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16 notas sobre la formación universitaria del psicólogo. Parte 2.

Publicado por Raul Courel. activado 20 Agosto 2014

16 notas sobre la formación universitaria del psicólogo. Parte 2.

16 notas sobre la formación universitaria del psicólogo

PARTE 2.

Raúl Courel.

10. La investigación en la facultad de psicología: problemas y necesidades (10)

La mejora de la formación en esta Facultad requiere una política que tenga en cuenta la necesidad de desarrollar actividades de investigación en todas las áreas y sub-áreas disciplinarias. Hace falta investigación en psicología tanto educacional como clínica, forense y laboral. Hace falta investigar con orientación cognitiva, psicoanalítica, sistémica, constructivista, etc. Hacen falta investigaciones empíricas y también teóricas, en archivos y bibliotecas, en escuelas y hospitales, con métodos cuantitativos y cualitativos, en instituciones públicas y no públicas.

Es también necesario que las actividades de extensión universitaria, importantes porque vinculan las enseñanzas a los campos laborales reales, se apoyen en actividades de investigación. La buena formación de nuestros estudiantes necesita que cada vez más docentes estén en condiciones de enseñarles a investigar y lo hagan.

Una mayor conciencia sobre estas necesidades se advierte en el fuerte incremento que ha tenido la actividad de investigación en la Facultad: de 59 proyectos en el periodo 1995-1997 a 86 en la programación actual (1998-2000). Se observa también una mayor producción escrita y un aumento de las relaciones con otros centros académicos del país y del extranjero, buscándose a través de la cooperación con otros facilitarnos la obtención de lo que no tenemos.

Sin embargo, que se haya producido un marcado incremento de la actividad de investigación en la Facultad no debe inducirnos a error a la hora de reconocer nuestros problemas. Debido a que no ha crecido la inversión en dedicaciones exclusivas, dependemos en exceso de la buena voluntad y disponibilidad de muchos para que el crecimiento producido tenga continuidad y dé buenos frutos. La falta de inversión en educación y actividad científica dificulta sobremanera planificar mejoras sostenibles de las actividades académicas. En atención a esta grave situación, tenemos mayor necesidad de planificación estratégica, de manera que nuestras acciones no se limiten a las urgencias más imperativas e inmediatas. El cortoplacismo es siempre enemigo de una construcción institucional que valga la pena, sobre todo en materias como la educación y la actividad científica. Por eso, contra lo que a veces se piensa, que las autoridades tengan perspectiva de largo alcance es todavía más importante en tiempos de crisis.

Más allá de lo presupuestario, la consolidación de un buen núcleo de investigaciones requiere docentes investigadores cuya formación necesita varios años de trabajo dedicado, bajo la orientación y dirección de buenos y expertos investigadores. Tenemos el problema de que si bien necesitamos con urgencia más investigadores eso no se logra de la noche a la mañana. Este problema es coincidente con el de nuestro doctorado para crecer en la escala que hace falta. Las maneras de resolverlos son también coincidentes.

Será preciso hacer varias cosas, pero siempre es fundamental aprovechar al máximo los recursos académicos disponibles. En este sentido, los docentes con dedicación exclusiva y semi-exclusiva son esenciales para afirmar el sistema de investigaciones de la Facultad. La Universidad entiende que quienes tienen dedicación exclusiva dedican el grueso de su tiempo a la investigación. También considera que investigan quienes tienen dedicación semi-exclusiva, como indican las normativas al requerir planes de investigación para concursar y evaluar lo hecho cuando se reconcursa. Hace falta que ellos trabajen, teniendo en cuenta las necesidades institucionales, para complementar e integrar las distintas actividades que involucran investigaciones. Entre ellas, las destinadas a la formación de nuevos docentes investigadores, de quienes también se espera que obtengan titulaciones máximas: hace falta su disponibilidad como consejeros de estudio y directores para atender a un número cada vez mayor de doctorandos y maestrandos. Ellos son también muy necesarios para multiplicar los espacios donde los estudiantes puedan entrar en contacto con las actividades de investigación.

11. Evaluación académica y dedicaciones a la docencia (11)

Nuestras Universidades han comenzado a ser objeto de evaluaciones por parte de la CONEAU (Consejo Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria). Una de nuestras carreras de posgrado ya lo ha sido. La propia Universidad exige implementar mecanismos de autoevaluación. Por otra parte, la obtención de subsidios para proyectos de crecimiento académico, aquí como en cualquier lugar del mundo, requiere que, en primer lugar, se demuestren mejoras en algunos indicadores considerados esenciales. Son fundamentales, por ejemplo, el número de docentes con dedicación exclusiva y el de docentes doctorados o con otros títulos de posgrado. Con toda evidencia, es generalizado el concepto de que si una Facultad en crecimiento no los incrementa su prestigio académico disminuye.

No se trata únicamente de evaluaciones u opiniones externas, tampoco sólo de que para afirmar la investigación en la Facultad se necesitan más docentes con dedicación exclusiva y semiexclusiva. Nuestros estudiantes piden mayor disponibilidad de los profesores para conocerlos de manera directa, hablar con ellos y consultarlos con más facilidad. No sólo lo esperan de los que tienen dedicación exclusiva, sino de muchos otros que perciben rentas mínimas que no les permiten mayor presencia en nuestra casa.

De este modo, las evaluaciones espontáneas que realizan los destinatarios de nuestras enseñanzas –los estudiantes- coinciden con las de los expertos en asuntos universitarios: es necesario contar con docentes más dedicados a las tareas académicas. Es claro que no bastará con que nuestro pequeño número de docentes con dedicación exclusiva entregue todo de sí, la dimensión de nuestra Facultad requiere un aumento significativo de las dedicaciones exclusivas y semiexclusivas. Es claro también que no alcanza con tener una política universitaria clara al respecto, las políticas universitarias precisan de políticas de Estado que apoyen, entre otras cosas, con los indispensables recursos presupuestarios.

Señalemos, además, que no en todos los casos el perfil deseable de un docente hace conveniente la dedicación exclusiva o la semiexclusiva. Para la formación de los psicólogos que ejercerán autónomamente la profesión son importantes las enseñanzas de profesionales destacados, plenamente dedicados a la profesión y que destinan una parte de su tiempo a transmitir esa experiencia. En estos casos las dedicaciones de tiempo parcial están bien indicadas. Las dedicaciones semiexclusivas son pertinentes cuando interesa a la Universidad que el docente se dedique centralmente a la actividad universitaria (básicamente a la docencia y a la investigación o a la extensión) pero manteniendo su inserción laboral en ámbitos extrauniversitarios.

La falta de adecuado financiamiento de la educación superior lleva a veces a confundir criterios estrictamente educativos como los mencionados con la procura de mejoras salariales. Las dedicaciones parcial, semiexclusiva y exclusiva no deben constituir un escalafón salarial sino regímenes distintos de dedicación que se corresponden con los distintos tipos de enseñanzas que la formación universitaria requiere.

12. Políticas académicas para la facultad de psicología (12)

Tanto la Facultad de Psicología como la Universidad de Buenos Aires deben potenciar la función que cumplen en nuestra sociedad en relación con el desarrollo de las ciencias, la cultura y la formación de profesionales.

En nuestro caso, enseñamos una disciplina muy compleja que ha cobrado una extraordinaria importancia debido a la atención que en este tiempo se da a las cosas psicológicas. Tenemos una responsabilidad muy grande. Debemos crecer en conciencia ética acerca de la envergadura de esta responsabilidad. Formamos psicólogos que estudiarán e intervendrán, cualquiera sea la especialidad que elijan, en asuntos extremadamente delicados. Por eso tenemos la obligación de mejorar día a día la formación que damos.

Es fundamental contar con espacios físicos propios para un Centro Asistencial y Servicios de Asesoramiento y Consultorías de la Facultad, así como obtener para las cátedras lugares para hacer prácticas en distintas instituciones. Hay que actualizar el plan de estudios teniendo en cuenta las nuevas características de la psicología como disciplina y como profesión. Hay que promover, con visión estratégica, los doctorados de futuros docentes, para que a su vez formen a los estudiantes según los estándares más exigentes de hoy. La Facultad necesita también buenos estudiantes formándose en investigación y cursando el doctorado y otros posgrados.

Es necesario que las actividades de docencia, investigación y extensión universitaria se complementen mejor, asegurando la coherencia e integración del sistema académico de la Facultad. Hay que perfeccionar la organización y funcionamiento de las Comisiones del Consejo Directivo para facilitar el planeamiento de largo plazo y el tratamiento conjunto de asuntos que requieren ser tratados de maneras conexas entre sí. Es necesario desarrollar sistemas de auditoría académica que aseguren la mejor utilización posible de los escasos recursos presupuestarios.

Hay que crear formas de acompañamiento más personal de la formación de cada psicólogo, así como perfeccionar y actualizar las metodologías de enseñanza-aprendizaje. Hay que estrechar la cooperación académica con grupos de excelencia de otras Facultades de la UBA. Hay que incrementar la presencia de la Facultad en la activa vida intelectual y cultural de la extensa comunidad de la psicología en Buenos Aires. Hay que preparar la Facultad para mantener su prestigio en contextos académicos cada vez más internacionalizados y competitivos.

13. Consideraciones para una reforma del plan de estudios de psicología (13)

Para responder mejor a los requerimientos de formación de los psicólogos en los nuevos contextos disciplinarios, científicos, universitarios, profesionales y ocupacionales necesitamos cambiar el plan de estudios. Varias razones y circunstancias hacen pensar que estamos en condiciones de hacerlo.

Dos hechos institucionales han actualizado nuestros criterios para encarar la compleja tarea de mejorar esa columna vertebral de una carrera que es su plan de estudios. Uno se resume en los lineamientos que la Universidad de Buenos Aires ha propuesto para su propia reforma,(14) otro es el programa de formación de especialistas en innovación curricular, del que participaron cuatro de nuestros profesores y que fue llevado a cabo por la red de unidades académicas de psicología de universidades públicas de Argentina y Uruguay nucleadas en la AUAPSI.(15) El primero enmarca nuestro accionar y su alcance en la universidad a la que pertenecemos. El segundo nos enseñó estándares de la disciplina y de la profesión en el mundo de hoy que es preciso tener en cuenta, también nos proveyó de métodos de planificación e innovación curricular de los que no disponíamos algunos años atrás.

Paso a referir algunos de los aspectos que seguramente serán centrales en una reforma de nuestro plan, que extractan lo principal de los avances mencionados. En primer lugar, es necesario revisar y actualizar el perfil del graduado que se aspira a formar. El perfil, que describe el conjunto de actividades científico profesionales que debe ser capaz de desempeñar quien se gradúa, es un parámetro indispensable para saber si el plan de estudios provee o no la formación necesaria para los ejercicios profesionales correspondientes. Eso no significa que el perfil sea hecho para satisfacer las incumbencias profesionales que establecen las leyes. Por el contrario, es deseable que los órganos de gobierno se apoyen en los perfiles que establecen las universidades para determinar las incumbencias profesionales de cada título. La universidad debe incluso proponerlas a los poderes públicos.

Teniendo en cuenta el perfil del graduado, un nuevo plan de estudios deberá determinar sus objetivos, a los que habrá que apuntar para obtener el perfil. Desde AUAPSI se ha recomendado definir los objetivos en términos de competencias y capacidades necesarias para realizar las actividades enunciadas en el perfil.(16)

Esta manera de definir los objetivos obliga a que el curriculum no apunte sólo al estudio de una lista de contenidos temáticos, sino también a la adquisición de capacidades varias, por ejemplo: lingüísticas (para la comprensión y comunicación de saberes y conocimientos en forma oral y escrita), técnico-instrumentales (para manejar los métodos, técnicas y procedimientos psicológicos), ético-deontológicas (para asumir las serias responsabilidades que supone el ejercicio de la psicología en cualquiera de sus ramas), de relaciones interpersonales (para relacionarse y cooperar con otros sujetos, trabajar en equipos, etc.), de actuación e intervención laboral (indispensables para insertarse en el mundo ocupacional actual), de autonomía y creatividad (para dar a la sociedad nuevos horizontes desde la psicología). La idea es que el plan de estudios atienda a la variedad de competencias y habilidades que requieren las actividades tanto universitarias como profesionales del psicólogo.

Los métodos de planeamiento curricular aconsejan que, una vez que se han determinado los objetivos, se establezcan los contenidos. Para cumplir con objetivos como los recién enunciados es preciso ofrecer diferentes tipos de contenidos. Algunos deben ser conocimientos que abarquen lo fundamental del espectro teórico y aplicado de la psicología, atendiendo a sus varias dimensiones y desarrollos en nuestro país y en el mundo y a las problemáticas actuales y emergentes a las que la disciplina debe dar respuestas.

Otros tipos de contenidos deben referir nuevas modalidades y dispositivos de enseñanza, distintos a las habituales clases expositivas, tales como talleres de investigación, ateneos clínicos y psicodiagnósticos, talleres de redacción y de tesis, reuniones con consejeros de estudio, trabajos prácticos en biblioteca y en gabinetes multimediales y de cómputos, uso extensivo-intensivo de telemática, laboratorios de idiomas, actividades en cámara Gessell, prácticas profesionales supervisadas, etc..

Nuestro actual plan de estudios carece de elementos para determinar con suficiente fundamento cuáles asignaturas deben ser obligatorias y cuales electivas. Para establecerlo sobre razones sólidas será preciso dilucidar primero cuáles contenidos curriculares son básicos e indispensables y cuáles no. Debido a la cantidad, diversidad y complejidad de los contenidos a enseñar, un nuevo curriculum tendrá que ser más económico, evitando la reiteración de temas y bibliografías, anteponiendo lo principal a lo accesorio y ordenando mejor la secuencia de las distintas enseñanzas. No olvidemos que el plan de estudios debe garantizar la formación mínima indispensable para obtener un título que se quiere habilitante para todas las ramas de la psicología.

Si mantenemos un solo título de grado el curriculum deberá distribuir en forma más equilibrada las cargas entre las distintas áreas. Aunque hay voces que proponen dar varios títulos de grado (por ejemplo: Psicólogo Clínico, Psicólogo Educacional, Psicólogo Social, Psicólogo Organizacional), hoy la opinión predominante es que se debe mantener un único título de grado, generalista y habilitante para todas las incumbencias profesionales.

Una vez que se hayan seleccionado los contenidos que el plan de estudios tiene que incluir, será necesario establecer las secuencias en que deben ser cursados. Una secuencia racional de los contenidos permitiría fundamentar un adecuado régimen de correlatividades. Asimismo, es conveniente agruparlos en módulos. Un módulo de contenidos es un conjunto de contenidos afines o conexos entre sí cuya enseñanza debe realizarse en un periodo de tiempo continuo y con requerimientos de evaluación específicos. Todavía no se trata de materias o asignaturas que agrupan varios contenidos o módulos de contenidos en un solo programa bajo la responsabilidad general de un solo profesor.

La Universidad de Buenos Aires propone agrupar las distintas enseñanzas en dos ciclos, pudiéndose conceder un título al final de cada uno de ellos. La AUAPSI también recomienda dos ciclos, sugiriendo incluir en el primero conocimientos de disciplinas distintas a la psicología pero útiles a ella, los fundamentos y desarrollos generales de la psicología en sus diferentes ramas, tanto teóricas como aplicadas, aspectos epistemológicos y metodológicos, instrumentos necesarios para la formación universitaria y capacitaciones básicas para el desempeño en psicología. Para el segundo ciclo, la AUAPSI aconseja desarrollar y diversificar los núcleos de contenidos del primer ciclo, así como realizar prácticas de integración de conocimientos teóricos y prácticos. Sugiere también tener en cuenta los distintos ámbitos de aplicación de la psicología, en la forma de investigaciones, prestaciones asistenciales, servicios sociales y otras.

Los distintos contenidos curriculares se agrupan, además, por áreas, que generalmente refieren ramas de la psicología clasificadas según diversos criterios, que generalmente combinan clasificaciones de especialidades profesionales de uso consuetudinario con otras de carácter epistemológico.

En una planificación curricular ordenada es conveniente que el listado de materias o asignaturas sea posterior al establecimiento de los contenidos curriculares, su secuenciación, distribución en ciclos y agrupación en áreas. No obstante, debido a que en la realidad no es posible partir de cero, la multiplicidad de factores intervinientes y la complejidad del conjunto hace necesario proceder a través de aproximaciones sucesivas desde distintos ángulos. De todas maneras, será importante hacer ejercicios de planificación con “base cero” para contar con un plan de estudios ideal que ayude a apuntar más alto y exigirnos mejores resultados.

Los planes de estudio de nueva factura establecen instancias y procedimientos de seguimiento y evaluación de la implementación del curriculum, así como mecanismos para su permanente actualización. También establecen las características que deben tener los docentes y los equipos en que ellos se agrupen, en conformidad con los distintos tipos de contenidos que se enseñan en cada asignatura. En algunas materias se necesitan docentes que sean buenos investigadores, en otras lo prioritario es que sean buenos profesionales. Conviene establecer la proporción justa de unos y otros para cada materia. En algunos casos es indispensable contar con dedicaciones exclusivas, en otros las altas dedicaciones están contraindicadas porque se procuran docentes con mucha experiencia laboral fuera de la universidad. Estas precisiones son indispensables para que el plan de estudios funde una política de concursos coherente con los propósitos educativos de la Facultad.

Por último, sería deseable que un nuevo plan de estudios no parezca un rosario de materias distintas que, una vez aprobadas, permiten obtener un título. Un buen plan constituye un proyecto integral de formación apropiado a nuestra compleja disciplina y a la importante responsabilidad ética que cabe al psicólogo cualquiera sea su lugar de trabajo.

BIBLIOGRAFÍA.

1. Anónimo (1999). Estudios para la Reforma Curricular en la Universidad de Buenos Aires. Volumen 1. Eudeba. Buenos Aires, Argentina.

2. AUAPSI (1998). Programa de formación de especialistas en innovación curricular. Informe de la segunda etapa del programa de innovación curricular. Recomendaciones acerca de la formación universitaria en psicología en Argentina y Uruguay. Documento disponible en la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Buenos Aires, Argentina.

3. “Mejoramiento de la formación de grado en las carreras de psicología en seis Universidades Nacionales de la República Argentina” (1998) INFOMEC. Buenos Aires, Argentina.

14. HACIA UNA RED DE UNIDADES ACADÉMICAS DE PSICOLOGÍA EN AMÉRICA LATINA (17)

Los procesos de integración financiera, comercial y económica en América Latina van inexorablemente acompañados de mayores conexiones, intercambios y cooperaciones en materia de educación, regímenes profesionales y desarrollo científico. La psicología y los psicólogos también son afectados por estos procesos. Las asociaciones profesionales de psicólogos de los países del MERCOSUR, por ejemplo, ya han firmado protocolos sobre ética, sobre formación básica para el ejercicio de la profesión y han comenzado a discutir sobre la conveniencia de constituir una Unión Latinoamericana de Psicología (ULAPSI).

Ya en el año 1991, los directivos de las unidades académicas de psicología de las universidades públicas de Argentina y Uruguay constituyeron la AUAPSI (Asociación de Unidades Académicas de Psicología), con el propósito de “…promover la interrelación entre las distintas unidades académicas de psicología del país, con el objetivo permanente de mejorar la formación de grado y posgrado, la investigación y la extensión universitaria”.(18) Esta entidad se ha afianzado llevando a cabo distintas actividades en red. Entre ellas, un proyecto que capacitón a un número importante de docentes universitarios en áreas de escaso desarrollo disciplinario y otro, de formación de especialistas en innovación curricular en psicología.(19)

Este último trabajo hizo posible que profesores de psicología de áreas disciplinarias y orientaciones teóricas y metodológicas tan distintas como las cognitivas y las psicoanalíticas, atendiendo a sus responsabilidades universitarias, se pusieran de acuerdo sobre un protocolo de recomendaciones básicas para el planeamiento de carreras de psicología a nivel de grado.

La significación más importante del proyecto mencionado ha sido la instalación de una clara conciencia de que para proveer buena formación en psicología y mejorar los estándares académicos de la disciplina, es indispensable planeamiento curricular específico. Para llevarlo a cabo se requiere tanto capacitar a los docentes universitarios en asuntos curriculares como el concurso de especialistas en innovación curricular en psicología.

También en Chile se ha establecido una muy activa red de unidades académicas de psicología, y en Brasil, donde existen más de ciento sesenta carreras universitarias de psicología, funciona la AssociaÇao Brasileira de Ensino de Psicologia. Estas asociaciones y “redes”, que comparten objetivos similares, han comenzado a vincularse entre sí. Por ejemplo, entre la asociación de Argentina y Uruguay y la equivalente red de Chile, se firmó en Caracas, Venezuela, en ocasión del XXVIº Congreso Interamericano de Psicología, una carta de intención con el fin de “promover el intercambio de informaciones sobre problemáticas básicas de la formación universitaria en psicología, a nivel de grado y posgrado, en el cono sur de América”.(20) Se procura, además, la “cooperación e intercambio en aspectos institucionales, académicos y otros de interés común, entre ambas entidades, así como entre las distintas unidades académicas que las integran”, también “el establecimiento de convenios y otros dispositivos de cooperación e intercambio que favorezcan actividades de beneficio mutuo, con miras al desarrollo académico de la psicología en sus respectivos países y en el cono sur”.(21)

Todo indica que habrá, gradualmente, una mayor circulación de psicólogos entre los países de la región y que se incrementarán notablemente los intercambios entre nuestras unidades académicas. Un número cada vez más importante de profesores universitarios de distintos países darán cursos, integrarán jurados, dirigirán tesis de doctorado e integrarán equipos de investigación en diferentes lugares de Latinoamérica. En este marco, cuando los directivos de unidades académicas de psicología de nuestros países nos sentamos a conversar, rápidamente descubrimos que, más allá de las diversidades, compartimos una serie de problemas comunes, así como la necesidad de ayudarnos a resolverlos. Refiramos algunos.

Las desregulaciones neoliberales han fomentado, de hecho, la proliferación de carreras universitarias de psicología de baja calidad, que no cuentan con recursos docentes suficientemente calificados ni medios para ofrecer formación adecuada. Se responde al aumento del interés por estudiar psicología con criterios mercantiles, que acaban por afirmar la idea de que se puede diplomar psicólogos con muy poca inversión. Así no se asegura la buena formación en una disciplina que, por la complejidad de sus objetos y métodos, no es para nada fácil. No es deseable que se extiendan las enseñanzas de psicología en la forma de carreras cómodas y baratas.

En relación a la calidad de la formación que ofrecemos, debemos atender a las consecuencias de algunas peculiaridades de la psicología. Hameline ha señalado, por ejemplo, que “nadie disputa al físico sus átomos, ni sus sinapsis al neurofisiólogo: no son realidades de uso corriente. En cuanto al psicólogo, no tiene esa ventaja, él sólo puede hablar de cosas sobre las que todo el mundo pretende tener conciencia”.(22) Ello se advierte en la difusión y aplicación vulgarizada de tests psicológicos y de técnicas grupales, en la oferta de títulos no universitarios de psicólogo social y otros de supuestos expertos en psicologías varias.

Otro de los campos de la psicología donde se evidencia la laxitud con que se encaran sus asuntos es el de la psicoterapia, uno de los que más concitan las intenciones laborales de los psicólogos. Es frecuente que distintas formas de psicoterapia sean ejercidas por profesionales, e incluso por legos, que carecen de las calificaciones y entrenamiento suficientes para garantizar estándares mínimos de idoneidad. El derecho de cualquier ciudadano a confiar sus dificultades psicológicas a cualquier individuo al que le suponga posibilidades de ayudarlo, incluyendo a timadores e irresponsables, alimenta la necesidad de que las unidades académicas de psicología preparen de la mejor manera posible a quienes recibirán títulos que serán considerados garantía oficial de capacidad en la materia. El campo de la psicoterapia es sólo uno de los muchos donde se advierte la necesidad de que se conecten y complementen los criterios de las unidades académicas con los de las asociaciones de profesionales que se encuentran en una relación más próxima con las prácticas autónomas de la psicología. Se generaliza la conciencia de que es indispensable el establecimiento de estándares para la formación y el entrenamiento de los psicólogos, tanto a nivel de grado como de posgrado, y que deben ser construidos con los aportes mancomunados de las unidades académicas, las asociaciones profesionales y las asociaciones científicas.

Las referidas son algunas de las muchas circunstancias que aconsejan una redoblada atención a las políticas generales que se dan nuestras unidades académicas. Si los directivos de nuestros países cooperamos en el trazado de las estrategias generales para la formación universitaria en psicología, podremos contribuir mejor al futuro de la disciplina y de sus ejercicios profesionales. Otra de las particularidades de nuestro campo, que encontramos en todas partes, es que en él confluyen patrones teóricos y metodológicos de varias ciencias, así como de la filosofía y de otras esferas disciplinarias y de producción intelectual.

Tal vez esta heterogeneidad sea inherente a la psicología misma y fuente de riquezas, pero también recarga el trabajo de definir sus propios perfiles disciplinarios y profesionales, a menudo demasiado cerca de ser confundidos con otros. Esta tarea será mejor hecha si se consideran tanto los avances producidos por las nuevas investigaciones como las variadas demandas de servicios que reciben los psicólogos, tanto las particularidades locales y regionales como las más extendidas en el globo, tanto los perfiles formativos más tradicionales como los más innovadores, tanto lo más arraigado como los requerimientos que se avistan para el futuro.

Las directrices de la psicología, como disciplina y como profesión, se construyen en un vasto y complejo taller en el que intervienen unidades académicas universitarias, sociedades científicas, entidades gremiales, órganos gubernamentales, investigadores, catedráticos, investigadores y profesionales de la psicología. Estas instancias, entre otras, que hacen a sus contextos, participan de la construcción real de la disciplina. La obra se lleva a cabo en muchos lugares puntuales y concretos, pero la psicología en sí misma no tiene nacionalidad ni sus fronteras son las de la geografía. En estos marcos, se espera que las unidades académicas de psicología establezcan y aseguren que cada psicólogo, al graduarse, satisfaga requerimientos básicos de idoneidad, comunes a todos los que detentan el mismo título.

Las distintas unidades académicas de psicología comparten hoy una misma brújula: en ellas pensamos que el rigor intelectual y científico, el respeto por la diversidad, el no aislamiento, la solidaridad social, el compromiso con nuestros pueblos y culturas y la responsabilidad ética son principios esenciales para el desarrollo de la psicología en cada lugar, a la altura y en la magnitud que los tiempos requieren. Las informaciones disponibles y las comunicaciones habidas alcanzan para advertir que están maduras las condiciones para potenciar una más fluida cooperación entre las unidades académicas de psicología de América Latina, no menos importante que la que ya mantenemos con centros académicos de otras regiones del mundo.

Más aún, una mayor interacción entre nosotros deberá también alentar las relaciones con otras latitudes. Se facilitará, por ejemplo, la realización de nuevas investigaciones en red con centros universitarios del hemisferio norte, así como planificaciones conjuntas que permitan una mayor movilidad de catedráticos entre los distintos continentes. Podremos también cooperar en el desarrollo de un sistema latinoamericano de publicaciones en psicología, que fomente buenos estándares científicos y profesionales en la región y que difunda en el resto del mundo la producción de nuestros países, en la que no faltan particularidades que atañen a nuestras situaciones históricas, sociales, económicas y culturales.

Así las cosas, ¿qué formas tendrán los nexos entre las distintas instituciones universitarias que se ocupan de la disciplina? Las redes de unidades académicas que ya funcionan comienzan a vincularse entre sí. Donde todavía no existen se plantean crearlas. En todos los casos se intercambian informaciones, se tratan problemas comunes y se procuran acuerdos para orientar y coordinar el desarrollo de las enseñanzas y actividades universitarias en psicología. Se anhela también aumentar la influencia sobre los poderes gubernamentales en materia, por ejemplo, de sistemas de investigaciones, de regímenes de fiscalización del ejercicio profesional, de acreditaciones de cursos universitarios de grado y de posgrado, etc.

Los acuerdos que producen estas relaciones no obligan a los directivos que participan de ellas, porque ellos representan y rinden cuentas sólo a sus respectivas unidades académicas, cada una autónoma respecto de las demás. En consecuencia, nuestras redes son espacios de búsqueda de consensos amplios y las decisiones que se toman cuentan habitualmente con el beneplácito de todos los miembros. Eso mismo no les da otra autoridad que la que procede de la jerarquía académica de las propuestas.

Según mi opinión, una red de unidades académicas de psicología de América Latina, que las interacciones entre sus representantes probablemente no demorarán en generar, debería carecer de centro; de este modo, ninguna de las entidades que la integren tendría hegemonía o predominio sobre cualquier otra. En ella las fronteras no serían propiamente geográficas, en correspondencia con que los alcances y límites de la psicología tampoco se identifican con fronteras geográficas. El medio de comunicación más corriente sería seguramente Internet, que imprimiría a la red sus características de apertura, fluidez e inmediatez de los nexos. Cada una de las unidades académicas podría conectarse e interactuar con cualquier otra, en pie de igualdad y sin que importen sus dimensiones absolutas o relativas. Redes de esta índole permitirán colaboraciones hoy inexistentes, y darán lugar a nuevas perspectivas y maneras de superar dificultades que encuentra el desarrollo de la psicología.

Atisbamos que, en el futuro, una “red de redes” de unidades académicas latinoamericanas de psicología se enlazará, a su vez, con una “red de redes” de asociaciones o gremios de psicólogos y ambas con una tercera red que conectará con igual espíritu a asociaciones dedicadas al desarrollo disciplinario de la psicología en sus distintas áreas, tales como asociaciones científicas, instituciones de investigación y otras. De este modo, los tres principales factores de los que depende el estado actual y el futuro de la psicología en América Latina –los sistemas de formación universitaria, los sistemas de ejercicio profesional y los sistemas de desarrollo disciplinario- se interconectarán, extendiendo sus posibilidades de progreso.

15. EL ATOLLADERO CURRICULAR DE LA CARRERA DE PSICOLOGÍA (23)

En nuestras carreras de psicología tenemos el problema de cómo hacer entrar en un plan de estudios de grado los contenidos indispensables para que la formación brindada justifique las incumbencias profesionales (24) que en nuestro país acompañan automáticamente a quien obtiene el título.(25)

La dificultad crece con el desarrollo de la disciplina, con su pluralidad teórica y metodológica y con la diversificación de sus campos de ejercicio profesional. El problema está vinculado a que el título de psicólogo es sólo uno y habilitante para todos los campos sin necesidad de cualquier especialización.

Nuestras carreras, hayan sido planificadas, o no, siguiendo el modelo Boulder,(26) comparten con éste, explícita o implícitamente, el criterio de que el grado debe preparar para el desempeño de cualquier rol que requiera la disciplina, sea como ciencia, sea como profesión. En los acuerdos logrados en el Comité Coordinador de Psicólogos del Mercosur y Países Asociados se ha sostenido este criterio, señalándose que las carreras deben “garantizar en el grado la formación generalista y suficiente para el ejercicio profesional, reservando la especialización al posgrado”.(27) La misma posición ha sido sostenida por la Asociación de Unidades Académicas de Psicología de Argentina y Uruguay (AUAPSI) en sus recomendaciones para la formación universitaria en psicología, (28) aunque recientemente el tema ha entrado en discusión.

También se ha afianzado el concepto de que la formación profesional debe estar anudada a la científica, de manera congruente con la preeminencia que tiene la ciencia en nuestra civilización. Si el psicólogo adquiere una sólida base científica, se piensa, podrá desempeñarse en los más diversos campos de trabajo porque dispondrá de herramientas confiables o, al menos, estará capacitado para elegir las adecuadas. Últimamente, además, ha venido escuchándose con frecuencia la idea de que en la formación del psicólogo se debe prestar más atención a dimensiones éticas y personales.

La implementación de todos estos criterios de manera conjunta en una sola carrera encuentra dificultades. Si bien en las últimas décadas el desarrollo de la psicología como ciencia ha sido notable, es un hecho que sus campos de trabajo profesional se han extendido bastante más allá del sostén que le ofrecen tales avances. Esto se hace particularmente notorio en países como el nuestro, donde la investigación científica tiene una presencia escasa en la formación de los psicólogos y las actividades profesionales que pueden realmente apoyarse en ella son pocas.

Se han destacado, por otra parte, diferencias de índole epistemológica entre hacer ciencia y ejercer la profesión, caracterizando una dimensión académico-científica de la psicología y otra profesional-tecnológica: mientras el científico trabaja en la formulación de los problemas, se dice, el profesional lo hace en la perspectiva de su solución.(29) En lo que concierne al psicoanálisis, de marcada presencia en nuestras carreras, su clara especificidad disciplinaria lleva a reconocer discordancias varias entre la formación académico-universitaria y los requerimientos profesionales, y no solamente cuando el psicólogo se dedicará a la práctica psicoanalítica.(30)

Estas consideraciones, como se puede advertir, conducen a preguntas acerca de si la formación que brindamos es o no suficiente para sostener las actividades profesionales del psicólogo en cualquiera de sus campos. Nunca las respuestas dejan a los planes de estudios bien parados. Mi tesis es que algunos supuestos de planificación curricular, asumidos habitualmente como básicos y necesarios, generan exigencias imposibles de cumplir y dificultan el logro de una mejor adecuación entre los currícula y lo que esperamos de ellos.

En un estudio sobre la formación en psicología en las universidades latinoamericanas,(31) se hace notar la general coincidencia de los expertos en que un curriculum debe cumplir con objetivos tan variados como los siguientes: garantizar un sólido conocimiento de los procesos biológicos, psicológicos, sociales y culturales del comportamiento, garantizar el dominio de los diversos métodos y técnicas de investigación, enseñando los diversos pasos, fases y requisitos de que consta una investigación científica, dar formación interdisciplinaria y deontológica, capacitación teórico/práctica y habilidades y técnicas suficientes para medir, evaluar, diagnosticar y desarrollar programas de evaluación, intervención y prevención en los diversos campos aplicados de la Psicología, y sigue la lista.

Los lineamientos dados por el Comité Coordinador de Psicólogos del Mercosur y Países Asociados tienen una tesitura similar, y subrayan, además, la importancia y necesidad de pluralismo teórico y metodológico.(32) En lo que respecta a la AUAPSI, si bien en las recomendaciones arriba mencionadas se ha seguido esa dirección, actualmente se han empezado a reconocer las dificultades y a debatir sus implicaciones.

Llama la atención la distancia entre las recomendaciones y las posibilidades de llevarlas a la práctica. No es posible, en una carrera de duración razonable, dar una formación que asegure a la vez conocimientos sólidos de procesos tanto biológicos como psicológicos, sociales y culturales del comportamiento, pluralismo teórico y metodológico, integración teoría-práctica, dominio de los diversos métodos y técnicas de investigación y, además, la adquisición de habilidades y manejo de técnicas de evaluación, intervención y prevención en los diversos campos de ejercicio profesional. Es, simplemente, imposible.

En nuestro país, el título de grado acredita la posibilidad de hacer psicoterapia y diseñar investigaciones científicas, de brindar asesoramiento psicológico a empresas y realizar peritajes forenses, de coordinar grupos y hacer orientación profesional, de operar en problemas escolares y asistir psicológicamente a equipos deportivos (la lista continúa). La conclusión se torna obligada: no es posible brindar en una carrera de grado formación teórica y metodológica suficiente para asegurar un ejercicio profesional responsable en tantas ramas de la psicología.

Merece consideración especial el criterio de que tanto los planes de estudios como los programas deben ser teórica y metodológicamente plurales, nacido sin duda del sano propósito de que el psicólogo adquiera una vasta formación no dogmática. No ha sido demostrado, sin embargo, que el referido pluralismo contrarreste con eficacia el dogmatismo. Sí se advierte, en cambio, que al diversificarse los contenidos curriculares y al reducirse el tiempo que se dedica a cada uno de ellos, los aprendizajes se hacen más superficiales y el conjunto más ecléctico.

El eclecticismo de los planes de estudios generalmente procede, antes que de una propedéutica rigurosa, de la necesidad de que un conjunto heterogéneo de profesores compagine en un solo curriculum sus distintas concepciones, que en verdad no fueron hechas para compaginarse entre sí. Notemos también que el profesor a quien se pide un programa con contenidos teórica y metodológicamente variados, se ve constreñido, para evitar la inclinación hacia una sola perspectiva, a mantener la propia en suspenso, al menos en alguna medida. Esta exigencia, que en verdad es imposible de cumplir plenamente, entorpece o disminuye el aprovechamiento de sus aportes más inteligentes.

En resumen, la necesidad de mayor coherencia interna de los planes de estudio, sentida tanto por los psicólogos que trabajan como por los profesores que los forman, sumada al heterogéneo crecimiento de la psicología y al empeño en abarcarlo todo, plantea problemas cada vez más apremiantes. El propósito de mantener un título de grado único y habilitante para todos los campos profesionales, creyendo que es posible brindar en ese escaso tiempo formación suficiente en las diversas teorías y métodos que comprende la psicología, requiere una cuidadosa revisión.

16 notas sobre la formación universitaria del psicólogo. Parte 2.

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