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Melanie Klein y la teoría de las relaciones de objeto 1.

Publicado por Susana Gacias. activado 30 Julio 2014

Melanie Klein y la teoría de las relaciones de objeto 1.

Melanie Klein Parte I.

Susana Gacias sept 2003


Melanie Klein ha sido continuadora de Freud, posfreudiana. A su teoría se la conoce como “teoría de la relaciones objetales”. Su escuela es la Escuela Inglesa, por cuanto es la escuela que se desarrolla en Londres; ustedes saben que Arminda Aberastury y Pichon Rivière fueron en dos oportunidades a hacer supervisión con ella, que era la pope en psicoanálisis a nivel mundial. Como su mujer, ejercía el psicoanálisis del niño, ella es la que lo introduce en la teoría de las relaciones objetales.

Alumno: Objetables...

Susana: No: objetales. Las relaciones objetables son otra cosa, que se la vamos a dejar al superyó.

Rrisas.

Las relaciones objetales, o relaciones de objeto: ustedes se acuerdan que el objeto en psicoanálisis no es la cosa: el objeto es el otro. El objeto de análisis en Klein es diferente. No es que Freud no hable de los niños porque no es objeto de su interés, sino que no es objeto de su práctica. Cada investigador va recortando y delimitando su propia práctica en función de la experiencia y la experiencia de Freud no llegó a conceptualizar sobre determinado tipo de conducta. La experiencia de Klein es otra, y Pichon Rivière después la retoma, pasando de la psiquiatría individual, del enfermo mental, lo familiar, a lo grupal. La propia práctica iba condicionando la conceptualización de cada uno de los autores.

Klein es mucho más actual, nace en Viena en 1886 y muere en 1960. Se interesó por el psicoanálisis de niños; era algo que hasta el momento no se había realizado. Lo interesante es que ella realiza análisis vinculares de niños muy pequeños en compañía de sus mamás. Es pionera en eso, en la técnica con chicos: como el método de expresión de los niños por excelencia es el juego, lo que ella descubre es que el juego tiene un enorme valor proyectivo. Los niños proyectan lo que piensan a través del juego: todas sus fantasías, sus conflictos... jugando era factible proponerles reparación a esos conflictos, proponerles y plantearles alguna forma de resolución de estas situaciones que para ellos eran tremendamente angustiantes. Sería el equivalente a la asociación libre. Si el adulto asocia libremente, al niño se le da una cantidad de materiales para que los use libremente. Los chicos resolverán sí dibujan, pintan, juegan a los soldados, destrozan o dibujan con colores brillantes, o cielos negros y pisos negros...

Por supuesto que hay la capacidad de indagar y estudiar lo que significan esos signos; ésa no es tarea de la psicología social. La vuelta que nosotros le encontramos desde la psicología social es la posibilidad de entender todas estas cuestiones y como determinan la forma de ser en el mundo; cómo sujeto y contexto se van determinando. Cuando ustedes tengan la posibilidad de trabajar en grupos, en organizaciones, en las comunidades, en situaciones donde lo vincular va determinando, van a ver todas estas cosas: Klein habla de la disociación, en vínculo ambivalente, la posibilidad o no de integrar el vínculo. En la vida adulta esto se iba reproduciendo, y hay personas que nunca logran integrar el vínculo, se relacionan de modo ambivalente... es interesante verlo no solamente desde lo teórico, sino desde cómo a nosotros, en nuestra práctica profesional, nos ayuda a entender muchas cosas aunque no las apliquemos desde la clínica.

Dijimos que Melanie Klein nació en 1886 y murió en 1960. Ella hace sus desarrollos en psicoanálisis a partir de la segunda tópica, que divide al psiquismo que en ello, yo y superyó.

A partir de las relaciones de objeto, la primera relación objetal es la relación con la mamá, esa que marca para siempre porque no habrá ninguna igual. Con Klein la letra de los tangos nos viene maravillosamente: “no habrá ninguna igual, no habrá ninguna, ninguna con tu pie de ni con tu voz…” son los atributos por excelencia de la madre en los primeros contactos. Aquella vivencia de los primeros contactos infantiles garantiza nada más y nada menos que la supervivencia (a veces por la vida vamos buscando, pero, lamento decirlo, no aparece). Fíjense que la primera experiencia de vida no es placentera. Lo primero que antecede a la vida como experiencia es la muerte.

La primera vivencia autónoma desde niños fuera de ese hotel cinco estrellas -calefacción central, espacio ambientado de manera maravillosa, sauna- a nuestra primera respiración autónoma, lo que antecede a eso es la vivencia de asfixia. Al parto, al momento de salir, la primera a respiración autónoma es antecedida por la asfixia. No hablamos de situaciones traumáticas, hablamos de una situación natural. Por eso cuando decimos “no habrá en ninguna igual…”, es porque lo tras esa primera experiencia traumática del nacimiento -cuando los bebitos están como asustados, todos los ruidos los perturban y sobresaltan- hay una voz y una piel y un latido del corazón que son lo único que los calma porque los remite a esa situación en la que estaban absolutamente seguros.

Alumno: En lo único que reconoce como propio.

Susana: Exactamente. Esa es la primera relación de objetos, que está marcada por la supervivencia. Los niños sobreviven en función de que hay alguien (no lo llamemos solamente “madre”, porque hay en distintas situaciones, siempre hay alguien que cumple la función materna y es capaz de hacerlo sentir cuidado y contenido en esa relación objetal). El cachorro humano es prematuro en su nacimiento aunque nazca a los nueve meses de gestación. Otros cachorros, para empezar, nacen y tienen una situación de movilidad, pueden procurarse el alimento. El cachorro humano es dependiente durante largo tiempo. Requiere de otro, ese otro que Freud llama “el otro de los cuidados ajenos”. Esa es la situación que todos en algún momento hemos tenido para poder llegar a autoabastecernos. Esa dependencia emocional –afecto- y física -abrigo, sostén, alimento- para ser socializados.

Melanie Klein desarrolla esto de las relaciones objetales observando chicos muy chiquitos y descubriendo que tienen relación con sus primeros objetos, el primero de los cuales es su madre o la persona que tiene a cargo su cuidado, por parte o aspecto de esa persona. En la primera cuestión que hace a las relaciones de objeto. En una publicidad maravillosamente kleiniana se veía una cunita y una cantidad de carotas que decían “¿Quién le cambia los pañales al nene?” Han captado maravillosamente lo que el ve un niñito en su moisés.

Piensen ustedes que al comienzo, desde lo que físicamente puede, en el niño, al no ser estructurado neurológicamente para poder mirar el mundo desde el lugar de sentado. Tiene que verlo desde otra posición: lo que va a ver son partes de la persona que acude a asistirlo. Va a ver una mano, una cara... con lo primero con lo que el bebito se va a relacionar es con objeto parciales, con la parte de ese mundo que lo rodea. Incluso se toma y se vive a sí mismo como objetos parciales: va a ver una mano que le pasa por delante: es su mano, pero él va a ver una mano que le pasa por delante. Se va a llevar el piecito para arriba, lo va a dejar... Esto es lo primero que va a decir que Klein de importancia: que el niño se relaciona con el mundo a través de partes.

Alumno: Esas partes pueden ser ajenas a él o de el.

Susana: Las dos cosas. Él mismo tampoco está integrado como objeto, no hay relación de causa y efecto, no hay esa posibilidad. En el mundo -y él mismo, como parte del mundo- está dividido en partes. Por partes o aspectos de esa persona. Cuando digo “aspecto” también me estoy refiriendo a determinantes muy importante como la voz. En el niño, todavía no asocia esa cara con esa voz.

Normalmente cuando la mamá se está desprendiendo, esas cuestiones medio caóticas que pasan cuando los chiquitos son muy chiquitos y no pueden esperar (ustedes no, ustedes construyeron ya la estructura de demora, nosotros somos grandes y la tenemos muy construida ¿no? Pensamos, no nos ponemos ansiosos, no tenemos nada del bebé que alguna vez fuimos...). El bebé no puede esperar porque en la vivencia que él tiene, el hambre es una experiencia dolorosa, caótica. Siente una punzada en el estómago, que además es masiva.

Es una vivencia tremenda. Cuando el bebé llora -lo vimos en comunicación- se arma un circuito comunicacional; no tiene la intención de comunicar pero al final se arma ese circuito y aprende que el que no llora no mama. El bebé empieza a registrar atributos de esos objetos. En algún momento no ver a la mamá pero escucha el “ya va” y esa voz, una mano que se acerca, un perfume... Partes y atributos del objeto, del mundo. El niño nace y comienza a relacionarse con el mundo incluyéndose por partes. Objetos parciales.

El bebé es que un recién llegado que dentro del espacio intrauterino percibe sensaciones, pero al llegar todo es nuevo. Las ecografías lo han revelado, y en ese sentido parece que Klein estaba bastante en lo cierto, cuando hablaba de un yo temprano. Ustedes recuerdan que Freud no cree que haya un yo en el momento del nacimiento, porque el bebé es puro ello y el yo una instancia que se va construyendo. Melanie Klein cree que no es así, y Pichon llegará a hablar de un proto-yo en la vida intrauterina. Las ecografías hoy demuestran que en los jugueteos que el chiquito hace en la vida intrauterina hay diferenciación entre el yo y no yo. Se chupa el dedo, toca el cordón, palpa las paredes del útero. Hay un registro de sensaciones distintas.

Todo es nuevo en relación a la experiencia de esta vida intrauterina, donde sus necesidades estaban absolutamente cubiertas y satisfechas. No hay el registro de necesidad en la vida y intrauterina: ni de hambre, ni de frío, ni de ruidos. Ningún registro doloroso ha tenido en un embarazo normal, excepto el parto. (Qué silencio que se armó. ¿Les gusta esto? Esto hace que se pongan medio regresivos, así que si después se quieren poner a dormir como en el jardín, en el rincón la siestita, pueden hacerlo porque hoy está permitido…) Va a ser un olor, el sabor de la leche, que no está relacionado con ese pecho y ese biberón: es algo calentito que entra y calma el dolor de la pancita. Por eso son todas partes de una experiencia que se englobaría como gratificante.

Así como se conecta con objetos parciales del mundo externo, también él, para sí mismo, es un objeto parcial porque no integra todavía lo que es su propia persona. No tiene una visión de sí mismo integrada, que es una construcción posterior.

Les cuento que Klein no goza de mucha aceptación en el mundo psi, porque es la Argentina tenemos la impronta de las modas y hace muchos años que el psicoanálisis la canino viene formando cabeza casi como máquina de hacer chorizos. Yo creo que hay que hacer como Pichon, que lo investigó a fondo y le sirvió de mucho para entender cuestiones que hace en a los vínculos, a los grupos y a las instituciones.

Hay un momento, que ronda el tercer mes, en el que uno ve que el bebé empieza a seguir sus propios movimientos con atención, y como esto coincide con que se puede sentar, el sentarse le da una visión del mundo absolutamente diferente. A partir de ahí, es toda una cosa que integra: esa voz, esa mano, esa piel que después viene… E integra la experiencia de gratificación, con lo cual está claro que el mundo se va integrando. Enlazándose, el cuerpo va posibilitando las funciones psíquicas correspondientes.

Corremos el riesgo, pero nunca hagamos psicologismo, poner exclusivamente lecturas psicológicas o psicosociales. Hay que tratar de tener una visión integradora que incluya a todos los aspectos que podamos, y el cuerpo es un instrumento, es importante para nosotros, como psicólogos sociales, el ver cómo se posiciona una persona, como se sienta en la silla, al lado de la puerta, eso nos dice algo. Ahora se van a empezar a acomodar todos en las sillas. La imagen de relajada en el sentarse, o una cosa crispada… los cuerpos hablan también y a nosotros, como psicólogos sociales, nos interesa lo que dicen.

Los bebés juegan con los pies o las manos porque están trabajando justamente esto de conocerse a sí mismos e integrar las distintas partes del cuerpo, relacionando este pie que pueden tomar como una parte suya; en esto de chuparlo, experimentan una sensación. Esto va haciendo que el mundo empiece a estar más integrado, pero hasta ese momento el mundo se constituye por objetos parciales.

Alumno: Freud no había trabajado el vínculo entre la mamá y...

Susana: Le da enorme importancia a los primeros contactos del sujeto en la vida, pero como su objeto de estudio eran adultos, además histéricas, esto va sedimentando la fracción de la realidad en la cual uno está experimentando.

Alumno: Ella desarrolla la teoría del yo temprano, que Freud no lo tomaba.

Susana: Después van a tener los puntos de diferencia y las similitudes. Melanie Klein va a discrepar con Freud en que ella va a hablar de la existencia de las instancias tempranas: un yo temprano, un Edipo temprano... En el momento en que el bebé puede integrar el objeto, en que se da cuenta de que hay una sola mamá, en ese momento se da cuenta de la existencia de un tercero. Esto en Klein instala la primera división triangular, de un Edipo temprano, con toda carga que después vamos a ver.

Alumno: Ella está hablando de la integración.

Susana: Del pasaje de la desintegración a la integración. Nosotros nunca nos relacionamos con la gente en forma parcial, nunca tomamos a las personas como todo buenas, o si, a veces no pasa... Ahí estaría la diferencia entre el enamoramiento y el amor. El momento de salir del enamoramiento y pasar al amor es cuando le decimos “¡Cómo cambiaste vos!. Ya no son el mismo...” Vendría a ser el verdadero conocimiento: inevitablemente va a haber una desilusión, pero con respecto no al otro real sino al que se construye en la etapa de enamoramiento. Es un otro parcial. ¿Qué hay de maravilloso en ese momento? Uno que dice “nunca nadie me escuchó de esa manera”... Claro, si todo es nuevo. Si a los diez años le vuelvo a contar la historia, me tira todos los tomates de la heladera. Ese es el momento en que esa historia y inaugurada por los dos está empezando a escribirse, y también se está escribiendo la imagen de uno: el otro es como un espejo, de esos del Italpark, que devuelven una imagen maravillosa. Eso es el enamoramiento: no es “cómo cambiaste”, sino que cambia la forma de vincularse con un otro más real, con aspectos buenos y aspectos no tan buenos.

Klein dice que el bebé se va a ir integrando mediante procesos de proyección e introyeccíón. Piensen en la proyección de una película: proyección es a poner fuera de sí, fuera de uno, aspectos a veces intolerables. Introyectar es lo opuesto: uno introyecta en la identificación la imagen de aquella maestra que a uno le daba mucha ternura o afecto, introyectamos esos personajes acompañantes… Melanie Klein dice que el bebé va a lograr la integración de sus partes dispersas mediante mecanismos de proyección, de poner fuera, y de introyeccíón, de poner dentro.

Estos procesos se dan a partir de los primeros momentos de la vida con objetos externos que se interioriza de, pero no tal cual son. Para los más viejos, no es el Simulcop, que copia tal cual, no es un calco, no internalizamos en forma textual. Es lo que explica Pichon cuando dice que “todo encuentro es un reencuentro”; no me encuentro con mi maestra de segundo grado, que era un amor de mujer: me encuentro con alguien que evoca aquello en mi mundo interno, que está poblado por personajes. Yo no me tragué a la maestra tal cual. Hay una historia de una niñita de tres años, que viendo fotos, le decía a su papá: éste que está acá es mi papá, y este es mi abuelo, que está en el cielo... “En el cielo y acá”, dice la mamá señalándose el corazón. “¿Qué, entonces te lo tragaste?” Hay un proceso que en esa internalización sufre las distorsiones propia de nuestros vínculos; lo vincular es lo que le otorga la marca personal. Por eso cuando a veces dos hermanos nos hablan de la misma familia, nos preguntamos si de verdad estarán hablando de las mismas personas. El bebé va a internalizar primero objetos parciales: esa voz, esa piel, que a él le dieron gratificación, placer, contención y seguridad.

De entrada, el mundo está formado por hadas y brujas. Los cuentos infantiles, la lucha del bien y el mal, no salen de la nada: salen porque justamente ahí una vivencia, en nuestra estructura más profunda e inconsciente, de aspectos acompañantes, protectores y cuidadores y aspectos abandonantes y hostiles. Para un bebito, que no tiene estructurada ninguna posibilidad de demorar su respuesta inmediata al hambre que siente como una vivencia masiva y dolorosa, la espera que significa que la mamá se saque la ropa o caliente en el biberón, es el abandono. Empiezan a chupetear en el aire, gritan, están tan enojados con el pecho que parece que lo quieren morder... Este momento conecta con una vivencia en la cual sienten el abandono. A los que no le dan sostén y protección, también los internalizan. Esto hace que el mundo, en esta primera etapa, esté dividido: un mundo dividido, justamente, en bueno y malo.

Klein dice que el primer objeto parcial que el bebé va a internalizar es su propio yo rudimentario. Esto es necesario para que el bebito pueda seguir manejándose en un mundo que le presenta una gran cantidad de estímulos ante los cuales no sabe qué hacer. Internalizar este primer esbozo rudimentario de yo, algo que le hace integrar, una primerísima integración en la que está el llanto, el dolorcito de panza, formando ese circuito comunicacional del que hablamos en comunicación. Esta es una diferencia con Freud, porque él plantea un yo y un superyó que se van construyendo y tienen su culminación en el complejo de Edipo, más o menos a los cinco años. Para Klein hay un yo rudimentario, un superyó que se construye en el segundo semestre de la vida, cuando aparece el padre, y, por supuesto, un ello.

Esto, en el principio, no supone un desacuerdo con Freud. Supone que acordaron diferentes objetos de estudio de investigación. Freud no vio bebés, no tenía manera de plantearse cosas que en los niñitos se ven a la hora del juego. Hay algunas cuestiones superyoicas muy profundas que están en esa etapa en la que Freud decía que el sujeto es un ser premoral, pero Klein plantea que hay otras cuestiones al ser pensar en culpa en etapas previas a la constitución del superyó. No es un desacuerdo sino una diferencia en el enfoque del objeto de estudio.

Alumna: ¿Por qué ella trabaja con chicos?

Susana: Porque fue su experiencia profesional. Es como ocurre siempre en la vida: no siempre pasa por el interés personal, sino por lo que se va dando. Su práctica profesional en va llevando a eso. En su momento es absolutamente novedosa. Fue muy posterior a Freud. Hay una concepción de lo que es la infancia, este horror del que hablábamos la semana pasada cuando se hablaba de la sexualidad infantil, que correspondía a una concepción de los niños y del vínculo con los niños. Piensen que desaparecían la enuresis porque había artefactos de electricidad que se ponían en la cama de los chicos: cuando se hacían pis les daba la descarga eléctrica. La repetida experiencia, como perros de Pavlov, de estímulo y respuesta, y una vez que estaba asociado el estímulo a la respuesta, el niño no se hacía pis. Remitía el síntoma, pero si las intervenciones tienen sólo que ver con la revisión de los síntomas, con que desaparezca el conflicto, entonces es como tener una varita mágica para tocar y decir “se curó”. El tema es que el chiquito dejó de hacerse pis, pero el conflicto ¿Adónde va a parar? ¿A síntomas peores? Nosotros, como psicólogos sociales, no somos expertos en hacer desaparecer las situaciones conflictivas. Las situaciones conflictivas son inherentes a los vínculos humanos. En lo que somos expertos, al contrario, es en posibilitar que aparezcan; “si querés a llorar, llorá”. Pero no es el regodeo ni en la catarsis: justamente, de qué es lo que genera ese dolor, para curar de algún modo ese conflicto, con posibilidades de circular por resolución diversa. Si no, esto corre el riesgo de convertirse en secreto o en alianza.

Marta Oliveros: Tiene que ver la preocupación de Melanie Klein con un social histórico. En el momento en que ella empieza a pensar en esto, el niño empieza a tener un lugar. La infancia había llegado a un momento en el que se la podía pensar.

Susana: Empieza un esbozo de otro tipo de relación.

Melanie Klein va a decir que existe un yo temprano y un superyó temprano, que va a hacer posible que el bebé pueda realizar este trabajo de proyectar e introyectar. Está esa voz, esa experiencia de satisfacción, de modo tal que tiene progresivamente el alivio de que ya va a venir. Esta que será la estructura de demora, eso que hace que si alguno tiene una apetencia pueda decir como adulto “ahora voy”, el bebé lo va construyendo. Eso que permite que cuándo va al Jardín la mamá lo pueda dejar y le diga “después de vengo a buscar”.

Alumna: Experiencia de permanencia.

Susana: Permanencia en el mundo interno. Para que ésto se constituya así, en algún momento tiene que haberlo vivido verdaderamente como un abandono.

El primer objeto parcial que va a introyectar es el pecho de la madre, porque, entre otras cosas, garantiza la supervivencia. Después de esa primera vivencia aterradora que es la experiencia del hambre, la primera experiencia de satisfacción deja una marca, una huella mnémica. Una huella que en la memoria que da como registro de esa satisfacción, como esa marca de pisada en el cemento, que cuando se seca queda en pie... Esta experiencia deja una marca porque lo que antecede a la experiencia de satisfacción como vivencia displacentera nunca se había sentido. Lo que ocurre cuando es satisfecha esa vivencia displacentera es que queda la marca de la experiencia de satisfacción. Huella mnémica, registro de haber sido satisfecho. A eso nos remiten las publicidades: saben muy bien los publicistas lo que hacen cuando generan ese plus que parece que vamos a encontrar si compramos este artículo. Hay un plus, algo más que se constituye en esto que es el consumo.

Alumno: En la comercialización se busca satisfacer la necesidad, esa necesidad, más allá de que la busquen en distintos segmentos, ya sea en forma harto de él lo que le van a dar...

Susana: Sí… Tomemos un Actimel, que te produce como un aura, que te protege de todo... Quedás bendito.

Risas.

…Eso es generar necesidades en la estructura deseable del sujeto: para mí hay una góndola del supermercado que es mágica porque soy una señora grande, y ustedes saben que en esos días las señoras no tenían nada de eso con alas, sin alas, para el día, para cinco días... La mamás decían: “en este cajón de la casa hay toallitas”. Se lavaban y se volvían a usar; no había otra cosa. Hoy las chicas dicen “esta no es...” ¡y son todas iguales! Han inventado una diversidad...

Alumno: En los pañales, hay unos candaditos que se cierran cuando aparece la gotita de pis.

Susana: Necesitamos comer, pero la diversidad, el plus que se suma a esto, todo lo se arma socialmente...

El primer objeto que va a introyectar es el pecho materno, en esta primera experiencia de satisfacción ustedes, cuando siente hambre, ese va a ser su primer objeto gratificante. Primer objeto maravilloso: es el pecho, no hay otro, es ese que lo hace sentir pleno cuando recibe el alimento, protegido… Todas estas sensaciones parciales que el bebé va introyectando, que luego tienen que tener sustento biológico, un cuerpo en el cual y a través del cual se pueda realizar esta dinámica de proyección e introyeccíón. El cuerpo va acompañando, en lo biológico, todo lo que va sucediendo en el plano de lo psicológico. Si no existiera el reflejo de succión, esta huella mnémica... Si no existe, hay que estimularlo.

Alumno: ¿Son muchos los chicos que nacen sin reflejos de succión?

Susana: No son tantos, pero en algunas patologías puede aparecer y hay que estimularlos.

Alumna: Yo soy melliza con un varón, y mi papá me tenía que dar de comer a la noche porque mi mamá le daba a mi mellizo, con una cucharilla.

Alumna: Yo tampoco.

Susana: Previa estimulación están todos acá, así que supongo que en algún momento habrán chupado, que algo bueno pasó en el camino.

Hasta acá, ¿qué interrogantes aparecen? ¿Se entiende? Estos que son los objetos parciales, van marcando un mundo escindido, dividido. La integración viene después. Ustedes piensen que si el mundo está inscrito como objetos parciales, la relación con este mundo también va a implicar una división. Se dan cuenta que habrá parte de ese mundo que son tan gratificante, contenedores y tiernas, serán maravillosas y buenas. Esto Klein lo representa en el pecho bueno, que es omnipotente dador, todo fuente de vida y verdad. Su contrario, el pecho malo, en este mundo dividido, será en que frustra, no acude de inmediato, no contiene y de su lado estarán todas las experiencias de la bruja.

Melanie Klein y la teoría de las relaciones de objeto 1.

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