Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog

Un modelo psico-social en orientación vocacional.

Publicado por Francisco Mora Larch activado 6 Junio 2014

Un modelo psico-social en orientación vocacional.

El Modelo Morelos: Un Enfoque Social

en el Análisis Vocacional.

Francisco Mora Larch

Introducción.

Para empezar» esta es una re-escritura ya que el texto original fue “extraviado" en ocasión de un viaje, pérdida que quiere ser sustituida, reemplazada.

Hablar del Modelo Morelos implica para mí, también una re-escritura, porque de algún modo ya realicé anteriormente una evaluación del mismo modelo (Mora Larch y Vázquez, C. 1986)) y propuse una alternativa de trabajo en orientación vocacional a nivel preparatorias. Y bien, esto es un escrito por encargo, lo que planteó de entrada una gran dificultad ¿por qué?; porque aceptar la demanda supone aceptar que uno puede llenar el hueco, la falta, obturar el deseo de un sujeto, un grupo, con el engolosinamiento de un saber congelado, ese gran riesgo que es el de defraudar con lo que se entrega, que siempre es otra cosa que lo que se pide.

Así que lo que digo aquí me hace ubicarme en el filo de la navaja. Del pedido a la redacción aparece también una interrogación: ¿seré yo -el más idóneo para hablar a estas alturas del Ilamado Modelo Morelos de Orientación Vocacional? A lo que me respondí, que no se podría afirmar que yo era el menos indicado para hacerlo, así que ¿por qué no?

Me he visto de este modo constreñido por la demanda de un grupo de gente, por mi participación en la construcción (en algunas fases), del aludido modelo, por mi vocación, por las limitaciones laborales que me orillan y marginalizan de la práctica especifica del Análisis Vocacional en este momento, a otra práctica emparentada con él, que es la de la psicohigiene del trabajo profesional a nivel privado e institucional. Si a esto agregamos que hable sobre un enfoque social del Análisis Vocacional, supone aún más encuadrarme en un discurso que se arriesga a no dejar satisfecho a nadie.

Sin embargo, entre demanda y satisfacción siempre -existen, limitadas y socialmente determinadas, posibilidades de acceso a objetos sustitutos, como el presente, cuando el objeto original se ha perdido, pero no nos preocupemos que ese es el fin de todos los objetos originales; sustitutos habrá siempre y esta es la llama que permite volver a encender el deseo, encarnado incluso como deseo de saber. Nos sirve de marco, además el tema de la modernización educativa, -lo que lleva a contemporanizar- nuestra problemática. Me remití entonces a una breve revisión del Plan Nacional de Desarrollo 89-94 en el apartado -correspondiente a Educación (Salinas, C., 1989); encontré en el texto de Salinas algo que quiero utilizar a mis propios fines. Ahí se habla de los “servicios de -apoyo a la educación", en el sentido de que si se quiere avanzar en la “Modernización educativa" sería una necesidad impostergable modernizar también esos servicios de apoyo a la educación.

Esto me interesa en dos sentidos: primero, porque modernizar supone cambiar o suplantar lo viejo por lo nuevo, lo reciente o lo actual; innovar en lo que- hasta hoy se ha hecho (en su momento, el Modelo Morelos pasó por esto). En un aspecto muy distinto, si tomo al pie de la letra lo de los Servicios de Apoyo a la Educación, todos podríamos estar de acuerdo en que la Orientación Vocacional lo es; indicación recurrente; la Orientación Vocación no es educación y no está en su campo o en su problemática teórica, si es que la educación tiene alguna.

La Orientación Vocacional es un servicio de apoyo a ese campo es, por tanto, algo distinto, hay alteridad. Si se ha hablado de orientación educativa, concepción y práctica dominante de la orientación en nuestro país, que es hablar de la concepción dominante en la Asociación Mexicana de Profesionales de la Orientación, es porque, o -se partía de allí o se ha hecho un corrimiento para querer absorber una práctica en una actividad que le es ajena, solo porque esa práctica ha encontrado como espacio natural de su desarrollo, la institución escolar.

Debo recordar que no siempre sucedió así, anteriormente las vocaciones se forjaban directamente en la familia, después en el taller artesanal, etc., es decir, lo específico de una práctica no está dado de entrada -o necesariamente por el espacio institucional donde se desarrolla o despliega, así, no podría yo hablar de orientación educativa, Foladori, H. que ha sido anteriormente muy explícito y claro en esto (1985, 1987) ha ubicado a la Orientación Vocacional justamente en la problemática circunscrita de cierta psicología social, nunca utilizó el término de orientación educativa, ahora (hablo de hace un año) lo ha hecho (1988), lo que no dejó de inquietarme, porque si un autor como él ha empezado a ceder en las palabras, quizás termine, como dice Freud, cediendo en los hechos.

Acoto entonces, la Orientación Vocacional, práctica, técnica que trabaja o labora como (-teoría en acción) en una intersección privilegiada: la que se da entre estructura psíquica y estructura social, aunque quien la práctica o ejerce no este necesariamente consciente de ello. La ubico entre un fin y un principio: fin de un proceso a dominante psico-afectivo subtendido por las determinaciones sociales, e inicio de otro a dominante Socio-dinámico, donde las determinaciones sociales ya no subtienden sino que aparecen encarnadas en instituciones que soportan y asignan los lugares (estatus) y roles (funciones), de los individuos que son ubicados en los procesos de producción y reproducción de los sistemas y organizaciones sociales.

El fenómeno vocacional así, debe visualizarse en un contexto donde lo social en un sentido amplio, lo cultural, lo institucional, lo grupal y lo individual juegan su parte. Hablar de orientación educativa es darle al adjetivo un peso que no tiene, es desembarazar al fenómeno de una serie de líneas problemáticas que podrían no trabajarse o que de hacerlo serían abordadas desde una metodología que de entrada esta imposibilitada de realizarlo; pongamos por ejemplo, qué hacer o como trabajar con el afecto de un sujeto que desea estudiar determinada carrera, esto implica trabajar con los aspectos más íntimos, singulares, es decir, psicológicos del individuo; todos sabemos del terror que se despierta en los agentes de la educación cuando se habla de trabajar con estos aspectos, se paran los pelos de punta, y sin embargo, el maestro, el orientador, no pueden sino trabajar -aunque lo nieguen y se cieguen a ello- con los afectos; se horrorizan histéricamente cuando un psicólogo les explícita que el sí trabajará con las emociones de los individuos, como si fuera algo que este técnico introdujera subrepticia o clandestinamente en el aula.

Así entonces, creo que es un peligro real el querer subsumir lo vocacional en lo educativo. Vayamos entonces al Modelo Morelos de Análisis Vocacional.

2. Ubicación Histórica y Geográfica.

El modelo se gesta en una coyuntura institucional que, habiendo sido tocada en el talón de Aquiles del tecnocratismo (eficacia y eficiencia), no encuentra efectividad en este, por lo que se buscan vías alternativas de operacionalidad para poder satisfacer la demanda de orientación vocacional a nivel medio superior, buscando con ello resolver una gran cantidad de problemas institucionales como deserción escolar, cambio de carreras, apoyo escolar. De agosto de 1981 a mayo de 1982, es hablar desde la demanda hasta la oferta, y como mencioné, siempre de otra cosa; yo me incorpore en ese último año, el programa apenas empieza a caminar; aparece el folleto "El -nuevo programa de orientación vocacional para las preparatorias de la ÜAEM"(Foladori, H., 1982), dirigido principalmente a los maestros y directores de escuela para lograr su apoyo (o neutralizar su oposición) al nuevo programa, con la difusión de las ideas plasmadas en ese documento.

Un programa justamente innovador, incrustado en los horarios de clase de cada grupo con -una hora a la semana, pero aceptado oficialmente y con un carácter de servicio, es decir, sin ser una materia curricular obligatoria. La aplicación de técnicas grupales signaría el trabajo de orientación, además de algunas otras técnicas (entrevistas individuales, periódicos murales, etc).

Los únicos antecedentes que yo en particular tenía de una práctica -así en el país era de unos compañeros de Nuevo León que publican un artículo en octubre. de 1979 en el boletín Emergente, de estudiantes de la facultad de Psicología de la ÜANL, el artículo se llamaba "El grupo operativo en orientación vocacional n (Estudiantes de Psicología de la UANL, 1979); el intento era aplicar la técnica de los grupos operativos de Enrique Pichón Riviere (1973), a la que solo conocían teóricamente, a alguna materia curricular en la universidad, y les pareció que con orientación vocacional era algo muy adecuado, pero la Orientación Vocacional en ese entonces era una materia del plan de estudios de preparatoria, curricular y obligatoria, lo que -decían, les dificultaba la tarea, su intento no iba mas allá.

Otra referencia es de un trabado de Greco, del cual se me comenta y después no obtuve más datos e información de su práctica y resultados; al parecer él desarrollo de su experiencia fue en el Distrito Federal. Fuera de estos intentos y saliéndonos del país, la practica del uso de grupos para trabajar en OV provenían de 2 equipos que trabajaron con H. Kesselman, en uno de ellos participó Foladori quien publicó con uno de los equipos un trabajo donde se aplicaron técnicas de laboratorio social a la Orientación Vocacional. Este trabajo apareció en la Revista de Psicología Dialéctica de Puebla (Altman, M., et al, 1973).

La otra referencia es de un trabajo realizado en Argentina y donde participó Kesselman directamente. El relato de la experiencia fue desarrollado en un artículo publicado por –la Universidad Iberoamericana en una revista del Centro de Orientación -Psicológica (COP) de esa universidad. Ambos trabajos hacen referencia a experiencias anteriores a los 80s. Como vemos, los antecedentes no son muchos, sobretodo cuanto que lo que se planteaba el nuevo programa era -hacer un uso sistemático y organizado metodológicamente de diversas técnicas grupales a la Orientación Vocacional.

3. Los Objetivos del Nuevo Programa de Orientación Vocacional.

Los resumo en uno solo, pero veremos el alcance que tiene: -El objetivo que se planteaba el nuevo programa era promover la psico-higiene en los estudiantes de la ÜAEM (Foladori, H,. 1982, op cit); por psico-higiene entendemos la promoción de la salud mental; por tal, entendemos una adaptación activa y crítica del sujeto a su medio social, la oponemos a una adaptación a secas, donde el individuo es mero objeto y no sujeto de su historia individual y social, donde se lo manipula al desconocer los determinantes socioculturales y afectivos o personales concretizados en sentimientos, palabras y actos.

Así, Foladori podía concluir mas o menos de este modo: “lo que se busca es que el sujeto tome conciencia de las determinaciones sociales, familiares, culturales, institucionales e individuales que lo llevan a realizar determinada elección, para que se asuma como sujeto activo y creador o forjador de su propia historia, llevarlo, en pocas palabras, de la situación de ‘un sujeto en sí’ a ‘un sujeto para sí’”. Esto implicaba además, y a partir del uso de diferentes técnicas grupales, que el sujeto interiorizara un "modelo de análisis" de su realidad social, lo que llevaba –también-, a esta toma de conciencia de las determinaciones mencionadas.

En otros términos, la dirección de nuestro instrumento, estaba encaminada o dirigida al análisis crítico de las ideologías y de los implícitos personales y sociales que subyacen y encubren al fenómeno de la vocación y la elección de carrera, a hacer explícitos y manifiestos los implícitos y supuestos con los que el sujeto piensa y actúa; es decir, tomar conciencia del propio esquema conceptual -referencial y operativo (ECRO) con el que el sujeto guía su pensamiento y acción con vistas a su rectificación o ratificación para lograr la ruptura de estereotipias que impiden el desarrollo de las prácticas transformadoras del hombre, de su conciencia y del mundo.

Así, se apuntaba a una -práctica de concientización social que toma como pretexto una problemática, circunscrita por la propia ideología dominante a un acto meramente individual, pero que debe ser rescatada por los agentes ideológicos del cambio a partir de que se puedan detectar y discriminar diferentes niveles discursivos que concurren, en esta coyuntura teórica, a intentos parciales ya no solo de descripción sino de explicación del fenómeno. Aquí se fue -produciendo la articulación de los registros de los distintos niveles:

  1. social
  2. cultural
  3. institucional
  4. grupal
  5. familiar
  6. individual o psico-afectivo.

Visto en estos términos, el plan era mas que ambicioso; en un –texto, Foladori llega a mencionar que lo que se buscaba era la transformación de la institución educativa (Foladori, H., 1983), lo que desde mi -postura se antoja ya en el campo de la utopía, y no es porque no crea en ellas. Lo explícito, porque muchos aún creen y asumen que desde la práctica técnico-profesional se pueden realizar los grandes cambios sociales e institucionales. Esto nunca ha sucedido. De nuevo, aportar o apoyar desde un cierto lugar no es lo mismo que dirigir, organizar o actuar en los grupos, masas, partidos u organizaciones; mis metas u objetivos siempre fueron mucho más humildes; aportar y cooperar con el individuo, el grupo o la institución en la toma de conciencia de nuestras determinaciones, de nuestras propias limitaciones, pero también de nuestras capacidades y de las posibilidades coyunturales de ambos, técnico y sujetos sociales.

4. La Orientación Vocacional.

La toma de conciencia de nuestro estatus y función social, además de los cambios que implicó, nos llevó a la crítica de otros supuestos, nuestros supuestos. Pudimos desembarazarnos del concepto de orientación-orientador; hablamos entonces de análisis vocacional y analista vocacional. El término vocación se mantuvo en nuestro discurso como expresión de las dificultades conceptuales y también del imperio ideológico del término en los diferentes discursos teóricos de la Orientación Vocacional, nuestra concepción nos llevaba, claro esta, a jugar otro papel; teníamos como tarea y desembocamos a estas alturas en el análisis del deseo, en el campo del psicoanálisis el deseo es siempre infantil e inconsciente y de naturaleza sexual (Foladori, H. y Mora L., 1983).

Extrajimos una serie de postulados de estos descubrimientos, entre los que se destacan:

  1. Que en la carrera profesional se anudan los deseos más diversos que buscan una satisfacción.
  2. Que ella es la confluencia de múltiples sobredeterminaciones, entre ellas las inconscientes en sentido psicoanalítico. Etc.

Este nuevo enfoque implicó el uso de una metodología que lograse descomponer el material en bruto que se producía en las sesiones de trabajo grupal mediante una técnica de análisis y recomposición de ese material y como decía, se habló ahora del analista vocacional; externábamos esto, diciendo: analizamos, no orientamos, lo que no quería decir tampoco que jugáramos un papel neutral, llegábamos hasta donde el adolescente podía hacerlo y le proponíamos aún, que podía incluso llegar más allá, le indicábamos los límites de ese análisis o su parcialidad, aportábamos información en forma administrada que le permitiese usarla como un instrumento más de trabajo, en fin interpretábamos los obstáculos al quehacer grupal que se dibujaban delante nuestro, desde un saber que se ponía permanentemente en cuestionamiento como forma de avanzar conjuntamente en aras de construir y reconstruir la tarea encomendada: el análisis de lo social, lo cultural, lo institucional y familiar, nos la jugábamos con el adolescente.

5. El Enfoque Social.

Dice Bleger que cuando uno piensa, siempre lo hace en relación a otro, se piensa con alguien o contra alguien, y la metodología nos ha enseñado que no hay mejor forma de avanzar en el campo de la ciencia que planteándose problemas, analizando los obstáculos en el camino que sigue el proceso de pensamiento. Si la práctica dominante en el terreno de la Orientación Vocacional estaba signada por la psicologización del campo, nuestra lucha se dio en y contra esta dominación, propugnando entonces por la des-psicologización de lo vocacional (Mora Larch, F., 1985).

Pudimos ubicar e identificar cada uno de los niveles de determinación del fenómeno, diseñando toda una serie de ejercicios prácticos que ayudasen a trabajarlos desde una conciencia reflexiva y como ya vimos, cuando llegamos al nivel de lo individual (o psicológico), este se delineaba desde una lectura distinta, ya no era el estudio de los intereses, capacidades o aptitudes, sino en el del deseo inconsciente, vocación y afecto algo tenían que ver (Cueli, J., 1971).

Por otra parte, nos vimos conducidos al estudio del fenómeno adolescente en nuestra sociedad, con su denominada "crisis de identidad", lo que -nos marcó en mucho la pauta en el estudio del sujeto social con el cual -trabajamos, la forma de pensarlo, entenderlo, de trabajar con él. De esta crisis deducimos que no solo era interna o inherente al individuo, las instituciones modelan y marcan tiempos y lugares para producir y procesar esta "moratoria social" en la que se inscribe el adolescente, haciendo uso también de ese fenómeno maduracional llamado pubertad.

Las instituciones inscriben entonces en ambos registros, el psíquico como el biológico, la normativización socio-afectiva del sujeto, lo que nos llevo a redefinir el análisis de instituciones como la familia, la escuela, la iglesia, el club social, etc», para determinar su pertinencia con respecto al fenómeno adolescencia; debía observarse y desmenuzar en su concreción las determinaciones y efectos contradictorios que estas instituciones, como aparatos ideológicos del estado (Althusser, L., 1976) provocan y reproducen en cada momento histórico considerado.

De este modo, la crítica de los antiguos marcos de referencia era el paso previo para tomar cualquier vía alternativa de trabajo, no podíamos elegir sin renunciar a algo, pero este proceso debía realizarse con una conciencia de las implicaciones en juego, es decir, aceptar el compromiso de una crítica dura y despiadada de las concepciones imperantes para desechar, destruir y eliminar lo viejo, pero para proponer alternativas y que estas tuvieran viabilidad, aplicación y operatividad, para mostrar también que la eficacia no es patrimonio del tecnocratismo.

Si el camino era des-psicologizar, des-psicometrizar (Mora Larch, F. 1985, op cit.) la Orientación Vocacional, se seguía -de aquí desandar el camino y empezar a recorrer uno nuevo; éste debía trazarse siguiendo el movimiento de la cosa real, del referente empírico. Debíamos crear un modelo conceptual o mental, que nos permitiera seguir la pista de los caminos o vías que llevan a un sujeto (a determinado sujeto o a un grupo social) a elegir determinada (s) carrera (s), vicisitudes de una historia personal en la que se construye un espacio de intermediación que procesa la experiencia y le dicta derroteros, caminos, destinos. Había que entender en un mas acá social las vicisitudes del sujeto para -entender también las vicisitudes de la pulsión.

Así, los niveles de análisis debían estar organizados en una secuencia lógica; se tenía también que ir de delante hacia atrás y volver con el rescate de los factores históricos que podían echar luz sobre la "coyuntura" actual, sobre los deseos y las dificultades presentes, y en términos no solo de historia personal sino de historia social, de pertenencia de -clase, de tradición cultural-familiar, de determinaciones socioeconómicas, de apetencias y rechazos modelados en y con el individuo, de posibilidades y limitaciones institucionales, etc.,

Y el equipo del Departamento de Orientación Vocacional de la Universidad Autónoma de Morelos se abocó a la construcción de programas que contemplaran todos estos aspectos; creo en verdad, que si bien se incorporó el enfoque social a la Orientación Vocacional en toda su magnitud, este jamás desplazó a los demás niveles de análisis, a los que más bien les dio un contexto desde el cual podían comprenderse mucho mejor los diferentes grados de eficacia determinante,

El abordaje de lo social debió de ser desarrollado como un problema -mas que requería, antes que actos voluntaristas, respuestas racionales, pensadas. En ello cabe el que hubiésemos privilegiado el grupo como instrumento de trabajo, así que esto no surgió del mero rechazo de las técnicas al uso (entrevistas individuales, pruebas psicométricas, etc). El grupo permitía visualizar y poder operar sobre aspectos determinantes en el proceso de aprendizaje de la realidad (y no de un saber, como en la educación), aspectos que dejados de lado se presentaban como obstáculos al conocimiento social. El grupo era un espacio social por excelencia; en la estructuración y conformación del grupo, las ideologías jugaban su papel, se detectaba, además, una disociación tajante entre el decir y el hacer, entre el pensar y el actuar, las estereotipias conductuales evidenciaban que los procesos de comunicación se asentaban en el “como si”, en la impostura.

Ofreciendo el espacio grupal para desarrollar y desplegar una tarea, donde el avance tenía que ver con el grado de compromiso de cada uno para con ella, esta impostura dejaba de ser “funcional”, el grupo inducía a su renunciamiento al ejercer presión sobre el compromiso previamente sustentado entre individuo y grupo; éste último, entonces, era el representante de una realidad social que obligaba a abrirse y ser tomada en cuenta, forzando a establecer vínculos distintos, auténticos, objetivos, donde se neutralizaba en gran medida una subjetividad alienada en la ineficacia de la fantasía, en los mecanismos de negación y de protección irracional del sujeto, la idea era lograr por la vía de ese intercambio una modificación sustancial de la realidad psíquica de cada uno de los integrantes.

Nos preguntamos entonces, si no sería ese vínculo el verdadero objeto de estudio de esta práctica de la psicología social que empezamos a desarrollar en nuestra experiencia. Más allá se vislumbraba la construcción de una teoría de la alienación social a la que debíamos apuntar. En el grupo, la disociación aparecía en una polaridad extrema, aquél era caja de resonancia del mundo externo pero no era su mero reflejo, permitía la posibilidad del cambio, la ruptura de esas estereotipias que soportan y mantienen al individuo y / o al grupo alienado de sí.

EL grupo posibilitaba visualizar el vínculo entre lo individual y lo social y si éste se rescataba, lo individual no se perdía de vista, ya que la vocación era un fenómeno tan particular que, como tal, debía contener en sí la universalidad del entorno social del -cual era un legitimo producto.

Así fue como desde la conjunción de varios puntos de vista determinados por la historia del equipo y por la coyuntura teórica dominante en él, que se pudo construir un enfoque social específico, en el campo de la Orientación Vocacional.

Texto leído en Puebla, México, a invitación del Sindicato de Trabajadores Académicos de la Universidad Autónoma de Puebla.

Notas.

  1. Althusser, L. (1976) La filosofía como Arma de la Revolución. Cuadernos de Pasado y Presente, No. 4 Siglo XXI edits. México.
  2. Altman, M. Et al. (1973)El Laboratorio Social en Orientación Vocacional. Rev. De Psicología Dialéctica No. 3. Puebla.
  3. Boletín Emergente. (1979). El Grupo operativo en O.V. sin firma. Estudiantes de Psicología de la UANL. Monterrey.
  4. Cueli, José. (1971) Vocación y Afecto. Ed. Limusa. México.
  5. Foladori, H. (1982) Folleto El Nuevo Programa de O.V. para las preparatorias de la UAEM. UAEM, Cuernavaca.
  6. Foladori, H. (1983) Encargos Institucionales a la O.V. Rev. La Nave de los Locos. No. 4, Morelia.
  7. Foladori, H. y Mora L, (1983) F. Determinaciones Inconscientes en la Elección de Carrera de Educación Especial. 1ª. Reunión Estatal de O.V. UAEM. Cuernavaca.
  8. Foladori, H. (1985) Orientación Vocacional: la Estrategia Social. En Análisis Vocacional y Grupos. UAEM, Cuernavaca.
  9. Foladori, H. (1987) Presentación del Libro: Contribuciones al Análisis Vocacional Grupal. UAEM Cuernavaca.
  10. Foladori, H. (1988) Los Marcos Teóricos de la Orientación Educativa. 1ª. Reunión Nacional de Orientación Vocacional. Preparatoria no. 3 UANL. Monterrey.
  11. Mora Larch, F. (1985) Grupos Operativos en Orientación Vocacional. En Foladori, H. Contribuciones al Análisis Vocacional Grupal. . UAEM. Cuernavaca.
  12. Mora, F. y Vázquez, C. (1986) Propuesta de Trabajo en Orientación Vocacional para las Preparatorias de la UAEM. Pichón Riviere, e. (1971) Del Psicoanálisis a la Psicología Social. Ed. Galerna, Tomo II Bs. As.
  13. Revista Expresión Universitaria. Nums. 9 y 10, Cuernavaca, Morelos.
  14. Salinas de G. C. (1989) Nuevo Plan de Desarrollo 1989-94. Suplemento del periódico nacional La Jornada. México.

Monterrey, 1993-4.

Un modelo psico-social en orientación vocacional.

Comentar este post