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Nuevos dispositivos psicoanalíticos (*) Alfredo Grande.

Publicado por Alfredo Grande. activado 6 Noviembre 2016

Nuevos dispositivos psicoanalíticos (*) Alfredo Grande.

Nuevos dispositivos psicoanalíticos (*)

Alfredo Grande

a) El Psicoanálisis Implicado

Es la respuesta política y científica a la descripción que hace 20 años realizara Robert Castel y que denominara psicoanalismo. El psicoanalismo es la neutralización de los efectos políticos-sociales del psicoanálisis. Esta neutralización es una ilusión en la clínica y una forclusión en la teoría. El psicoanálisis deja de apoyarse en el nivel fundante (constitución de la subjetividad desde las situaciones límite) y se apoya en el nivel convencional (la novela familiar que no deja espacio para una dramática social)

Por lo tanto deviene cientificismo. Es un saber parcial que se ofrece como total y mucho más al negar esa condición-vocación por las totalizaciones hegemónicas. También podemos decir que es la transmutación de una supuesta ciencia de la naturaleza (como volviera a señalar Freud al final de su obra) a una cosmovisión religiosa, sea confesional o laica. Estamos en presencia de la institución de la fe, de la autoridad, del dogma, de la ortodoxia y de las múltiples obediencias teóricas debidas.

El psicoanalismo puede organizarse de diferentes maneras, y esto habitualmente depende de variables extranalíticas, por ejemplo características del mercado de potenciales usuarios, competencia leal o desleal, propuestas para "ayudar a vivir mejor" , paridad cambiaria, etc. Las formas de organizarse son como un arco iris que abarca desde la pirámide faraónica del didacta, hasta el esoterismo críptico de algunos discursos hegemónicos. Ya sabemos que es muy difícil sustraerse a la fascinación del arco iris. Especialmente los completos, que abarca de horizonte a horizonte epistemológico.

Este "efecto arco iris" fue muy intenso en las décadas del 60 y 70, donde el psicoanálisis era como un inmenso "agujero blanco" que todo lo absorbía y del cual una poderosa luz se irradiaba. Pero había dos faros en la costa y fué el cisma de Plataforma y Documento. Analizador histórico que admite múltiples lecturas pero que a 20 años vista entiendo que fue casi totalmente recuperado. Esta recuperación podemos entenderla desde el denominado efecto Mhulman o fracaso de la profecía. El instituyente es nuevamente capturado por la producción heterogestiva. El ejemplo más conocido es el movimiento hippie. Las formas instituidas, organizadas, conservadoras, reproductivas prevalecen sobre los movimientos de cambio.

El psicoanálisis implicado es resultante no contingente del análisis de la implicación del psicoanalista. Implicación que es la sumatoria de todos los efectos generados a partir del atravesamiento por la institución del poder, del prestigio, de la sexualidad, del dinero, de la ciencia. La implicación es por lo tanto resultante de muchos efectos, incluido el libidinal, pero también de muchos otros organizados como pluricausalidad y transversalidades múltiples. Si algunos definen a la implicación como la contratransferencia institucional, yo defino a la contratransferencia como la implicación libidinal. Como ya señalé, el psicoanalismo se apoya en la denominada "novela familiar". El psicoanálisis implicado en una "tragicomedia social". En el psicoanalismo se edipiza el conflicto social. En el psicoanálisis implicado se analizan la castración y el incesto como políticas de poder. En el psicoanalismo el neurótico aparece casi ligado a una supuesta normalidad psíquica. La frase "todos somos neuróticos" transpira convencionalidad. La neurosis no está leída desde un estatuto psicopatológico o metapsicológico sino valorativo, aunque esto sea negado con énfasis.

Algunos dicen que lo mejor que " nos puede pasar es la neurosis". Supongo que se refiere a que es lo mejor que le puede pasar a los psicoanalistas, para mantener una demanda sostenida de áureos tratamientos. Muchas veces he escuchado una curiosa "teoría" por la cual la psicosis es lo peor; psicopatía y perversión están en un nivel intermedio, especialmente si se trata de "rasgos"; finalmente la neurosis es lo mejor, porque tiene conciencia de enfermedad y además, "transfiere". Pienso que esta idealización del neurótico es correlativa de la neutralización que el psicoanalismo hace de los efectos político-sociales.

Justamente la subjetividad neurótica está altamente neutralizada. La represión y sus derivados realizan un corte entre idea y acción. Todas las neurosis presentan la imposibilidad de la acción eficaz. Ni siquiera disfrutan de la deformación sintomática denominada "acting out". La conversión del histérico, la huida del fóbico, la circularidad ritual del obsesivo. El neurótico que tiene egodistonía en relación a su producción sintomática es por el contrario egosintónico cultural. Tiene conciencia de enfermedad psicológica pero es incapaz de pensar el conflicto social. La cultura represora lo ha neutralizado. En palabras de Gerard Mendel diría que el neurótico funciona exclusivamente en el nivel del psicofamiliarismo.(**) El psicoanalismo también.

Por el contrario: en el psicoanálisis implicado podemos mantener, y no siempre, la abstinencia, pero ya no más la neutralidad. Justamente porque en las situaciones límite no hay neutralidad posible. El psicoanalista implicado busca el nivel fundante de la subjetividad. Y sabemos que el que busca, encuentra. Y se encuentra con la "roca viva" libidinal, pero también con otras "rocas", tanto o más "vivas" que la anterior. Políticas, sociales, estéticas, históricas, que constituyen un hueso realmente duro de roer. Muchas de las denominadas reacciones terapéuticas negativas no deberían ser entendidas sólo como resultado del sentimiento inconciente de culpa. También hay que incluir una vicisitud que consiste en haber tropezado con esas rocas duras de la subjetividad, que son más inconscientes que una fantasía erótica.

Lamentablemente ese tropiezo termina en caída, porque desde las variantes técnicas que el psicoanalismo legaliza, tales tropiezos solo pueden ser interpretados como resistenciales. Hay un forzamiento para "libidinizar" los diversos modos de producción de subjetividad. Recordemos una vez más a Freud cuando señala que "si bien la libido está en todo, no todo es libido". El análisis de la implicación es una forma de registro y despliegue de los "otros todos". El psicoanalismo genera un especial efecto en la artificial división, casi diría escisión, entre lo personal y lo profesional del psicoanalista. Hernán Kesselman realiza una diferenciación entre lo personal y lo íntimo que yo quisiera ampliar. El culto a la neutralidad ha llevado en la mayoría de los psicoanalistas a constituir un modo de ser cercano a una caracteropatía.

La conocida caricatura del ¿"a usted que le parece?" ha sido reemplazada por otras. Por ejemplo, silencios iatrogénicos ante los cuales los pacientes se exasperan. El diván permitía al menos cierta eficacia técnica de esta modalidad. Por lo tanto distintos analizadores de la implicación del psicoanalista (especialmente expresiones en el rostro movimiento del cuerpo, modalidad del vestir, tipo de mobiliario, decoración, detalles de construcción y por lo tanto precio del consultorio, etc.) son un observable directo y permanente que no puede ser desestimado por interpretación alguna. Una posible "vía regia" para el análisis de la implicación son las vicisitudes de la primera entrevista atravesadas por el motivo de consulta. Se configura un dispositivo, con predominio de lo instituyente, lo creativo, lo productivo, lo novedoso. En estos dispositivos lo personal "emerge". Y el procesamiento vincular, situacional e institucional de esta emergencia es siempre en dirección a la cura, si a ésta la entendemos en relación al aumento de la transversalidad en cualquier organización, independientemente de su nivel de complejidad.

Es "mirar más allá de la propia nariz y sin anteojeras". Es una invitación para que cada maestro tire por la borda su librito. Cada sujeto es una forma de organizar en tiempos y espacios definidos, múltiples instituciones que lo constituyen. También el "yo" es una institución. Cuanto más compleja pero menos complicada sea nuestra escucha de un sujeto, mayor capacidad para ayudarlo en todas las direcciones que tenga su cura. En los manuales de psicoterapia se mencionaba la existencia de la "persona real" del terapeuta en oposición con los tratamientos psicoanalíticos en los cuales el psicoanalista operaba como "persona virtual". Entiendo a esa supuesta "virtualidad" como la negación maníaca de la implicación. El psicoanálisis implicado opera con un psicoanalista que pone en juego lo personal (persona real). Lo único escindido del campo es el registro de lo íntimo, ya que esto sería verbalizar la novela familiar del psicoanalista y es obvio que el paciente no paga para eso. Aunque eventualmente ambos pudieran disfrutarlo.

En estos casos, el principio de abstinencia indica: relájate, pero no goces. Ante una pregunta se puede explicitar la edad lo que no exige comentar como se siente uno con los años que tiene. Tampoco recomiendo instrumentar el clásico "¿a usted que le parece? porque existe el peligro que al paciente le parezcan varios años más. Lo íntimo convoca la escucha y mirada obscena y es precipitado de baluartes resistenciales. Aunque también, asumiendo cierto postura épica, podría decir: ¡resistencia, resistencia, cuanta timidez amparada bajo tu nombre!

Porque no hay nada más resistencial que la permanente invocación a la resistencia como una forma de racionalizar el miedo a crear. El análisis de la implicación es, a no dudarlo, sin anestesia. Y es un buen terreno para diferenciar la agresión inmanente a todo acto, incluso de conocimiento, del sadismo inherente a los actos de dominación, explotación y mistificación. Si nadie podía curarse in absentia o in efigie, según señalara Freud, tampoco puede pasarse del psicoanalismo, verdadera versión light del invento freudiano, al psicoanálisis implicado por la mera lectura de un texto o por un acto de voluntad consciente. En su extremo límite el psicoanálisis implicado no es una forma de terapia, ni una teoría sobre la subjetividad. Es una forma de entender y enfrentar la vida.

b) La sexualidad represora.

En la denomina "primera tópica", Freud establece la siguiente polaridad: represor (consciente) reprimido (inconciente). En la "segunda tópica" o teoría estructural la polaridad es entre represor (inconciente) y reprimido (inconciente). El cambio de una tópica a otra implica un salto en la lógica de la represión. Nada sabemos de lo reprimido pero tampoco nada sabemos del acto de reprimir. En verdad... ¡Que poco sabemos! Porque aun aceptando que nuestro pensar nos confirma nuestra existencia, ese pensar que la represión inconciente permite filtrar tiene la misma relación con el pensamiento creativo que los movimientos de un maniatado con los de un bailarín desplegando su arte en un escenario.

De todos modos, en ambas tópicas la sexualidad tenía el estatuto de inconciente y reprimida. Ahora bien: postulo que la sexualidad ha sufrido una transmutación tal que modificó su estatuto de reprimida para terminar aliada al superyó, su otrora enemigo postedípico. En el extremo límite de la melancolía el superyó está descripto como cultivo puro de pulsión de muerte. Entiendo al superyó como un cultivo impuro de pulsión de muerte en toda la subjetividad no melancólica. La "impureza" no es otra cosa que Eros, la concepción amplificada de la libido. En otras palabras: la impureza permite que uno viva mientras, sin darse cuenta, se está muriendo. Pero al menos, bajo el influjo de Eros, morirse dulcemente con una canción.

Por el contrario: el cultivo puro es el exterminio, procesado en cualquier de las tres áreas de la conducta y frecuentemente en las tres (mente, cuerpo, relaciones interpersonales como enseñara Enrique Pichón-Riviere). La sexualidad represora es la recuperación (la neutralización y asimilación por los sistemas de dominación) de la profecía del amor libre. El mandato deseante: "haz el amor, no la guerra" se recuperó por el sistema represor en un mandato tanático: "haz la guerra con el amor". No exterminar el amor, como en aquel ensayo cuasi artesanal del asesinato de Camila y el padre Ladislao. Ninguna tiranía, ni política ni religiosa, podía tolerar una expresión tan evidente de la plena libertad que el amor fundante genera. Los sistemas de dominación comprobaron que el costo de mantener a la sexualidad en forma permanente como reprimida cada vez era más alto. El costo podía ser monetario, político, ideológico, estético, científico, etc. Ni siquiera el sacramento marital la aseguraba. La doble moral sexual cultural que Freud describiera permitió que la aparición de las excepciones fueran cada vez más numerosas que la observancia de las reglas.

Cuando el cantante Julio Iglesias, quizá por la fuerte inducción de su apellido, recuperó su aptitud matrimonial religiosa porque la Sacra Rota en el Vaticano evaluó su vínculo marital como no consumado, fue obvio que los sacramentos eran muchas cosas, pero no más impedimentos. La sexualidad asilar (y a veces directamente manicomial) de los matrimonios bajo tutela religiosa ya no era un territorio seguro desde el cual podía ejercerse dominación política y social. Las conquistas laborales, sociales y económicas de la mujer participaron del derrumbe de la sociedad patriarcal y su estatuto de represión y disociación pura, cuna de la degradación general de la vida erótica, además de otras degradaciones tanto o más graves que ésa. Pero para el modo de producción heterogestiva de la sociedad, no podía tolerarse que la sexualidad recuperara su cualidad instituyente. Para cualquier política de dominación, mistificación y explotación es inmanente la lucha antisexual, por irracional que esto parezca.

La nueva derecha norteamericana busca financiar con 70 millones de dólares una campaña en pro de la abstinencia sexual, única abstinencia posible en una sociedad hiperconsumista y megaviolenta. Todo intento de educación sexual racional es saboteado por los pontífices de la Iglesia Católica, y muchos de sus seguidores laicos. Pienso que el problema estratégico se debe haber evaluado de la siguiente forma. La lucha frontal contra la sexualidad es casi imposible, y por momentos muy costosa o demasiado ridícula. ¿Por qué no organizar a la sexualidad de tal modo que luchara contra todas las formas de progreso social? Incluso, organizar a una forma de sexualidad para que luchara contra otras formas de sexualidad. Legitimar a la heterosexualidad, incluso la extramarital, como una aliada para la lucha contra el desarrollo de la conciencia plena sobre la existencia de los distintos mecanismos de dominación social. Una sexualidad alienada y alienante.

Alienación que está garantizada desde la sumatoria permanente y extrema entre sexualidad, violencia e hiperconsumo, de tal modo que los asesinos y violadores parecieran, todos ellos, constituirse "por naturaleza", como lo denuncia la película de Oliver Stone. A esta heterosexualidad recuperada la denomino concepción amplificada de la prostitución. La mujer que comercia con su cuerpo, según una clásica definición de diccionario, se convierte en la profeta de la sociedad de mercado. La alianza estratégica entre sexualidad y publicidad se confirma desde la indiscutible lógica de los mercados. Todo se prostituye (sumatoria del lucro y lo trucho) y la prostitución está en todo. La denominada farandulización de la política es una definición benigna de este fenómeno. Hasta un prestigiosos político socialista fue "A la cama con Moria" (***). Hasta donde sé, la modelo-actriz se negó a ser socializada.

Por lo tanto se genera desde los medios masivos una neurosis actual permanente, un estado de estancamiento libidinal por hipererotización. Los pensamientos degradan a distintas y previsibles variantes de "la idea fija". Como toda neurosis actual no permite la resolución simbólica de los síntomas que genera. Lo que antes era prohibido, ahora es obligatorio. Antes existía la categoría de "voyeur". Actualmente pasa totalmente desapercibido en la infinita muchedumbre de las lechuzas mirones y las mirandas lechuzones.(****) El pseudo aggiornamiento de las mujeres "liberadas" las autorizan a concurrir a los shows de streap-tease masculino, en una identificación con los aspectos más degradados del antiguo patriarca. Algún político pasa a la primera plana por una estética de glúteos, cuando en realidad debería se hecha a todo el pueblo por ser la zona más afectada por los planes de ajuste.

La primera polaridad pulsional que Freud describiera: "hambre-amor" se organiza con una forma grotesca y deformada del amor que intenta reprimir los reclamos del hambre cada vez más insatisfecho. Prostitución amplificada y desocupación planificada como pares antitéticos que organizan la salvación o muerte posmodernos. La sexualidad se instituye como represora en tanto genera un estímulo permanente, masivo e intenso del cual no hay descarga posible. La única respuesta es una "segunda latencia", una forma de intelectualización y sensorialidad sexualizada pero sin la acción específica que posibilite la descarga. Una paciente de profesión actriz me comentó en una sesión que en la grabación de un programa cuyo título hacía alusión a las gatitas y ratones de un cómico, todos los técnicos parecían estar en un estado de excitación irrefrenable y jadeaban como poseídos. Y estas gatitas no son justamente como la inocente gata Flora.

Las gatas posmodernas cuando la meten no gritan y cuando la sacan, tampoco lloran. Pero siempre cobran. Es necesario remarcar que en la concepción amplificada de la prostitución las gatas y gatos no están solamente en los tejados. Frecuentan los claustros universitarios, hablan varios idiomas, confirman citas por el teléfono celular, publican avisos en diarios y todas son, como a veces parecen los mayores represores, "gente como uno". Pero todas ellas y ellos son cultivo puro de individualismo salvaje y profetas del credo de la salvación personal a través de la manipulación de todos los resortes de los poderes que siempre están de turno. La tecnología brinda el soporte del cibersex y las hot-line. El aparato psíquico el reservorio permanente de las cinco protofantasías que Freud describiera. No se me oculta que para muchos mantener cierta indulgencia con estas formas amplificadas de la prostitución es una forma de progresía modernosa. Yo creo que es tan solo una forma más de la hipocresía culposa. El problema es que no podemos combatir la sexualidad represora desde los paradigmas de la sexualidad reprimida. Esto sería una complicidad criminal. Cuando un cardenal dice que el preservativo es un instrumento del demonio, reconozco que es difícil no idealizar las propuestas liberoides de cualquier "abanderada de los calientes".

Desde la sexualidad reprimida, la sexualidad represora aparece como liberación. Exactamente igual a la idealización que el neurótico hace del perverso. Mi padre me contó que en la canción Ojos Verdes, Miguel de Molina cantaba "apoyá en el quicio, de tu casa un día" porque la censura había prohibido decir "de la mancebía" (prostíbulo). También que el tango Mano a Mano (entre tantos otros) fue por cierto tiempo censurado y estos versos reemplazados: " en mi pobre vida paria" por "en mi existencia azarosa". Desde estas ridículas prohibiciones, la sexualidad represora avanzó para constituirse en el paradigma de la liberación. Pero cuando en la década del 60 esta liberación se procesó en un nivel fundante, proclamaba haz el amor, no la guerra. Amor como expresión de la plenitud del deseo en oposición a las guerras superyoicas. Y si bien las guerras no se declaran solamente a instancias del superyó, creo que son sus mandatos los que legitiman en la subjetividad el crimen de la guerra.

Por eso la posmodernidad dice sí a la sexualidad y, simultáneamente, sí a la guerra. Incluso guerra a las formas no convencionales de sexualidad, sea homosexualidad, transexualidad o travestismo. Guerra a la embarazada con la penalización del aborto. Ý sin lugar a ninguna duda, ni siquiera las más razonable, quedó totalmente demostrado que la sociedad solamente toleraba la pseudo liberación sexual para mejor sofisticar sus mecanismos de dominación, cuando consiguió formalizar el paradigma de la sexualidad represora. El amalgama siniestro entre deseo sexual y contagio viral. El SIDA ha resuelto el problema de como sostener una sexualidad mortal, después de la tregua que permitió la penicilina. El castigo divino llegó para poner la casa en orden. Si así castiga Dios, ¿cómo castigará el Diablo? .Ya no se prohíben las relaciones sexuales. Los que hablan desde púlpitos religiosos o laicos, dificultan la prevención necesaria para que entonces la sexualidad sea peligrosa, terrorífica y por lo tanto institucionalizar un sexo que asuma la nunca perimida misión histórica de reprimir al sexo.

En la sociedad patriarcal una forma de heterosexualidad (la masculina) reprimía otra forma de heterosexualidad (la femenina) Combate desigual entre el gran eyaculador (habitualmente precoz) y la pequeña frigidez inducida. Cuando Freud dice que " el superyó hunde sus raíces en el ello" está expresando que la prohibición organiza el deseo. Más aún: que el sujeto toma nota de su deseo por las prohibiciones que padece. En el caso del sida el sexo debe reprimir al sexo y para compensar la desprotección criminal del sistema, autocastrarse. Algunos llaman a esto "sexo seco”. Esta denominación nos ahorra búsquedas de sentido. Lamentablemente para los modernos Torquemadas, el virus no respetó los grupos de riesgo originariamente previstos. ¡Quién hubiera dicho que el HIV era liberal! . De todos modos, si algún heterosexual o algún hemofílico se infecta, siempre se puede decir que en toda guerra hay víctimas inocentes. Por un lado se denuncia el imperio pornográfico pero al mismo tiempo se prohíbe el uso del preservativo o se hacen campañas de prevención que parecen campañas del desierto, donde se regalaba ponchos para contagiar la viruela.

Seguramente, hay una forma de sexualidad todavía reprimida. No es la prevalente. Debemos apostar a una nueva liberación sexual, donde la respuesta no sea la latencia massmediática, efecto en la subjetividad del equipamiento dominador, mistificador y explotador que he denominado sexualidad represora. La liberación sexual deberá eludir todos los mecanismos de heterogestión del placer. Recuperar el cuerpo erógeno, incluso en su pura dimensión vincular, más allá de la materialidad que lo fundamenta. Poder enfrentar no solo los desafíos de una sexualidad sin procreación, sino los de una procreación sin sexualidad. Apoyar a la madre soltera y también al padre casado. Y mantener en el plano de la conciencia que la verdad nos hará libres, pero que también el placer, otra forma de la verdad, contribuirá a la plenitud de esa libertad.

c) Ideal del Superyó.

En Introducción del Narcisismo Freud señala: "la formación de un ideal es por parte del Yo, la condición de la represión." El yo va a desalojar aquello que le impida acercarse al horizonte libidinal que el ideal le marca. El ideal del yo es por lo tanto un horizonte que el propio yo ha construido dentro suyo. Su destino normal es intentar alcanzarlo afuera, y en ese caso el sujeto será acusado, con justa razón, de ser un idealista. Uno de los peores vicios que la cultura represora pretende erradicar. Los que están "en la realidad" nada saben de esos horizontes construidos de adentro para afuera. Esta pretensión exige entonces el ejercicio de una represión erótica a instancias del ideal. Es la forma de sostener la paradoja de querer acercarnos a un horizonte que no queremos alcanzar en tanto es necesario mantenerlo distante para soñar despiertos. Sin embargo, los idealistas encuentran varios obstáculos. Para afuera, la constitución de "falsos horizontes", de los cuales el hiperconsumo y los mesianismos son los más frecuentes en estas economías de mercado y políticas fundamentalistas. Para adentro, la búsqueda del horizonte en la propia subjetividad y entonces se clausura el tránsito en un equipamiento intrapsíquico narcisista denominado "yo ideal". Éste se organiza como el "yo" del "ideal del yo", en un espacio intrasubjetivo.

El "yo ideal", construcción narcisista, es heredero del "yo de placer purificado" que Freud describiera y pretende alcanzar el horizonte de una vez y para siempre. Y esta herencia promueve los sentimientos de omnipotencia, megalomanía y omniciencia que observamos en los síndromes delirantes y paranoicos. Son frecuentes en los manicomios, en los ministerios, en los cuarteles, en las iglesias. Desde el "yo ideal" está sostenido el delirio colectivo que Freud considera como fundamento de la religión. "El Señor es mi pastor, nada me faltará". Para eso es necesario mantenerse en el rebaño y por lo tanto el "ideal del yo" de este "yo ideal" es la sumisión y la obediencia, cuanto más debida mejor. La confusión entre "yo ideal" e "ideal del yo" es metapsicológica y política. Los extravíos del primero fundamentan la supuesta irracionalidad del segundo. El "yo - ideal " tiene una cualidad diferente que el "ideal del yo". Solamente coincidieron en la historia infantil del sujeto cuando se construye un dispositivo deseante y narcisista que es fundante de los procesos de subjetivación y que Freud denominara su majestad el bebé.

Es una organización libidinal sostenida desde tres lugares: el del padre, el de la madre y el del bebé. La majestad que el bebé encarna no tiene que ver con la divinidad. Es una soberana majestad terrenal, impregnada de materialidad corporal y afectividad volcánica. Ese bebé no tiene origen en ninguna inmaculada concepción. Por el contrario: tiene todas las máculas de los cuerpos y de las almas humanas. En ese dispositivo deseante, fundante de la instancia "ideal del yo - yo ideal", lo único majestuoso es el bebé. Es un inerme y sin embargo convoca todo el poder de la tierra. Este dispositivo narcisista encierra un profundo misterio en su constitución paradojal. Porque si bien es narcisista en tanto está formado por lo que "fue parte de uno mismo", no encontramos mayor potencia para la producción de infinitos objetos que en una cuna. Del cual muchas veces por hacer énfasis en su omnipotencia imaginaria no pocos se olvidan de su potencia real. Potencia que le permite una succión sin renunciamientos que es el estímulo específico para que se produzca la bajada de la leche. Por lo tanto las primeras experiencias de satisfacción decantan en una construcción vincular donde hay triple adecuación entre necesidad, deseo y satisfacción. Freud la denominó "carga de anhelo" y está dirigida al objeto que satisface la necesidad y el deseo en forma simultánea.

Esta simultaneidad que posteriormente la cultura utilizará para la construcción de dobles vínculos alienantes, en la historia del sujeto es una circularidad de cualidad erotizante. Esta soldadura será considerada como "irreal" por la cultura que solo legitima a las "majestades imperiales". Soldadura entre realidad (de la leche) y placer (del pecho). Los sistemas de dominación nos dirán que todo intento de retornar a la articulación primaria entre lo útil y lo placentero es "ideal". Sin embargo, éste intento corresponde a una impronta que el ideal del yo dejó en nuestra subjetividad. El bebé sabe algo de la vida que el adulto ignora. El adulto piensa en "después de la muerte:. El bebé registra "el principio de la vida". Y cuando los adultos recuperan este fundamento que soldó satisfacción, necesidad y deseo, pueden proclamar: sean realistas, pidan lo imposible. Porque el ideal del yo, en tanto verdad histórica, será considerado siempre un imposible para los sistemas de dominación. El sistema represor proclama: ¿para qué anhelar un horizonte que no puede ser alcanzado?

Los sistemas deseantes enuncian: la única forma de alcanzarlo es, al principio de todos los principios, anhelarlo. Por eso el ideal del yo es la única realidad desde la cual podemos fundamentar nuestra esperanza. Porque cuando se prolonga afuera, es el antídoto universal contra la resignación. "La libertad de los demás prolonga la mía hasta el infinito". La realidad de la disociación y la frustración aparecen como el ideal de la sociedad represora. Los ideales denigrados por la cultura de la realidad, retornan en su versión filosófica como "fin de la historia" e idolatría de la democracia liberal capitalista. Pero hay otra historia del ideal que consiste en recuperar en una dimensión colectiva y adulta la carga de anhelo que el bebé que fuimos conserva en una de las tantas rocas vivas de su subjetividad. Es un núcleo duro como una roca pero sigue vivo. Como el trineo "rosebud" del ciudadano Kane. Un largo recorrido para volver al primer amor, aquel desde el cual todos los logros posteriores pudieron alcanzarse. Sin embargo, el adulto en su inmensa mayoría que no siempre es silenciosa, habla más desde sus fracasos que desde sus éxitos. "Bien, ¿o te cuento?" es la forma de saludo que tiende a hacer obvio que son muchos los que ya no pueden contar el cuento. Son los sobrevivientes del naufragio del complejo de Edipo, que dejó como heredero un equipamiento tanático: el Superyó.

Esta cruel herencia tiene como fundamento el predominio casi absoluto de la institución del terror. Es la lógica de la muerte, del dolor, de la destrucción, del aniquilamiento. La institución del terror que es hegemónica en estas culturas de la dominación, se organiza como una implacable amenaza: de la pérdida de amor en la mujer y de la castración fálica en el varón. En este sentido la subjetividad femenina y la masculina comparten lo mismo: son un intento de sobrevivir a esa terrible amenaza. Tempranísima manera en la que el deseo se entera de su destino final: ser condenado a muerte. Porque desde la lógica edípica amplificada todo deseo es incestuoso. O pecaminoso. O pervertido. O improcedente. Por lo tanto la amenaza es para todos los que osan desear su deseo y lejos de reprimirlo, intentan satisfacerlo. Esta amenaza que aterroriza al yo es génesis libidinal del superyó. Freud señala que el Edipo declina por su propia imposibilidad interna e incluso compara su caída con la de los dientes de leche. A esto lo denomino virtualidad histórica. Aquello que de todos modos iba a morir "a su manera" adquiere vida eterna desde la amenaza que bajo el pretexto de combatirlo, lo construye. Parafraseando a Clausewitz, puedo decir que el Superyó es la continuación de la amenaza edípica "por otros medios".

Y mucho más efectiva ya que incluye una identificación inconciente con el agresor. El príncipe heredero organiza para siempre la más cruel dominación desde una realidad psíquica inabordable desde la orgullosa conciencia oficial. En el momento de escribir este capítulo no se ha podido concretar en Estados Unidos un museo en homenaje a Freud. Tal vez el mayor imperio de la tierra sepa que solo el psicoanálisis descubre que cuando el Yo habla , en realidad está hablando el Superyó, y que por lo tanto ese pobre Yo "está atado y bien atado" , como dijo Franco que iba a dejar a España después de su muerte. El Yo, un siervo asustado y maniatado. De todas las servidumbres que el yo padece, es la superyoica la que tiene el apoyo formidable de una planetaria cultura de dominación, en sus versiones políticas, económicas y religiosas. Dominación a la que siempre se han sumado los educadores, religiosos, políticos para recordar que desde el pecado original o el contrato social, la libertad, igualdad y fraternidad son, en el mejor de los casos, condicionales. En el peor, totalmente ausentes.

Pero desde nuestra matriz superyoica, profundamente inconciente, diremos que "por algo será" o que "tenemos el gobierno que merecemos"; "en todos lados pasa lo mismo"; "siempre que llovió paró "; "¿y por casa cómo andamos?".

También escucharemos sin pestañear: "hay que pasar el invierno"; "estamos mal pero vamos bien", "a vos no te va tan mal, gordito" ; " el Proceso fué un acto de amor". ¡Que tontos somos los hombres con miedo! El superyó se despliega en la psicología de las masas artificiales (las diferentes formas de iglesia y las distintas formas de ejército) y prolonga el malestar de las culturas represoras. Fieles al pensamiento freudiano, no tenemos dudas en decir que cuando el sujeto pretende hablar "del modo ordinario”, es decir, desde la convencionalidad cultural y la supuesta plena conciencia de sus actos, el que siempre habla por él es el superyó. Pero toda racionalidad, incluso la superyoica, reclama cierta coherencia y legitimidad. El terror postedípico tiene muchos nombres desde adentro y muchos nombres desde afuera. El heredero no puede enunciar su mandato terrorífico (muerte al deseo de desear y al deseo de conservar) En última instancia, asume que "te aporreo, pero siempre porque te quiero." Esa declaración de amor desarma al aporreado. El yo aporreado se rinde ante el superyó solamente porque éste le declama su amor.

La dimensión virtual del Edipo (ver capítulo 1) termina en una amenaza de dimensión real, sostenida desde la evidencia sensorial de la diferencia sexual anatómica. Un equívoco visual porque el niño ignora lo que el principito ya sabía: lo esencial es invisible a los ojos. La mirada no puede descubrir al genital femenino. La fase "genital infantil" organizada en la polaridad "fálico-castrado" se sostiene en la falsa premisa de la diferencia sexual anatómica. La teoría universal del falo tiene como consecuencia la envidia del pene sin gratitud por la vagina. Posteriormente, la cultura represora legitimará la universalidad de diferentes modos de organizar la institución del falo y construirá innumerables teorías para fundamentar el ejercicio de diferentes modalidades de sometimiento. Desde la raza superior hasta la aldea global. La cultura represora debe mantener para siempre en el fundamento inconciente de la subjetividad del adulto la amenaza como reguladora de las conductas, pero al mismo tiempo, simultáneamente, deberá desmentirla.

El período de latencia termina siendo el último período, y los intentos ruptura de la adolescencia son rápidamente neutralizados. El príncipe superyoico que hereda los designios tanáticos de Layo debe ahora, después de haber logrado el gobierno desde adentro, volver a reinar también desde afuera. No solamente dividir para reinar, sino disociar el acto de reinar del acto de gobernar. Y también disociar mente de cuerpo. Razón de afecto. Deseo de necesidad. Individuo de sociedad. Placer de utilidad. Trabajo de placer. Hombre de mujer. Adulto de niño. El heredero idealizará su origen, es decir, la herencia que lo constituyó. Decanta una instancia intrapsíquica que denomino "ideal del superyó". Legitimará al malestar en la cultura como única forma de organización social. El malestar se absolutiza y queda transformado en una situación a-histórica. Por lo tanto inmanente y no modificable. Angustia de castración pero ahora reinando sobre todos los que quieran participar de un banquete al que no fueron invitados. Cuando el cuerpo denuncie el fundamento tanático de la sociedad, se lo recuperará desde una lectura psicopatológica como enfermedad psicosomática o sobreadaptación. En realidad, única adaptación posible para conservarse y sobrevivir. Aun pagando el precio de Pascualino, el de las siete bellezas.

Los Ideales del Superyó son la amenaza, el terror, el dolor, el exterminio, la injusticia, la arbitrariedad, la carencia extrema, la falta de todo lo necesario y la necesariedad inmanente de toda falta. Estos ideales del superyó capturan "los ideales del yo" que habían establecido al amor como organizador del intercambio social. El "yo ideal" entra en relación inmediata con esta nueva instancia lo cual inaugura el capítulo de los ideales mortales. El horizonte del ideal se transforma en un horizonte radiactivo. La esperanza está al servicio de los amos del universo, que siempre nos piden esperar a que "la situación mejore". Para ellos, claro, seguro que será mañana mejor que hoy. ¿Quién dijo que todo está perdido? Ellos vienen a ofrecer su bomba de neutrones pero también un escudo intergaláctico protector. . Es el pasaje de "su majestad el bebé" , a la adoración de otras majestades: los dioses de la guerra y el exterminio. Del "si, te amo" al " si, mi amo". La aceptación complaciente y resignada de todos los "derechos de pernada" de los señores feudales modernos (las grandes corporaciones científicas, políticas, económicas, religiosas, deportivas, comunicacionales) sin que aparezca ningún "corazón valiente" que se les oponga. Cuando el escocés Wallace enfrenta la dominación del rey inglés Zanquilargo, lo hace desde una marca corporal de la libertad. Libertad que no es más que la potencialidad de alcanzar nuestro propio horizonte.

Reitero. Cuando soy realista y por lo tanto pido lo imposible estamos en el territorio erótico del ideal del yo. En el "sálvese quien pueda y mátese a quien quiera" estamos en el territorio de quedarse con la vida adentro poniendo entonces la propia muerte siempre afuera. Es decir, la condición de la propia salvación es la condena del otro. Que nunca será modelo ni auxiliar. Siempre adversario. El pequeño bebé deseante que no solo perdió la cuna de oro, sino que encontrará un ataúd de plomo. O de madera. Vigencia eterna para el aforisma "el hombre es el lobo del hombre". Pero es un lobo que lleva la piel de cordero. Es un cordero que dice ser de Dios, cuando en realidad representa los designios aniquiladores del lado oscuro de la divinidad, que algunos llaman demonio. Lado oscuro, cultivo puro de pulsión de muerte. En el fundamento de nuestra subjetividad tenemos una estrella de la muerte que está construída con el solo objeto de dominar las pulsiones y pasiones rebeldes. Es la piel de cordero que le permitió a Videla decir que el Proceso era un acto de amor. Recordemos: los reaccionarios siempre tienen, en cierto sentido, la razón.

Fue el acto de amor que los ideales del superyó cultivan. Amores que matan, cariños que mutilan. La novela "1984" de George Orwell termina cuando el protagonista Winston llora al descubrir que "ahora ama al Gran Hermano". Para el Terror con Nombre no es suficiente obedecer sino también amar al opresor. Besar la cruz del inquisidor. Amar las amenazas, idealizar las diferentes formas de dominación, mistificación y explotación. Adorar a los asesinos, idolatrar a los ladrones, premiar a los corruptos. Y muy especialmente cuando no nos queda "ni yerba de ayer secándose al sol", sonreír porque Dios nos ama. Los ideales del Superyó son creídos tanto más cuanto más absurdos sean. El equipamiento privilegiado donde esto se verifica son las guerras imperiales. Siempre son santas, a diferencia de las revolucionarias que siempre caen bajo los diferentes anatemas democratistas. No es casual que nuestro "padre de la patria" murió solo y olvidado, y en el extranjero. El costo que tuvo que pagar por ser el liberador de una madre patria opresora. Después de todo, una madre es una madre. La España imperial y exterminadora no debe ser agraviada, y por eso sus hijos adoradores de ideales opresores censuraron nuestro propio himno nacional.

Cantamos un "himno ideal" y reprimimos el "himno real". Cantar "escupió su pestífera hiel" no iba a ser escuchado con placer por los que siguen pensando con la cabeza del rey Fernando VII. Quizá el análisis de la instancia psíquica que postulo como "ideal del superyó " nos haga chocar con una roca no viva. Roca constituída por una sociedad de poetas muertos que son nuestros propios deseos reprimidos y suprimidos. Habría que darle vida a la roca, y para eso es imprescindible pensarla en su constitución contradictoria. Rescatando el vellocino de oro de los ideales del yo. Sin retroceder ante ninguna pretensión de felicidad. Seguramente, para los miembros de la horda constituir una alianza fraterna fué imposible durante generaciones. En un momento muy largo, algunos hermanos habrán intuído una forma social diferente. La alianza tuvo realidad libidinal y material.

El "yo ideal" se encarnó colectivamente, en un primitivo "uno para todos y todos para uno". Es, como dice Freud, un mito científico sobre los orígenes. Como una construcción en un proceso psicoanalítico. Podemos entender que el sujeto se afane por conseguir un amor, aunque sepa que la lucha sea cruel y mucha. Que retroceda ante el terror, el miedo, el dolor. Lo que deviene incomprensible es que adore al opresor y que los que van a morir saluden al que los mandó al circo romano. Los ideales del superyo consiguen su fuerza de la misma forma que el vampiro: porque nadie cree en su existencia. Desde la fuerza de nuestros mas profundos ideales, desde la potencia real del bebé que fuimos, deberemos empezar por creer en esa existencia para entonces, alianza fraterna mediante, combatirla. Y alguna vez, entonces sí , no morir pero si vivir contentos porque hemos batido al enemigo.

CONCLUSIONES:

Parece que habría que "aplicar" los conceptos teóricos de sexualidad represora e ideal del superyó para profundizar en el análisis de la implicación del psicoanalista. ¿Se han recuperado nuestros ideales? ¿Se ha recuperado nuestra sexualidad? ¿Como hemos organizado nuestra profesionalidad? Los nuevos dispositivos psicoanalíticos, ¿son una respuesta o una pregunta? Tal vez sean, simplemente, una comprobación. Verificación de lo que pasa dentro y fuera nuestro, pero que todavía no ha desarrollado los mecanismos de apropiación necesarios.

El psicoanálisis implicado se constituye como el porvenir, pero no de una ilusión. Es el porvenir de una esperanza adulta, real y colectiva. Sin reyes ni demócratas magos. Con un claro objeto y sujeto del deseo. Reafirmando la sentencia que Freud remarca: "lo que heredaste de tus padres, lucha para conseguirlo".

Notas.-

(*)Las siguientes reflexiones fueron presentadas en el Primer Coloquio sobre NUEVOS DISPOSITIVOS PSICOANALITICOS que se organizaron durante el año 1995. Las he ampliado para poder incluir las preguntas y ampliaciones que surgieron en el debate posterior y mis propios desarrollos al retomarlas para este libro

(**) Gerard Mendel. Sociopsicoanálisis Institucional 1 y 2. Amorrortu Editores. Actualmente la gran mayoría de los "analizandos" hablan y escuchan "frente a frente". Esto despliega la comunicación en la amplitud de sus registros verbales, no verbales y paraverbales.

(***)A la cama con Moria. Programa televisivo con la conducción de Moria Casán.

(****) "Mirón y Miranda" canción para "niños" de María Elena Walsh.

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