfacción que está del lado del mal y no del lado del bienestar. Saber que en los seres humanos hay ese empuje, ese gusto por el mal, le da al psicólogo social una posición diferente a la del sentido común, en la que no se llama a engaño sobre las dificultades que enfrentará en el abordaje de los vínculos sociales.

Revista Póiesis, No. 6, 2003.

En internet en: http://www.funlam.edu.co/revistas/index.php/poiesis/article/view/658/631

El lugar del Psicoanálisis en la formación en psicología.

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