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Orientación Vocacional, con Técnica Operativa

Publicado por Francisco Mora L. activado 12 Marzo 2013

Orientación Vocacional, con Técnica Operativa

Grupos Operativos en Orientación Vocacional

Francisco Mora Larch

Introducción.

Los Grupos Operativos se han vuelto, un tanto sin pensarlo en una práctica psicológica que ha alcanzado una difusión tan extensa, que en estos momentos se le puede localizar en disímiles latitudes; la diversidad de situaciones ha provocado una amplitud de aplicaciones cuya única limitación parece ser que deriva de la creatividad del “operador social”; una desventaja en esta difusión de la técnica es la pérdida de su especificidad en el “operar”.

Este escrito tiende a mostrar la forma en que se aborda la Orientación Vocacional desde los grupos operativos y también a recalcar la especificidad de la técnica siguiendo los lineamientos de E. Pichón Rivière (1971); y es que el grupo operativo se ha transformado en instrumento privilegiado para operar tanto en el campo de la psicoprofilaxis, como en ese que delineaba Bleger, mucho más amplio que es el de la psicohigiene.

Es así como los grupos operativos se han transformado en una práctica, práctica Sui Generis de la vida cotidiana, constituyendo lo que para Pichón Rivière se resumiría en una Psicología Social: aquella cuyo carácter toma como elemento central la vida cotidiana convirtiéndola en objeto de crítica y reflexión sistemática, es decir, para Pichón la Psicología Social es la forma que asume la crítica de la vida cotidiana. Entraremos al tema haciendo una acotación: nuestra experiencia en grupos se resume en un campo de abordaje específico, la Orientación Vocacional, como psicólogos del Departamento de Orientación Vocacional de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM).

Pichón Rivière, creador de la técnica de grupos operativos se ha referido a ella como una modalidad de la psicoterapia de grupo, y todavía más, como un Psicoanálisis de Grupo. Tal técnica empezó a ser usada tempranamente fuera del campo de la enfermedad mental y su aplicación a situaciones diversas permitió la ampliación de un Esquema Conceptual que fue construyéndose en la marcha a través de sucesivas rectificaciones en su contacto con la problemática en juego; así, las aplicaciones de la psicoterapia de grupo pronto tuvieron gran auge, abarcando los ámbitos más diversos como es la investigación social, las relaciones laborales, el diagnóstico y también en la enseñanza y el aprendizaje (o mejor, el proceso enseñanza-aprendizaje).

Dentro de este último campo por lo menos, uno de los pioneros de los grupos operativos los aplicó ya a la orientación vocacional: D. Liberman. Liberman, discípulo de Pichón, hace referencia a esta aplicación y menciona que “resultó útil para investigar el problema de la vocación y dela orientación profesional en grupos de alumnos que, finalizando la enseñanza secundaria, deseaban decidir la elección de una carrera universitaria” (1965: 38)

Sin embargo, parece no existir más referencia al respecto, quizás debido a que este campo de aplicación no fue sistemático y continuo; muchos años más tarde, en 1971, aparece el libro de R. Bohoslavsky “Orientación Vocacional: la Estrategia Clínica”, (1978) libro que marca un hito en lo que respecta al tipo de abordaje de la problemática vocacional, pero el libro todo se centra en una estrategias clínica, que como tal es individual, sólo hasta la última parte de esta obra, en Apéndices, en el punto dos se habla de la aplicación de grupos operativos en adolescentes; el empleo de ésta técnica provenía, indirectamente al parecer, de las exigencias del personal directivo y docente que estaba preocupado por la deserción del alumnado en una escuela de la Universidad de Buenos Aires.*

En nuestro medio, fuera de la práctica tradicional de los orientadores vocacionales en secundarias y preparatorias, parece no existir una referencia explícita de la aplicación de procedimientos grupales para bordar el campo de la Orientación Vocacional, y si ha sido realizada tampoco ha sido sistemática, apegándose a los viejos moldes ya establecidos; menos entonces podríamos hablar de la aplicación de una técnica grupal particular como es la técnica de grupos operativos al problema de la orientación vocacional.

Partimos de la Concepción de Pichón de que el grupo operativo es un instrumento privilegiado para ser usado en la enseñanza y que sus ventajas son innegables para aplicar a diferentes ramas de la investigación psicosocial; refiriéndose a la psicoterapia analítica de grupo mencionan Grinberg, Langer y Rodrigué (1972: 12):

“sin duda, la psicoterapia de grupo a necesitado extenderse a las esferas extra-clínicas, por la sencilla razón de que toda comunidad social, política, industrial o científica está integrada por grupos. De ahí, que se haya considerado indispensable su aplicación a lo que se denomina con un criterio amplio y general, pero muy acertado, el estudio de las relaciones humanas. Se pudo comprobar que sólo en base a la comprensión de las motivaciones y contenidos psicológicos profundos de los vínculos interpersonales y de sus distintas formas de expresión, se podían encarar las dificultades y problemas que en todo momento surgen en el desenvolvimiento de una empresa o de cualquier otra estructura social”.

Creemos que la orientación vocacional, conceptualizada como campo de abordaje de una problemática que no es especifica (la identidad profesional está ligada indisolublemente a la identidad personal), requiere de un análisis exhaustivo de las determinaciones históricas, sociales y familiares las cuales llevan al individuo en un momento determinado de su existencia a una situación límite en la que está en juego no sólo su identidad profesional sino su proyecto como hombre, como ser social-productivo inserto o a insertarse en cualquier campo de la actividad humana. Nadie podría dudar de los beneficios y ventajas que el análisis de factores tan diversos que encierran las determinaciones antes señaladas, pueda realizarse en la confrontación con otro, con un “otros”, en el espacio que abre el campo y la experiencia grupal.

Para nosotros, los grupos operativos de orientación vocacional son grupos de aprendizaje y como tales se encuadran dentro del campo de la psicohigiene (Bleger, J., 1966); por psicohigiene entendemos la promoción de la salud mental, entendida ésta como una adaptación activa (aprendizaje de la realidad) del individuo a su medio social; por adaptación activa entendemos una adaptación social basada en la ubicación crítica y transformadora del individuo a la sociedad a la cual pertenece; la oponemos a una adaptación “a secas”, en el sentido de una adaptación pasiva, a-crítica y sumisa a las normas sociales imperantes, donde el individuo es mero objeto y no sujeto de su propia historia social.

La psicohigiene que propugnamos se inserta en una estrategia de tipo social (en el campo de la Psicología Social), por oposición a una estrategia clínica, individual; social, en el sentido de abarcar capas más o menos importantes de la población, pero también –y esto es lo más importante-, porque nuestra conceptualización de la problemática vocacional que enfrenta el adolescente, es la de promover su des-psicologización; lo vocacional no es un problema individual, de “aptitudes”, lo vocacional tiene que ver con un cúmulo de determinaciones históricas y sociales que son obturadas por la “testización”.

Así, podemos decir que si los resultados de un test refieren al sujeto a las Ciencias naturales como Biología, este resultado debería ponderarse con muchos otros elementos, antes de emitir la información de un dato que será procesado por quién sabe que herramientas afectivo-ideológicas del sujeto. Sabemos que las reacciones ante datos y métodos de este tipo son de lo más variados y van desde: “eso es lo que me gusta”, hasta un “no es posible, para nada, siempre he detestado esa materia”. Remitimos a un más acá para el orientador y la pregunta a la que se accede es ¿qué medimos?, ¿se puede medir o registrar la vocación?, lo planteo como un problema, claro que se puede decir: No, la vocación no se puede medir, pero se puede tener el perfil psico-afectivo de un sujeto...para orientarlo.

Entonces...¿medimos o detectamos perfiles de sujetos?. La vocación quizás no se pueda medir, pero a lo mejor se la puede obtener por suma de intereses, aptitudes y perfiles de personalidad, etc.. Ante todo esto, podría concluir que la vocación es un fenómeno compuesto, al que quizás habría que des-componer de algún otro modo; esto, sin detenernos a plantear que aparte de lo individual, hay muchas más cosas que hemos dejado de lado: la historia de construcción de ese perfil, que siempre es historia social, pero acaso ¿no es también historia familiar, biográfica, escolar, sexual e incluso comunitaria?

Significamos con esto que la problemática abierta por la demanda de un servicio de consulta en orientación vocacional ha sido cubierta –y recubierta- por la oferta de “un servicio diagnóstico” acerca de la vocación interna y la personalidad externa, que hay –de todas maneras- que organizar para canalizar al sujeto hacia la profesión que le aguarda. Este servicio diagnóstico se nutre y ofrece toda una gama de pruebas psicológicas y psicométricas que “miden” intereses, personalidad, aptitudes, rendimiento, etc.

El problema del orientador se resuelve así en una batería de test: el test es la respuesta que el técnico brinda a un problema de “des-orientación”; ésta, puede adquirir múltiples formas, si es una des-orientación por problemas de personalidad (identidad) hay un test para el caso; si es problema de aptitudes hay un test para ello, etc.

En pocas palabras, el testo o las pruebas están diseñadas para confirmar el problema y no para reflexionar sobre él, lo que imposibilita una apertura hacia otros elementos que aunque se nieguen, gravitan indefectiblemente tanto en el orientado como en el orientador. Así, el sujeto pasa, el test permanece y aquel es canalizado hacia donde los resultados del test apunten. Pero el test se vuelve entonces en objeto de las proyecciones más diversas: es un instrumento mágico que adivina y dicta el futuro de cada sujeto, ya que su palabra es la palabra de “la ciencia”, el test no falla y si el sujeto no encuentra su vocación en la palabra del test, es el sujeto el que falla ya que no se acomoda (y por tanto incomoda) y es “rebelde” a los cánones de la ciencia.

Pero el test no es la ciencia misma, es sólo efecto o producto de esta ciencia, en el test “habla” la ciencia, diríamos, una particular concepción de a ciencia. Es la ciencia experimental, la ciencia del número, la matemática humana (Human Enginering), es también la ciencia del sujeto humano que tiene deparado un destino si es que este sujeto está des-atinado, el cual el test le develará (que no, adivinará).

El test así, condensa en su esencia una concepción muy particular de lo que es un ser humano; para el test éste es un ser ignorante, ignorante de sí mismo y dependiente, es un objeto, hay una cosificación del sujeto ya que este pertenece a una producción en serie.

Como cosa entonces, el sujeto no necesita hablar sino contestar; no necesita externar sus dudas, ansiedades sino acallarlas o negarlas; no necesita saber de su historia, ni de los acontecimientos que lo han traído hasta aquí, a esta situación, sino recortar y amputar todo eso para dedicarse a su personalidad actual, a sus aptitudes e intereses, que son de ese momento, no necesita ser escuchado en sus razones y alegatos, sólo debería callarse y atender a un veredicto que deberá ser “su verdad” encontrada e impuesta por otros. Y el orientador no necesita otra cosa que los resultados de “las pruebas” para indicar con la “sentencia científica”, cuál es la carrera que debe seguir el sujeto.

De este modo, todo cuestionamiento, toda posibilidad de apertura, de análisis de una problemática humana es clausurada con un sello avalado por “la ciencia” en cuyo lomo queda inscrito: resultados o diagnóstico de la batería de pruebas. Así, un hecho humano se vuelve problema técnico, una cosa de expertos, como en el caso de una enfermedad orgánica es cosa de médicos, no del paciente ya que este no sabe; por tanto nos internamos en el terreno de los técnicos del “saber práctico”.

Entre experto y público hay una relación de inclusión/ exclusión, de saber/ no saber, esto lleva inevitablemente a una relación de dependencia, el enfermo está, se pone, se abandona a las manos del médico, a las manos del saber científico, y asimismo ocurre con el sujeto de la orientación, se pone en manos del psicólogo, de sus tests, que ni siquiera fueron diseñados por él, sino transmitidos como conocimiento cierto y verdadero de una vez para siempre.

El test de este modo, oculta una historia pasada y actual porque es en la des-orientación que la historia se hace presente aquí y ahora como destino incierto, como camino posible, como historia a construir o re-construir, porque esa historia futura dará sentido y significado a la historia anterior, historia que como tal, es historia individual, familiar y social. En este sentido, el problema de la vocación es un problema de múltiples sobredeterminaciones, entre ellas las sociales, y no puede ser reducido a un problema psicológico, individual, pero tampoco puede ser resuelto sin el análisis de lo psicológico.

Si la psicoprofilaxis ha trabajado como campo de la enfermedad previniéndola, nosotros proponemos una salida de este campo, práctica de tipo asistencial a fin de cuentas, ya que al consultante de orientación vocacional “se le asiste”, en otras palabras, buscamos centrar nuestra atención en el campo de la salud, en las situaciones habituales de la vida cotidiana, tratando de operar antes de que la gente enferme; den nuestro caso, antes de que el adolescente se convierta en un consultante, en este sentido, nuestro papel y función social ha dado un vuelco, no hemos esperado a que la gente venga a nosotros y cumplir así una práctica asistencialista, nuestra función ha sido salir al campo, a las situaciones sociales donde se presentan los conflictos e intervenir activa, operativamente. De agentes meramente asistenciales nos convertimos en agentes promotores de la psicohigiene.

Nuestra táctica es grupal, trabajamos con los grupos de clase, los grupos educativos, como grupal, esta también es social en la medida que entendemos a la institución educativa como un objeto total, que puede abordarse “como una problemática intergrupal; posible de investigar desde el plano de lo grupal” (Bauleo, A. 1979). El grupo, situación social por excelencia, Bauleo menciona que no podemos establecer la vinculación entre lo individual y lo social si no lo recortamos a través de lo grupal. ¿cómo puede el individuo establecer una reflexión sobre sí mismo si no es por mediación del otro, ese otro que juega como objeto, padre, modelo, médico o compañero (Freud)?(1973, T. III).

Nuestros grupos operativos son grupos de reflexión en el sentido de posibilitar un lugar en el cual el adolescente pueda volcar sus experiencias, afectos, inquietudes y sus vicisitudes como sujeto humano; lugar en que se logra conocer el mundo en la relación con el otro, donde el mundo se convierte en el pre-texto para la reflexión común. Mundo mediador de un intercambio de experiencias, vivencias y pensamientos, el grupo se convierte en un micro-mundo, caja de resonancia del mundo externo.

La vivencia y el pensamiento aparecen disociados claramente en una polaridad extrema, lugar donde se aprecia el juego de fuerzas que imponen esa disociación alienada y alienante de los sujetos humanos. ¿Acaso no ha sido a partir de la crítica de la educación tradicional, “bancaria”, desafectivizada, alejada del mundo, decimos, acaso no ha sido a partir de tal crítica que ha nacido la escuela activa, la nueva pedagogía?

El grupo de clase, la clase ha sido siempre un grupo, pero la concepción tradicional de la educación ha tenido como práctica una negación sistemática y permanente de la existencia de tal grupo; para ella, la situación grupal no importa, sólo es mero accidente (y a veces hasta estorboso) en la práctica pedagógica realizada. En ruptura con esto, las técnicas activas y las modernas dinámicas de grupo se plantean la utilización del grupo como instrumento valioso de acción, de una nueva educación que implica crecimiento y por tanto, aprendizaje y comunicación; Pichón señala ya que “la comunicación es el ‘riel’ del aprendizaje” (1971).

Entendida la utilización de los grupos operativos como grupos de reflexión y aprendizaje en el campo de la orientación vocacional, ellos son nuestro instrumento fundamental (no el único) de trabajo, y sobre el cual asienta nuestra concepción grupal y por ende, de una nueva didáctica; los grupos operativos son grupos utilizados como un instrumento educador. Para Pichón son la base de una nueva didáctica (transmisión de conocimientos, junto al desarrollo de aptitudes), una didáctica grupal**.

Explicitado el plano sobre el que operamos (la situación conflictiva por la que atraviesa el adolescente de Educación Media Superior, su crisis de identidad –Erikson E., (1972)-, y a partir de las exigencias sociales imperativas que demandan una definición en el plano vocacional), creemos que el uso del grupo permite poner “las cartas sobre la mesa”, ya que el grupo funciona como un poder educador a partir del cual tratamos de promover un “deutero-aprendizaje”, un aprender a aprender; en los grupos operativos de orientación la tarea explícita está determinada por el conocimiento de la propia institución, sus normas, reglamentos y derechos estudiantiles, la ubicación del sujeto en su grupo de clase, etc.; la historia personal del sujeto, sus gustos y rechazos de ayer y de ahora, sus inquietudes, etc; la relación de pareja; su historia familiar tanto afectiva como profesional; las perspectivas que le ofrece su bachillerato, el haz de carreras que le brinda su universidad o las instituciones educativas superiores del estado y estados vecinos; el mercado de trabajo, el conocimiento de su comunidad tanto en sus aspectos económico-productivos, como culturales, etc..

La tarea implícita es un “aprender a aprender”, aprender a pensar, a comunicarse, a convivir en grupo y en última instancia, es el aprendizaje de una “elección” adecuada ala realidad, elección que se haga a partir del conocimiento más completo de el haz de posibilidades ofrecidas por su medio y las que se ha creado consciente o inconscientemente el adolescente mismo; es decir, como tarea primordial que nos planteamos es la de que el adolescente “aprenda a elegir” (deutero-elección), con todo lo que un análisis profundo del término implica.

Nuestra técnica utilizada dentro de los grupos operativos es la interpretación y el señalamiento; en los grupos operativos interpretamos, hacemos señalamientos y aclaraciones, proporcionamos alguna información o comentamos y compartimos reflexiones con el adolescente. Podemos decir que nuestro instrumento técnico es el grupo mismo, el grupo operativo es una técnica con marcados rasgos dinámicos, el coordinador tiene una participación más o menos activa, pero la interpretación nos señala ya una vía técnica precisa: tratamos de hacer consciente, lo inconsciente grupal, esto, en la aceptación de que “sin duda, el inconsciente está en todas partes” – (Castel, R., 1982).

Interpretamos en el aquí y ahora de la situación, en lo vertical de la historia individual y en lo horizontal de lo emergente grupal, pero siempre con respecto a la tarea manifiesta, esto vale también para la transferencia, ya que esta la utilizamos indirectamente y en relación siempre a la tarea planteada. Con esto, lo que tratamos es de contextualizar la interpretación, de darle al texto explicitado un contexto que está latente y que como tal funciona como un implícito que debe ser develado. Lo que se busca es que el grupo tome conciencia de la forma de organizarse para poder abordar determinada tarea; y es que esta es la que rige de uno u otro modo todo el acontecer grupal.

El nivel de vivencia alcanzado deberá ser integrado a la tarea guía manifiesta para que pueda ser elaborado en una praxis donde lo pensado y lo sentido forman una unidad que rompa con las disociaciones alienantes que condicionan las incongruencias socio-afectivas y sociales.

Siempre que se trabaja en grupos operativos se puede observar que el objeto de conocimiento(o en su caso, la tarea manifiesta), se contrapone al sujeto”casi como un enemigo a vencer, a ser penetrado”, la ansiedad que despierta el objeto deberá ser elaborada si se quiere realizar un verdadero aprendizaje, las ansiedades primordiales que aparecen son: la ansiedad persecutoria, la ansiedad depresiva y la confusional; estas ansiedades son miedos implícitos que deberán ser explicitados, hechos conscientes, ya que actúan como obstáculos epistemológicos o más exactamente “epistemofílicos”; la fantasía básica referente a estos miedos es una fantasía señalada ya por M. Klein: “es el temor, la ansiedad de destruir el objeto de conocimiento,... pero otra ansiedad se suma a esta, y es el temor a que una vez penetrado dentro y vaciado el objeto, quedar dentro de él”(Pichon Rivière, T. II, 1973).

En nuestro caso, el adolescente dramatiza estos temores con ciertas variantes a partir de la ansiedad predominante, por ejemplo: la ansiedad persecutoria es una ansiedad vivida como huida de una situación claustrofóbica que proviene del hecho de que el adolescente es sometido a una presión multifactorial al empujarlo “las circunstancias” a realizar una elección vocacional, presión que se puede expresar en frases como las siguientes: “nos interesa qué es lo que va a pasar saliendo de la preparatoria”, o “más vale prevenir que lamentar”, también hay que “adaptarse al ritmo de vida de lo que se estudia”, uno “tiene que adaptarse porque si no va a ser un des-adaptado””, es decir, un diferente, aquel que es perseguido; uno “tiene que hacer lo que otros quieren, uno es movido por el poder”, “si lo empujan, el tiene que ver que tendrá que empujar también”.

La ansiedad depresiva proviene del hecho de que ante determinada elección, el adolescente habrá perdido otras elecciones posibles, generándose un sentimiento de vacío ante un futuro que se abre como el único posible, sería algo así como: “la pérdida lleva a la soledad”, el adolescente está solo con una elección hecha, ante el haz de posibilidades que le ofrece el mundo; aquí, el problema de la soledad no es sino un problema de inserción, de ubicación ante un mundo que ya no es el del adolescente, desde ese momento empieza el proceso de elaboración de la pérdida de sus amigos de adolescencia, sus “antiguos” padres, etc..

La ansiedad confusional aparece como una situación aparece como una situación de no discriminación de lo interno y de lo externo, es un déficit de discriminación de lo proyectado y lo propio del mundo exterior (Segal, H. 1978); las situaciones típicas se expresan en los períodos donde al adolescente lo gustan todas las materias, todas las carreras, etc., o también en la situación opuesta, cuando no siente atracción por ninguna, el problema de su vocación parece no interesarle, negando la exigencia social (es decir, externa) de la elección; hay una conducta de extrema dependencia donde se espera que el orientador decida por él, lo que representa una situación de depositación masiva por delegación ante el experto.

Vamos a terminar el tema, tratando de concretizar algunos elementos que resultan del examen antes expuesto, creemos que el tema apenas se abre y por tanto sólo hemos dejado vías abiertas en múltiples sentidos para desarrollos posteriores. Concluyamos:

  1. la problemática vocacional no es un asunto que se resuelve en los resultados de una batería de pruebas (psicométricas o proyectivas), por más completa que esta sea.
  2. La problemática vocacional es la confluencia de múltiples sobredeterminaciones concretas, es un síntoma, emergente de una situación por la que pasa un sujeto en un período especifico de su vida, la cual deberá ser enfrentada como tal; es decir, exige un análisis de múltiples determinaciones y de su íntima relación.
  3. La problemática vocacional deberá ser encarada en la situación concreta en que aparece y aún antes, en los momentos claves, de transición de los procesos de constitución del ser humano como sujeto-productivo.
  4. La adolescencia es un período de la vida del individuo, propio de las sociedades occidentales; momento clave en la vida del ser humano, situación crítica, pasible de ser encarada desde el plano de lo social; el grupo, espacio natural del adolescente (piénsese en las pandillas), puede ser instrumento importantísimo en el abordaje de una situación de cambio: la adolescencia como momento de transición, de pasaje del Ser niño al Ser adulto.
  5. El problema del cambio remite a toda una teoría del sujeto y de la historia social. Los marcos de referencia de los orientadores deberán ser explicitados so pena de transformar situaciones posibles de crear experiencias alternativas, en meros recaudos del orden vigente, del status quo.
  6. El papel del orientador vocacional no será más el de mero agente asistencial salvo excepciones, no deberá dar diagnósticos vocacionales, sino pautar el camino largo y sinuoso en el que el adolescente se embarca con la ilusión de un proyecto de vida profesional; será necesaria la explicitación de los supuestos que dan pie a esta ilusión y que la recortan como situación aislada, sin conexiones con el mundo que la rodea.
  7. Esto exige la renuncia del orientador en su papel de todopoderoso, mago que con su bola de cristal “conoce” el futuro y depara las buenas (o malas) nuevas. Exige con esto, antes que nada, renunciar a su propia ilusión asistencial, la que genera una demanda social que lo retro-alimenta en un círculo sin fin.

Apéndice.

La utilización de los grupos operativos en orientación nos ha llevado a reflexionar sobre nuestros propios esquemas referenciales. Las ansiedades que aparecen en los grupos no tienen que ver sólo con el problema del adolescente, tienen que ver también con el papel que juega en ese momento el orientador, como coordinador de uno de esos grupos.

Creemos que, por una parte, la situación creada en estos grupos, remueve en el orientador una problemática que se cree ya superada, problemática que si no ha sido elaborada convenientemente puede llevar a actuaciones extremas, donde las ansiedades subyacentes pueden desvirtuar el campo de instrumentalización: el grupo. De aquí, que el trabajo grupal exige del orientador una supervisión y un entrenamiento permanente en lo teórico y en lo práctico; una dificultad en esto, estriba en los costos de este “mantenimiento”, problema que puede ser canalizado en las actuales circunstancias por la vía del intercambio académico-institucional.

Por otra parte, las limitaciones institucionales y las dificultades técnicas de la puesta en práctica de un programa global de Orientación Vocacional nos permite hacer un comentario: llevar adelante un programa de este tipo para los estudiantes de nivel medio superior, tiene que contar con el apoyo explícito y permanente de la institución educativa particular y de las autoridades académicas y administrativas de la Universidad donde se lleve a cabo.

Los resultados obtenidos de la puesta en práctica de los nuevos programas, siempre reflejan las condiciones particulares en que se trabaja, como las actitudes de maestros, autoridades académicas y administrativas de la institución; de aquí que sea importante indicar que nuestro trabajo y nuestro enfoque del problema se resuelve en la posibilidad de involucrar en lo vocacional no sólo a los expertos, sino también a todos aquellos que de uno u otro modo tienen contacto con el adolescente y por tanto, estarían dispuestos a participar con nosotros.

Referencias bibliográficas

  1. Bauleo, A. (1979) Problemas de la Psicología Grupal: el Grupo Operativo Productivo. En Psicología Social y Grupo Operativo. Montevideo. Edit. Imago,
  2. Bleger, José. (1966) Psicohigiene y Psicología Institucional. Buenos aires, Paidós.
  3. Bohoslavsky, R. (1978) Orientación Vocacional: la Estrategia Clínica. Buenos aires, Ed Nueva Visión.
  4. Castel, R. (1982) El psicoanalismo, el orden psicoanalítico y el poder. México, Siglo XXI editores.
  5. Erikson, E. (1972) Sociedad y adolescencia, México, Siglo XXI Editores.
  6. Grinberg, L. et al. (1972) Psicoterapia de grupo; Buenos aires; Paidós.
  7. Freud, S.(1973) Psicología de las Masas y Análisis del Yo. O. C. Tomo III. Madrid. Biblioteca Nueva,
  8. Liberman, D. (1965) El Método de Indagación Operativa y su Aplicación al Seminario Psicosomático en Grinberg, L., et al. El Grupo Psicológico”. Buenos aires. Edit. Nova.
  9. Pichón R., E. (1971) Tratamiento de Grupos Familiares: Psicoterapia Colectiva. En Del Psicoanálisis a la Psicología Social. Tomo II. Edit. Buenos aires. Galerna,
  10. Pichón R., E. Aplicaciones de la Psicoterapia de Grupo. Ibid.
  11. Segal, A. (1978) Introducción A la Obra de M. Klein. Buenos Aires. Paidós.

Orientación Vocacional, con Técnica Operativa
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