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Hago lo que nadie hace... en estos tiempos, ¿quien realmente es sensible a lo que pasa a su alrededor?

Publicado por Francisco Mora activado 18 Mayo 2013

Hago lo que nadie hace... en estos tiempos, ¿quien realmente es sensible a lo que pasa a su alrededor?

La Sensibilización Perceptiva y la Técnica de la Concentración.

El tema del Coach y el Educador o Tutor.

Francisco Mora Larch

“Demasiado ruido abruma los sentidos. El continuo gasto de energía enturbia el discernimiento genuino. (…). Enseña a la gente a desprenderse de su superficial parloteo mental y de sus obsesiones.

John Heider. El Tao del liderazgo.

Un repaso al factor que facilita el aprendizaje: la concentración. Uno no puede concentrase no solo a causa de los ruidos externos, la mayoría de las veces “los ruidos” son internos, provienen del yo No 1, una mente hiperactiva que no se calla (remite a la tv siempre encendida, omnipresente) y que nos impide desarrollar la sensibilidad por los estímulos externos y los que provienen del cuerpo, ahora somos hipersensibles al silencio, a este hay que acallarlo.

Ante este embotamiento mental que padecemos, ¿cómo poder desarrollar la concentración? Tim Gallwey, un Coach norteamericano, pronto se dio cuenta que “no se puede luchar contra la mente”, y que tampoco funciona el asunto de “abandonarse” o ”dejarse ir” para mantenerse en un estado de “mente en blanco”.

La única forma de acallar la mente es intentando llamar la atención de la misma y que esto pueda durar un tiempo suficiente como para permitir que la mente focalice, es decir, se concentre. Funciona un poco a la forma de tranquilizar a un niño al que se le enseña la renuncia a la omnipotencia (todo lo puedes tener): la única manera de acallar a un niño que quiere algo que no es posible, es ofrecerle una alternativa distinta (que sí es posible).

En mi trabajo como instructor de capacitación, un método que utilicé durante cerca de diez años fue un tipo de sofrología, trasmitida por un grupo de psicólogos humanistas y de la gestalt, en el Centro de Capacitación y Productividad del ISSSTE Federal en la ciudad de México.

El método consistía en el uso de música de relajación, el trabajo con la respiración y la combinación de estos elementos con relatos que llevaran a la concienciación de la desarmonía de la relación mente-cuerpo; a la sensibilidad perceptual; a la distinción entre mundo interno, mundo externo, con el fin de la “expansión” de la conciencia y un mayor autoconocimiento.

Fue interesante constatar cómo el ofrecimiento de un objeto de atención a la mente, la hacia silenciar el parloteo mental en que algunos “se esforzaban” contra su voluntad; en algunos sujetos, la cercanía a estas “tomas de conciencia”, les atemorizaban o reaccionaban con mareos o pequeñas crisis de angustia, las resistencias al cambio y las defensas psíquicas iniciaban un proceso de resquebrajamiento, por lo que en algunos se producía una especie de abrumación del yo (No 1), necesitando un trabajo mas prolongado de sensibilización para poder tramitar con menos dificultades la experiencia y permitir una adaptación paulatina al método.

Gallwey utiliza una serie de recursos mas simples y elementales que están a la mano y que permiten un trabajo de concentración cercano al método descrito, por ejemplo, prestar atención a un objeto en movimiento como la pelota (de tenis), o el trabajo sobre la respiración aun a nivel de cancha; si se utiliza un objeto, este debe ser un objeto en movimiento que permita a la percepción su seguimiento, una especie de enganche con “lo vivo”, no por nada una de las mas famosas imágenes del método hipnótico se nos trasmite con el hipnotista pidiéndole al sujeto que siga por ejemplo, un reloj o un objeto en movimiento que se hace pendular ante sus ojos.

En una interesante película de la historia de un coaching (Peaceful warrior, traducida como “El camino del guerrero” de Víctor Salva), el instructor o coach (Nick Nolte) se encuentra con un pupilo que vive una fase de resistencia extrema al cambio y a la sensibilización, atosigado por un yo 1 implacable, y alienado en función de la competencia y el éxito, que mantienen ocupada su mente y a un yo inflado por la arrogancia de su narcisismo.

Una escena muestra al coach haciendo una especie de toque corporal, que “hace abrir los ojos” al pupilo, el que expresa que “no ocurre nada” a su alrededor; con este estímulo, de pronto observa y toma conciencia de las cosas que pasan en ese momento, en ese “aquí y ahora” en que se encuentra, escenas de vida se muestran a un testigo que estaba absorto, impidiéndole ver lo que transcurría ante sus ojos, impactando sus sentidos. Un paso, un tránsito se produce aquí: es el camino que lleva de “acallar la mente” a la toma de conciencia, pero mente y conciencia no son lo mismo.

La mente se asimila a un yo cuyo instrumento básico es el pensamiento, el que hace uso de la razón, de aquí deriva el perfil en que se recorta al hombre tipo de la cultura occidental: razonable, pensante, lógico, individualista, guiado por el desarrollo o crecimiento personal propio (que curiosamente se reduce a convertirse en un hombre de negocios, cuyo éxito se mide por la ganancia de mucho dinero y tener una buena calidad de vida, entendida como la obtención de lujos, estar a la moda y la posesión de bienes materiales, regularmente sin dejar espacio para la evolución cultural).

Para Gallwey, la conciencia es la luz que ilumina el camino, de ahí que también la sofrología sea una disciplina cuyo fin es la expansión de la conciencia a través de un trabajo de sensibilización perceptual y de integración cuerpo/mente. La conciencia es el poder que permite conocer, si bien utiliza el pensamiento, este no invade el campo de conciencia, se accede a él de manera modulada, utilizando solo aquel que es necesario en el momento, impidiendo que se vuelva un obstáculo al contacto afectivo, al vínculo, a la integración.

Pero seria necesario detenernos en lo que el psicoanálisis nos ha enseñado sobre la conciencia, su función, sus potencialidades, pero también sobre sus limitaciones. He de indicar que el psicoanálisis concede una importancia central a la conciencia, intentando que sus déficits sean resueltos a través de trasmutar contenidos inconscientes a la misma, lo que implica una liberación del yo 2, y disminuyendo al yo1 de Gallwey.

Hacer consciente lo inconsciente, implica que hay aspectos conscientes que pueden ser asimilados a una “falsa conciencia”, esta se sostiene en un yo hipostasiado, un yo que se arroga la representación total de la personalidad, cuando no deja de ser un mero sustituto del auténtico yo, una especie de “falso self” tal y como lo describe W. Winnicott (15) muy tempranamente (hacia 1960).

En la película citada, hay un momento en el que el pupilo (Scott Mechlowics) se encuentra con ese “yo imaginario”, al que enfrenta con mucho miedo y temor ya que este se presenta como “la única posesión” del yo amedrentado; una interesante forma de destronarlo de un imaginario poder, se resuelve cuando al borde de una cornisa, el yo 2, intenta soltar o dejar ir al yo 1, este amenaza con “dejarlo solo”, sin control, sin capacidad, sin talento, pero no hay posibilidad de cambio, de crecimiento, de aprendizaje mientras no aprendamos a “estar a solas”, mientras no aprendamos la renuncia, mientras no soltemos las amarras para poder navegar hacia lo desconocido, tolerando la incertidumbre que esto genera en nosotros, en busca de nuestro yo “auténtico” que nos acerque al sentido mas humano de lo que somos y hacemos en el mundo.

Hago lo que nadie hace... en estos tiempos, ¿quien realmente es sensible a lo que pasa a su alrededor?

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