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Grupo operativo. Una experiencia formativa.

Publicado por Asebey, Ana, et al. activado 25 Noviembre 2014

Grupo operativo. Una experiencia formativa.

Grupo operativo contenedor, nutriente y potencial.

Una experiencia formativa[1]

Dra. Ana María del Rosario Asebey Morales2

Mtra. Ma. Rosalva Pichardo Santoyo3

Dr. Humberto Márquez Ríos4

Resumen

En este trabajo se expone la psicodinámica de un grupo operativo, que sirvió de espacio de formación clínica para un grupo de psicólogos de la Facultad de Psicología, de la UAQ, al contener ansiedades, nutrir la actitud reparadora institucional, potenciar la tarea psicoterapéutica, y crear espacios de participación permanente de los estudiantes y de la comunidad.

Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa.

Mahatma Gandhi

Introducción

La obra de Pichon-Rivière (1978) sobre los grupos operativos, nos ofrece una teoría integradora de los procesos de cambio en grupos que incluyen, descubrimientos, aportaciones y conceptos psicoanalíticos, tanto freudianos como kleinianos, incorporando aportes de la psicología social, la sociología y la teoría de la comunicación. Su técnica, es un dispositivo vivencial formativo conveniente para alcanzar objetivos de enseñanza aprendizaje, psicoterapéuticos, de orientación, de psicoprofilaxis y hasta de investigación; en tanto, que el grupo es un instrumento que posibilita la contención de las ansiedades y miedos al gestar un clima de confianza y seguridad, y al permitir la socialización a través de las interacciones y comunicación de los integrantes.

Nuestra experiencia de grupo operativo (1997b), que sirvió como espacio contenedor, nutriente y potencial para el ejercicio profesional, se inscribe en el contexto de la formación y el entrenamiento de psicoterapeutas de grupos de niños y padres, de un grupo de psicólogos de la Facultad de Psicología, de la Universidad Autónoma de Querétaro, quienes nos atrevimos a transgredir y a desafiar el moho de la ortodoxia psicoanalítica individual al proponer en la Central de Servicios a la Comunidad (CeSeCo) Lomas 2, una modalidad preventiva y psicoterapéutica grupal denominada GIN (Grupo Infantil Natural) GAP (Grupo Analítico de Padres) de los psicoanalistas M. A. Dupont y Adela Jinich de Wasongarz.

El impacto de esta prometedora alternativa de intervención grupal, tuvo una acogida favorable en la comunidad, ocurriendo lo contrario al interior de la facultad, donde la reacción fue inmediata, suscitando inquietudes, rumores, reclamos, y actitudes hostiles que constituían una seria amenaza para la consecución de esta modalidad en nuestro espacio clínico.

Todas estas situaciones, suscitaron en nosotros un momento de fragilidad y desintegración, queríamos ser salvados del caos de la confusión, necesitábamos cohesión y alianza, a fin de que esta modalidad de atención comunitaria no fuera abortada, lo que nos motivó a solicitar los servicios de un prominente psicoanalista ajeno a la facultad, el Dr. Lorenzo Achirica, como coordinador de un grupo operativo (1997a).

Espacio contenedor

La tarea se inicio con siete personas, que acordamos trabajar cinco meses en sesiones semanales de dos horas y media, empleando nuestros propios recursos económicos para solventar las cuotas de cada sesión.

En la apertura del grupo operativo, prevalecieron ansiedades paranoides matizadas por la fantasía mesiánica de que este espacio nos cobijaría de las hostilidades y obstrucciones externas a nuestro trabajo, pensando que de alguna forma mágica los problemas se irían resolviendo, sin estar del todo dispuestos a dar a cambio el monto de angustia y sufrimiento necesarios para que ello ocurriera, queríamos que el coordinador usara sus poderes omnipotentes para “resolver un problema a distancia”.

Emociones muy intensas constituyeron los componentes verbales y emocionales de las dos primeras sesiones, donde prevalecían las contradicciones entre los miembros del grupo para buscar una solución a un problema, sobre el que no teníamos ningún control. La disociación no permitía que nos escucháramos, la actitud negadora nos conducía a evadir nuestra responsabilidad y objetivos; fue difícil enfrentarnos a la cruda realidad de nuestra propia devaluación como profesionales, la culpa nos impedía seguir adelante con nuestro desafió a la institución en beneficio de la comunidad; nos habíamos aliado con su incapacidad para desarrollarse.

El umbral de intolerancia institucional, nos cerraba los nuevos caminos posibles de construcción de significados, de diseño de nuevas prácticas sociales, al monopolizar la transmisión de dogmas y de verdades absolutas dentro de la seductora ilusión del saber, olvidando la experiencia del inconsciente y su forma de transmisión. Nos enfrentábamos a dos situaciones: desde lo comunitario a la culpa, desde lo institucional a la envidia.

Los temas sobre el que giraron las primeras sesiones fueron el miedo, la desconfianza, la persecución y la desesperación, objetivadas en reclamos hacia la institución y en una devaluación a nuestro proyecto, poniendo en duda el conocimiento que éste nos aportaba para el ejercicio de nuestra práctica comunitaria. Las ansiedades y defensas generadas por el temor y paradójicamente por el deseo de crecer, en un principio, se expresaban en la dificultad para abordar la tarea. La frustración de no recibir, se manifestaba en ausencias y tardanzas de los participantes al grupo operativo.

Durante el primer mes, se vivía una amenaza frecuente de desintegración del grupo, finalmente, la intensa dinámica fijó la conformación final del grupo que quedó constituido por cuatro personas: tres participantes y el coordinador. Los otros cuatro integrantes, fueron desertando en diferentes momentos del proceso, provocando en el afuera actitudes de burla y escepticismo acerca de la supervivencia del grupo y de nuestra labor con el modelo GIN GAP. Mientras que en el interior del grupo operativo, la atmósfera emocional se tornó más confusa e incómoda por estas ausencias, que fueron foco de atención.

Había tantos elementos reales de dificultad, que los momentos de desesperación se intensificaban en los tres participantes que quedábamos, pensábamos que teníamos dos opciones: abandonar el barco o asumir la tarea de sostener el proyecto. No sabíamos cómo, ni encontrábamos por donde empezar a esclarecer nuestra confusión, esta angustia intensificaba nuestro sufrimiento.

Decidimos tomar la segunda alternativa y empezar a trabajar nuestros afectos tempranos, para ello fue necesario asumirnos desde nuestra identidad profesional. La estrategia fue revisar desde lo institucional y desde lo individual la formación del psicólogo y las acciones de su quehacer profesional en la comunidad. Hipotéticamente parecía que nos dábamos cuenta de que los elementos que teníamos a nuestro alcance para trabajar, implicaban que estábamos traicionando a la institución al no seguir las reglas de la ortodoxia psicoanalítica.

Espacio nutriente

Un segundo momento de la dinámica grupal, se caracterizó por una actitud de dependencia, pero no de una dependencia parasitaria, sino de una dependencia menos persecutoria, que permitió que el caos o escisión de nuestros procesos afectivos y cognoscitivos, pudiera ser contenido e integrado, organizando y desarrollando un pensamiento más autónomo en el grupo.

Aunque otra vez, las reuniones se veían matizadas por la angustia, la culpa, la rivalidad y la envidia; afectos ampliamente explicados por Klein (1988), afectos que no solamente tenían presos al grupo, sino también a la propia institución al estar inmersa y cautiva en la demanda comunitaria. En este momento de la dinámica, pudimos adquirir cierta distancia emocional ante la imagen omnisapiente institucional, su dogmatismo teórico, técnico y metodológico resultaba ser tan intenso que nos había subordinado a la obediencia, pero simultáneamente este dogmatismo nos convirtió en transgresores al situarnos como sujetos de nuestro propio quehacer y de nuestra propia producción, para responder a las demandas comunitarias

Durante las siguientes sesiones, se podían observar todos los dinamismos de las fases más tempranas del proceso psíquico de desarrollo. El grupo se encontraba en su dinámica atravesando momentos muy primarios, la tarea emocional se focalizaba en afectos de rivalidad y envidia por ser tan transgresores. La propuesta del coordinador era trabajarlos dentro y fuera del espacio de las sesiones. Se planteó la posibilidad de implementar y realizar un curso que respondiera de manera más objetiva y madura a la crítica que desde afuera amenazaba con destruir nuestro proyecto comunitario. Se acordó que dicho curso se impartiría a alumnos de diferentes grados de la Facultad de Psicología, y versaría sobre los grupos GIN GAP. Dicho curso sería un taller, por consiguiente tendría la modalidad de ser vivencial.

Frente a la urgente necesidad de estructuración, para evitar nuestra propia catástrofe en el espacio de contención del grupo operativo, nos dimos a la tarea de construir un programa de capacitación teórico-clínico, que en adelante se convirtió en nuestro objeto transicional (Winnicott, 1979), permitiéndonos trabajar lo subjetivo en el aquí y ahora del grupo operativo, para llevarlo e implementarlo de manera objetiva en un curso de capacitación, empezando con esto a encontrar sentido a nuestra existencia y presencia en el grupo. La ejecución del curso mencionado y las dificultades para la consecución de la tarea aparecían a través de múltiples resistencias, el temor a hacer las cosas de manera diferente provocaba confusión, así, como angustia y culpa. Simultáneamente, la difusión de nuestro proyecto de capacitación comenzó a provocar en la institución actitudes matizadas por la angustia, tendientes a evitar el cambio en una compulsión a la repetición. Sin embargo, el holding o contención del grupo operativo evitó que nos engancháramos con esa parte tanática.

A partir de aquí, iniciamos un trabajo difícil pero enriquecedor y prometedor, en dos espacios paralelos: el primero fue el grupo operativo que se constituyó en un espacio nutriente, un espacio potencial, un espacio transicional, un espacio de la ilusión, en el que pudimos perder el miedo a desestructurarnos, verbalizando nuestros deseos, fantasías, temores y angustias bajo la contención del coordinador quien nos llevó a una búsqueda creadora plasmada en la planificación de las estrategias, tiempos, encuadre, materiales bibliográficos, herramientas concretas, cuidando tener en mente siempre los objetivos y resultados a los que queríamos llegar. El otro espacio, constituido allá afuera en el mundo externo, fue el espacio concreto y real del curso de capacitación, donde pudimos reflejar cordura, organización, capacidad; y transmitir a nuestros capacitandos la suficiente angustia que menciona Pichón Riviere (idem.), para que el aprendizaje no se tornara persecutorio o careciera de motivación. Nuestra función en dicho espacio, fue la de ser contenedores y nutrientes, en otras palabras, empezamos a proyectar afuera, en el curso, los montantes de menor ansiedad que introyectábamos en el espacio del grupo operativo.

Es decir, que los monitores del curso y/o integrantes del grupo operativo, pudimos identificarnos con las partes libres de conflicto del coordinador, de tal manera que pudimos proyectarlo en el otro espacio, y permitir que el caos fuera menor. Los cambios que se daban en el aquí y ahora del grupo operativo, posibilitaron modificaciones en el allá y entonces del curso de capacitación.

El grupo, necesitaba separar o poner diques entre las emociones intensas y todo lo que sucedía en el aquí y ahora de las sesiones, entre lo que representaba y sucedía en el espacio del curso implementado, y entre los afectos tanto de la comunidad como de la institución. Buscamos la manera de trabajar dichas emociones en el espacio de las sesiones, revisamos de manera permanente los “enganches inconscientes” de los integrantes del grupo.

Espacio potencial

Durante un tercer momento de la dinámica, la comunicación y el tono emocional de las sesiones estuvieron relacionados con sentimientos cada vez más productivos, motivadas por las respuestas favorables de los muchachos, quienes demostraban estar muy motivados con el curso y con todo o que este “les estaba moviendo”. La imagen institucional se mantenía como tema acompañante. En esta parte del proceso, las intervenciones del coordinador dirigidas a revisar los enganches, pretendieron mostrarnos cómo proyectábamos nuestro miedo a crecer en la institución.

Durante este período, la interrelación grupo-coordinador fue muy intensa, la posibilidad de haber pensado juntos las resistencias de nuestras actuaciones, seguía permitiendo que la tarea continuara su curso en una dinámica que respondía con cohesión y producción al dogmatismo institucional. Las cosas en el afuera esporádicamente continuaban, por un lado, el interjuego persecutorio volvía a pesar en la tarea de nuestro grupo que reflejaba cansancio de tanta crítica y saboteo, por el otro, la demanda incrementada que provenía de la comunidad nos agobiaba.

Los ataques externos a nuestra tarea se volvían a repetir y nuevamente amenazaban con poner en peligro nuestra labor comunitaria, sin embargo, la constancia, fortaleza y compromiso por parte de los integrantes, fue el factor determinante para la consecución de los objetivos, las situaciones complejas fueron cada vez más fáciles de resolverse e inclusive fueron aprovechadas en ocasiones. La compresión y asimilación de los integrantes, de sus propias subjetividades, así como de algunos aspectos de la dinámica grupal, facilitaron la motivación y el acceso a la tares sin tanta persecución. Una situación emergente durante esta tercera y última fase, se manifestó en la confusión del grupo, al constatar que faltaban menos sesiones de las que considerábamos que nos quedaban para terminar el curso con los capacitandos. Con esto, comprendimos que nuestra labor nos resultaba tan placentera, que valía la pena emplear todo el tiempo y esfuerzo necesarios para consolidar el modelo en la institución y con ello fortalecer nuestro proyecto comunitario.

Fue así, que el grupo operativo se convirtió en un espacio potencial, en el cual gestamos un proyecto materializado en el curso que impartimos afuera, fruto de una respuesta constructiva a la imposición de la subjetividad externa. El curso tuvo una duración de cuatro meses, estuvo integrado por 20 estudiantes de licenciatura, maestría y por algunos otros colegas que se incorporaron voluntariamente, su contenido temático estuvo dividido en tres unidades vivenciales:

  1. El objetivo en la primera unidad consistió en transmitir en qué consistía la Modalidad Psicoterapéutica Grupal para niños (GIN) y para padres (GAP), para esto, invitamos a los capacitandos a sentarse en un círculo, y en otro más pequeño nos sentamos todos los psicólogos que habíamos trabajado con dicha modalidad. Empezamos a hablar de nuestras experiencias, de nuestros aciertos, errores y miedos, de nuestros logros y asombros. En un segundo momento, los capacitandos tomaban la palabra y nos devolvían lo que vivenciaron al escucharnos.
  1. En la segunda unidad se contemplaron contenidos teóricos sobre el desarrollo infantil. El material era leído por todos, los monitores lo exponíamos y lo altamente nutriente consistía en verbalizar para compartir lo pensado, lo sentido, fuera esto atrayente, aburrido y/o comprometido. Fue interesante por ejemplo, observar, que cuando se tocaba al material revisado de la maternidad, no sin dolor, los estudiantes habían ampliado su visión en cuanto a la gama de deseos y miedos que vive una mujer embarazada.

Al seguir la línea de lo vivencial, nos apoyamos en el arte cinematográfico que nos proporcionó la ilusión de un mundo infantil en un estado primitivo, sin la presencia física de adultos y totalmente regresivo, por medio de la película “El señor de las moscas”. Así, sensibilizamos a los capacitandos en el mundo infantil y pre-adolescente. Los comentarios que siguieron, fueron muy interesantes en cuanto a la conexión que se logró de parte de todos con sus propias vivencias y las identificaciones y asociaciones que surgieron.

  1. En la tercera unidad se revisó lo que es el psicodiagnóstico infantil. Para ello, se examinaron algunos casos de la CeSeCo, se repasaron técnicas psicodiagnósticas como la primera entrevista, el familiograma, la historia clínica, transitando a la dramatización por parte de los capacitandos.

Paralelamente, incorporamos una serie de ejercicios de integración que fueron básicos para homogeneizar la tarea y alcanzar la gestalt del grupo. Fue asombroso constatar, cómo, un ejercicio -en el que todos tomados de las manos en círculo nos sostuvimos unos a otros para no caer- conllevó a una interiorización de la necesidad que se tiene siempre del otro, del significado de apoyarse y simultáneamente sostener al otro.

En otro ejercicio que indicaba quedar alineados en fila india, cada uno de los participantes tenía que soportar en sus piernas semiflexionadas al que tenía adelante. El esfuerzo y las risas que provocó esta situación, llevó al grupo a una laxitud por demás benéfica.

Si bien al iniciar este curso, nuestras expectativas eran mayúsculas, tuvimos que pisar tierra y conformarnos con lograr paso a paso pequeñas cosas, lo que implicó siguiendo a Freud (1920), sustituir el principio del placer por el principio de realidad. El resultado en ambos espacios fue por demás fructífero.

Por un lado, el grupo operativo, convirtió nuestra fragilidad y desintegración en cohesión, alianza y tolerancia entre nosotros; este efecto terapéutico se reflejó en la madre institución que en una actitud de reparación y reconocimiento, nos invito a incorporar el Programa Desarrollo Psicosexual Infantil y con él al Modelo GIN GAP, a su eje de prácticas psicológicas clínicas, de manera, que este espacio se constituyó desde entonces a la fecha, en una de las opciones que ofrece el área a sus estudiantes para que puedan llevar a cabo su práctica clínica además del servicio social.

Mientras que por otro lado, el curso de capacitación producto de este grupo operativo, dio como resultado la creación de espacios de participación permanente a los estudiantes y profesionales, teniendo en cuenta que para ello, es necesario principalmente tener los instrumentos y medios teórico técnicos adecuados, que permitan participar y actuar de manera protagónica.

Conclusiones

Siguiendo a Bion, en la interpretación de Grinberg y otros (1983), podemos decir, que el coordinador funcionó como un continente efectivo de las necesidades del grupo, al transformar la voracidad en producción, la omnipotencia en tolerancia y la primitiva envidia en madures emocional. De esta forma, la productividad y la cohesión ganaron terreno al dogmatismo, al autoritarismo que deambulaban como la gran soberana en la institución.

El proceso psicodinámico grupal de este grupo operativo, nos permitió crear un espacio y un clima de trabajo que fortaleció nuestro intercambio, nos condujo a potencializar nuestra tarea psicoterapéutica, a enriquecer la formación de los estudiantes, a afianzar el servicio psicosocial comunitario y a consolidar este modelo de atención en nuestra institución y en la ciudad de Querétaro.

A partir de aquí, nos dimos a la tarea de seguir impulsando nuestro proyecto priorizando los componentes psicosociales de la salud mental, acorde a las exigencias del contexto histórico social de la población en cuestión, enfatizando el desarrollo de acciones dirigidas a la prevención e intervención de los factores causales y por consiguiente de sus efectos negativos para el desarrollo humano integral.

Bibliografia.

Achirica, L.; Asebey, A.M. del R.; Leataud, E. y Rivera, M. J. (1997a): “La envidia: historia de una tarea grupal” VII Congreso Nacional de la Asociación Mexicana de Psicoterapia Analítica de Grupo (AMPAG) y Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Morelia, Mich. México.

Bitácora (1997b): “Sesiones de grupo operativo”. Central de Servicios a la Comunidad. Querétaro, México.

Freud, S. (1920): “Más allá del Principio del Placer”. En: Más allá del Principio del Placer. Psicología de las masas y análisis del yo y otras obras. Obras Completas Vol. XVIII Argentina, 1979: Amorrortu Editores.

Grinberg, L. y otros (1983): Introducción a las ideas de Bion. México: Ed. Nueva Visión.

Klein M. (1988): Envidia y Gratitud y otros trabajos. Obras Completas, Vol. 3. España: Ed. Paidós.

Pichon, R. E. (1978): El proceso grupal: del psicoanálisis a la psicología social. Argentina: Ed. Nueva Visión.

Winnicott, D. W. (1979): “Objetos transicionales y fenómenos transicionales”. En: Realidad y Juego. España: Ed. Gedisa.

Notas.-

[1] Comunicación presentada en la Mesa “Formación – Didáctica I”

2 Dra. en Ciencias Psicológicas por la UH Cuba. Docente e Investigadora de Tiempo Completo de la Facultad de Psicología. UAQ. Email : asebey@uaq.mx

3 Mtra en Psicología Social por la UAQ México. Docente e Investigadora de Tiempo Completo de la Facultad de Psicología. UAQ. Email : ollin11@mexico.com

4 Dr. en Administración. Investigador del CIPE. Facultad de Psicología. UAQ. Email : hmarquez@uaq.mx

Grupo operativo. Una experiencia formativa.

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