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La Corriente Hegemonica en Salud Mental.

Publicado por Francisco Mora Consulta En Psicoanalisis activado 8 Marzo 2013

La Corriente Hegemonica en Salud Mental.

La Corriente Hegemónica en Salud Mental.

Revista Subjetividad y Cultura , México, Nº 4, abril 1995.

Miguel Matrajt

I.- INTRODUCCIÓN

En el presente artículo procuraré hacer un análisis crítico de los fundamentos de un conjunto de prácticas teóricas y técnicas en salud mental. Admito que Incurro en varias arbitrariedades, desde la misma denominación.

Es ambigua la noción de “corriente”, muy utilizada para referirse a un colectivo mal definido y con límites vagos, cuya Identidad suele ser transitoria. Admito que estoy incluyendo, como sujeto de mi análisis, a colegas, teorías y prácticas muy diversas, definidas desde mi particular punto de vista alternativo a las mismas. Ignoro si son las prácticas a las que adhieren más colegas. Mi calificación de “hegemónicas” proviene del hecho que son las que están más asociadas al poder.

En otras palabras, son tos que prevalecen en las políticas oficiales de salud mental en prácticamente todos los países, son las más promovidas por los organismos Internacionales a través de sus becas y subsidios, son casi las únicas que admiten los seguros médicos de los países donde existen coberturas para este tipo de problemas, son las que tienden a Imponerse en los colegios médicos y psicológicos de los países desarrollados, son las apoyadas por las plantas productoras de fármacos y por casi todas las facultades de medicina, así como por casi toda la Industria editorial (1).

Tiene muchas expresiones en la literatura específica, en los múltiples libros y artículos sobre neuropsiquiatría, salud mental, etc. Para el lector no demasiado empapado en esos temas. quizás encontrará que los dos documentos más acabados, porque sintetizan las intersecciones buscadas de teoría y técnica, son: la clasificación americana de los trastornos mentales (la vigente es el DSM-III, y existe un borrador de la futura, el DSM-IV) y la clasificación internacional aplicada por la OMS (IDC-10).

Por supuesto que existen infinidad de prácticas teóricas y técnicas alternativas, cuestionadoras de esta corriente en todo o en parte, y desde distintos ángulos, y que todas las posiciones disidentes tienen sociedades científicas, cursos, investigaciones, espacios en las universidades, programas de salud mental desarrollados en algún país, escritos, revistas y hasta casas editoras. Nuestra noción de hegemonía no se limita a la existencia o inexistencia de opciones críticas, sino al peso específico que cada quién tiene en las prácticas públicas y privadas del ambiguo campo de la salud mental.

La noción de corriente hegemónica no es sinónimo de práctica al servicio de tal o cual sistema. Es una alusión a su posición relativa -un sitio estratégico de privilegio- en el tablero del poder. Dentro del conjunto de políticas de salud, son las que pretenden -y logran- ocupar los espacios centrales. Existen Infinidad de prácticas dentro del campo de la salud mental cuya servicialidad de clase ha sido señalada desde distintos discursos. Tal el caso de muchas de las corrientes psicoanalíticas, la dianética, las variedades de “counseling”, las "terapias racional y emotivas", etc. Mucho más difícil resulta dar una semblanza sucinta de sus postulados. Básicamente, esta corriente se apoya en los siguientes ejes:

  1. Una orientación casi exclusivamente biológica, al punto que en los casos extremos identifica psiquismo con sistema nervioso central.
  2. Un Intento de encontrar un lenguaje común, para lo cual se soslayan los posibles procesos patológicos, remplazándolos por síntomas y conjuntos de síntomas (síndromes).
  3. Una psicología reducida exclusivamente a los procesos conscientes.
  4. Una selección de instrumentos y técnicas de Investigación, valoración y terapia en función de lo que está normado y estandarizado por las Instancias de poder señaladas en el primer párrafo de este escrito.

II. ANÁLISIS CRÍTICO

2.1 ASPECTOS FILOSÓFICOS

¿Qué tipo de ser humano presupone esta corriente? Es un ser humano que, paradójicamente, no está producido por los fenómenos más característicamente humanos: los históricos y sociales. Este concepto de "ser humano universal", a-histórico, a-social, remite a alguna de estas dos aproximaciones: la metafísica (origen divino y la "natural". Lo “natural” en este caso debe ser entendido como lo que se genera en seno pero al margen de las formaciones sociales, con independencia de los sistemas axiomáticos, con prescindencia de las máquinas abstractas, como diría Guattari.

En otros términos, este concepto de natural es sinónimo de biológico. Por supuesto, la corriente que analizamos incluye sistemáticamente lo sociocultural, pero no como forma de producción del psiquismo, sino como factor modificador de un proceso y /o desencadenante de un trastorno. Por ejemplo, las depresiones serían, fundamentalmente, expresión de una alteración en un mecanismo bioquímico inter-sináptico, y el duelo por un ser querido sólo un desencadenante.

El trabajo o la militancia políticas carecerían de capacidad para generar aspectos del psiquismo (por lo menos diferentes de los conscientes), y su función no sería otra que dar cabida a la inventiva o la agresión del sujeto, habida cuenta que la tal inventiva o agresividad no responden a ningún factor social estructurante. De esta forma el psiquismo, o, por lo menos sus componentes esenciales, es “algo” con existencia y desarrollo propio, que sufrirá modificaciones en contacto con otro “algo”, de tipo social, pero los desarrollos de ambos "algos" son independientes y relativamente autónomos.

Es así, que una personalidad dependiente y sumisa se constituiría por evolución de su sistema nervioso central "pasivo" o sus experiencias infantiles familiares, y "casualmente" sería captada en circuitos de trabajo, consumo y poder políticos que nunca se propusieron generar ese tipo de personalidad. Esta idea de desarrollos paralelos, o con una Influencia muy superficial de lo social en lo psíquico, es compartida por aproximaciones teóricas muy disímiles, partiendo tanto desde el organicismo como desde los diversos psicologismos.

Esta corriente se apoya en una antología de ser-en-la-falta y su complementario, la completud. Es ésta una línea de pensamiento que arranca con Platón y Aristóteles, se consolida con San Agustín y Santo Tomás, y adquiere nuevos rumbos con Hegel, Kierkegaard y Heideger. En uno y otro caso, se visualiza la subjetividad como un producto que surge de la evolución del sistema nervioso central (genéticamente determinada) y /o situaciones infantiles (familiarmente determinadas) y el devenir psíquico como repetición. En este sentido, los postulantes de las neurociencias no se diferencian mayormente de las aproximaciones más reaccionarlas del psicoanálisis, como la psicología del yo y el lacanismo.

2.2 ASPECTOS IDEOLÓGICOS

El "hombre (2) necesario" de la actualidad está cada vez más producido y manipulado por los medios masivos, por las tecnologías informatizadas, por las máquinas abstractas (en las que debe inscribirse el "trabajo inmaterial (3) (4) (5) (6) . La corriente hegemónica en salud mental es el primo hermano de aquéllas, y juega en el mismo equipo.

El ideal de hombre contemporáneo, desde las cúpulas de poder, está en la intersección de la filosofía de la postmodernidad con el neoliberalismo hegemónico.

Es un hombre que no cree en soluciones colectivas, sino apuesta a su salvación individual, que no confía en caminos largos, sino demanda paliativos inmediatos, que no muestra mayor Interés por bucear en profundidades subjetivas, sino prefiere modificaciones tangibles, que desdeña el concepto de procesos y los subsume en sus manifestaciones superficiales, que entroniza el éxito y la eficiencia como valores supremos, aunque sea a costa de valores otrora universales, como la igualdad y Ia Justicia, convertidos actualmente en discurso para ingenuos.

En otras palabras, este hombre postmoderno cree que camina solo por un mundo en el cual los otros existen en tanto proveedores de sus satisfacciones, que busca un placer que semeja el alivio inmediato sin sumergirse en las profundidades del hedonismo, que bendice a los exitosos sin poner reparos en la inescrupulosidad de los medios, con una particular noción del tiempo, teñida de desesperanza.

¿Qué le ofrece esta corriente de salud mental a este hombre postmoderno, hombre que no se da cuenta de quién y cómo produjo esa carencia y el espejismo d solución?. La corriente que nos ocupa le ofrece exactamente eso que solicita: paliativos inmediatos que le den soluciones tangibles sin tener que bucear en sus profundidades, y esas ganzúas para el éxito se venden en las farmacias, o, para los que son un poco más sofisticados, en formas directivas o esotéricas de psicoterapias modificadoras de conductas.

2.3 ASPECTOS EPISTEMOLÓGICOS

La corriente que nos ocupa remonta, en sentido contrario, la moda de los cincuentas y las dos décadas siguientes, de abordar las problemáticas psíquicas con "equipos multidisciplinarios”, que con el tiempo mutaron a inter-disciplinarios y trans-disciplinarlos. Sin discutir acá lo bueno y malo de esas aproximaciones, nuestra protagonista se refugia cada vez más en explicaciones exclusivamente intra-disciplinarias aferrándose a un positivismo y un pragmatismo lógico totalmente reñidos con la actual evolución de las ciencias sociales. No es un desliz de la razón o una carencia de conocimientos. Por el contrario, significa una clara definición hacia el campo de la biotecnologías.

Desde nuestro punto de vista, es una definición primariamente ideológica, de la mano de las otras definiciones señaladas en el apartado anterior. Por consiguiente no es de extrañar que predomine el concepto epistemológico que es “útil” debe contener algo de verdadero. En este caso, el concepto de utilidad además de estar impúdicamente ideologizado, se debe entender como con eficacia para lograr un efecto... en este caso, el efecto de obturar el acceso a la conciencia y el máximo de (re) inserción social. Por supuesto, de inserción social en los circuitos de producción-consumo diseñados por los dueños de la sociedad. Dos trucos de ilusionista demarcan, desde esta corriente, las fronteras de la cientificidad.

a) Sólo es válido lo objetivo, entendido como lo que supuestamente es igual para cualquier observador, y lo "mensurable", entendido como lo que se puede registrar en una escala (de ser posible registrada por un aparato). Esta acepción deja afuera otros aspectos, tan objetivos y entendibles en términos de cantidad como los que postula esta corriente.

Casualmente, deja afuera lo que son las motivaciones más importantes para todo ser humano... incluyendo a las motivaciones más importantes para los entusiastas de esta corriente. Nos referimos al amor, al deseo, al odio, a la ideología, a los proyectos existenciales, etc. No se puede medir el amor o el deseo en una escala, pero a nadie escapa que las “cantidades” de un afecto o de un valor (la intensidad con que se desea a alguien o la importancia que atribuimos a un ideal) son las determinaciones que mueven nuestras vidas.

b) Casi desaparece el concepto de patología, remplazado por el de síntoma o síndrome, que, por supuesto, se determina e inscribe en sistemas de escalas... sólo las aceptadas por los sistemas de poder. Se cierra así un sistema de legitimación del conocimiento basado en la detentación del poder.

2.4 ASPECTOS TEÓRICOS ESPECÍFICOS

a) Como decíamos al principio, el concepto de subjetividad desaparece y, por consiguiente, la necesidad de una teoría acerca de la misma. En su lugar se intenta colocar el estudio del sistema nervioso central, el de las neuro-secreciones (por ejemplo entre los estudiosos del estrés) o el de las funciones psíquicas convencionales (memoria, inteligencia, etc.). En el caso del sistema nervioso central se recurre a teorías bien fundamentadas del orden de la neurofisiología y la neuropsicología. En los otros dos casos, se postula un sistema factor-respuesta, en el cual la subjetividad se convierte en la “caja negra” de Skinner. Por supuesto, no estamos postulando ningún tipo de dualismos, sino subrayando que la subjetividad supone fenómenos mucho más complejos, inter-penetrados e inter-determinados. Cuando menos, deberíamos partir de la idea, actualmente ya rudimentaria, de una “máquina” de procesamiento singular de múltiples influencias biológicas y sociales.

b) Si no hay una teoría de la subjetividad, tampoco puede haberla de sus trastornos, salvo cuando de alteraciones del sistema nervioso central se trate (Alzheimer, oligofrenias, etc), o cuando se correlaciona (en sentido estadístico estricto) una modificación de un factor con la emergencia de una respuesta (insomnio por ansiedad, hipertensión arterial por estrés, etc).

c) Como las posibilidades de explicar la mayor parte de las conductas humanas ateniéndose a los criterios de cientificidad señalados en 2.2 y las concepciones teóricas apuntadas en los apartados a y b, son en extremo reducidas, se recurre a artificios del tipo “lesión cerebral mínima” o “disfunción cerebral mínima”, o, peor aún, a extrapolaciones a partir de las investigaciones todavía incipientes, sobre imagenología, .intermediarios bioquímicos inter-sinápticos, receptores de membrana y acciones de ciertos fármacos (7) Por supuesto, desearíamos subrayar la enorme Importancia y el inimaginable futuro que tienen las líneas en neurociencias. Lo que criticamos es la extrapolación de conceptos, como, por ejemplo, que las depresiones están determinadas por ciertas modificaciones inter-sinápticas, o el reduccionismo de lo humano a la bioquímica cerebral. Al respecto volveremos más adelante.

d) Salvo en ciertas categorías neuro-patológicas muy claras (tumores, intoxicaciones, infartos cerebrales etc.), se desdeña la idea de proceso patológico remplazándolo por síntomas o conjuntos de signos y síntomas (síndromes) (Ibid 7).

Nos encontramos con dos escollos básicos:

d.1 Los síntomas psiquiátricos más habituales de la clínica (miedos, ansiedades, depresiones, ira, etc) son, ante todo, características intrínsecas a la vida humana. Más aún, su ausencia nos lleva a pensar en una patología severísima (oligofrenia, esquizofrenia, etc.). La corriente que nos ocupa intenta salir esta dificultad recurriendo a dos nociones muy discutibles: la intensidad (a través de alguna escala) o la apelación al sentido común para determinar si la aparición e intensidad del síntoma responden a las características del estímulo (en realidad, a la forma como reacciona la norma estadística, concepto por demás ideologizado, ya que la mayoría hace lo que las cúpulas de poder determinan).

d.2 En ningún otro terreno de la biomedicina se mantiene esta aproximación obsoleta. Ninguna enfermedad se define por un síntoma (tos, dolor, diarrea, etc), a pesar de que la mayoría de los síntomas biomédicos no son expresiones inmanentes y necesarias a la vida. Tampoco se admite con criterio terapéutico la persecución del síntoma hasta eliminarlo. Por otro lado, los síndromes biomédicos actuales se refieren a procesos patológicos (síndrome pilórico, síndrome de insuficiencia renal, etc.), no son la simple seriación de manifestaciones.

e) Retomando un concepto del párrafo anterior, esta corriente identifica curación con desaparición del síntoma, y rehabilitación con una inserción social no conflictiva... no conflictiva para el resto de la gente. De hecho, en la práctica identifica salud con ausencia de sintomatología, a pesar de todos los discursos señalando el criterio contrario (pleno bienestar bio-psico-social, etc.). Este criterio, que comenzó a formalizarse en relación con el abordaje a las adicciones (no reincidir en el uso de las drogas ni aparición de otro síntoma), extiende hasta abolir el concepto de neurosis.

Así, las situaciones más complejas, típicamente humanas, de problemáticas intersubjetivas y de lazos inconscientes que llevan a repeticiones, a mutilaciones de las capacidades para gozar y realizarse, los conflictos entre normas y pulsiones, las contradicciones entre sistemas valorativos, las dificultades para cristalizar un proyecto existencia!, todos estos procesos son subsumidos en y limitados a sus manifestaciones ego-distónicas. Peor todavía, son abordados como si lo único que importase fuese justamente eso, sus síntomas, confundiendo proceso con expresión consciente del mismo.

En este sentido, no es de extrañar que las adicciones (alcohol incluido) son clasificadas dentro de las enfermedades mentales sintomáticas, por su efecto de intoxicación sobre el sistema nervioso central, con prescindencia de la estructura de personalidad que utiliza la adicción como defensa. De idéntica forma, se agrupa bajo el título de trastorno somato-forme a problemáticas tan disímiles en su significado intra-psíquico y social como las conversiones, la hipocondría y las enfermedades psicosomáticas. De hecho, estas últimas desaparecieron como categoría psicopatológica. Por supuesto, no es nuestra intención en este escrito polemizar respecto a la necesidad de una nosografía, ni sobre la conveniencia de alguna en particular (8), sino utilizar las propuestas en esta corriente como vehículo para adentrarnos en su forma de pensamiento teórico.

f) El tratamiento de las ciencias intervinientes en este sistema complejo (la salud) es muy disímil. Se procede con amplitud, cuidado y respeto con las ciencias básicas. Se procede con prejuicio, exclusión y mutilación en relación a las disciplinas que pretenden explicar la subjetividad y lo social. El lugar asignado al estudio del inconsciente, de la lingüística, de la antropología, de los grupos, de tas instituciones y de la sociedad es nulo o pueril. Con una omnipotencia que, debo admitirlo, genera mi envidia más intensa, se dejan de lado miríadas de Investigaciones realizadas por ejércitos de científicos a lo largo de décadas en los cinco continentes, porque no responden a los criterios y escalas estandarizados.

En realidad, por aportar conocimientos que ponen en entredicho tales criterios y escalas, así como los sistemas de intereses a ellos asociados. Valga admitir que no es pecado exclusivo de esta corriente, sino compartido, con idéntico entusiasmo, por los marginados de la misma. Muy probablemente, porque también son idénticos los juegos de intereses.

2.5 MÉTODOS Y TÉCNICAS

2.5.1 Los métodos de investigación son muy diversos. Cuando de Investigación en neurociencias se trata, suelen utilizarse metodologías finas y de avanzada. Cuando se trata de aspectos sociales y epidemiológicos, se recurre a criterios anticuados y pueriles. Ejemplo claro son la mayoría de los instrumentos y escalas estandarizados aceptados (9), o la forma de llevar a cabo las encuestas, centradas en los aspectos conscientes y dando por sentado que las respuestas son verdaderas. Se dejan así, cincuenta años de investigaciones en psicología social, y más de treinta del campo institucional.

2.5.2 Las intervenciones clínicas son igualmente variadas. Sin embargo, destaca una como esencial, tanto por el significado que adquiere dentro del conjunto como por la extensión de su uso. Nos referimos a la prescripción de psicofármacos.

No cejaremos de repetir que estas drogas han sido uno de los grandes inventos de la farmacología, a la que la humanidad debe estar agradecida. Pero, para que su uso no se convierta en abuso contraproducente, deben tenerse presente los siguientes principios:

  1. Son fármacos sintomáticos, o sea que no transforman ni los procesos biológicos ni los socio-psicológicos que dieron origen al síntoma. Sus denominaciones genéricas, como fármacos anti psicóticos, son simples ganchos publicitarios.
  2. El concepto de sintomático debe ser acotado: no son efectivos para un mismo síntoma producido por situaciones distintas. Por ejemplo, los antidepresivos parecen no tener acción distinta que el placebo en las depresiones por pérdida de objeto (duelos).
  3. La atenuación del síntoma puede tener como efecto el enmascaramiento de los procesos que le dieron lugar. Por ejemplo, al eliminar la angustia provocada por una mala relación de pareja sólo se perpetúa esa mala relación. De allí observación que frecuentemente los pacientes de esta corriente concurran al médico por un problema y salgan con dos: el que los había llevado y el riesgo de adicción.
  4. Efectivamente, todos los psicofármacos pueden crear dependencia psicológica. O sea, que son potencialmente adictógenos. En publicaciones anteriores señalábamos estudios epidemiológicos que los sitúan como la mayor enfermedad iatrogénica de la actualidad, y dábamos cifras sobre la adicción a sedantes en la República Mexicana (10).
  5. En muchas latitudes han sido utilizados como forma de control social ("el chaleco de fuerza químico”, la “función policial de la psiquiatría”, etc.) (11).

Los pocos complementos psicoterapéuticos que apoya esta corriente se nutren de la psicología cognitiva y el conductismo, a través de sus múltiples variantes. En todo caso, los denominadores comunes de todas esas terapias son: una concepción directiva (el terapeuta es el que decide los objetivos y los cambios que debe hacer e paciente), una clara tendencia a la adaptación social (incluso al sometimiento) y el profesional es el representante, el dueño, de la verdad y de las normas sociales.

La heterogeneidad, la singularidad, la toma de conciencia, el cuestionamiento crítico, las búsquedas de alternativas, reciben el mismo tratamiento contradictorio ya apuntado en otros párrafos: son elogiados en los discursos y estigmatizados en las prácticas. Sin duda hay muchas otras terapias que, según el contexto social y el terapeuta pueden tener un sentido esclarecedor y cuestionador, o convertirse en instrumentos más sutiles de instilación Ideológica (“indoctrinamiento” fue el neologismo que utilizamos en una época). En este sentido debemos incluir a múltiples formas de psicoanálisis, de terapias de grupo, de familia, de aproximaciones existencialistas. etc. La precedente aclaración -con un franco contenido auto-crítico- es para ilustrar que ciertos pecados no son monopolio de nuestro sujeto de crítica.

2.5.3 Las intervenciones en salud mental pública son coherentes con las características apuntadas hasta aquí. En la medida que no hay una teoría del psiquismo, las acciones tendientes a promover la salud mental carecen de especificidad y no se diferencian del sentido común.

Al carecer de una teoría de la psicopatología, las políticas en prevención primaria no pueden estar dirigidas al sistema complejo que determina un trastorno. En su lugar, se atacan los factores aislados que están estadísticamente asociados al mismo.

Las más de las veces, se recurre a una aproximación pedagógica (dar información), moralista o amenazadora. Así, se cae en puerilidades del tipo de invocar el rechazo a una conducta defensiva (“di no a las drogas") o a impresionar con recursos publicitarios sobre las consecuencias nefastas de una omisión (las campañas para prevención de accidentes) (12) (13), Las prácticas en prevención secundaria y terciaria se fundamentan, como ya habíamos señalado, en el uso masivo de psicofármacos.

2.6 DESARROLLOS PREVISIBLES

Esta corriente ha ido ganando espacio en forma paulatina. Luego del auge de los movimientos cuestionadores de los sesentas y setentas (la “anti-psiquiatría”, el freudo-marxismo. el movimiento institucionalista, etc.), las crisis de los paradigmas y de las utopías en el campo popular. aunadas a la extensión de la filosofía de la post-modernidad y el neoliberalismo, dejan un terreno muy propicio para que esta corriente se imponga como lo ha hecho. Sin violencias visibles, pero con una fuerza arrolladora, esta concepción ha tomado el control de políticas oficiales en salud y formación profesional en todo el mundo, así como ha penetrado la práctica privada en los países desarrollados, a través de los seguros médicos.

Estos últimos han penetrado profundamente en los colegios y asociaciones locales de médicos y psicólogos, así como en las llamadas “escuelas de psicoterapia” europeas, imponiendo sus criterios. El control sobre las facultades y centros de investigación (a través de becas y subsidios), como sobre la industria editorial (particularmente las revistas científicas) es estratégico.

Es de prever que su hegemonía será casi total en los próximos lustros. En escritos anteriores describíamos con más detalle algunas investigaciones al respecto, e introducíamos el concepto de mega-institución para entender la relación entre los niveles de formación profesional y de práctica individual, institucional y sanitaria con los grandes capitales (14). Este concepto lo formulé a propósito de investigaciones con trabajadores de la salud y en el campo de la salud pública.

En la actualidad observamos la atomización y agonía de las instituciones de avanzada y de alternativa en materia de formación, así como la lenta desaparición de la práctica particular, sobre todo la realizada hasta hace poco en forma individual, siguiendo el antiguo esquema de profesión liberal. Las otrora poderosas asociaciones psicoanalíticas tienen actualmente una vigencia raquítica, y cada año hay menos aspirantes a ingresar a las mismas y /o a realizar en ellas su larga y costosa formación profesional.

Las otrora florecientes asociaciones psicoanalíticas y /o psicoterapéuticas “disidentes" de la concepción oficial de esta disciplina, no atinan, en la actualidad, a bosquejar estrategias de subsistencia. El consultorio psicoterapéutico, que, junto con el odontológico, mantenía en alto el estandarte de la práctica Individualista liberal característica de los dos primeros tercios de nuestro siglo, ha debido arriar banderas y capitular ante el avance arrollador de los grandes grupos médicos, nucleados en gigantescos hospitales, y los seguros de igual tenor.

En Europa este fenómeno se llevó a cabo en forma más aparatosa, dando lugar a una nueva modalidad de feudalismo -¿o mafia?-, representada por los colegios profesionales regionales, de médicos o psicólogos, y las escuelas de psicoterapia.

2.7 INTERESES Y SERVICIALIDADES

Suponer que todos los Investigadores y practicantes de esta corriente obedecen a mandatos de grandes empresas es una ofensa tan falsa como injusta. Muy por el contrario, el autor de estas líneas se permite conjeturar que la mayoría de los colegas cree auténticamente que los principios teóricos y metodológicos que sustentan son la mejor opción para aliviar el sufrimiento de sus semejantes.

Pero esta afirmación no exime de señalar que hay una porción considerable de profesionales en todo el planeta que mantiene vínculos corruptos con los dos grandes beneficiarios de esta concepción. Nos referimos a las plantas productoras de fármacos y las empresas de seguros médicos... que en ocasiones pertenecen a los mismos dueños. Ha sido nuestra intención omitir cifras, por razones expositivas y de espacio. Conceptualmente esta corriente en salud mental cumple dos macro objetivos:

a) Es sintónica y sinérgica con los otros recursos señalados en el apartado 2.2 en la producción del “hombre necesario” contemporáneo. Las nociones deleuzíanas-guattarianas de máquinas de distinto registro y de circuitos centrales y accesorios de producción-consumo, me parecen el paradigma teórico más apto para entender estas relaciones.

b) Convierte las prestaciones en salud mental en un negocio muy rentable para las empresas señaladas. No hay más que ver los datos oficiales de estas empresas (15) en relación con volumen de ventas y compararlos con otros datos socio demográficos. Negocio cuyo requisito es la existencia de enfermos que medicar, y su complemento: la ausencia de políticas para prevenir.

III. AUTOCRÍTICAS

Cuanto más releo lo escrito hasta aquí, menos me gusta. Más de un lector podrá pensar que estoy arrojando por la borda muchas buenas intenciones y muchas buenas realizaciones.

Entre las primeras, cabe mencionar los deseos de construir un lenguaje común que permita intercambios de Ideas fructíferos, en un campo en el que siempre ha reinado el caos semántico. Y, mucho más importante, los esfuerzos por producir conocimientos razonablemente seguros, en una disciplina caracterizada hasta el presente por la omni-presencia de lo conjetural y la afirmación megalómana sobre los datos científicos sólidamente verificados.

Entre las realizaciones no podemos omitir los múltiples programas comunitarios exitosos, llevados a cabo en diferentes contextos, así como gran variedad de investigaciones en todo el espectro, desde la biología molecular hasta la soclo-epidemiología. Pero, la mayor de las autocríticas tiene otro centro: hasta el presente ninguna de las alternativas con nivel macro que se han propuesto tiene mayor basamento científico ni ofrece una solución integral a los aspectos criticados que la corriente que nos ocupa.

En otros términos, si queremos ser honestos, debemos admitir que esta corriente no nos gusta, pero la construcción de una mejor todavía está por hacerse. Las palabras anteriores no son un llamado al conformismo, sino, por el contrario, una apelación a la autocrítica y a la auto-exigencia: debemos construir una corriente mejor, que dé cuenta de un mayor número de fenómenos, que incorpore una gama más amplia de conocimientos -incluyendo los de las denominadas “etno-medicinas”-. y que dé cabida a prácticas más democráticas, participativas y autogestivas, tanto de los colegas como de las personas que son objeto de nuestras intervenciones individuales y colectivas ¨

Notas.

[1] Las Actas del IX Congreso Mundial de Psiquiatría (Río de Janeiro , junio de 1993) constituyen una magnífica síntesis. tanto por la variedad de representantes como por su calidad científica y su jerarquía como funcionarlos nacionales e Internacionales.

[2] En todo este artículo la palabra hombre deberá entenderse como sinónimo de ser humano, sin ánimo de ofender a las feministas.

[3] GUATTARI. F., Les Trols Ecologies, Gálliele, París, 1989

[4] Idem, “ Lan 01 des mach i nes a bstraites”, revista Ch i mères , Nº 2. 23, Paris, 1994

[5] LAZZARATO. M., “Le cycle de la production inmatérielle", Fu t ur Antérieur , Nº 16, París, 1 993.

[6] BOUTET, J., "Activité de langage et activité de travail”, Futur Antéreur , Nº ló. Par í s, 1993.

[7] Ibid. 1.

[8] MATRAJT, M., La salud mental pública , UAEM, Cuernavaca, 1992.

[9] Existen alrededor de treinta instrumentos de este tipo aceptados por la OMS y diversas instituciones nacionales de salud mental en casi todos los países.

[10] MATRAJT, M., Las enfermedades mentales en la República Mexicana , Ed. Taller Abierto, México, 1987.

[11] Consultar la extensa bibliografía de la corriente conocida como “ anti-psiquiatría”. E. Guinsberg me ha hecho notar, con mucho tino, que muchos de sus más destacados representantes (incluyendo a l mismo Cooper) han cuestionado este nombre.

[12] IbId 8 .

[13] MATRAJT. M., Estudios en salud mental ocupacional , Taller Abierto. México, 1994.

[14] Ibid. 8 y 13.

[15] Existen cientos de publicaciones al respecto. El lector interesado puede recurrir a cifras oficiales de estas empresas, aparecidas en Wall Street Joumal , Fortune , Expans ió n , etc.

http://www.plazayvaldes.com/syc1/matrajt4.htm

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