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El grupo interno. Un modo de concebir al aparato psíquico.

Publicado por Ma. E. Leone et al. activado 4 Mayo 2016

El grupo interno. Un modo de concebir al aparato psíquico.

El grupo interno. Un modo de concebir

al aparato psíquico.

Ma. E. Leone; Sonia E. Martí; Matha E. De Gregorio.

Universidad Nacional de San Luis.

Fundamentos en humanidades. UNSL Año III, No. 1, 2. (5/6/2002) pp 85-92.

Introducción.-

El concepto de grupo interno constituye uno de los aportes teóricos al psicoanálisis que ha permitido pensar la clínica desde una “perspectiva vincular” (Arbiser, 1998), enriqueciendo la comprensión y la interpretación de los fenómenos psicológicos. Quien primero utiliza esta denominación es E. Pichon Riviere, posteriormente el concepto será retomado por varios autores argentinos y extranjeros.

Antecedentes históricos.

Al hacer un recorrido a través de la evolución de la perspectiva que han tenido diferentes autores frente a la antinomia individuo-sociedad, encontramos posiciones sociológicas definidas. En algunos momentos predomina el pensamiento de que el grupo o la sociedad es el resultado de una suma de individuos y su principal representante fue Gabriel Tarde; en otros momentos, se considera al individuo determinado por la sociedad o grupo, postura encabezada por Emile Durkheim.

Pero es George H. Mead quien considera ambos polos de la antinomia como bordes de una unidad superando la unidireccionalidad de las explicaciones, y aunque este autor no se plantea el conocimiento de los procesos intrapsíquicos, ya que centra su explicación en la comunicación y en la cualidad simbólica del lenguaje, propone considerar la interacción recíproca entre individuo y grupo, es decir que la conducta del individuo se explica en función de la conducta organizada del grupo social.

Estas ideas que provienen de la psicología norteamericana por una parte, junto a las nociones de objeto interno de Melanie Klein, parecen ser los antecedentes del concepto de grupo interno propuesto por Pichon Riviere como “modelo de aparato psíquico adscrito a la perspectiva vincular” (Arbiser, 1998)

Fundamentos teóricos del concepto de grupo interno

Esta visión de la relación individuo sociedad, como una síntesis dialéctica, aporta otra mirada a la concepción del aparato psíquico, alejado tanto del modelo representacional como del modelo objetal. A Pichon Riviere se debe la noción de grupo interno como una manera de concebir al el psiquismo configurado en la intersubjetividad, quien junto a otros psicoanalistas que se interesaron por el conocimiento de la constitución del psiquismo en relación al ecosistema sociocultural, motivo desacuerdos con la ortodoxia psicoanalítica.

Marcos Bernard dice que el término acuñado por Pichon Riviere abreva en la psicología social y en el Psicoanálisis y que difundió rápidamente en el ambiente psicoanalítico grupal, puede ser considerado como una forma de describir la fantasía inconsciente, que no se contradice con la descripción que de ella hicieron Susan Isaacs o el mismo Freud, pero ofreciendo un matiz diferencial.

El acento puesto en la composición grupal de la fantasía dice Bernard (1992) hace que esta teorización aparezca como especialmente aplicable a la comprensión psicoanalítica de los grupos, en la que Pichon Riviere estaba particularmente interesado y de la que fue un pionero.

Samuel Arbiser (1998) considera que los resultados de la teorización varían según el punto de partida, según se parta del individuo o de la sociedad. En el primer caso se postula la hipótesis de Eros, como una fuerza que tiende a lograr unidades cada vez mayores a partir de lo elemental; en el segundo caso, y de modo opuesto, el sujeto es considerado un “emergente” de sus grupos de pertenencia, los que a su vez constituyen versiones particulares y diversas de la organización social y de la herencia cultural.

Esta última perspectiva es la que ofrece la concepción del aparato psíquico como un grupo interno, modelo que da cuenta de una visión del hombre entramado en el contexto social.

Ya en Freud (1921) podría citarse un antecedente cuando refiere a la relación entre psicología social y psicología individual y al proceso de identificación en las formaciones colectivas en su obra Psicología de las masas y análisis del yo. En cuanto a los aportes de la escuela kleiniana, Pichon Riviere dice que “se trata de relaciones sociales externas que han sido internalizadas, relaciones que denominamos vínculos internos y que reproducen en el ámbito del yo relaciones grupales o ecológicas” (Pichon Riviere, 1988: 42) y que se diferencia del modelo de mundo interior de Freud como acervo mnémico de representaciones, como así también del modelo de mundo interno de M. Klein como objetos identificatorios.

La noción de grupo interno de Pichon Riviere asienta en su concepción del sujeto como “emergente” configurado en un sistema vincular a partir del interjuego fundante entre necesidad y satisfacción, interjuego que remite a su vez a una dialéctica intersubjetiva, porque la experiencia con el objeto alcanza el valor de determinante de la subjetividad. Por lo tanto, el énfasis puesto en la interacción, en los procesos vinculares, constituye el único abordaje pertinente en tanto considera que de esta manera no se fragmenta la realidad y permitiría abordar el interjuego entre causas internas y condiciones externas en la producción de un fenómeno.

Pichon Riviere opone el concepto de vínculo al de instinto y sustituye este último por el de experiencia. Nos dice: “toda la vida mental inconsciente, es decir el dominio de la fantasía inconsciente, debe ser considerado como la interacción entre objetos internos (grupo interno), en permanente interrelación dialéctica con los objetos del mundo exterior” (1988: 42). En su práctica clínica encuentra esta concepción vincular del sujeto que le revela el mundo interno del paciente, la dimensión intrasubjetiva, estructurada como un grupo interno, un escenario interior en el que reconstruye la trama vincular en la que el sujeto está inmerso, trama en la que sus necesidades cumplen su destino de gratificación o frustración.

Amplia el concepto de “relación de objeto” a partir de la indagación analítica llevándolo a la noción de vinculo, a la que define como “una estructura compleja que incluye un sujeto, un objeto, su mutua interrelación con procesos de comunicación y aprendizaje” (1988: 10). “Esta concepción del mundo interno y la sustitución de la noción de instinto por la estructura vincular, entendiendo al vínculo como un protoaprendizaje, como el vehículo de las primeras experiencias sociales constitutivas del sujeto como tal, con una negación del narcisismo primario conducían necesariamente a la definición de la psicología en un sentido estricto, como psicología social (1988: 11).

Si el mundo interno se constituye por una progresiva internalización de los objetos y sus vínculos, el concepto de grupo interno sintetiza el enfoque kleiniano de mundo interno-mundo externo como sinónimo del primero (Bernard, 1996). De esta manera el mundo interno se originaria en la familia, lo que resulta coherente con la noción de grupo primario de Cooley, en un proceso de internalización por interacción con el grupo externo enriqueciéndose e influyéndose mutuamente.

Se conformaría una estructura de representaciones que no corresponden a los personajes del mundo externo, pero son la base de las fantasías inconscientes que configuran una escena compuesta de vínculos, o sea relaciones entre los diversos personajes del grupo interno. Desde ahí el sujeto lee la escena que se produce fuera del, a su vez de esta escena, surgen nuevas fantasías basadas en el grupo interno del sujeto.

Aportes de otros psicoanalistas argentinos.

Samuel Arbiser es representante de la postura que considera que el psicoanálisis no puede pensarse por fuera de una perspectiva vincular y considera que “la noción de grupo interno admite, sin forzamientos, un aparato psíquico en constante reorganización o reordenamiento de sus introyectos en función de la diversidad de circunstancias”. De esta manera, “puede concebirse al hombre inserto en un mundo social asumiendo y adjudicando roles” (Arbiser, 1998).

Lo primario constituye la impronta sociocultural que acorta, organiza y regula los intercambios libidinosos y agresivos entre los seres humanos; no solo el superyó, dice Arbiser (1998), es una estructura producto de relaciones interpersonales, sino que todo el psiquismo está conformado por las precoces experiencias de vínculos interpersonales, construidas por “complejos circuitos de retroalimentación simétrica y complementaria entre el neonato y sus asistentes”. A través de esta diferenciación entre mundo interno y mundo externo el sujeto adquiere identidad y autonomía, concibiendo a los objetos del mundo interno no como una incorporación lineal, sino como incorporación de los objetos dentro de una estructura sociocultural compleja.

El grupo interno, dice Arbiser (1998), es una manera de visualizar y conceptualizar el psiquismo humano en términos de un repertorio de estructuras vinculares organizadas en una unidad que las coherentiza, incorporadas durante el desarrollo evolutivo y que reproducen el mundo social circundante refractado de acuerdo a las vicisitudes concretas de la historia y hace a la singularidad con que cada sujeto decodifica y procesa los universales sociales y la herencia cultural.

Marcos Bernard (1996) realiza desarrollos sobre el tema relacionados con la estructura de la identidad personal y denomina como grupo interno (en singular) “a la estructura triangular que da cuenta de la identidad personal de un sujeto, al esqueleto de fantasía en que él la apoya”. Esta fantasía está compuesta en su esencia por tres términos: el que desea, lo que es deseado y lo que se interpone, considerando que es el sujeto quien ocupa el lugar de deseante, el objeto es lo deseado y lo que se interpone corresponde a la función paterna. Este lugar de terceridad, es lo que determinará el monto de discriminación en relación al reconocimiento del otro como diferente y autónomo, que se manifiesta en la inserción del sujeto en un grupo.

Es decir, que Bernard (1996) considera como grupo interno a la estructura grupal de una fantasía, cuyo origen coincide con el de la fantasía y “que remite en última instancia” a este modelo de vinculo fusional” en donde no existe distancia entre el lugar deseante y lo deseado. Cuando el sujeto desea un vínculo privilegiado con el psicoanalista en un grupo, “…ignorando su inserción en una estructura de roles en la que la presencia del tercero queda instituida como discriminadora y mediadora ante el anhelo de una fusión ideal entre sujeto y objeto”, se puede identificar esta relación dual, como “recuperación de la omnipotencia perdida partir de la ruptura de la simbiosis madre – niño”.

En esta relación estrecha entre grupo interno y fantasía inconsciente, se destaca el hecho de que “toda fantasía tiene una estructura básica. Independiente de su contenido (aunque no existe sin este), que remite en última instancia a este modelo de vinculo fusional” en donde el deseo primitivo seria la desaparición de la distancia entre el lugar de deseante y el lugar de lo deseado (Bernard, 1996). Otros autores como José Bleger y David Liberan, interesados en esta concepción vincular, también han hecho uso del concepto de grupo interno en el desarrollo de sus propios aportes al psicoanálisis.

Saliendo de nuestras fronteras, René Kaes, psicoanalista francés, retoma el concepto de grupo interno de Pichon Riviere como organizador del grupo externo. Por otra parte, en el mismo año en que Pichon Riviere habla de la mutua representación interna, Pontalis plantea la noción de grupo como objeto, en tanto representaciones que comparten los miembros del grupo, restituyendo al grupo su valor de objeto psíquico para sus sujetos. Si bien Kaes, al igual que Pichon Riviere, define a los grupos internos como fantasías de carácter grupal, la noción que ofrece es más compleja.

En ella concibe al psiquismo constituido por formaciones grupales internas o grupos internos (en plural), es decir formaciones intrapsíquicas estructuradas grupalmente cumpliendo funciones específicas de ligazón en el aparato psíquico, en las que incluye fantasías originarias, secundarias, la imagen del cuerpo, complejos familiares, imagos y representación del aparato psíquico (Bernard, 1996). Estos grupos internos constituyen el organizador de la representación grupal y del vínculo grupal externo. La actuación de estos organizadores garantiza la formación de los grupos en los que se dramatiza el deseo inconsciente.

El interno aparece como una necesidad de orden frente al caos, porque es la representación del sujeto con lo que le falta a su deseo. Lo que el sujeto perdió en la división fundamental se vuelve a constituir en el grupo interno.

Para Perrés (2000), la diferencia entre la propuesta de Kaes y la de Pichon Riviere, no puede ser adjudicada solamente a “contextos” de justificación” diferentes, es decir la referencia a campos epistémicos, sino también a “contextos de descubrimiento”, es decir, implicaciones socio-histórico-culturales que separaron a un investigador europeo de uno latinoamericano en los años sesenta, diferentes e irreconciliables para el autor mencionado.

La diferencia entre ambos, podría sintetizarse, corriendo el riesgo de simplificación y reduccionismo que ello conlleva, en el interés de uno por propiciar un pasaje del Psicoanálisis a la Psicología Social, y en el interés de otro de llevar la Psicología Social al Psicoanálisis, identificando a Pichon Riviere con la primera propuesta y a Kaes con la segunda. En esta contextualización epistémica estaría en juego la interrogación del carácter metapsicológico de una teoría sobre la problemática vincular. Esta inquietud de elaborar una teoría psicoanalítica de los vínculos, es decir una metapsicología, aproxima los desarrollos teóricos acerca de los contextos multipersonales –pareja, familia y grupo- a algunos planteos de Rene Kaes.

Conclusiones.

La noción de grupo interno acuñada por Pichon Riviere y luego desarrollada por otros autores argentinos como Bernard y Arbiser, y extranjeros como Kaes, se refiere a una estructura organizada de representaciones de vínculos cuya interacción con el grupo externo contribuye a su modificación progresiva por efecto de la acción recíproca.

Concebir al aparato psíquico como un grupo interno ofrece un modelo para pensar al hombre entramado en el contexto social. Al incorporar la dimensión sociocultural con sus múltiples determinantes enriquece la comprensión y la interpretación de los fenómenos psicológicos, individuales, grupales e institucionales, desde una perspectiva psicoanalítica vincular.

Referencias bibliográficas.

Arbiser, S (1998) El grupo interno. Documento del Seminario “Desarrollo de la escuela argentina de Psicoanálisis. Maestría Psicoanálisis Teórico. Universidad Nacional de San Luis.

Baz, M. Radosh, S. y Perrés, J. (2000) El proyecto teórico de Rene Kaes ¿Opuesto o complementario al de Pichon Riviere?. Campo grupal, No. 16, pp. 7-10

Bernard, M. (1992) Historia del concepto de grupo interno. Instituto de Psicoanálisis de las configuraciones vinculares.

Kaes, R. (1994) La invención psicoanalítica de grupo. Buenos Aires, AAPAG.

Kaes, R (2000) Las teorías psicoanalíticas de grupo. Buenos Aires, Amorrortu.

Pichon Riviere, E. (1988) Del Psicoanálisis a la Psicología Social. Buenos Aires, Nueva visión.

Pichon Riviere, E. (2000) Teoría del vínculo. Buenos Aires, Nueva visión.

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