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La Entrevista, desde la Epistemologia M.D.

Publicado por Francisco Mora activado 15 Marzo 2013

La Entrevista, desde la Epistemologia M.D.

La entrevista: fundamentos de una técnica.

Alberto Sladogna, Mirta Bicecci, Ana Fernández, Daniel Gerber y Guillermo Greco.

“Afirmamos por nuestra parte que la técnica no puede ser comprendida, ni por consiguiente correctamente aplicada, si se desconocen los conceptos que la fundan.

J. Lacan. Escritos I, “Función y campo de la palabra”, p. 68. Siglo XXI, México, 1976.

La entrevista se utiliza en las profesiones mas diversas. Los periodistas entrevistan a deportistas y artistas, los directores de las escuelas entrevistan a los padres de los alumnos, los seleccionadores de personas entrevistan a los candidatos a un empleo. Los trabajadores sociales, los orientadores vocacionales, los psicólogos, los psiquiatras, los psicoanalistas; todos hacen entrevistas. Nosotros nos ocuparemos de la entrevista en tanto recurso técnico utilizado en lo que genéricamente podemos llamar “el campo de la salud mental”.

La preocupación que nos llevo a escribir este artículo fue surgiendo a medida que, en nuestra práctica profesional, intentamos explicarnos el por qué de cada una de las operaciones que realizamos, lo que nos empujo a poner en tela de juicio muchas de las elaboraciones existentes, ya que solo proporcionan explicaciones para actuar sin detenerse en fundamentarlas.

Al mismo tiempo, esto implica un intento de cuestionamiento al modelo en el cual nos formamos como entrevistadores de la “salud mental”, donde el maestro aporta las recetas relativas a cómo operar, estableciendo además que la mayor o menor eficacia en la ejecución de nuestro trabajo esta determinada, en lo fundamental, por la experiencia, el ojo clínico o la intuición, relegando a un lugar secundario la adquisición, profundización y aplicación de conocimientos teórico científicos.

Exhibiendo la eficacia de la técnica se ha hecho un culto al pragmatismo, sancionando en el campo de la “salud mental” una cierta división del trabajo entre los teóricos y los clínicos intuitivos. Los primeros se dedicarían al diletantismo intelectualista, incapaces de ofrecer soluciones practicas, mientras que los segundos se verían justificados por el simple recurso de la eficacia. Nosotros intentaremos demostrar que en lo concerniente a la entrevista, para ser un técnico eficaz es necesario también, ser un teórico bien formado.

Desde las elaboraciones “teóricas” existentes, algunas veces se caracteriza a la entrevista como un método de investigación a partir del cual se pueden producir conocimientos científicos y otras como un procedimiento técnico utilizado para operar transformaciones en un sujeto. “La teoría de la técnica” tomo la entrevista como objeto de estudio elaborando sobre ella un discurso más o menos sistemático y derivando una serie de reglas a tener en cuenta para su desarrollo. Así, indica el modo, tiempo y lugar en el que ha de realizarse (encuadre), el tipo de grado de participación del entrevistador, etc..

Nos introduciremos en el estudio de estos trabajos para tratar de pensar sus fundamentos, sus supuestos y su validez científica. Nos interesa delimitar que es, como, por que y para que se lleva a cabo una entrevista. En este sentido creemos, y así trataremos de demostrarlo en el transcurso de esta presentación, que solo desde la teoría psicoanalítica es posible dar respuesta a estos interrogantes y que, por lo tanto, solo desde ella puede fundamentarse científicamente la racionalidad a imprimir a este procedimiento técnico.

¿Qué es la entrevista?

Releamos en primer lugar lo que han escrito sobre el team algunos autores. Bleger [1]

dice: La entrevista psicológica es una relación de índole particular que se establece entre dos o mas personas. Lo especifico o particular de esta relación reside en que uno de los integrantes de la misma es un técnico de la psicología que debe actuar en ese rol y el otro –o los otros- necesitan de su intervención técnica. Mas adelante agrega: “…Ella (la entrevista) consiste en una relación humana en la cual uno de sus integrantes debe tratar de saber lo que esta pasando en la misma y debe actuar según ese conocimiento”.

Por su parte, Bohoslavsky [2] aclara que: “La entrevista de orientación vocacional es una situación de interacción humana en la que uno de los participantes esta capacitado científica y técnicamente para ejercer el rol de entrevistador”. Mientras que Sullivan[3] reconocido por la mayoría de los autores como quien mas sistemáticamente se ocupo del tema dice: “Una entrevista es una situación de comunicación primeramente vocal, en un grupo de dos, mas o menos voluntariamente integrado, que posee un desarrollo progresivo basado en la relación experto-paciente con el propósito de elucidar modelos característicos del vivir del sujeto llamado paciente o cliente, que experimenta tales modelos como perturbadores o e4specialmente valiosos y que espera un beneficio del hecho de revelarlos”.

Podríamos agregar mas definiciones pero estas no aportarían nada nuevo a lo dicho. La entrevista es una “situación de interacción”, “de comunicación”, de “relación humana”. Y lo especifico de ella es que uno de sus participantes e4s un “técnico de la psicología”, alguien que esta capacitado científica y técnicamente para ejercer el rol de entrevistador, mientras que el otro miembro de la situación de interacción humana es un “cliente que espera un beneficio del hecho de revelar modelos característicos de vivir”, y “que necesita de la intervención del entrevistador”.

¿Y que hacer con ese sujeto que viene a pedir ayuda? Un camino posible es de comenzar inmediatamente un proceso terapéutico. Otro es el de llevar a cabo algunas entrevistas previas. Pero …. ¿para qué entrevistamos?

Para responder a esta pregunta proponemos entender la situación de entrevista, las intervenciones del entrevistador, sus actitudes, etc., dependiendo estrechamente de la estrategia que se persigue para lograr un objetivo. En ese sentido se hace necesario delimitar el aspecto de este tema que nos interesa. Nos ocupamos aquí de las entrevistas llamadas de “admisión” o “diagnostico”, es decir, aquellas que preceden a un probable proceso terapéutico a seguir con el consultante.

Ahora bien, ¿Cuál es la necesidad de estas entrevistas?, ¿resultan imprescindibles o solo son una recolección ociosa de datos, considerando que al abrirse un proceso psicoterapéutico se dispondrá de tiempo para “conocer” al paciente y establecer un buen “rapport”? En realidad el paciente no preexiste a la entrevista. Quien sufre y por lo tanto busca comprensión y ayuda en nuestro consultorio no es paciente por este solo hecho. Es precisamente en las primeras entrevistas donde se da la situación oportuna para evaluar las posibilidades de que la persona del entrevistado devenga un paciente y para determinar que técnicas resultaran adecuadas al abordaje de su problemática.

Es precisamente en función del diagnostico que se haga del entrevistado que se determinara el numero de entrevistas iniciales, si estas serán abiertas o cerradas, cuales serán los datos imprescindibles a recabar, las formas y contenidos de la “devolución” que se hará, si se aconseja interacción, si se hará una terapia de “objetivos limitados” o si se recomendara psicoanálisis o terapias medicamentosas. En fin, la cohesión de los problemas mencionados, como veremos mas adelante, se funda en una determinada concepción psicopatológica y de la cura.

Todos los autores hacen notar que en la entrevista se articulan las operaciones técnicas con la producción de un cierto conocimiento sobre el entrevistado. Bleger[4] dice enfáticamente: “no hay posibilidad de una correcta y fructífera entrevista si no se incluye la investigación”. ¿Investigación de qué? Preguntamos. Y nos contesta Bleger: “de la conducta y de la personalidad de los seres humanos”. Mientras que Sullivan puede agregar: “de los modelos característicos de vivir”. Y más allá de estos autores los psicólogos, psiquiatras y hasta algunos psicoanalistas darían respuestas similares. Bohoslavsky[5] es muy claro al respecto: “cuando hablamos de investigación en una entrevista nos referimos a una actitud básica del entrevistador por la cual este somete a prueba continuamente las hipótesis acerca de la conducta del entrevistado en esa situación. Esta puesta a prueba permitirá al psicólogo efectuar correcciones de sus comprensiones previas ….” (el subrayado es nuestro).

Hay un cierto modo de ciencia, propio de la tradición positivista que los profesionales de la “salud mental” han adoptado con más o menos vergüenza. Como se repite desde hace mucho tiempo, el “método científico” (el que se supone tiene este atributo con exclusividad), es el hipotético-deductivo experimental. Esquemáticamente, este consiste, todos los que pretendemos hacer ciencia lo sabemos, es observar los hechos tal cual son, recoger datos con paciencia de oriental, luego formular hipótesis según esos datos, para finalmente corroborarlas experimental y empíricamente. No nos olvidemos de que es indispensable la cuantificación. Los fenómenos observables deben de ser medidos, condición sine qua non para que las hipótesis corroboradas puedan ser transformadas en leyes.

Este conocimiento científico es el que permitirá predecir los hechos y controlarlos. Y aquí es donde ocupa su lugar la técnica: en el control de los fenómenos ”aplica” los conocimientos producidos por la ciencia “pura”. Reconocemos que esta es una síntesis sumamente parcial de la concepción positivista y que hay numerosas corrientes que podrían agregar o quitar ideas, pero así y todo, pensamos que este es el núcleo de su modelo de ciencia.

Dijimos que los profesionales de la salud habían adoptado este modelo más o menos con vergüenza. Y es que la primera dificultad que encontraron es que en “la clínica” era imposible medir. Numerosos autores nos explicaron que, de todos modos, el hecho de no poder medir no implicaba que no se hiciera ciencia y continuaron aferrándose al modelo observación, formulación de hipótesis, verificación. Además encontraron que, tanto en la observación como en la verificación, no podían construir un dispositivo experimental según mandaba la tradición pero, de igual modo, se aferraron como podían a esos cánones definiendo el encuadre en términos de “variables constantes”. En función de lo específico del objeto con el que se las tenían que ver no podían aplicar el método tal cual enseñaban los físicos y pedían perdón por ello tratando de demostrar que no era su culpa.

De esta manera se convirtieron en científicos de segunda categoría, argumentando, y ahora si convincentemente, que si bien no median ni experimentaban con rigor, en cambio si podían predecir los hechos y controlarlos. Y así fue como la entrevista se transformo en un “método de investigación” íntimamente emparentado con las operaciones técnicas. Hay que observar, formular hipótesis, operar técnicamente en función de ellas, y serán los efectos producidos en el entrevistado, los que las verifiquen o no. Esto permitirá predecir su comportamiento futuro.

Cierto es que muchos entrevistadores reniegan de la posibilidad de hacer ciencia en una entrevista, ya que por las características del ser humano solo es posible, dicen, comprender el sentido de su comportamiento por medio de la intuición. De lo que se trata es de ponerse en el lugar del otro y comprenderlo empáticamente. No nos ocuparemos de criticar esta concepción porque en la actualidad, en estado puro, casi no tiene vigencia, encontrándose en cambio integrada eclécticamente con el modelo antes mencionado. Ya vimos lo que decía Bohoslavsky: someter a prueba las hipótesis para corregir la comprensión de la conducta.

Ahora leamos nuevamente a Bleger[6] “… la forma de observar bien es la de ir formulando hipótesis mientras se observa, y en el curso de la entrevista verificar y rectificar las hipótesis durante su transcurso mismo en función de las observaciones subsiguientes … “. Y más adelante: “…cuando coinciden la investigación y la tarea profesional, porque estas son las unidades de la praxis que resguarda de la deshumanización en la tarea mas humana: comprender y ayudar a otros seres humanos”.

Positivismo de segunda, fenomenología y samaritanismo humanista que muchísimos autores refunden con un vocabulario pedido prestado al psicoanálisis y a la gestalt. Este es el fundamento teórico de la entrevista en tanto método de investigación de la conducta y la personalidad. ¿Y esto es ciencia? De ningún modo.

Dada la finalidad de este artículo nos vemos obligados a responder dogmáticamente pero los lectores que se interesen por el tema pueden consultar los textos citados [7][8][9][10]. Allí encontraran sobradas razones que demuestran que la conducta, la personalidad y los modelos de vida no son objeto de una ciencia. Además, que no hay un único y exclusivo método científico, y que el hecho de medir o aplicar el modelo observación, hipótesis, verificación no da garantías de cientificidad.

Sin embargo, a pesar de todo, el entrevistador adquiere un cierto saber sobre el entrevistado, puede recoger datos de su historia, observar su comportamiento actual y comprenderlo. ¿Y cual es el status teórico de ese saber que posee el entrevistador? Este es otro de los interrogantes que nos vemos obligados a dejar sin respuesta, ya que por el momento nos ocuparemos de la entrevista en cuanto técnica.

En este punto no hay mayores dificultades. Todo el mundo reconoce que la entrevista es una técnica. Para agregar un poco de precisión al significado de esa noción citaremos a Herbert [11]: “… Una práctica técnica se define por un conjunto que comprende: 1) la materia prima sobre la que se aplica; 2) los instrumentos que utiliza, así como la forma de trabajo humano que dichos instrumentos implican y 3) el producto técnico obtenido.

Observamos de inmediato que la practica técnica se efectúa con vistas al producto, dicho de otro modo, que la técnica tiene una estructura teleológica externa; viene a llenar una necesidad, una carencia, una demanda que se define fuera de la técnica misma”.

Nosotros no nos ocuparemos ni de la materia prima, ni del producto, ni de la demanda a la cual se responde con la entrevista, sino del instrumento y del trabajo humano que implica. Para decirlo de otro modo, todos sabemos que hay reglas técnicas para hacer entrevistas y si nos preguntamos desde donde se determina la racionalidad de ellas encontraremos distintas respuestas. Bleger[12] en tanto representante de una escuela muy difundida nos dice: “ En la consideración de la entrevista psicológica como técnica, incluimos entonces aquí, dos aspectos, uno es el de las reglas o indicaciones practicas de su ejecución; y el otro, la psicología de la entrevista psicológica que fundamenta a las primeras. En otros términos, incluimos la técnica y la teoría de la técnica de la entrevista psicológica”. Entonces, para decirlo en términos de Herbert, cual es el fundamento de los instrumentos que utilizamos en la entrevista y del trabajo humano que implican. ¿La teoría de la técnica puede responder a este problema?.

Los fundamentos de la entrevista.

Para los teóricos de la técnica, esta, ya sea de la entrevista o del trabajo psicoanalítico, tiene una teoría propia que la fundamenta. Tal suposición esta en la base de la pretensión de estructurar un discurso sobre las operaciones técnicas apoyado solamente en ellas mismas. Es decir, una autentica lista de recetas integradas entre si con mayor o menor sistematicidad que se fundamenta, en ultima instancia, en la experiencia, la intuición o la empatía.

Teniendo en cuenta esta concepción, nos preguntamos, ¿Cuál es el lugar o estatuto de una teoría científica?. Pues si una técnica tiene una teoría propia ya no queda lugar para la elaboración teórica, o al menos se establece una muralla china que opera como contención del conocimiento. Por lo tanto, con la “teoría de la técnica” se crea la paradoja de que se torna superflua tanto una teoría general de la actividad psíquica como una teoría psicopatológica, ya que para operar eficazmente alcanza con un buen manejo de aquella.

Un representante de esta postura, Fiorini [13] llega a escribir: “¿Qué me dicen acaso de una persona su complejo de Edipo, sus defensas histero-fóbicas, sus núcleos melancólicos? Poco, y tal vez me engañan, recortando elementos efectivamente “reales” de esa persona puestos en estado de cosas, no articulados, ignorando la estructura de la experiencia, su organización en base a las tendencias que en esa persona presionan hacia alguna totalización de si misma en cuyo seno los dinamismos grupales (familiar, laboral, cultural), sus campos prospectivos reales e imaginarios, sus practicas ideológicas, y sus condiciones materiales socioeconómicas y políticas concurren, chocan y se acoplan para dar emergencia al hombre en situación (subrayado nuestro).

Como vemos, el objeto es “la persona real y concreta” y la teoría no puede “decir” nada sobre ella. Con ese mismo criterio los físicos deberían desechar los conceptos de fuerza de gravedad, masa, aceleración, etc. Y dedicarse a ver cuerpos que “caen”. Pero ¿Cómo dar cuenta de la estructura que produce las conductas y conciencias de las personas concretas sin apelar a esos conceptos desechados por Fiorini.

Las consecuencias técnicas son coherentes con el planteo. Esto es lo que Fiorini comenta al respecto: “Lo que se ha pretendido, e interesadamente preservado como arte intuitivo individual, debe transformarse en saber transmisible, si es posible mediante recursos docentes mas amplios que los de la contratación bi-personal privada. Si lo que realmente se ha querido asegurar es la función del contacto empático, de la intuición y de la sensibilidad poética, nada impide que un oficio sólido basado en la objetivación de las técnicas conserve además vivas aquellas dimensiones del arte”[14].

Lo que se cuestiona no es pues el uso de la intuición, de la empatía, en una palabra, el empirismo, sino que se exige una mayor sistematización del mismo para hacerlo “transmisible” a los fines de dar un mejor marco de realización a esto que el mismo define como “manipulación correctiva”[15] del sujeto.

Los “teóricos de la técnica” intentaran oponer a todas estas críticas referidas a la paradoja de su postura un argumento fundamental: el de su eficacia, entendida como su capacidad para aliviar el sufrimiento del paciente. Sin embargo, aquí podríamos preguntarnos si, por ejemplo, un sacerdote que confiesa a un feligrés angustiado permitiéndole cierta catarsis y un consiguiente alivio para su sufrimiento, esta operando científicamente. Ni el mismo lo pretendería, pero su acción es eficaz.

Como este podríamos imaginar cientos de ejemplos; lo común en todos ellos es que el poder mágico social asignado al otro, basta para producir efectos “terapéuticos” (eliminación de síntomas). El fenómeno que aquí se produce era ya conocido en la época de Freud: la sugestión. Y fue en gran parte por la critica a la misma como método y por la búsqueda de las razones que la determinan, que nació el psicoanálisis. Y con ello no se anulo la eficacia de la técnica terapéutica, sino que se pretendieron dos cosas: a) poder fundamentarla teóricamente; o b) en caso contrario, convertirla en un estimulo de una nueva problemática científica.

La teoría de la técnica, al obviar este camino, se convierte en un conjunto de racionalizaciones ideológicas que reproduce, bajo la apariencia de una forma abstracta y sistemática, las evidencias que constatan una relación terapéutica exitosa pero sin poder explicar las razones de la misma. Frases tales como “hay que dejar que el entrevistado estructure el campo”, “el entrevistador debe ser un observador participante con un determinado grado de disociación instrumental”, “hay que mantener constante el encuadre para que las modificaciones introducidas en el campo sean efectivamente determinadas por el entrevistado”, etcétera, son simples reproducciones con un mayor nivel de abstracción, de las percepciones que puede tener cualquier entrevistador.

Entonces, si la teoría de la técnica es solo una teorización ideológica, que no fundamenta la racionalidad de las operaciones técnicas ni explica los motivos de su eventual éxito o fracaso, ¿Dónde encontrar respuestas a nuestros interrogantes? En este aspecto pensamos que el psicoanálisis, al definir un conjunto de conceptos que constituyen sus objetos teóricos específicos cuyo articulador fundamental es el de inconsciente y al delimitar un dispositivo experimental propio: la situación psicoanalítica, sometida a un conjunto de reglas (asociación libre, atención flotante, etc.) cuya aplicación fundada en la teoría, permite la emergencia de las formaciones del inconsciente, vía privilegiada para todo el trabajo psicoanalítico, constituye la referencia teórica central para fundamentar la técnica de la entrevista.

Coincidiendo con Althusser[16] podemos plantear que “el psicoanálisis posee una teoría y una técnica (método) que permite el conocimiento y la transformación de su objeto en una practica científica. Como toda ciencia auténticamente constituida, la practica no es lo absoluto de la ciencia, sino un momento teóricamente subordinado; el momento en que la teoría convertida en método (técnica), entra en contacto teórico (conocimiento) o practico (cura) con su objeto propio (el inconsciente)”. (el subrayado es nuestro).

Destacamos que en casi todas las concepciones que laboran con “la teoría de la técnica” se perfila una noción de peso: la intuición. Generalmente la noción suele hacer acto de presencia con un trasfondo o back ground armado por la convocatoria a “comprender” al paciente, a desarrollar la “empatía”, a saber colocarse “en el lugar del otro”. Todo este sistema nocional se unifica tras un titulo general: “el método clínico”.

Desde luego que no pretendemos negar la existencia dentro de la práctica de la entrevista, de “una percepción clara e instantánea, de una verdad sin el auxilio de la razón”. Inclusive este fenómeno nos remite a los artículos de Freud donde este hace referencias a una cierta percepción de inconsciente a inconsciente. Lamentablemente, en los mencionados trabajos se queda en la enunciación del problema sin avanzar en su resolución. Si nos ocupamos de la intuición es porque ella aparece reiteradamente, en forma directa o indirecta, en los más diversos trabajos sobre técnicas psicológicas.

Muchas veces aparece como una cualidad innata, propia de ciertos genios privilegiados, o que eventualmente se desarrolla con el correr de la experiencia. En ambos casos, sobre el espíritu intuitivo reposa cierta cuota de poder en el campo profesional donde el se enseñorea. Otras veces los diversos filósofos y científicos de “lo humano”, dado lo ambiguo del campo donde les tocaba en suerte vagar, apelaron a la intuición para descubrir una verdad sin el auxilio de la razón.

Debido a esto es que se convierte en una pesada herencia de la cual debemos precavernos ya que funciona como coartada para evitar el esfuerzo teórico (y en ese sentido es un verdadero obstáculo epistemológico) o como sutura para anular la angustia que produce toda posible zona de desconocimiento, manteniendo de ese modo la fascinación que producen los genios. Así, la intuición, que criticada puede servir para la inauguración de nuevas problemáticas en el campo de la teoría, o que en el caso de la práctica técnica puede ser la materia prima que, trabajada, facilite nuevos accesos al conocimiento del entrevistado, también puede constituirse en la piedra filosofal del pragmatismo y el irracionalismo. Al respecto, nos parece adecuado rescatar una formulación de Lacan[17]: “la intuición es ágil, pero una evidencia debe sernos tanto mas sospechosa cuando se ha convertido en un lugar común”.

Las Operaciones Técnicas.

Podríamos subtitular este apartado con la siguiente pregunta: ¿Cómo se hace una entrevista?. El haber descartado la intuición, el ojo clínico o el recetario para actuar, y el haber sostenido que la técnica, para adquirir racionalidad, debe ser un momento del conjunto objeto, método y técnica del psicoanálisis, nos lleva a sostener que no se puede escribir un articulo para contestarla, ya que para saber como se hace una entrevista hay que remitirse al psicoanálisis como conjunto.

Trataremos de demostrar ahora que detrás de todas las intervenciones de los entrevistadores opera una teoría de los procesos psíquicos, de la sicopatología y de la cura aun cuando no este formulada explícitamente. Y es quizá la falta de rogar teórico en esta teoría, el no reconocimiento de sus puntos oscuros, contradicciones y callejones son salida, lo que contribuya al impulso de autonomizar la técnica, asignándole una teoría que le es propia o apoyándose en la intuición o en la eficacia.

Si lo que antecede tiene algún fundamento, el problema de cómo hacer entrevistas se desplaza al estatus teórico de las teorías desde las cuales se infieren las operaciones técnicas o que están supuestas implícitamente en ellas. Ya aclaramos que dada la índole de este trabajo no entraremos a considerarlas críticamente, sino simplemente a señalar su presencia.

Escuchar.

Al comenzar estas líneas hemos mencionado una serie de publicaciones de autores diversos, referidas al tema de la entrevista. Podemos afirmar que en todas hay una coincidencia en cuento a dejar señalada una ausencia: la palabra.

En efecto, desde Bleger a Sullivan una misma línea se perfila: la palabra y el campo por ella delimitado se encuentran asimilados a una de las tantas variables que el entrevistador deberá tener en cuenta. Allí, en nombre de la “totalidad” del conjunto de las “variables”, de la estructuración del “campo” se produce un deslizamiento ideológico al dejar de lado dos conceptos íntimamente ligados: el determinismo psíquico del sujeto humano y la palabra como lugar donde es posible leer los efectos de esa determinación. El pasarlos por alto es consecuencia de: en primer lugar, la reinscripción de la teoría psicoanalítica en una problemática conductista, perdiéndose de vista su objeto teórico específico. En segundo, y coherentemente con ello, la aplicación generalizada e indiscriminada de los métodos de las ciencias naturales al campo psicológico.

Ahora bien, si pensamos en un sujeto descentrado en relación a su conciencia, donde las formaciones del inconsciente (chiste, síntoma, lapsus, sueño) permiten acceder al conocimiento de su padecer, entonces la palabra toma su lugar como instancia privilegiada mediante la cual lo inconsciente puede ser aprehendido posibilitando aquello de “hacer consciente lo inconsciente”. Citando a Paul Claudel, podemos decir que “todo ese ruido que esta convirtiéndose en una palabra, tal vez resulte interesante después de todo”[18]

Queda abierto un único camino: la escucha del discurso. Es en la cadena de este, precisamente, donde es posible registrar los cortes, quiebres, desgarrones, en los cuales emerge velada, la voz del inconsciente, que hace notar su presencia mediante la intervención de los mecanismos del lenguaje: la metáfora y la metonimia. Solo así se posibilita el acceso del sujeto a la otra escena que lo conforma y provoca en el un sufrimiento que padece por el desconocimiento de aquello que lo produce.

Si la palabra es constitutiva de un campo sobre el cual debemos operar técnicamente, esta operación solo puede privilegiar un instrumento: la escucha, que en función de lo dicho anteriormente, debe estructurarse a partir de la teoría. Por ello, nuestra actitud básica será, como lo plantea Freud, la de “dejar hablar preferentemente al enfermo, no suministrándole mas explicaciones que las estrictamente indispensables para la continuación de su relato”[19]*

¿Y que hacer ante el comportamiento observable sobre el que insten tanto los autores ya citados? Si la palabra es el campo donde se despliegan nuestras operaciones técnicas, todas las manifestaciones no verbales que se producen dentro de la entrevista solo pueden adquirir alguna significación en la medida en que el entrevistado las incluya dentro del registro simbólico del lenguaje. En este sentido no intervendremos interpretando desde cualquier código más o menos convencional, sino señalándolas para posibilitar la recuperación de las mismas dentro de su discurso.

Entonces, ¿Qué lugar ocupa la observación en la entrevista? Una cierta concepción metodológica asocia el mirar u observar al acto de conocer. Actitud esta bastante ingenua que no encuentra utilización en ningún campo de la ciencia –sea el natural o el social- ya que el problema de producir conocimientos no se reduce a observar registrando las evidencias sino que es necesario operar una ruptura con las mismas para construir los conceptos que las expliquen.

Entendemos que en nuestro campo de trabajo, esto último es lo efectuado por la teoría psicoanalítica. Para esta, la observación, si queremos conservar una tradición del lenguaje –siendo conscientes de los peligros que a través de el se nos presentan- debe ser entendida analógicamente como el campo de la escucha. Para ser precisos, dentro de la entrevista nuestra mirada no queda excluida o disociada, pues no pretendemos formular la fabricación de una ceguera experimental; se trata simplemente de establecer su situación de subordinada a la actividad de escuchar para permitir que los actos no verbales puedan ser puestos en palabras por el entrevistado.

Preguntar.

¿Por qué y para que un entrevistador pregunta? ¿Qué es lo que pregunta?, ¿en base a que criterios selecciona sus preguntas?

Al decir que el entrevistador pregunta no podemos evitar pensar en la anamnesis médica, en un cuestionario o en la entrevista cerrada. ¿Qué pregunta el medico a su paciente? Fundamentalmente le interesa conocer su historia biológica y los antecedentes, iniciación y desarrollo de los síntomas. El medico hace preguntas tanto a su paciente como a sus familiares y además completa la información obtenida con otros estudios (físicos, químicos, radiográficos, etc.) ¿Y para que lleva a cabo estos interrogatorios?, ¿Para que esa búsqueda escrupulosa de datos?. Para establecer una enumeración de los síntomas que le permita realizar un diagnostico y así inferir la etiología de la enfermedad y determinar la terapéutica a seguir.

Este modelo medico aparece trasplantado muchas veces al campo de la “salud mental”. Un buen ejemplo de ello lo encontramos en Noyes y Kolb, quienes a pesar de decir: “El psiquiatra no trata de hacer un diagnostico en términos de alguna entidad patológica”, afirman mas adelante que: “un diagnostico psiquiátrico global es análogo al diagnostico que el internista trata de hacer con objeto de dirigir racionalmente el tratamiento”[20]. Para sacarnos de toda duda los autores adjuntan la clasificación de enfermedades mentales de la American Psychiatric Association. ¿Y que son las enfermedades mentales? Para ellos: “Todos los fenómenos de conducta, incluyendo los de las enfermedades mentales, son hechos naturales y deben, por lo tanto, estudiarse como cualquier otro objeto de investigación de historia natural”.

Vemos claramente el reduccionismo biologista que se ha operado y que resulta aun mas claro en el siguiente comentario: “conviene pensar que la historia personal del individuo es un informe de su maduración….”[21]

Para esta postura es de suma importancia la reconstrucción de la historia empírica del entrevistado a efectos de evaluar los avances o estancamientos producidos en el proceso de maduración, y al igual que el medico, en caso de ser necesario se buscara mas información con la ayuda de los familiares u otros estudios. El test psicológico cumple aquí la misma función que la radiografía o el análisis químico en el diagnóstico medico: “La prueba psicológica puede dar la información que no se obtuvo a través de la historia psiquiátrica y la entrevista psiquiátrica”.[22]

Desde este enfoque adquieren fundamental importancia no solo las preguntas sino también la “veracidad” de las respuestas que de el entrevistado. Al psiquiatra le importa que el entrevistado diga la verdad. Se comprenderá el verdadero galimatías al que deberá hacer frente cuando el paciente “miente” o no recuerda su historia.**

Otras veces el entrevistador pregunta buscando algún hecho en la historia ”real” del entrevistado que por sus efectos patológicos haya significado un trauma. Esta postura se guía por la vieja postura freudiana del trauma. En ella tenemos que distinguir dos momentos. El primero, en la prehistoria del psicoanálisis, donde se consideraba traumático a un suceso empírico que acontecía en medio de circunstancias tales que impedían al sujeto reaccionar adecuadamente, con lo cual su recuerdo conservaba una importante magnitud de afecto sin descargar. Mas adelante, entre 1895 y 1897 esta tesis queda un tanto modificada al afirmar Freud que el trauma es fundamentalmente sexual (seducción del niño por parte de un adulto sin que despierte excitación (sexual en aquel) y que adquiere su importancia patógena por evocación, a partir de un suceso acaecido en la pubertad.

En este segundo desarrollo se modifica un tanto el papel del acontecimiento exterior ya que el suceso no produce efectos por su propia energía sino que es su recuerdo el que opera como desencadenante de una excitación de origen endógeno. Estas dos maneras de recoger datos buscando los acontecimientos traumáticos, están también muy emparentadas con la visión medica que trata de encontrar la causa de la enfermedad en eventos realmente vividos por el sujeto.

Otro modo de preguntar, es aquel en que el entrevistador trata de detectar en la historia infantil del entrevistado los momentos de mayor satisfacción y frustración para poder determinar los puntos de fijación de la libido. Esto nos remite a la idea de las series complementarias que Freud desarrollo en 1916-17 en Lecciones de introducción al psicoanálisis” para explicar la etiología de las neurosis.

Allí nos dice que, además del acontecimiento traumático, hay que tener en cuenta la disposición para la fijación de la libido y dentro de ella, la constitución sexual y la historia infantil. En todos estos casos se desconoce el descubrimiento freudiano referido al valor estructurante de la fantasía en la historia del sujeto. Por lo tanto, el interrogar debe estar orientado mas que a la recopilación de datos empíricos, a la investigación de la realidad psíquica.

Interpretar.

Esta operación técnica, herramienta princeps del psicoanálisis tiene por objeto permitir conocer el contenido latente presente en los elementos aportados por el relato del paciente. La justificación teórica de esta maniobra técnica nos remite a la peculiar constitución de la estructura psíquica de los sujetos humanos, caracterizada, según la primera tópica freudiana, por la articulación de tres instancias: consciente, pre-consciente e inconsciente.

Esto, mas la existencia de la barrera de la censura entre uno y otro sistema, es lo que permite entender la diferencia entre el contenido manifiesto y el contenido latente de todo discurso. De esta manera es posible pensar la relación de la técnica con la teoría que la respalda; mas aun, falta hacer algunas aclaraciones frente a su aplicación, en especial para detectar su valor dentro de la entrevista.

La interpretación tiene el sentido genérico de conocer lo inconsciente, pero sin embargo diferenciamos varios momentos en su aplicación: a) la interpretación como momento de construcción de hipótesis frente a la emergencia de un material; b) como comunicación efectuada al sujeto develando el significado de los contenidos de su discurso.

A nuestro parecer, la interpretación tiene una participación privilegiada en la entrevista en función del primer momento, aquel que posibilita al entrevistador construir hipótesis de trabajo tomando como base de las mismas el material producido por el paciente. Para ser más claros, el entrevistador no se limita durante el desarrollo de su labor a una función pasiva receptiva del material. Por el contrario, creemos que su actividad se completa con la interpretación, o mejor dicho, con la elaboración de hipótesis sobre aquello que le es dado.

Aquí creemos conveniente rescatar los diversos usos que Freud atribuyo a la teoría psicoanalítica: a) como una teoría psicológica; b) como terapia de la neurosis y c) como método de investigación del psiquismo. En la entrevista podemos articular dos aplicaciones de la teoría, la que nos habla de una concepción de la psicología y la que se refiere a la investigación del aparato psíquico. Es evidente que ambas son inseparables, dado que no pensamos en la existencia de métodos al margen de los objetos a investigar, objetos que se han delimitado por una reflexión teórica.

Las hipótesis representan, por una parte, el lugar de encuentro o entrecruzamiento de la teoría con un método que le es propio. Y por otro, la construcción de conocimientos cimentada por las materias primas que aporta el discurso manifiesto del paciente, y por el bagaje teórico-técnico de quien escucha.

Entonces, ¿Cuál es la utilidad de las hipótesis construidas durante la entrevista? De ellas debemos distinguir entre las que serán comunicadas al entrevistado y aquellas otras que permitan planear una estrategia para el proceso de la cura. Detengamos nuestra atención en las primeras. La construcción de estas y su posterior comunicación tienen por objetivo señalar lagunas, ausencias o quiebras del material, descentrando el discurso del paciente. De pronto, aquello aparentemente sin importancia adquiere valor relevante, de tal forma que la demanda inicial se extiende hacia rumbos insospechados. En definitiva, del discurso inicial centrado en un tema, se van desplegando diversas problemáticas con la posibilidad de nominar nuevos campos del conflicto que el sujeto padece.

Por otra parte, las interpretaciones que no son comunicadas permiten establecer criterios diferenciales en relación con el padecimiento del entrevistado. Con esto nos estamos refiriendo a la ubicación de sus posiciones subjetivas en relación a algunos de los ámbitos posibles en que se juega su sufrimiento: neurosis, psicosis o perversión. Esto permitirá elaborar un diagnostico estructural provisorio a la vez que elucidará el camino mas adecuado a seguir en cada caso.

Conclusiones.

Observar el comportamiento o escuchar la palabra del que habla, formular hipótesis que pueden ser comunicadas al entrevistado o que serán utilizadas para orientar la escucha, preguntar o callar, pedirle al sujeto información sobre un tema especifico o dejarlo asociar libremente. A lo largo de nuestro trabajo nos enfrentamos a múltiples encrucijadas en las que debemos optar.

Podemos hacerlo apoyándonos en la experiencia, la intuición, el ojo clínico, el consejo del maestro o en las recomendaciones de la “teoría de la técnica” que no es más que la sistematización de los criterios anteriores. Nuestra pretensión es fundar las intervenciones técnicas y los interrogantes que sobre ellas tenemos en una teoría general de la actividad psíquica, de la sicopatología y de la cura: el psicoanálisis.

[1] Bleger, J. Temas de psicología, Buenos aires, Nueva visión, 1976. p. 13.

[2] Bohoslavsky, R. Orientación vocacional: la estrategia clínica, Buenos aires, Nueva visión, 1976. p.115.

[3] Sullivan, H.S. La entrevista psiquiátrica, Buenos aires, Siglo XX, 1974,p.

[4] Bleger, J. op cit, p. 21.

[5] Bohoslavsky, R. Op cit, p. 127.

[6] Bleger, J. Op cit, p. 22.

[7] Sastre, C. La psicología, red ideológica. Buenos aires, tiempo contemporáneo, 1974.

[8] Deleuze, G. La psicología, mito científico. Barcelona, Anagrama, 1972.

[9] Braunstein, N. et al. Psicología: ideología y ciencia. México, Siglo XXI, 1975.

[10] Herbert, T. Reflexiones sobre la situación teórica de las ciencias sociales y de la psicología social en particular. En: E. Veron, comp El proceso ideológico, Buenos aires, Tiempo contemporáneo, 1976.

[11] Herbert, T. Op cit, p.

[12] Bleger, j. Op cit, p.9.

[13] Fiorini, H. Teoria y tecnica de psicoterapias, Buenos Aires, Nueva visión, 1975, p. 13.

[14] Fiorini, H. Op cit, p.13.

[15] Fiorini, H. Op cit, p.13

[16] Althusser, L. Freud y Lacan, en Estructuralismo y psicoanálisis, Buenos Aires, Nueva visión, 1971, p.61.

[17] Lacan, J. Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis, en Lacan, J. Escritos, Tomo I, Mexico, Siglo XXI, 1976, p. 70.

[18] Claudel, P. Citado por Pontalis, J.B. Vigencia de Sigmund Freud, Buenos Aires, Siglo XX, 1971, p. 31.

[19] Freud, S. La iniciación del tratamiento. En Freud, S. Obras Completas, Madrid, Biblioteca Nueva, 1968, Tomo II, pp 426-427.

[20] Noyes y Kolb, Psiquiatría clínica moderna, México, La Prensa Médica Mexicana, 1966, p. 134.1

[21] Noyes y Kolb, Op cit. P.134.

[22] Noyes y Kolb, Op cit. P. 137.

* Creemos conveniente aclarar que este enunciado general no debe ser convertido en dogma que nos impide operar técnicamente frente a casos especiales. Estamos pensando, por ejemplo, en las entrevistas realizadas a niños y pacientes psicóticos.

** La necesidad de confrontar el discurso del paciente con el de sus familiares u otras personas allegadas, implica desconocer la eficacia de la realidad psíquica.

La Entrevista, desde la Epistemologia M.D.

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