Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog

El trabajo en grupo apunta hacia el orden simbólico...

Publicado por Leonardo Montecchi activado 7 Octubre 2014

El trabajo en grupo apunta hacia el orden simbólico...

El Grupo Operativo como productor

del orden simbólico


Leonardo Montecchi

Traduzione di Violeta Suarez

Retomando el tema del grupo, no nos podemos olvidar de la fundamental distinción que Armando Bauleo hace entre experiencia de grupo y concepto de grupo.

Naturalmente la experiencia nunca está carente de teoría. Cuando experimentamos el estar en grupo, estamos atravesados por uno o más conceptos. Los conceptos se nos presentan como formas que contienen la experiencia. Si desarrollamos este aspecto, podemos ver también una relación entre el concepto de grupo y el aparato para pensar los pensamientos de Bion.

Sin embargo este aparato nosotros no lo concebimos como un a priori de la mente grupal; si es una forma, se nos presenta como una forma vacía que debe ser llenada por la experiencia. Pichon-Rivière lo describe como Esquema Conceptual y en el artículo "Empleo del Tofranil en la psicoterapia individual y grupal" nos describe los pasos de la construcción de un esquema conceptual referencial y operativo, a partir de sus investigaciones iniciadas en 1938 sobre la “situación depresiva básica”.

Pero el término esquema lo encontramos en Kant en la "Critica de la Razón pura". "Esta condición formal y pura de la sensibilidad, a la cual el concepto del entendimiento en su uso está restringido, vamos a llamarla esquema de este concepto del entendimiento y llamaremos esquematismo del entendimiento puro al proceder del entendimiento con esos esquemas. (Anal. Trasc. Libro 2 Cap.1)
Pero Pichon-Rivière no era un kantiano. En su historia es fundamental la dialéctica:
"Este esquema referencial se completó luego con el encuadre grupal de la situación depresiva (...). Una espiral dialéctica señala la dirección de este complejo proceso". (Empleo del Tofranil...)

La experiencia de grupo parece preceder a su concepto pero la dialéctica nos muestra una relación entre estos dos momentos que no tiene la forma de la causalidad, en la cual la experiencia sería la causa y el concepto el efecto. Nuestras experiencias en grupo operativo nos han mostrado que la espiral es una espiral logarítmica, que se mueve indefinidamente ya sea hacia dentro o hacia el exterior: la curva se envuelve alrededor del punto central, sin alcanzarlo jamás.

La espiral logarítmica es una figura similar a sí misma, y por lo tanto puede ser considerada un fractal. Como es sabido, los fractales son figuras que se organizan en torno a líneas de fuerza que les dan una organización aparentemente caótica y desordenada. Pichon-Rivière ha tenido una relación mítica con la dialéctica. En las notas autobiográficas nos cuenta que cuando era pequeño y frecuentaba los jardines de Ginebra se encontró a Lenin, quien le acarició la cabeza. Era naturalmente una fantasía, o quizás no. En aquellos momentos Lenin estaba exiliado en Ginebra, pero esta anécdota nos muestra cómo Pichón-Rivière tuvo una relación con la dialéctica materialista y no con el idealismo hegeliano.

La presencia de la dialéctica en el psicoanálisis es importante porque está directamente relacionada con la idea de sujeto. Es claro que la idea de sujeto se confronta con la experiencia de grupo y produce la dinámica que en este momento nos atraviesa también en esta sala.
Freud tiene una idea contradictoria de la subjetividad, por ejemplo en “Introducción al narcisismo”: Nos formamos así el concepto de un originario investimiento libidinal del yo, del cual una parte se transfiere después a los objetos, pero que en sustancia persiste y tiene con los investimientos de objeto la misma relación que el cuerpo de un organismo ameboide con los pseudópodos que emite. (...) La contradicción entre libido del yo y libido objetal, volverá dramáticamente transformada en Más allá del principio del placer.

Pero ya en este texto del año 1914 se percibe una dialéctica no explícita entre el yo y los objetos. Aunque el investimento libidinal del yo parece preceder al investimento de los objetos, y por ello configurar un nacimiento de la subjetividad individual a priori, sin embargo el yo se presenta, incluso en esta hipótesis, como un primer objeto de investimento pulsional. Hay restos del subjetivismo trascendental de Kant, aunque hay más del idealismo de Fichte, cuando afirma: "Opuesto al yo absoluto (el cual, sin embargo, solamente puede ser opuesto en cuanto es representado y no en cuanto es en sí), el no-yo es absolutamente nada. Fundación de toda la doctrina para la ciencia.

Pero la dialéctica, como decía, no nos permite establecer un antes y un después, el yo no es absoluto sino relativo a los “objetos”. Entonces, cuando Freud habla de pulsiones se refiere en primer lugar a las pulsiones parciales, que tienen como meta objetos parciales. Luego no se trata sólo de una dialéctica entre dos polos (el yo y los objetos), sino de un momento en el que no existe el yo y sólo hay pulsiones y objetos parciales. Una multiplicidad. Un grupo. Sin embargo se considera que el sujeto que emerge de la teoría psicoanalítica es un sujeto ligado a la teoría de los instintos y que no tiene nada que ver con los objetos.

Creo que, desde este punto de vista, es necesario referirse una vez más a la cita de Freud en “Psicología de las masas y análisis del yo” que dice: “La oposición entre psicología individual y psicología social o colectiva, que a primera vista puede parecernos muy profunda, pierde gran parte de su significación en cuanto la sometemos a más detenido examen (...) En la vida anímica individual aparece integrado siempre, efectivamente, “el otro”, como modelo, objeto, auxiliar o adversario, y de este modo, la psicología individual es al mismo tiempo y desde un principio psicología social, en un sentido amplio, pero plenamente justificado”. 1921. Prestemos atención a ese “al mismo tiempo” que significa "contemporáneamente". Quiere decir que la psicología individual (A) es al mismo tiempo ella misma y psicología social, otra (No A).

Si volcamos esta afirmación sobre el plano de la lógica formal, obtendremos que A=No A, es decir, se viola el principio de no contradicción que desde Parménides dice que el ser es y no siendo no es. “Tertium Non datur”, decían los escolásticos refiriéndose a la metafísica de Aristóteles.
Por lo tanto, ¿tenía razón Karl Popper cuando condenaba el psicoanálisis y el marxismo como pseudociencias? Volvamos por un momento al principio de no contradicción y veámoslo aplicado a la física, por ejemplo con el principio de complementariedad de Niels Bohr, que resuelve la contradicción entre las teorías ondulatoria y corpuscular de la luz.

También Armando Bauleo en el libro “Avatares de la Clínica”, escrito en colaboración con Alejandro Alvano, se refiere a la complementariedad en referencia a las descripciones de la mente de las neurociencias y del psicoanálisis. Así que Freud es dialéctico sin declararlo explícitamente, es contradictorio en sus afirmaciones. Pero la contradicción no es paralizante, al contrario, mantiene la tensión interna de los conceptos que estaba fabricando a partir de su experiencia clínica. Hay en él una dinámica que va y viene, viene y va entre experiencia y concepto, concepto y experiencia. Propiamente una dialéctica. Quisiera mostrar cómo el psicoanálisis se ha dividido entre una parte dialéctica y otra lógico formal. La primera, a la que podemos llamar también izquierda psicoanalítica, ha desarrollado el psicoanálisis en relación a la sociedad, se ha planteado el problema de la miseria sexual de las masas, el problema de la reforma de la moral sexual común y ha identificado estructuras sociales de pensamiento, formas de educación que reproducían la neurosis.

Debemos decir que por esta senda se encaminó ya Sandor Ferenczi, con todos sus estudios sobre psicoanálisis y pedagogía en los primeros años del 1900. El mismo Freud, con el trabajo sobre La moral sexual “cultural” y la nerviosidad moderna, de 1908, avanzaba la hipótesis de que la moral sexual cultural perjudicaba la salud y el vigor de los individuos, y que el daño por los sacrificios impuestos alcanza un nivel tal que aún la meta última de la civilización se ve comprometida indirectamente. En este texto sostiene que los efectos dañinos de la civilización están ligados a la represión de la vida sexual de los pueblos, inducida por la moral cultural predominante. Se observa una gran atención hacia los temas sociales, importante sobre todo para una posible intervención preventiva, que no podía dejar de ser un fuerte revulsivo de aquélla mentalidad, que el marxismo habría atribuido a la superestructura o a la ideología dominante.

Freud es más pesimista en “El malestar en la cultura”, publicado en 1929. Debemos decir que también el marxismo afrontó el tema de la dialéctica. Karl Popper lo iguala con el psicoanálisis en su condena. Pero los marxistas mecanicistas, aquellos a los que Marx tuvo que decir: "je ne suis pas marxiste", sostenían que la estructura, es decir, la economía, era la causa de la superestructura; la ideología y la cultura eran su efecto. Hay apreciados marxistas, como Labriola y Gramsci, que asimilaron la dialéctica hegeliana para hacer entender la relación dialéctica y no lineal entre los dos momentos, e incluso para afirmar, como Gramsci, la necesidad de una reforma intelectual y moral de los italianos como objetivo estratégico del “príncipe moderno”, es decir, el renovado partido del cambio.

El mecanicismo y la influencia del positivismo estaban presentes en la “Segunda Internacional” de Kautski, que preveía una evolución espontánea hacia el socialismo sin la necesidad de un “forzamiento subjetivo”, es decir, sin la necesidad de un sujeto revolucionario. Y aquí volvemos al sujeto y a la subjetividad. El encuentro entre psicoanálisis y subjetividades revolucionarias es muy antiguo. Empezando por Otto Gross. Pero seguramente se remonta al año 1919, cuando a Sandor Ferenczi se le adjudica la primera cátedra de psicoanálisis en la Budapest revolucionaria de Bela Kun. Revolución aplastada por la contrarrevolución. Después, todas las experiencias, como las de Vera Schmidt en Hogares infantiles, en el Moscú del año 1921, confluyeron progresivamente en un movimiento cuyo líder era Wilhelm Reich.

Reich comenzó en los años 20 en Viena en la facultad de Medicina un seminario sobre la sexualidad que atrajo a gran parte de los jóvenes estudiantes de medicina hacia los temas psicoanalíticos. El seminario desarrollaba temas sobre la neurosis en relación a la represión sexual. Era fácil en aquel momento histórico conectar la organización social, la superestructura de los marxistas, con la represión sexual. Pero Reich, que se inscribió en el partido comunista alemán, tuvo que vérselas también con la represión estalinista, es decir con aquella que se presentaba como sociedad revolucionaria y que sin embargo comenzaba a reprimir la sexualidad, a cerrar las experiencias avanzadas de liberación para promover el autoritarismo de una sociedad totalitaria. Reich es el primero que en el ambiente psicoanalítico habla abiertamente de dialéctica y particularmente de dialéctica materialista. Su ensayo "Materialismo dialéctico y psicoanálisis" propone la cuestión de la dialéctica materialista como método y analiza las objeciones de los "marxistas ortodoxos" al psicoanálisis.

Son objeciones que llegarán hasta los años 70 del s. XX y se refieren al hecho de que el psicoanálisis sería un fenómeno de descomposición de la burguesía decadente y una ciencia idealista. Reich contesta en su trabajo a ambas críticas. En cuanto a la concepción de la subjetividad dice: (...)"El individuo viene al mundo como un manojo de necesidades y de instintos correspondientes a estas necesidades. Ser social, se inserta inmediatamente con sus necesidades en la sociedad, no sólo en la restringida sociedad de la familia, sino indirectamente, a través de las necesidades económicas de la vida familiar, en la sociedad en el sentido más amplio de la palabra. Definida de la forma más simple, la estructura económica de la sociedad, a través de numerosos lazos -clase social de los padres, condiciones económicas de la familia, ideología, relaciones de los padres entre sí, etc.- actúa sobre el instinto del yo del niño". Como se ve, para Reich el sujeto no está ligado a la instintividad sino que se presenta como un ser social.

Este es el tema principal de su trabajo sobre la dialéctica materialista y su análisis ofrece al marxismo la capacidad de entender fenómenos que no se pueden explicar sólo con la base económica. Reich nos recuerda la fuerza material de la ideología y cómo los elementos inconscientes funcionan en la psicología de las masas. Aún no ha sido superado su análisis de la “Psicología de masas del fascismo”, con la clarificación del lugar que ocupó la visión patriarcal de la familia, con el autoritarismo como el valor fundante y la llamada al mito de la sangre y de la tierra en busca de una presunta pureza originaria que habría sido corrompida por la sociedad democrática. Su lucha contra el autoritarismo y contra las sociedades cerradas y totalitarias ha de continuarse.

El psicoanálisis de los años 30 tenía la ilusión de resistir al nazismo negando a sus propios miembros la posibilidad de hacer política. El mito de la neutralidad tomó posesión de la institución. También la contratransferencia debía estar bajo el control de los analistas didactas. El analista, se decía, debía ser como un maniquí que el analizando pudiese vestir con la transferencia. La neutralidad debía ser también neutralidad política, como si ello fuese posible. Marie Langer era una candidata al análisis didáctico y cuenta que fue a pedir ser analizada por Heinz Hartman, el futuro teórico de la psicología del yo, que afirma que el yo se constituye a partir de una zona a-conflictual. Dice Marie Langer que Hartman la miró de pies a cabeza y le dijo: "no creo que usted tenga dinero para pagarme los honorarios". Quizás hubo cierta coherencia entre su ideología del yo a-conflictual y su interés económico. En la institución psicoanalítica había otros psicoanalistas, como Ricardo Sterba, que había asistido el seminario de Reich y que había sido analizado de forma gratuita por Hitschmann, que a su vez fue analizado por Freud.

Sterba toma en análisis a Marie Langer y le resuelve un gravísimo problema provocado por un analista, que la había denunciado porque una amiga suya había dicho en análisis que había asistido a una manifestación política y fue arrestada. Aquellos eran tiempos duros. La izquierda psicoanalítica fue derrotada en Europa pero se trasladó a EE.UU. Marie Langer se fue a Argentina y contribuyó, junto a Pichón-Rivière, Ángel Garma y Celes Cárcamo, a la fundación de la Asociación Psicoanalítica Argentina. Volvamos a la experiencia de grupo y su concepto.
Es evidente que si la experiencia de grupo es guiada por una ideología individualista no se llega a aprender de la experiencia, como habría dicho W. Bion. En el psicoanálisis, incluso fuera del materialismo dialéctico, se abre una concepción de la subjetividad que se abre a la grupalidad. Estoy hablando de la investigación sobre el mundo interno de los niños de Melanie Klein.

Klein fue alumna de Sandor Ferenczi y de Imre Hermann. Se trata de una psicoanalista que se ocupó del instinto de apego y precedió en muchos años la investigación de Bowlby, estudió las etapas precoces de la formación del aparato psíquico y elaboró la teoría de las relaciones objetales, que ve la subjetividad necesariamente ligada a los objetos que componen el mundo interno. Con esta teoría Klein recupera la dialéctica en la producción de la subjetividad. Debemos recordar que Hermann, en su ensayo del año 1924 sobre psicoanálisis y lógica se ocupó, a su manera, de la dialéctica. Pero es en los años cuarenta cuando las Experiencias en grupos de Bion llevan a un concepto en el cual el individuo ya no es pensado como una mónada sin puertas ni ventanas, sino como el efecto de una multiplicidad de relaciones. Emerge la red de identificaciones mutuas que constituirá el concepto de matriz elaborado por Foulkes. Experiencias institucionales desarrolladas con grupos de militares en el Hospital Militar de Northfield. Subrayo el aspecto institucional porque estas experiencias de grupo nacen en este ámbito y ello las connota.

No es un consultorio de un profesional privado. También la experiencia de la puesta en marcha de los grupos operativos es una experiencia institucional. Pichón-Rivière nos cuenta que en 1945 en el "Servicio para Adolescentes", a causa de una huelga de enfermeros, organizó unos grupos con pacientes conformados por aquellos que estaban en una mejor situación. Este origen, un tanto mítico, sitúa los grupos operativos dentro de un proceso de transformación institucional. El sujeto es colectivo. A medida que se avanza en la experiencia de grupo, se llega al concepto:
"un grupo es un conjunto de personas reunidas por constantes de tiempo y espacio, articulado por su mutua representación interna y que se propone explícita o implícitamente realizar una tarea que constituye su objeto o finalidad”

Como se puede ver, en esta definición el concepto de grupo no está ligado a la suma de los individuos que lo componen. El conjunto se refiere al concepto matemático, y la mutua representación interna es una aplicación creativa del concepto Kleiniano de "mundo interno". La mutua representación interna se convertirá seguidamente en el grupo interno. Un grupo compuesto de personajes y también de objetos parciales, situaciones y emociones. La mejor descripción del grupo interno es una carta de 1513 de Maquiavelo a Francesco Vettori. En esta carta el secretario florentino habla de su jornada en la "Villa" y de cómo fue a la Hostería a "engolfarse jugando a los naipes y a las damas”, pero al caer la noche vuelve a casa, se lava, se viste con su ropaje “curial” y así vestido: "entro en las cortes antiguas de los hombres antiguos, donde soy cariñosamente recibido, me nutro de aquel alimento que es exclusivamente mío, y para el cual nací, donde no me avergüenza hablar con ellos, interrogándolos sobre los móviles de sus acciones, y ellos, por su humanidad, me responden" ( ...)

El grupo interno es un concepto que permite comprender la experiencia así como el hecho de que cada grupo se presenta como una red de vínculos. Pichon elabora el concepto de vínculo a partir de las relaciones de objetos. Pero en el concepto de vínculo no existe sólo el mundo interno y la relación con los objetos internos. Está también el grupo externo concretamente presente El concepto de vínculo se desarrolla contemporáneamente a los estudios de Bateson sobre la comunicación y sobre el doble vínculo. Las lecciones recogidas en el texto "La teoría del vínculo" son del año 1956. El vínculo se presenta como una relación a cuatro vías que incluye el objeto interno y el externo así como los canales de comunicación entre ellos incluido el ruido.

El vínculo es naturalmente dinámico. El fundamental artículo de Pichon-Rivière y Bauleo: "La noción de tarea en psiquiatría" es del año 1964 y está incluido en “El Proceso grupal, del psicoanálisis a la psicología social”. El grupo operativo, en efecto, se organiza en base a una triangulación que ha sido elaborada por Bauleo: se trata de los vínculos recíprocos entre grupo, tarea y coordinación. Hablemos un momento de estos tres elementos:

El grupo: Como se ha visto, el grupo es un conjunto y esta idea no es diferente del grupo-análisis. Quizás Bion, que nació en la India, había leído este pasaje de la Chandogya Upanishad cuando hizo la experiencia de grupo: "...pon esta sal en el agua y mañana vuelves. Así lo hizo y su padre le dijo: La sal que ayer pusiste en el agua, por favor, sácala. Svetaketu buscó la sal en el agua pero no la encontró (…) Bebe un sorbo de agua de este lado ¿Cómo está? Salada (…) es la misma en todas partes. Y su padre le dijo: hay algo aquí, es una esencia que no puedes percibir, pero que es de verdad” Excepcional metáfora que aprendí en un grupo coordinado por Bauleo. En cada grupo hay quienes llevan agua y quienes llevan sal. Si se forma el grupo, se forma el agua salada. Después si uno busca su agua o su sal, ya no la encuentra. Por eso hay una resistencia a la grupalidad, hay cierto miedo o temor de perder la identidad individual. Pero el individuo es el resultado del grupo. El individuo no va al grupo sino que sale del grupo.

La Coordinación: Es mejor mantener este término, porque para nosotros la coordinación no se identifica con el coordinador. Es un lugar, un vértice del triángulo desde donde se puede observar la relación entre el grupo y la tarea. El coordinador que ocupa aquel vértice no es el líder del grupo. El liderazgo está dentro del grupo mismo. El coordinador señala o interpreta los obstáculos de naturaleza afectiva o cognitiva que el grupo encuentra mientras afronta la tarea.

Pero el coordinador no es el jefe del grupo sino que debe volverse progresivamente inútil para que el grupo, de esta manera, pueda aprender a auto gestionarse y a internalizar la coordinación. He llegado a participar en un grupo operativo de investigación con la coordinación internalizada. Se trataba de un grupo con mucha formación, que había aprendido a leer el latente. Sin embargo mantenemos un observador con lectura de los emergentes.

La tarea: Es el tercer elemento en la dinámica grupal y a su vez se sub-divide en: Pre-tarea, Tarea y Proyecto. Las tres son fases de la tarea, que tiene un aspecto manifiesto y otro latente. Los pasajes de una fase a otra no son mecánicos sino dinámicos, y una fase nunca se conquista para siempre. La mayor parte del tiempo se está en la Pre- Tarea. En esta fase prevalecen los elementos institucionales. Como las identidades ligadas a aquello que uno hace o a aquello que otros dicen de él.

- Soy un médico, soy un profesor de matemáticas, soy un esquizofrénico, etc. Pero cuando se consigue entrar en tarea, aparecen angustias y dificultades. Son ansiedades persecutorias frente a lo nuevo, depresivas por el miedo a perder los puntos de referencia, y confusionales cuando se rompen los estereotipos, es decir, las rutinas que impiden que el pensamiento fluya libremente en su tendencia a una espiral dialéctica. El desarrollo hacia el proyecto es raro. Sin embargo ciertos grupos entran en esa dimensión caliente del ser que Ernest Bloch llama “lo aún no sido”, y consiguen abrir pasajes en el orden simbólico dominante.

Aquí volvemos a la dialéctica y al psicoanálisis. Después de la Segunda Guerra Mundial, en Francia se abrió una nueva vía a la dialéctica en el psicoanálisis gracias a Jacques Lacan. Fue Alexandre Kojeve, con su seminario sobre la Fenomenología del espíritu, quien introdujo una lectura en profundidad de Hegel en Francia. Su seminario, en la segunda mitad de los años treinta, fue seguido entre otros por Michel Leris, Merleau-Ponty, Georges Bataille, André Breton y Jaques Lacan. Mucho se ha hablado de la influencia del estructuralismo sobre Lacan, pero en esta ocasión, deseo hablar de la importancia de la dialéctica Hegeliana en su teoría

En “Función y campo de la palabra en psicoanálisis”, trabajo presentado en Roma en 1956, dice:
“Estas observaciones definen los límites dentro de los cuales es imposible a nuestra técnica desconocer los momentos estructurales de la fenomenología hegeliana: en primer lugar la dialéctica del Amo y del Esclavo, o la de la "bella alma" y de la ley del corazón y, en general, todo lo que nos permite comprender cómo la construcción del objeto se subordina a la realización del sujeto”.

Todo este trabajo está atravesado por la dialéctica hegeliana. Baste con pensar en el análisis del caso Dora, en su transferencia y contratransferencia no reconocida por Freud. Todo es visto como una serie de inversiones dialécticas. Pichon-Rivière conoció a Lacan en el año 1951 en el Congreso de psicoanalistas de lengua francesa. Pichon-Rivière contó en una entrevista, en diciembre de 1975: “nuestro encuentro fue un amor a primera vista, creo que Lacan me sintió lacaniano, así como yo lo sentí pichoniano”. Después entra en el tema de la dialéctica y critica lo que define como “el idealismo lacaniano” es decir, la “concepción hegeliana del sujeto”. Habla de la dialéctica lacaniana y de cómo en ella falta el carácter histórico material del sujeto.

Quiero destacar un punto importante de esta entrevista: Dice Pichon: “En el año 1969, discutiendo un trabajo mío, Lacan me decía: “pourquoi Psychologie Sociale, pourquoi pas psychanalyse”, creo que su pregunta sintetiza las coincidencias y las discrepancias. Definir la psicología en sentido estricto como social, significa que se enfatiza el problema del determinante en última instancia de los procesos psíquicos, el papel que tienen las relaciones sociales como condiciones de posibilidad del orden humano y por tanto del psiquismo. Se percibe la diferencia en la concepción del sujeto. Volvamos al artículo de Reich sobre el materialismo dialéctico y a la crítica a la dialéctica idealista de Hegel. Escuchando a Pichon nos parece escuchar al Marx que quiere volver a poner en pie la dialéctica que Hegel había invertido, privilegiando al pensamiento sobre el pensador. Además podemos añadir que el grupo operativo es el lugar de la dialéctica concreta.

La dialéctica que encontramos en Heráclito, se presentan en los diálogos platónicos como expresión del discurso de grupo. Aparte del Parménides que se ocupa expresamente de dialéctica, todos los diálogos muestran que la verdad no está en un discurso sino en muchos discursos y, sobre todo, está entre los discursos. El grupo, sin embargo, no es sólo un diálogo. En el grupo ocurren cosas que nos conducen inevitablemente más allá del logos y de la palabra. Hemos pasado desde la idea de portavoz, que es una idea de Pichon, es decir, un integrante del grupo que con su discurso enuncia un contenido latente del grupo, al concepto más amplio de emergente, del cual el portavoz sería un caso particular.

El emergente no es logo-céntrico. Es un signo que reenvía a un latente grupal y que da un sentido a la situación. Un ejemplo que para mí ha sido importante se dio en un concierto de Sonny Rollins en los años 70 en Perugia. Estábamos en la plaza de la ciudad todos alrededor del escenario, con los músicos que estaban en el centro; quizás éramos diez mil. Era una calurosa noche de verano con un maravilloso cielo estrellado. El blanco marfil de los monumentos destacaba en el negro de la noche. Estábamos metidos en ese marco como en una nave que viajara por el espacio.
En un determinado momento, un evento, un emergente. La medianoche se nos presenta en forma de campanadas. A la primera campanada Sonny Rollins para la música. Silencio de diez mil personas, se escuchan doce campanadas. Después Sonny retoma la música con aquel ritmo suyo.
Sublime.

Ésta es una interpretación de un emergente. Hoy estamos aquí en la sala en una dialéctica entre este discurso mío escrito, que estoy leyendo. Sócrates en el Fedro, el diálogo de Platón, discute sobre el lenguaje y la escritura y dice que la palabra tiene un padre porque en el discurso oral vemos y oímos al locutor, que es el padre de la palabra, mientras que lo escrito puede ser de cualquiera. También este discurso mío escrito podría no ser el mío; la escritura tiene su autonomía del escritor que la palabra no tiene. En aquel diálogo Platón habla también de Thot, considerado como el inventor de la escritura. Thot magnifica su invención al Faraón y le muestra cómo ésta ayudará a conservar la memoria. El Faraón asegura que la escritura no ayudará a la memoria sino que la matará porque la sustituirá. Este magnífico diálogo nos ayuda a entender en este discurso cómo la experiencia de grupo se transforma en concepto y cómo se produce la transmisión de conocimientos en este campo.

La escritura del grupo no es suficiente para aprender a coordinar u observar. Es necesario pasar a través de la experiencia. Así volvemos, después de un giro de espiral, a la experiencia de grupo y a la dialéctica entre educador y educando. En los años 50 Jaques Lacan fundaba su escuela, como lo hizo en su momento Pichon-Rivière. Sólo que la escuela de Psicología Social tenía un modelo didáctico específico basado en el grupo operativo. La información, en este modelo, se elabora en el grupo que tiene como su tarea el aprendizaje. Bauleo ha descrito magistralmente el aprendizaje en grupo en uno de sus artículos y lo ha llevado a cabo en grupos y en instituciones. El grupo que trabaja sobre una información, la desarma y la afronta en sus aspectos afectivos y cognitivos. Por ejemplo, informaciones sobre la fobia o la paranoia producen altos niveles de ansiedad que pueden bloquear el aprendizaje. O bien, una información que introduce el concepto de que la enfermedad no es un hecho individual sino que se extiende al ámbito familiar e institucional, puede encontrar un obstáculo epistemológico para su comprensión.

El obstáculo puede ser la ideología individualista, que debe ser interpretada. Este método está basado en la idea de un sujeto colectivo de aprendizaje que puede convertirse en un sujeto colectivo de enunciación, tal como dijeron más tarde Deleuze y Guattari. Así, cualquier información como, por ejemplo, la teoría psicoanalítica, no adquiere el papel de un dogma; el grupo la debe hacer suya y tratarla como si fuera una construcción, la desarma y luego la rehace según su propia experiencia, según su propio esquema referencial, conceptual y operativo. Aquí hablamos de una dialéctica concreta. En los años 50 y primeros años 60, José Bleger, el rabino rojo, trabaja sobre la dialéctica materialista y escribe un texto que tituló “Psicoanálisis y dialéctica materialista” quizás para no retomar directamente el título de Reich, que gozaba de fama de “hereje” desde que fue expulsado del Partido Comunista y de la Asociación Psicoanalítica. Dos instituciones en las que ortodoxia y heterodoxia produjeron devastadores daños. Circulan los textos de Henri Lefevre. Bleger y Bauleo tradujeron a Georges Politzer, un crítico implacable del psicoanálisis desde el punto de vista del materialismo dialéctico.

En esta etapa, que los analistas institucionales franceses podrían llamar instituyente, Armando Bauleo -alumno de Pichón-Rivière y analizado por Marie Langer-, escribe un texto que titula: “Marxismo y Psicoanálisis, vicisitudes de una relación". Vuelve, y con mucha fuerza en ese momento, el tema de la dialéctica materialista y de su relación con el psicoanálisis. Marie Langer y Armando Bauleo, junto con otros analistas, se enfrentaron al Congreso de la Asociación Psicoanalítica Internacional en Roma en el año 1969, en los temas de la relación con la política, la formación y los grupos.

En los primeros años 70 hicieron un viaje a la Unión Soviética y se encontraron, con una diferencia de casi 40 años, las mismas críticas al psicoanálisis con las que se enfrentó Reich, a las que respondieron con un artículo titulado: "Lo que pensamos de lo que ustedes piensan del psicoanálisis", en el que afirman: “Freud no ha sido un marxista, pero la dialéctica admite la noción de conflicto". Bleger elaboró, además, una psicología de los ámbitos, que permite aplicar a múltiples intervenciones la concepción del sujeto como ser social. De hecho, Bleger dice que podemos pensar en un individuo con sus especificidades, contenido en un ámbito grupal y familiar, que a su vez está contenido en un ámbito institucional, que está contenido en un ámbito comunitario.

Recientemente he propuesto un quinto ámbito, el ámbito global, que corresponde a los procesos de globalización que en la última parte del siglo XX han investido el planeta y condicionado todos los otros ámbitos. Con esta consideración, entramos directamente en el tema de este trabajo: el grupo operativo como productor de orden simbólico. Debemos en primer lugar intentar definir qué entendemos por orden simbólico. No podemos prescindir de los estudios de Lévi-Strauss y la lingüística estructural de Saussure. Jacques Lacan identifica en la etología algunos significados simbólicos, como por ejemplo cuando las gaviotas se pasan un pez sin comerlo; por supuesto, aquel pez es una señal de otra cosa. Quizás el inicio de la migración. O bien ciertos vasos demasiado grandes, o ciertas armaduras demasiado pesadas para ser usadas, quizá significan otra cosa, un pacto de alianza, y así sucesivamente.

El orden simbólico es también el orden del discurso pero es un orden que, nuevamente, no es natural, no es siempre igual a sí mismo. No es un destino. El concepto de estructura que liga un significado a un significante no está definido de una vez por todas. No existen estructuras originarias, como ha demostrado Umberto Eco en la “Estructura ausente”. En este punto debemos introducir algunos conceptos de semiótica y en particular, debemos salir del dualismo de Saussure, en el que a un significante le corresponde un significado de acuerdo a un determinado código. Sin embargo, en la semiótica de Peirce nos encontramos con una triangulación entre signo, objeto e interpretante.

El signo para Peirce es algo que está en lugar de otra cosa y tiene una relación con el objeto que puede ser icónica, indicial y simbólica. La relación simbólica es totalmente arbitraria y el significado depende del código. Un grupo que ha sido convocado por una tarea construye un código propio en base al cual atribuye significados a lo que se dice y también a lo que sucede. La función interpretante se caracteriza precisamente por atribuir significados a significantes. El código que se produce en un grupo es una especie de guión que adjudica roles, que pueden ser asumidos o rechazados.

¿De dónde proviene éste código? Muchas veces, observando las primeras reuniones grupales, se nos presenta una escena que puede ser el Pirandello de los “Seis personajes en busca de un autor” o bien el Bekett de “Esperando a Godot”. Dicho sea de paso, Bekett estuvo en análisis con Bion, y en “Esperando a Godot” se está constantemente en el “supuesto básico de emparejamiento”, en el que el grupo está en la “espera expectante” de que llegue un mesías para resolver los problemas. Nosotros diremos que aquel grupo está en la fase de pre-tarea, no trabaja y espera expectante a quien trabajará por ellos. Es una resistencia. Entonces, ¿de dónde proviene el código que adjudica y atribuye los roles? Aparece casi siempre un mito sobre el origen de la ley, el origen de la prohibición.

En un ambiente occidental o de cultura occidental, es evidente la emergencia de un estrato ideológico profundo. Es el mito del conocimiento como transgresión. Desde Adán y Eva a Prometeo y a la ley que prohíbe el saber. El conocimiento es también la sexualidad. Está el placer de conocer y está el miedo a ser castigados. Ahora comenzamos a ver que si un grupo trabaja sobre la tarea, emergen elementos nuevos que provocan miedo. Se pone en juego el aspecto creativo del grupo. Pichon-Rivière estudió profundamente "El proceso creativo": así titula el tercer volumen de su obra subtitulada “Del psicoanálisis a la psicología social”. Estudiando al conde de Lautréamont, Pichon considera lo siniestro de los Cantos de Maldoror como una elevada muestra de creatividad. Freud había definido lo siniestro “l'unheimlich”, como el aspecto no familiar en lo familiar. Extendiendo este concepto, Pichon piensa que el acto creativo es siniestro para la comunidad, para las instituciones y para el mismo grupo al que pertenece el creador.

Esta concepción nos hace pensar en un psicótico dentro de un grupo familiar y cómo sus aspectos creativos, de lenguaje y de comportamiento, desencadenan el miedo. Para comenzar a trabajar, un grupo tiene la necesidad de tomar distancia de las rutinas de la vida cotidiana. El espacio-tiempo del setting se presenta como aquel espacio vacío del que habla Peter Bruch a propósito del espacio escénico. Este espacio puede ser llenado por las fantasías del imaginario grupal. Pero hasta que se llega a hacer el vacío, el espacio está lleno del imaginario social, es el territorio de las ideologías dominantes. Cornelius Castoriadis habla de significantes imaginarios sociales que caracterizan un momento histórico social. Para nosotros son un determinado orden simbólico.
Ese orden se presenta como un obstáculo para el trabajo del grupo. Por lo tanto, ¿qué entendemos por orden simbólico?

Ya se ha dicho que el símbolo es un signo que tiene una relación arbitraria con su objeto, por lo que para nosotros no hay simbolismo mítico, como no hay ningún código originario que pueda explicar los símbolos universales. No hay arquetipos. Ya Ludwig Wittgenstein, en su Tractatus, había buscado un grado cero de los posibles lenguajes, una lengua pre-babélica, aunque después se dio cuenta de que no existe una palabra sin el hablante y que los hablantes modifican continuamente los códigos. Así, para nosotros lo simbólico no es un orden estructural y estructurante atemporal, que se repite y debe repetirse siempre igual a sí mismo. Esto aparece en los grupos como el fondo sobre el que hay que comenzar el trabajo. Debemos también considerar que el orden simbólico en el que estamos inmersos está caracterizado por lo que Thomas Khun denomina un paradigma. Vivimos en el paradigma individualista. Michel Foucault en "Vigilar y castigar" nos muestra el control panóptico, en el cual el vigilante ve sin ser visto. Este control no está limitado a las cárceles, sino que se ha extendido a toda la sociedad.

Las cámaras nos están observando en las calles, en las estaciones, en los bancos, etc. No tiene importancia que haya materialmente un ojo que observe todo, lo importante es que se sepa que ello es posible. La observación es sobre el individuo. Los dispositivos panópticos fraccionan al individuo y lo separan de sus vínculos. El individuo se controla mejor en la celda de la cárcel o en la celda de su teléfono móvil que permite saber dónde se encuentra. Entonces, este orden simbólico dominante quiere clasificarnos como individuos que hacemos determinadas actividades y que tendemos al consumo previsto por las pistas que dejamos con las tarjetas de crédito.

Lejos de ser una estructura fuera del tiempo, el orden simbólico es el resultado de la producción capitalista que se ha transformado en una producción inmaterial. Ya Marx señalaba que la mercancía no se producía por su valor de uso sino por el de cambio, y hablaba del fetichismo de la mercancía. Walter Benjamin describió el sex appeal de lo inorgánico y Naomi Klein evidenció que Nike produce un símbolo: el “bigote”, es decir una relación arbitraria entre signo y significado. Llevar puesta ropa con aquel signo genera un efecto que es el resultado de la producción simbólica de aquello que llamamos semio-capitalismo.

Igualmente, la reducción del ser al hacer permite la emergencia de personalidades que Bleger llamaba “fetiche”, y que han sido estudiadas en los años 60 por Mashud Khan, y también por Ronald Laing en su ensayo sobre el Yo dividido. Estos hábitos estereotipados atraviesan la vida cotidiana y organizan las acciones de los seres humanos según un orden preciso que fragmenta la vida social según un control biopolítico. Es el flujo mainstream de los media el que alimenta este auténtico y verdadero estado de conciencia ordinaria que está formado por estereotipos y prejuicios.

Un grupo operativo comienza su trabajo cuando se distancia de este estado de conciencia ordinario, de este orden simbólico dominante y comienza a producir su propio imaginario. Pero cuando uno se puede alejar de las repeticiones, cuando ya no nos reconocemos en las repeticiones, ello nos resulta inquietante. Esto ocurre porque nos vemos como desde afuera y asumimos aquí la temática del doble: ¿Somos nosotros aquel médico, aquel profesor de matemática, aquel camarero que repite los mismos actos como un autómata? Dice Pichon en “Lo siniestro en la vida y en la obra del conde de Lautrémont": “El factor de la repetición involuntaria es sólo lo que nos hace aparecer siniestro lo que en otra circunstancia sería inocente, imponiéndose así la idea de lo nefasto, de lo ineludible" Estas repeticiones o pulsiones de repetición no son elementos naturales, no son parte de un instinto de muerte, son estereotipos que impiden el pensamiento y aplastan al ser humano en automatismos, en líneas predecibles de comportamiento que se buscan para el control biopolítico de los comportamientos. Son el efecto de la producción semio-capitalista.

En sustancia, nos encontramos frente a un dominio de la falsa conciencia, que se disuelve en el grupo operativo al encaminarse éste hacia la toma de conciencia. El momento creativo del trabajo de grupo se acompaña por el miedo. Temor que proviene de la ruptura de los estereotipos y de la aparición del momento de las posibilidades. Las rutinas instituyen el momento de la vida cotidiana reduciendo al máximo el campo de lo posible. Allí donde todo se repite las posibilidades de cambio no existen, pero si se rompe el pensamiento estereotipado emerge el momento de los posibles, y este momento se acompaña de ansiedad. La liberación del pensamiento lleva consigo el miedo a enloquecer, la libertad de decir se acompaña con el temor de meter la pata y de ser ridiculizados o, peor aún, de ser culpabilizados. El miedo de convertirse en chivos expiatorios, de ser condenados y marginados. Mejor repetir, mejor mantenerse en lo conocido.

El grupo operativo trabaja sobre esta situación instituida ordinariamente, como decía Georges Lapassade, para permitir la eclosión de un instituyente ordinario que abra a los integrantes del grupo la posibilidad de abandonar sus identidades institucionales y simbólicas, para desarrollar un imaginario grupal que les introduzca en otro estado de conciencia que ya no es más la conciencia individualista de la personalidad fáctica, sino la conciencia de la grupalidad, la percepción de ser sujeto colectivo. Para finalizar, querría traer dos ejemplos de cómo un grupo puede producir un orden simbólico diferente. El primer ejemplo se refiere a un grupo terapéutico que tiene como tarea: hablar de los obstáculos, dificultades y problemas que impiden la realización de los sueños, deseos y proyectos, así como de todo aquello de lo que se quiera hablar.

Durante un tiempo las resistencias individuales impedían que emergiera el imaginario grupal. Los sueños fueron los que desarrollaron la función de liberar la creatividad y señalar el imaginario radical del que habla Castoriadis. Un sueño indicó el recorrido común que el grupo había comenzado: era un grupo de 16 ciclistas que recorrían la Vía Roma, pero no iban a Roma sino en otra dirección. Este sueño de movimiento podía indicar la fantasía de que el grupo hiciese un viaje, pero era un viaje que les alejaba del centro del catolicismo, del orden simbólico al que se sentían pertenecientes, a pesar de que nadie era practicante ni católico declarado.

En Italia, tal como dijo Benedetto Croce hace más de 100 años, todavía vivimos inmersos en una cultura en la cual resulta imposible no decirse cristiano. Pero el grupo deseaba alejarse de aquella cultura. Otro sueño esclareció la dirección del viaje. “Está pensando irse, pero hay tanto que hacer... está desilusionado... piensa ir a Londres”. Es la vía Francigena al contrario. El grupo quiere ir a Londres que en el imaginario es la libertad. Piensa el trabajo sobre la tarea como un viaje hacia la liberación de una ideología de la culpa. En este momento, el grupo produce sueños que indican un proceso de cambio de los antiguos vínculos familiares y la construcción de nuevos vínculos provisionales, que permiten la elaboración de los traumas del esquema referencial primario. Aquí la espiral dialéctica se presenta como un fractal, una forma en movimiento que avanza gradualmente hacia la creación de un nuevo orden simbólico en el que las diferencias no son culpabilizantes sino valoradas.

El segundo ejemplo se refiere a un grupo de recluidos por la lucha armada, en la súper prisión de Palmas en Calabria, en los años 80 del pasado siglo. Todo el movimiento había sido derrotado, no había más perspectivas. Las mismas identidades de resistencia que habían permitido a los militantes soportar unas durísimas condiciones de reclusión, había entrado en crisis.

Por otra parte, la ley del tiempo les clasificaba según un preciso orden simbólico. Podrían ser “arrepentidos”, y acusar de complicidad a sus propios compañeros y obtener así un alivio sustancial de la pena. “Disociados”, a los que se pedía una clara toma de distancia respecto a las opciones que tomaron en su día. Quien no aceptaba estas propuestas, era “irreductible”. Es decir, quien no podía ser reconducido a una de las categorías antes mencionadas y seguía con las ideas que les habían conducido a la súper prisión. Pero este grupo de 16 militantes no aceptaban aquel orden simbólico y para resistir a la cárcel se inventaron otra identidad: la de un grupo de soñadores. Decidieron comunicarse aquellos sueños que tuvieran para discutirlos en conjunto, sin seguir ningún esquema de interpretación más que el de que un sueño llama a otro y así sucesivamente.

En la cárcel el control panóptico es extremo al límite, la sociabilidad está limitada a una hora. Todo aquello que los presos se intercambian está sujeto a censura, así que para comunicarse los sueños usaban técnicas de la clandestinidad. Es increíble la similitud con la astucia del deseo para vencer a la censura onírica, de la que habla Freud en la “Interpretación de los sueños”. Los sueños eran así transcritos y discutidos y mostraban la realidad a la que eran sometidos los presos, la sexualidad mutilada, la búsqueda de los afectos y el deseo de libertad. Este trabajo permitió la resistencia de este grupo y la invención de un nuevo orden simbólico, que no era impuesto sino que provenía de la elaboración del grupo de los soñadores.

En aquel grupo tuvo su origen una cooperativa que se llamó “Sensibili alle foglie" -”Sensibles a las hojas"-. Es una cooperativa editorial que se ocupa de textos que provienen de las cárceles, de los hospitales psiquiátricos y de investigaciones socio analíticas sobre las instituciones totales. Juntos hemos investigado sobre los estados alterados de conciencia, que consideramos un recurso del ser humano y no una psicopatología.

Estos son dos ejemplos en los cuales la narración de los sueños en grupo, es decir, la materia imaginaria por excelencia, ha sido el elemento creador que ha permitido un cambio de registro que ha conducido a un orden simbólico que ya no era impuesto desde el exterior, sino efecto de la creación del grupo. Esta creación es impredecible. La línea de producción en el grupo funciona como un vuelo de Levy. Por un momento se concentra en torno a un territorio conceptual próximo, luego no pasa nada durante un largo período de tiempo y de repente, en otro lugar, lejos, aparece de nuevo una producción conceptual. Como los tiburones cuando cazan. Melville nos habla de unos documentos secretos del capitán Acab, que sabía dónde iba a aparecer la ballena y el Pequod estaba allí esperándola. Así un grupo operativo puede elaborar este saber, no para matar a la ballena sino para domesticarla en el orden simbólico que vendrá.

Bibliografía

  • Gregory Bateson verso una ecologia della mente Adelphi Milano.
  • Peter Bruch Lo spazio vuoto Bulzoni Roma
  • John Bowlby Attaccamento e perdita Boringhieri Torino
  • José Bleger Psicanálisis y dialéctica materialista Nueva Visión B. Aires
  • Psicología de la Conducta Paidós B. Aires
  • Armando Bauleo Ideologia Gruppo e famiglia Feltrinelli Milano
  • Psicanalisi e Gruppalità Borla Roma
  • Note di psichiatria e psicologia sociale Pitagora Bologna
  • Bauleo - Alvano Avatares de la clínica
  • Wilfred Bion Esperienze nei gruppi Armando Roma
    Analisi degli Schizofrenici e metodo psicoanalitico Armando Roma
  • E. Pichon-Rivière El proceso grupal Nueva Visión B. Aires
    La Psiquiatría, una nueva problemática Nueva Visión B. Aires
    El proceso Creador Nueva Visión B. Aire
    Teoría del Vínculo Nueva Visión B. Aires
  • Immanuel Kant Critica della ragion pura Laterza Bari
  • B. B. Mandelbrot Gli oggetti frattali Einaudi Torino
  • Sigmund Freud Introduzione al narcisismo
    La morale sessuale civile ed il nervosismo moderno
    Psicologia delle masse e analisi dell'io
    Il disagio nella civiltà
    Il perturbante
  • Johann g. Fichte Opere Mondadori Milano
  • Niels Bohri Quanti e la vita Bollati Boringhieri Torino
  • Sandor Ferenczi Elogio della psicoanalisi Boringhieri Torino
  • Karl Popper Logica della scoperta scientifica Einaudi Torino
  • Thomas Khun La struttura delle rivoluzioni scientifiche Einaudi Torino
  • Wilheim Reich Reich parla di Freud Sugar Milano
    La rivoluzione sessuale Feltrinelli Milano
    Psicologia di Massa del Fascismo Mondadori Milano
    Materialismo dialettico e psicanalisi http://web.tiscalinet.it/visavis/7t.pdf
  • Marie Langer Memoria, historia y diálogo psicoanalítico Folios B. Aires
  • Marie Langer, A. Bauleo Quel che pensiamo di quel che voi pensate della psicanalisi
    Psicoterapia e scienze Umane n 3 1974
  • Heinz Hartmann Saggi sulla Psicologia dell'io Boringhieri Torino
  • Imre Hermann L'istinto di aggrappamento Feltrinelli Milano
    Psicanalisi e logica Dedalo Bari
  • Melanie Klein Scritti Bollati Boringhieri Torino
  • S.H. Foulkhes Analisi terapeutica di gruppo Bollati Boringhieri Torino
  • Nicolò Machiavelli Opere Mondadori Milano
  • Upanishad Boringhieri Torino
  • Alexander Kojeve Introduzione alla lettura di Hegel lezioni sulla fenomenologia dello spirito Adelphi Milano
  • G. F. Hegel Filosofia dello spirito La nuova Italia Firenze
  • Jaques lacan “Funzione e campo della parola in psicoanalisi” “la cosa freudiana”
    “Il tempo logico o la certezza anticipata”
    “la lettera rubata” in Scritti Einaudi Torino
  • Platone Tutte le opere Rusconi Milano
  • G.Deleuze F. Guattari L'anti edipo Einaudi Torino
  • Henri Lefevre La somme et le reste Anthropos Paris
  • Georges Politzer Verso una psicologia concreta Mazzotta Milano
  • C. Levi Strauss Antropologi Strutturale Il Saggiatore Milano
  • F. de Saussure Corso di linguistica generale Laterza Bari
  • Umberto Eco La struttura assente Bompiani Milano
  • C. S. Peirce Opere Bompiani Milano
  • Isodore Ducasse du Lautremont Canti di Maldoror Einaudi Torino
  • C. Castoriadis L'istituzione immaginaria della società Bollati Boringhieri Torino
  • Ludwig Wittgestein Tractatus Logicus philosophicus Einaudi Torino
  • Michel Foucault Sorvegliare e Punire Einaudi Torino
  • Walter Benjamin Angelus Novus Einaudi Torino
  • Naomi Klein No logo Rizzoli Milano
  • Mashud Khan Le figure della perversione Bollati Boringhieri Torino
  • R. Laing L'io diviso Einaudi Torino
  • Georges Lapassade L'istituente ordinario Pensa Editore Lecce
    Groupes, organisations, institutions Anthropos Paris
  • Nicola Valentino (a cura) I sogni di palmi Sensibili alle foglie
  • Leonardo Montecchi, Annalisa Valeri Gruppo e sogni In attesa di pubblicazione
  • Leonardo Montecchi Varchi Pitagora Bologna
  • Leonardo Montecchi (a cura) Implicazione Sensibili alle foglie
  • Albert laszlo Barabasi Lampi Einaudi Torino
El trabajo en grupo apunta hacia el orden simbólico...

Comentar este post