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La Psicologia Social y Lo Grupal

Publicado por activado 8 Marzo 2013

La Psicologia Social y Lo Grupal

La Psicología Social y Lo Grupal

en el contexto Regiomontano

Francisco Mora Larch.

“En un mundo que cambia, el psicoanalista necesita focalizar la frontera entre lo individual y lo colectivo”.

Marcelo N. Viñar

Junio de 2006.

Introducción.-

Mi intención con este escrito es llamar la atención sobre un campo o un ámbito de trabajo: Lo Grupal. Habría que entender esta noción y convertirla en concepto, en un término que invite e induzca a pensar, un estimulo que sea posibilitador de inquietudes, incertidumbres, intenciones sociales, lo grupal como espacio teórico que atraiga la conciencia critica de aquellos interesados por los cambios individuales, grupales, familiares, institucionales y sociales.

Desde hace muchos años, remamos contra corriente. La clínica psicoanalítica, apuntalada por la practica individual no sólo psiquiátrica sino psicológica en nuestro medio, hace que sea difícil lograr que los estudiantes y los psicólogos en formación se interesen por la realidad social: la que abarca el campo de la salud mental, y nos muestra los grados de patología social que imperan en las condiciones socioeconómicas del entorno social, marcado por una ideología que plantea un rumbo social al que hay que sujetarse, como el único posible (el sistema neoliberal de una economía de mercado), de hecho, un camino que se nos ofrece como expresión natural de la “evolución social”: para allá vamos y nadie puede detener esto, expresión de una posición y de una lógica de lo excluyente, de las opciones que quedan fuera, como utopías sin sentido, la crítica a este derrotero aparece como necedad, residuo infantil de un problema no resuelto con la autoridad, conclusión: la opción es la renuncia o la claudicación.

Creo que por eso en muchos aspectos impera la depresión en múltiples formas, como una patología que permea la subjetividad social y produce efectos de desaliento, falta de crítica, ruptura de lazos sociales, des-agrupamiento, desafiliación y sentimientos de derrota antes de cualquier intento de lucha social o de volver a establecer vínculos o reiniciar proyectos. Parece que la disolución de una lógica del vivir hiciera añicos formas subjetivas que se muestran muy vulnerables, sujetos harto sensibles perciben la nueva realidad impregnada de elementos des-estructurantes cuyos efectos son enloquecedores, se detecta en expresiones individuales pero muy generalizadas de violencia, intolerancia, agresividad abrupta, desesperación extrema que lleva a sacrificar la vida al Dios de la velocidad cuyo elixir es la adrenalina, entrega de la vida propia y de otros para ganarle al tiempo la insignificancia de unos minutos. Irresponsabilidad que trasunta las pulsiones tanáticas hacia la mujer, los hijos, los amigos o el prójimo.

En Monterrey, Lo grupal, fue una práctica alternativa de los estudiantes de psicología entre el 75 y el 82, Se inicia con el movimiento y el interés de un grupo de estudiantes por la obra freudiana en la facultad de psicología, situación de trauma y nacimiento político, crítico y científico. Y si bien la institución se desprende de los lastres de una filosofía académica que sólo teorizaba la psicología, el impulso del conocimiento de Freud lleva muy pronto a establecer vínculos, que vía los exiliados argentinos, logran llamar la atención sobre la cuestión social a través de la corriente freudo-marxista y la práctica de los grupalistas argentinos al acercarnos a la obra pionera de Pichon Rivière, Armando Bauleo, José Bleger (1, 2, 3) y algunos otros.

Si, la cuestión de lo grupal tiene historia en la facultad de psicología de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Y aunque dejaremos de lado esta historia, lo que sigue es la síntesis de un recorrido, de un camino que continua abierto y sobre el cual seguimos transitando. Pichon Rivière ha sido punto de partida, así como Freud y el Psicoanálisis fueron punto de partida para Pichón y su escuela privada de psicología social. Hace algunos años escuche acerca de la caducidad de la corriente de los grupos operativos, de su superación, de su fracaso, la verdad nunca me entere de su “muerte”, si no, seguro no me hubiese resignado y viviría actualmente un delirio irresoluble.

Afortunadamente, la pretendida muerte de los grupos solo se dio en el imaginario de un cierto ámbito muy restringido aquí en la comunidad, parece que los grupos operativos siguen igual o mas vivos que nunca, sostenidos por una practica transformadora y creativa de aquellos que piensan que la clínica del uno a uno es sólo una coartada personal (e institucional) para seguir en la comodidad y en la enajenación pequeño burguesa del consultorio privado, ya que si bien es cierto que quienes sostienen desde la teoría la justificación intelectual de tal propuesta, también es cierto que los mecanismos defensivos y obturadores de la realidad humana-social juegan su parte.

Estos técnicos se nos aparecen como asustados o francamente cínicos ante el compromiso ético y social con la sociedad y con un pueblo que requiere de nuestros esfuerzos y de un pensar crítico que busque vías alternas para responder a las necesidades del entorno. La realidad de las problemáticas concernientes a la salud mental (campo en el que se desenvuelven), debería llevarlos a reconocer la necesidad de un trato diferente con la misma, su insensibilidad ante esta realidad nos habla de una coraza caracterológica neurótica que mantiene su empecinamiento, como expresión de conflictos no resueltos con sus “padres teóricos”, a cuyo mandato tiránico obedecen ciegamente, dogmatizando su práctica y prescindiendo del juicio de realidad (que es siempre realidad social).

Si lo reprimido han sido los grupos, lo reprimido tenderá siempre a volver y a mostrar su rostro, aunque esto no les guste a aquellos que sostienen un proyecto donde sólo sus intereses o sus puntos de vista tienen derecho a la vigencia científica, aunque sean inviables desde cualquier otra posición social. Ya hace tiempo insistimos en ello, por eso decía en un trabajo anterior lo siguiente:

“El psicoanalista dudó entre estudiar e intervenir o no en el grupo. Su postura fue: ‘hacer grupo es salir del psicoanálisis, hacer grupo es no hacer psicoanálisis’, así que olvidó al grupo; el técnico debe saber que el olvido es efecto de la represión y que lo reprimido tiende a acceder a la conciencia (o en su caso, nos ‘reclama’ desde la realidad social.)” (4)

Lo grupal desde la tradición de la psicología argentina.

Desde épocas muy tempranas en mi formación, empecé a transitar por el Psicoanálisis y por todo lo que oliera o tuviese su influencia, mi opción por el mismo se inicio desde el tercer semestre de licenciatura cuando mi maestra en la materia de psicología social, la Argentina Graciela Barbero nos hizo leer las Cinco Conferencias que Freud dio en la Universidad de Clark (5), en una visita a EEUU. Pero la militancia política de aquella época nos llevo a confrontar puntos de vista con compañeros de otras generaciones, así fue como textos introductorios al psicoanálisis aterrizaron en mis manos, los que más recuerdo: Curso Básico de Psicoanálisis de A. Tallaferro (6), La Revolución Psicoanalítica de M. Robert y la Introducción al Psicoanálisis de Ch. Brenner (7), texto que conocí vía Rodolfo Álvarez, docente actual del Área Social. Textos que si bien introductorios, tenían poco que ver con las síntesis academicistas que nos endilgaban los docentes de aquella época, por ejemplo, el texto de Di Caprio, Compendio de Psicoanálisis de Calvin S. Hall, o el menos malo de Gerald S. Blum (8) y las teorías psicoanalíticas de la personalidad.

Sin embargo, hubo dos o tres textos de aquella época que me dejaron marca, un derrotero que aún no termina: Psicohigiene y Psicología Institucional de J. Bleger (9); Nuevas Perspectivas en Salud Mental (10) con W. Grimson como compilador y Del Psicoanálisis a la Psicología social de Pichon Rivière (11). ¿Qué tienen de particular, de diverso con respecto a otros textos que derivan del psicoanálisis?: me muestran que, sin abandonar el soporte teórico, metodológico y técnico del psicoanálisis, se podían desprender de él una diversidad de aplicaciones a partir de poder diseñar dispositivos que permitieran operar transformaciones en los diferentes campos de intervención a los que se enfrentara el psicólogo clínico.

El texto de Bleger, era procesado de esta forma: la formación básica del psicólogo es la formación clínica vía un nivel de entrenamiento en Psicoanálisis, para lograr incorporar el método de lectura y transformación de la realidad, a la vez que desde ahí, se puede operar ya como psicólogo social, interviniendo como un agente de cambio a través del trabajo con la familia, la institución y la comunidad, en diversos niveles: rehabilitación, prevención, psico-higiene o promoción en salud mental. El texto de Grimson, era una especie de puesta en práctica de los postulados blegerianos, un texto cercano a este era Psicoterapia: de la niñez a la senectud (12), compilado en esta ocasión por Bauleo. Pero cuando me acerque a la lectura de Pichón, lo hice desde una síntesis mayor: la cercanía con otro maestro argentino, Carlos Santillán, que se vuelve una especie de maestro iniciatico en las experiencias grupales que tuvimos (Armando Zurita, Javier De León, Rodolfo Álvarez, Israel Martínez, entre otros) en la licenciatura, nos llevó a reconocer que el poco trayecto recorrido tenía que ver con los orígenes de la escuela grupal que inaugura el psiquiatra Enrique Pichon Rivière, miembro fundador de la Asociación Psicoanalítica Argentina y creador de una nueva psicología social (13).

Hago dos lecturas difíciles de seguir en los hechos, y en unas pocas palabras, ya que si bien trato de hilar la tradición de la escuela argentina de grupos, por otro lado, intento describir la forma en que un grupo de estudiantes de psicología la procesó. Y es que la relación entre ambas trayectorias no fue muy externa que digamos: Si bien es cierto que Santillán nos acerco a revisar los textos de Pichón, Bauleo o Bleger, también nos impulsa y nos lanza a aplicar la técnica con muy pocas armas teóricas y menos con experiencias formativas., teniendo como sujetos del “experimento” a otros compañeros de la facultad. Luego, tuvimos la cercanía de Mimi Langer, que en la línea de la psicoterapia de grupo y con autores como Grinberg o Rodrigue nos ofrecen una practica de psicoanálisis grupal que puede ser trabajado institucionalmente, ahí tenemos dos textos referentes valiosos: El Grupo Psicológico (14), donde los autores son compiladores y Psicoterapia de Grupo (15) donde sistematizan su propuesta teórico metodológica.

Mimi Langer estuvo varias veces en la ciudad vía invitación de nuestro grupo y participó en las cuestiones referentes a la creación de la Maestría en Psicología Clínica, sugirió en sus inicios la creación de grupos terapéutico-didácticos (16) para los estudiantes de postgrado, en caso de que ellos no pudiesen costearse un psicoanálisis individual. Por mi parte, si bien la creación de la Maestría la viví como un triunfo del movimiento de los estudiantes de aquella época, al visualizar la formación que se ofertaba, me pareció que se había errado en algún aspecto el camino por el que muchos queríamos transitar: un postgrado que llevase a formar agentes de cambio social e investigadores en el campo de la salud mental, y no como fue concretado: para la formación de terapeutas individuales que ejerzan en consultorios privados o en la docencia. Aquí también seguíamos insistiendo, esto lo expresaba así en otros tiempos:

“¿por qué, si el problema de la Salud Mental es una cuestión no tanto individual o privada como pública, es decir, social o colectiva (como acaso lo acepta el Documento), la institución responde a la problemática con estrategias de formación para el trabajo privado e individual?; Con esta formación, los egresados no sólo no resuelven sino que refuerzan con la propia oferta de servicios, la estructura liberal-asistencial de su propia práctica, sin abocarse a investigar para la prevención o la promoción de la salud mental”. (17)

Así, quisiera entonces solo puntualizar algunas cuestiones en torno a Lo Grupal. Me parece que es un campo vasto, ya que los grupos procesan integraciones individuales, los grupos se auto-construyen o se auto-fagocitan; destilan y forjan subjetividad, el campo histórico social se objetiva en la vivencia grupal, no es posible deslindarse de lo grupal, lo grupal no se agota en los grupos, el lenguaje y mi discurso están impregnados de lo social vía mis grupos de referencia, cuando hablo, hablo y pienso siempre con otros o contra otros aunque estos sean menos explícitos o queden ocultos en mi decir. Hablo para eludir y para aludir, pero también para convocar, para llamar la atención, para pedir escucha y atención, no solo al otro, sino a los otros que siempre están presentes, aunque no lo estén físicamente.

Lo grupal entonces, rebasa con creces el campo de fundar o instalar grupos, o de “hacer grupos”, lo grupal no solo es lo existencial del sujeto sino su devenir y su destino, cuando he hablado de lo grupal como campo de mediación (18), es una forma también de entender que si bien la sociología y el psicoanálisis realizan análisis, vía la interpretación de los datos que arrojan sus investigaciones, la cuestión grupal aparece privilegiadamente como espacio intermedio, el campo de aplicación y de estrategias de intervención, de operación diría Pichon. Y para transformar estructuras sociales o individuales, se lo puede realizar desde una teoría que tome en cuenta lo esencial de ambas, pero aun esto, estar dispuestos a descubrir que con ambos referentes teóricos, se debe estar abierto a lo que lo grupal ofrezca como especifico, particular, y delimitado por sus dispositivos desde los grupos reales.

Al mencionar esto, lo primero que me viene a la mente, son los descubrimientos de Bion (19) sobre los fenómenos grupales que revela usando un dispositivo de grupos amplios con una tarea curativa especifica, dar respuesta resolutiva a las neurosis traumáticas de los soldados ingleses, provocadas por la guerra; y los descubrimientos y construcciones teóricas de Pichon con respecto a otra cura, la del psicótico, como emergente o síntoma de su grupo familiar enfermo (20). En otra línea, podrían retomarse algunos aportes de Raoul Schindler (21) de la dinámica de grupos y el papel o rol que juegan algunos miembros en ciertos procesos grupales. La lección que nos ofrece Pichon, es una de apertura, de dialogo, de intercambio, ofrece un espacio para pensar autores, teorías y practicas en la medida en que se ha salido de una problemática y se ha ingresado a otra, Pichón lo describe de esta forma : “pasamos de la psicología individual con su situación endo-psíquica (análisis del Yo), a la psicología social, que trata de las interrelaciones en el endo-grupo o intra-grupales, y finalmente a la sociología, cuando tratamos de las interrelaciones intergrupales” (22)

Aunque no en la misma línea, me parece que Braunstein (23) y otros, una década después se refieren a lo mismo al destacar que si bien el Psicoanálisis no es toda la psicología, por lo menos lo que se puede pensar de él es que sería la infraestructura sobre la que asentase cualquier psicología que se asumiese como científica.

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