Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog

Didáctica y aprendizaje de la Escuela. Miedos básicos. Pichon Riviere.

Publicado por Pichon Riviere, E. activado 26 Octubre 2016

Didáctica y aprendizaje de la Escuela. Miedos básicos. Pichon Riviere.

Escuela privada de psiquiatría social

Clase N° 2

Didáctica y aprendizaje de la Escuela. Miedos básicos. Esquema de Freud y M. Klein. Concepto del proceso de enfermarse. Mecanismos y defensas.

Clase dictada por el Dr. Enrique Pichon Riviere, el día 2/5/66 (Primer Año).

Vamos a seguir explicando lo que es el esquema referencial en el aspecto grupal de las situaciones. Hemos visto a través del material de los grupos, que hay una expectativa en ustedes por conocer la didáctica en este aspecto que no fue tratado en la clase anterior. Dijimos que la didáctica empleada aquí es interdisciplinaria, de grupos heterogéneos, basados en la didáctica del núcleo básico que caracteriza la enseñanza de adultos. Es decir que a partir de un esquema determinado, constituido por universales, se trata de aplicar a distintos campos.

Podría ser interdepartamental si fuera el caso de una universidad, donde un departamento de Psicología da el "service" a todas las cátedras que necesitan una enseñanza de psicología: el director del departamento, daría clases exclusivamente para los coordinadores que transmitirían los conocimientos. No habría un contacto directo, lo que es un inconveniente, pero se aseguraría una formación más profunda de nivel intermedio, para la formación de un cuerpo de profesores idóneo. Nosotros hemos tenido dificultades para llenar los cursos con profesores con formación semejante (ya vimos lo que es el estilo personal dentro del esquema referencial) y hoy vamos a hablar de lo que hay de personal en el esquema referencial y el aspecto grupal, que es la segunda parte de una noche de aprendizaje.

La técnica que nosotros usamos es acumulativa, interdisciplinaria, grupal, interdepartamental, y el aspecto acumulativo se debe al hecho de que el aprendizaje realizado durante una noche, varias horas seguidas, es mucho más eficaz que el aprendizaje fraccionado, desmenuzado en varios días o en varias horas. Es decir que la posibilidad de aprender, en realidad comienza paradójicamente en el momento en el que toca el timbre en los colegios. Según un estudio realizado por nosotros, el aprendizaje comienza a ser operativo a los 45 minutos de clase. Es como si hubiera un rector cultural oculto, representante de la ansiedad ante el cambio, que impidiera el aprendizaje real. Por eso aquí continuamos trabajando la clase dentro del grupo, con el objeto de que el aprendizaje ocurra, por lo menos, entre la clase y el grupo (las dos horas), representando este nivel medio de asimilación.

Cuando estudiemos en detalle la teoría del aprendizaje veremos que hay un periodo de "incorporación" y un periodo de "asimilación". El primero es el de la típica didáctica normalista (de escuela Normal): el estudio de memoria de las cosas donde el aprendizaje se hace no en función de una identificación real con el transmisor, sino una imitación. Ese material no es asimilado, es olvidado rápidamente y no incorporado como instrumento de trabajo.

En cuanto a la tarea a realizar aquí, dijimos que es: aprender a pensar. Es una de las tareas más costosas y que más dificultades trae al ser humano, ya que éste tiene que enfrentar la ansiedad máxima en el campo de trabajo, que es la unión de la teoría y la práctica, la praxis continua, no lineal, sino dialéctica, en espiral, donde va a resolver la resistencia al cambio que promueve la aparición de las ansiedades más intensas, es decir, la aparición de los dos miedos que constituyen los dos fantasmas o gérmenes de todas las neurosis, de todas las psicosis, tanto del individuo como de la comunidad, y que son: el miedo a la perdida y el miedo al ataque.

No hay nada debajo de la infraestructura más que esos dos miedos que se expresan en términos de inseguridad, incertidumbre, y que están reforzados por factores sociales que ponen a prueba esta situación. Así que, para nosotros, la enfermedad mental es un producto social, y por eso nuestra escuela se llama de Psiquiatría Social, con la perspectiva de cambiar este nombre y llamarla Escuela de Psicología Social, ya que pensamos ampliar nuestro campo. El campo es la psiquiatría pero el instrumento es la psicología social, que tiene una metodología y una instrumentación especial, que puede ser utilizada en cualquiera de los campos, tanto individual como grupal, institucional o comunitario.

Así se abren entonces una serie de campos de trabajo para el psicólogo, aquel de nuestras Facultades de Filosofía, que tiene como fantasía básica el ser psicoterapeutas, transgrediendo uno de los artículos del código penal, sin tener en cuenta que existen múltiples campos. Y esto no es culpa del alumno sino de la ideología de la Escuela de Psicología, como fue siempre que se enseñó una psicología individual en dicha facultad. Recién en los últimos tiempos hay una preocupación por la psicología social, que es la llave maestra para la comprensión de cualquier problema en cualquier nivel. Entonces, hay primero un instrumento, que es la psicología social. Segundo, un mirador que es el ojo de la cerradura. Y tercero un campo, que puede ser cualquier cosa.

Existe también la incertidumbre de la investigación, del ver detrás, del ser sorprendido espiando. Todas estas ansiedades que pueden estar representadas metafóricamente en una situación concreta infantil de curiosidad, forman la base de la vocación por la psicología. Es decir que todo psicólogo o todo psiquiatra, es un curioso frustrado, un sujeto impedido por la escasez de abertura del ojo de la cerradura, o por una buena estrategia de los padres eludiendo su campo visual. Quiere decir que queda con algo insatisfecho que trata de superar a través de la investigación. Esto aparece como motivación inconsciente porque la Psicología, sus instrumentos y sus campos deben ser sometidos a una investigación, como la tarea misma o como el investigador mismo.

El investigador social está comprometido en la operación, quiéralo o no…, ya que utiliza para comprender al otro la mente. Y es a través de la identificación proyectiva que logra introducirse dentro del otro, y, por resonancia o analogía, retraducir eso en identificación proyectiva que es la empatía. Luego aparece la comprensión llamada simpática, que es colocarse en el lugar del otro para ver qué le pasa.

Esto acarrea múltiples ansiedades, porque colocarse en el lugar del otro es colocarse en una situación de incertidumbre no sabiendo qué va a encontrarse en el otro, qué va a suceder al asumir el rol del otro. Esto se ve sobre todo en los psiquiatras de una manera muy clara, analizando los sueños. Los aprendices en psiquiatría y en psicología social sueñan con gran frecuencia, estadísticamente yo he estudiado el sueño de los aprendices de psiquiatría y he visto que el 60 o 70% de los sueños incluyen un elemento claustrofóbico en el cual se expresa el temor de quedar encerrado en la mente del otro, y de que la mente del otro esté habitada por algún personaje que es la locura. De allí el prejuicio de la locura como algo contagioso. En realidad los psiquiatras adquieren ciertos hábitos psicóticos por identificaciones no resueltas con el paciente, y, en la medida en que no los comprenden, los imitan.

Cuando uno estudia el mecanismo de la comprensión del otro, se observa en los sueños esa ansiedad de introducirse en el otro, transformada en situaciones claustrofóbicas. El sueño más universal es que el sujeto sueña que está en el hospital psiquiátrico y no encuentra la salida o no encuentra su vehículo, etc., cuando lo que no encuentra es la llave para salir de adentro de la mente del paciente. Eso ocasiona las primeras ansiedades en el psiquiatra, que va a tomar poco a poco distancia del paciente.

La distancia óptima del paciente es difícil de lograr: o se introduce demasiado, o se aleja demasiado. La distancia óptima es en sí el factor más importante en la terapia, o sea: sentir que el psicoterapeuta está a una distancia óptima donde no puede ser lesionado ni destruido por la fantasía, ni pueda introducirse dentro del paciente y destruirse. Así se crea la noción de límite que es la opuesta a la pérdida de límite, es decir, a la locura, (la confusión entre lo interno y lo externo).

Podríamos definir entonces a la locura como la pérdida de ese límite, y, de parte del psiquiatra, la pérdida de una distancia óptima para operar. Así vemos evolucionar, al psiquiatra que no comprende el mecanismo de la empatía y empieza a alejarse del paciente, o a no ver nunca solo al paciente.

En un estudio que hice hace años en el Hospital de las Mercedes, comprobé que en más del 95 % de los casos los psiquiatras no veían nunca solos a un paciente; siempre había un corredor de productos farmacéuticos, o un librero, o un amigo, etc., es decir, un acompañante fóbico para poder penetrar y que le ayude a salir después de adentro. Esta psiquiatría, que adquiere el nombre de psiquiatría por delegación, se desplaza sobre los tratamientos que poco a poco son realizados por los enfermeros, o incluso después por los mismos enfermos. O sea que el psiquiatra no está cerca del paciente, se ha alejado, y más todavía cuando promueve mecanismos de muerte que son terapéuticos en muchos casos, como son el shock insulínico o eléctrico, que actúan por un mecanismo de muerte y resurrección o reparación.

Entonces nuestro esquema referencial incluye una didáctica que, como ya hemos dicho, es un aprendizaje que es acumulativo y que tiene como fórmula el aprender a pensar y como tarea el romper estereotipos, lo cual significa romper pautas repetitivas de conducta que tiene la forma de configuración de las distintas estructuras neuróticas o psicóticas, que hoy vamos a ver en la nosografía.

Esas estructuras psicóticas, neuróticas, caracterológicas, perversas, etc., son configuraciones construidas en base a la operancia de mecanismos de defensivos cuando la ansiedad es más grave. Quiero decir que las neurosis, las perversiones, las caracteropatías, son defensas contra la psicosis. Cuando falla el mecanismo no neurótico aparecen entonces las ansiedades más primarias que son el miedo a la pérdida del objeto y el miedo al ataque del yo, es decir, la ansiedad depresiva y la ansiedad paranoide, que son los dos vectores principales que van a configurar todo tipo de enfermedad, de acuerdo a su ubicación en el espacio.

La ubicación espacial del vínculo con el objeto bueno y gratificante y con el objeto malo y frustrador se pueden realizar en las tres áreas, que son áreas fenomenológicas en el sentido que tienen una expresión de por sí pero que son una totalidad en la realidad. Las tres áreas funcionan al mismo tiempo. Pueden ser pues, cooperantes, coexistentes, como son los dos miedos. Nunca existe un miedo a la pérdida o un miedo al ataque solos, sino que son coexistentes y cooperantes, formando una totalidad en la acción, en las tres áreas que son los tres campos de aplicación o la praxis donde esos vínculos relacionados con objetos buenos y malos, gratificantes y frustrantes, están operando.

Dentro del ECRO tenemos la existencia de dos miedos y de tres áreas que son:

1) Mente - 2) cuerpo - 3) mundo externo;

Y tenemos dos vínculos: uno bueno y uno malo, relacionados con un objeto bueno y gratificante y un objeto malo y frustrante, colocados en las distintas áreas.

Por las combinaciones que pueden resultar se van a dar las estructuras llamadas neuróticas, psicóticas, caracteropáticas, que se conocen a través de la nosografía psiquiátrica, nosografía en el sentido de descripción de la apariencia, de la forma de manifestarse y de la envoltura del trastorno, ya que su contenido debe ser investigado de otra manera. Aunque exista una relación dialéctica entre contenido y continente, no se puede inferir del continente el contenido.

La estructura puede ser una histeria y el contenido va a estar relacionado con la historia personal del paciente. Quiere decir que los universales no rigen en el campo de la motivación en cuanto al detalle sino al último aspecto motivacional.

Tenemos el aspecto manifiesto que puede adquirir la forma de una histeria, de una neurosis obsesiva, de una paranoia, de una manía, de una melancolía, etc., lo que promueve este tipo de estructuras son situaciones motivacionales que tienen como meta los dos miedos: miedo a la pérdida y miedo al ataque.

Aquí comprendemos que nosotros no utilizamos la conceptualización de Freud en el sentido de instintos de vida y de muerte, para nosotros los instintos son conductas y son conducta aprendida en cuanto son experiencias de interrelación con el medio. La experiencia con un objeto gratificante va a dar lugar a la construcción de una pauta que cada vez que se manifieste llevará el nombre de instinto de vida, como dice Freud, y cuando esa relación se establezca con un objeto frustrante al cual se reacciona con rabia, hostilidad, destructibilidad, va a configurar lo que Freud llama el instinto de muerte. Es decir que tanto el instinto de vida como el de muerte, son estructuras adquiridas a través de experiencias muy precoces, y de interacciones permanentes con el ambiente, en términos de gratificación y frustración. Así que desde este punto de vista no aceptamos la concepción instintivista de Freud, quien sostiene que ambos instintos son también las dos pautas congénitas ya configuradas con las que el sujeto nace.

Entonces, habría una contradicción en nuestra tarea que sería querer modificar o rectificar o curar un paciente cuya patología está condicionada por la co-operancia de estos dos instintos congénitos inmodificables. Algunos han llegado al extremo de una concepción biológica de los instintos pero en realidad Freud tenía sus serias dudas al respecto. Es muy fácil descubrir, sobre todo en algunos trabajos, donde su teoría de los instintos es llamada por él su mitología. Además la palabra alemana TRIEB no es instinto, sino impulsión (que ya es menos que instinto que tiene una connotación más fija, mucho más estática). También el inconsciente que es el depositario de nuestras primeras relaciones fue denominado por un psicoanalista francés, Edouard Pichon, el pulsorium (¿?) , en vez de “ello”.

Vamos a ver que los esquemas de Freud, tanto de los instintos como de la estructura de la personalidad, van a ser modificados a través de la Psicología social. Modificado en cuanto a su origen, pero, en cuanto a la existencia fenomenológica, no. Hay un “superyó”, hay un “yo” y hay un “ello”, pero están originados en base a experiencias concretas con la realidad. Esto es lo que seguramente ustedes conocen como Psicología concreta. Pero no hay Psicología que no sea concreta. Lo que sucede es que hay psicólogos que no son concretos, son los que se llaman “el psicólogo del sillón”, pero es el psicólogo social, el psicólogo de campo, que se opone al psicólogo de sillón y quien va a estudiar considerablemente el esquema referencial psicoanalítico creado entonces, un esquema referencial que puede ser aplicado en diferentes estructuras, diferentes campos, y donde la trama témporo-espacial de la personalidad puede ser aumentada o restringida de acuerdo a aspectos situacionales.

Es decir que el hombre es un sujeto, no voy a decir condenado, que está irremediablemente incluido o inmerso dentro de la sociedad. Por eso resultan absurdas las discusiones de individuo-sociedad, ya que la personalidad está construida en base a experiencias concretas con la realidad. La internalización de la realidad configura el mundo interno del paciente. Recién en este siglo se ha descrito un mundo interno que después fue habitado, por un producto que Melanie Klein llamó la fantasía inconsciente, que, como vamos a ver, representa un drama cuyos personajes son los objetos externos internalizados en el mundo interno.

Hablando en términos de fútbol: hay una cancha interna y una cancha externa. El partido en el área uno se juega en la cancha interna, o sea en la mente. En el área dos y tres se juega en el cuerpo (la hipocondría) y en la conducta, que configuran la cancha externa.

El área más utilizada culturalmente ha sido el área dos por el hecho de que un hipocondríaco no es considerado un alienado, y por el hecho de que su enfermedad tiene tal analogía, semejanza y parentesco con la enfermedad orgánica, que pasa inadvertido como psicótico. El “malade imaginaire” (1) de Moliere no aparece como psicótico sino como un enfermo imaginario, pero imaginario del cuerpo, no de la mente. Si es imaginario del área uno, entonces aparece el delirio, y si es imaginario del área tres también. Quiere decir que poco a poco, con el desarrollo de nuestra cultura, los objetos perseguidores causantes del daño psicótico, se han ido refugiando en el área dos transformándose en hipocondría y ésta en enfermedad psicosomática.

De allí es que nuestra cultura se caracteriza por la gran frecuencia de enfermedades psicosomáticas, que son psicosis desplazadas del área uno al área dos y que encuentra una condición favorable para pasar inadvertidas o no diagnosticadas como psicosis. Entonces la hipocondría protege al sujeto socialmente, puesto que nadie le haría un certificado de alineación (salvo en casos extremísimos), mientras que el hipocondríaco que goza de esa franquicia perturba el 80 % del tiempo de todo médico y de toda institución hospitalaria. Piensen Uds. entonces en el carácter polifacético de la hipocondría.

Ahora, ¿por qué el refugio en el cuerpo? Este refugio en el cuerpo se vio favorecido culturalmente por la aparición del vestido o sea la envoltura artificial, y vamos a ver cuando estudiemos hipocondría una forma que está colocada entre la envoltura externa, artificial, el vestido, y la envoltura real que es la piel. Ese espacio intermedio, que yo estudié con mucho cuidado, sobre todo en las enfermedades de la piel, es un lugar de escamoteo también de la situación patogenética (2) donde se esconden los objetos que causan las enfermedades.

Por eso, decíamos, hay toda una neurosis, toda una psicosis, toda una orientación cultural con respecto a la envoltura externa, a la ropa, a los hábitos de limpieza y de orden, que están relacionados con temores hipocondríacos. El lavarse 10 veces las manos es una fobia a la suciedad, el lavarse una vez y bien es un acto de buena educación. Nuestra cultura está llena de elementos que pertenecen a estructuras neuróticas, sobre todo la neurosis obsesiva, caracterizada por el orden, limpieza, avaricia, parsimonia, todos elementos de buena educación. Lo mismo que en la melancolía, el sentimiento de culpa, que es un sentimiento natural, está exagerado y crea culpa desproporcionada al daño infringido, y, tal es la situación, que muchos sacerdotes en el confesionario hacen el diagnóstico de sentimiento de culpa neurótica y envían a la persona al psicoterapeuta. Pueden llegar a la autodenuncia, al creerse culpables de un daño, siendo lo triste comprobar que es por omnipotencia, el querer haber realizado un daño enorme.

La magnitud del daño está basada en una omnipotencia básica en donde se creen responsables de daños, perjuicios, pestes, guerras, etc., por una forma de delirio que se llama delirio centrífugo, y que parte de ellos hacia fuera, creyendo contaminar al mundo. Por ejemplo, ir a la comisaría y confesar un delito, o hacerlo indirectamente, crea tal grado de ambigüedad que son considerados sospechosos, hasta que aparece el culpable real. Quiere decir que el hipocondríaco es un personaje importante, capaz de promover una serie de situaciones que es muy frecuente observar en los líderes.

La hipocondría rige también toda la conducta cosmética, que en la mujer tiene una particular vigencia. A través de un estudio motivacional proveniente de un campo ajeno al de la medicina -y no del todo ajeno como es la cosmética- hicimos un descubrimiento: que en toda mujer existe un sentimiento de fealdad interior, por más que su envoltura exterior sea completamente diferente; y la conducta cosmética va a estar condicionada a este sentimiento, y la terapéutica en ese sentido tenderá a crear otra mujer que es víctima de ese sentimiento inconsciente de fealdad interior que luego se proyecta en temor de tener hijos deformes, enfermos o puede llegar a condicionar toda la patología psicosomática del sistema urogenital, como la fobia a la penetración, la esterilidad, el aborto, etc. Todas estas son técnicas tendientes a evitar en el producto el daño; pueden existir en ellas un sentimiento inconsciente, por sentir su cuerpo destrozado, despedazado, y que gira alrededor de lo que Freud llama al complejo de castración en la mujer, que es sentido como un daño inferido en su cuerpo y con la privación del órgano sexual masculino. De ahí surge la protesta masculina y la conducta de tipo hominista.

Quiere decir que el área dos del cuerpo, que además es el depositario de todas las enfermedades psicosomáticas, crea un sistema de comunicación preverbal, corporal, gestual, que es tanto o, a veces, más importante que el verbal y que está operando permanentemente.

Si se puede hacer un cálculo entre lo que la gente dice y cómo lo dice y cómo se comporta gestualmente cuando lo dice, la comunicación por vía preverbal ocupa un lugar predominante, casi un 80 % sobre la conducta verbal. Además, la conducta preverbal es más auténtica, menos distorsionada. Es por alguna razón que la gente centra su atención en la conducta preverbal. Es como si la palabra hubiera sido inventada para distorsionar la verdad que el cuerpo explicita. Por eso, en un tratamiento psicoterápico o en grupo, se puede detectar la emergencia de una situación con la observación de las actitudes del paciente o del grupo.

A través de las tres áreas y de acuerdo a la ubicación de los objetos buenos y malos vamos a tener todas las estructuras conocidas. Vamos a usar como ejemplo las fobias, que se caracterizan por la existencia del objeto fobígeno (que en el fondo es perseguidor) en el área tres (agarofobia) y en el área dos del cuerpo donde puede haber claustrofobia.

En todo fóbico existe el objeto acompañante, el objeto bueno que transita en la misma área tres, pero a favor de un mecanismo esencial de la fobia que es la evitación. El objeto acompañante puede ser animado, inanimado, actuando como fetiche. Entonces el fóbico, para salir a la calle o para ir a algún lugar cerrado, va acompañado por este objeto, un perro por ejemplo. Todo esto es en base a un mecanismo que es la evitación fóbica, que va a impedir que objetos malos y que objetos buenos se contaminen. De allí van a surgir todas las inquietudes e inseguridades del fóbico a tener este contacto, ya que toda psicosis o neurosis tiene por finalidad controlar o preservar el objeto malo; siendo esto una situación que vamos a encontrar en toda enfermedad.

En la medida en que funciona este mecanismo de evitación, de contaminación de los o objetos buenos y malos, el fóbico transita en un nivel neurótico; si fracasa la evitación aparece una ansiedad psicótica por el hecho de que el lugar temido, la calle que no puede cruzar, está representando el lugar en donde habita el objeto malo y perseguidor y aparece en el paciente como fantasía de agresión, muerte, etc. Si fracasa entonces ese desplazamiento del objeto al lugar, al hábitat del objeto, tenemos una psicosis paranoide, entonces en ese momento ese fóbico empieza a observar que los demás lo observan y que hay una intencionalidad en las cosas que suceden en la calle, porque ha fracasado la evitación fóbica y ha podido emerger el objeto malo.

Asistimos entonces a la transformación de una neurosis histérica, por ejemplo en una psicosis paranoide. Pero antes de pasar a la psicosis hay otra estructura intermedia que es, digamos, una defensa más operativa, que es la neurosis obsesiva. La persona que empieza por evitar la situación para no contaminar lo bueno y lo malo, burocratiza la defensa y la transforma en ceremonial obsesivo, una religión privada del sujeto que recurre a determinadas maniobras para evitar el daño. Si fracasa la neurosis obsesiva entonces sí se entra en la psicosis.

La histeria es la enfermedad considerada con mejor pronóstico en los libros de psiquiatría y nosográficamente también la primera neurosis. Es la más cercana a lo normal, pero desde el punto de vista de la defensa es aquella más operativa contra la psicosis que es subyacente. Siguiéndole después la neurosis obsesiva, tenemos el caso de las perversiones, y en especial la homosexualidad, tan extendida en nuestra cultura.

En cuanto hay un aumento del miedo, y el miedo provocado por situaciones reales que en nuestra situación actual sería el miedo a la bomba atómica o cualquier tipo de peligro semejante, aumentan las defensas, y las defensas más operativas son, por ejemplo, la homosexualidad, que supera la ansiedad de pérdida identificándose con el objeto. Si es varón, la pérdida es el objeto materno, y si está por perder algo, lo incorpora y lo asimila y se transforma él en la madre.

La ansiedad paranoide que proviene del padre en la situación triangular, es resuelta por un sometimiento sexual al padre, con la finalidad de agotarlo y de castrarlo, en la relación homosexual. Es decir que se defiende de los dos miedos por medio de la perversión transformándose en mujer, y a través de la relación homosexual intenta, primero un apaciguamiento del perseguidor, y luego la fantasía de castración y de adquirir luego la potencia del padre.

La homosexualidad como enfermedad característica de toda cultura en decadencia tiene tendencia a institucionalizarse, a formar una minoría. En E.E.U.U. han hecho un pedido de una legislación social para ellos considerándolos minoría, y considerar que el rechazo que la gente tiene hacia la homosexualidad proviene de un prejuicio, como lo es el prejuicio anti-negro. Es decir que es un problema de discriminación de un producto cultural provocado por el miedo, la inseguridad y la incertidumbre que matiza y es el ingrediente de toda nuestra vida cotidiana.

http://www.espiraldialectica.com.ar/espiral/2-5-66.htm

Comentar este post