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Los pininos de introducir la enseñanza del Psicoanálisis a la Uni...

Publicado por activado 11 Abril 2013

Los pininos de introducir la enseñanza del Psicoanálisis a la Uni...

Clase inaugural de la cátedra

de psicoanálisis

José Bleger

Como sucede en todo el mundo, también en nuestro país la formación de psicoanalistas está a cargo del Instituto de Psicoanálisis, que es una organización totalmente privada en el sentido de que no forma parte o no depende de ninguna estructura u organismo estatal. Y al hacerme cargo hoy en los hechos, de esta primera cátedra universitaria de Psicoanálisis - la primera en el país con este nombre- tengo que plantear y resolver algunos interrogantes totalmente involucrados en la índole de la materia.

En primer lugar se plantea el problema de qué enseñar.

La respuesta parece obvia, pero por razones que ya veremos, no se puede enseñar en la Universidad lo mismo y en igual forma en que se hace en los institutos de psicoanálisis. El qué enseñar está en relación con la índole de la materia y con los objetivos que se persigan. Veámoslo más detenidamente.

Índole de la materia.

El psicoanálisis se halla unido estrecha y básicamente a la fuente de donde emergió: la terapéutica, en la que se da su feliz coincidencia con la investigación. Ambas, terapéutica e investigación, son inseparables en el psicoanálisis, que en su totalidad sólo tiene sentido pleno como una praxis en la que se enriquecen recíprocamente la teoría y la práctica, la técnica y sus resultados. La teoría es permanentemente verificada en sus resultados sobre el objeto de estudio y continuamente modificada y perfeccionada en el campo de trabajo.

Esto es lo que corresponde a lo que se ha dado en llamar psicoanálisis clínico y es función privativa del psicoanalista. De su campo de trabajo derivan conocimientos que pueden ser aplicados por especialistas de otras ramas científicas a sus campos específicos; esto es lo que se denomina psicoanálisis aplicado. Este también enriquece el psicoanálisis porque de su desarrollo derivan sugerencias según la adecuación que se halle en la aplicación a otros campos de los conocimientos psicoanalíticos. Así, se puede citar el caso de la aplicación del psicoanálisis a la antropología, sociología y psicología social, que han redundado de maneras muy diferentes sobre distintos tópicos de psicoanálisis.

El psicoanálisis aplicado tiene un campo muy vasto, tanto como el de la psicología en general. El psicólogo es el que trabaja en el campo específico de la relación interpersonal en cualquier actividad o quehacer del hombre. La psicología es un oficio, un quehacer que puede enriquecerse con el psicoanálisis aplicado. No existen fenómenos a los que se deba aplicar o que sean privativos del psicoanálisis o de una comprensión psicoanalítica, en oposición a otros fenómenos que serían privativos de otras corrientes o escuelas psicológicas.

Hablar de "casos psicoanalíticos" como se oye decir con cierta frecuencia, entendiendo por ello la existencia de fenómenos privativos de ser comprendidos o explicados por el psicoanálisis, es un error grosero en el que no se debe incurrir, tanto como el hablar de "caso adleriano" o "caso junguiano". El hombre interviene en todo y en este sentido no hay actividad en la que no pueda -o deba- intervenir la psicología o, mejor dicho, el psicólogo, que puede ampliar e integrar su comprensión, su pensamiento y su operancia con el psicoanálisis aplicado.

Si hemos reconocido en el psicoanálisis dos direcciones o dos campos de trabajo, podemos volver a nuestra pregunta inicial de qué enseñar en la Universidad, porque presuntivamente podríamos elegir uno o bien ambos. Sin embargo, ello no depende de nuestra decisión sino de los instrumentos que podemos utilizar en la Universidad, para lo cual debemos pasar a conocer cómo se forma un psicoanalista.

La formación del psicoanalista.

El Instituto de Psicoanálisis es el que forma psicoanalistas con preparación para ejercer el psicoanálisis clínico, y ya hemos visto que no se puede aplicar el psicoanálisis sin investigar. Esta formación es lenta y difícil; exige fundamentalmente que el candidato se someta él mismo a un tratamiento psicoanalítico con un psicoanalista didáctico y además la concurrencia y aprobación de tres años de seminarios con el control de su práctica psicoanalítica en un mínimo de cien horas. Después de aprobadas todas estas exigencias, con un trabaja científico, el candidato ingresa como miembro adherente de la Asociación Psicoanalítica Argentina.

Evidentemente, todo esto no puede ser llevado a cabo en la Universidad, y por lo tanta, el objetivo de la enseñanza del psicoanálisis en la cátedra universitaria no puede ser, de ninguna manera, la formación dé psicoanalistas.

Qué enseñar en la Universidad.

Por el examen de la índole de la materia (su carácter de teoría, técnica, práctica e investigación) y por las exigencias planteadas para ser psicoanalista, el problema de qué enseñar en la Universidad llega a una encrucijada. Si sostengo por un lado que no hay plena comprensión y asimilación del psicoanálisis con la sola información teórica, por otro lado me veo limitado por el hecho de que otra cosa distinta no se puede realizar en el ámbito universitario.

Es este planteamiento el que tenemos que responder en la mejor forma posible. Por una parte, con el curso de psicoanálisis a mi cargo no serán ustedes psicoanalistas. Si se sugiere que tendremos que atenernos a desarrollar una información de lo que es el psicoanálisis, responderemos que ello es indispensable pero que no resuelve el problema. Y no lo resuelve porque la formación del psicólogo exige el manejo dé la psicología no como un conocimiento humanístico sino como oficio. Y no podemos ni debemos reducir el psicoanálisis a una psicología escolástica.

La cátedra no debe usarse como una popularización del psicoanálisis en el sentido de simplificarlo para que se lo conozca y repita ciegamente. Planteadas así las cosas, estamos a primera vista en un callejón sin salida. Sin embargo, reconsiderando los planteamientos, nos damos cuenta que son ellos los que nos han inducido a esta carencia de perspectivas.

Ha ocurrido otra vez lo que ya indicaba Sócrates: el que contesta es el que interroga, en el sentido de que el tipo de interrogante y la manera de plantearlo implica los tipos de respuestas y las limitaciones de las mismas. El punto crucial está en haber planteado la información de una manera muy formal. Y esto por una razón muy sencilla: en psicoanálisis la información es de por sí operante y podemos recurrir a medios que tiendan a que sea lo más operante posible.

¿Qué quiere decir que la información es operante? Esto quiere decir que es posible lograr, al suministrar la información, una modificación de la manera de trabajar y pensar del psicólogo y -en términos más generales - una modificación de su personalidad, en grado variable, únicamente en esta amplitud de la información se habrá, logrado el aprendizaje del psicoanálisis aplicado. Tenemos ahora una respuesta a la pregunta de qué enseñar en la Universidad: una información del psicoanálisis suministrada en tal forma que opere al máximo sobre el esquema referencial del estudiante.

La información.

Esta debe cubrir todos los aspectos del psicoanálisis: historia, técnica, teoría, la formación del psicoanalista, la extensión del psicoanálisis aplicado y sus perspectivas; su desarrollo y disidencias, sus planteamientos y la problemática que involucra, sus puntos firmes y sólidos tanto como sus aspectos aún no resueltos. Por otra parte, y muy estrechamente ligado a todo esto, aprender y enseñar debe consistir en reexaminar y no sólo repetir; problematizar y hacer sentir la información como algo vivo, en movimiento y en continua creación.

Siguiendo opiniones de Enrique J. Pichon Rivière, estudiaremos lo actual del psicoanálisis como punto de partida y como lo más esencial. Esto no quiere decir que los aspectos históricos serán menospreciados en la información De ninguna manera, porque consideramos que estudiar el desarrollo histórico de una disciplina científica tiene una función normativa, pero justamente la tiene en su grado máximo cuando la historia es reconsiderada en función de los resultados últimos en que ha devenido.

Lo que vamos a enseñar tampoco será lo elemental.

Fundamentalmente porque este último concepto es engañoso. Si bien es cierto que es necesario graduar la administración y asimilación de la información, no es menos cierto que se debe conservar su nivel más alto y su grado de complejidad e inclusive de oscuridad, si lo hay; lo "elemental" es una ficción con la que se subvierte la realidad rica y compleja, que nunca es elemental, y además se cercena o limita la posibilidad de crear inquietudes en el estudiante.

Conservaremos un alto nivel en la información porque esto es lo más real; no ahorraremos la complejidad de los hechos ni aminoraremos lo que se ignora o no está bien comprobado.

El pensar dinámico.

Dijimos que la información es operante y que haremos todo lo posible para que lo sea en el grado máximo. Trataremos que no sólo se obtenga una información sino que se sea capaz de utilizarla, que se incorpore en el esquema referencial del estudiante. Dijimos que sólo de esta manera se aprenderá psicoanálisis aplicado. Insisto en este aspecto porque la psicología no es materia de lucubración. Para ser psicólogo es necesario asimilar la psicología como oficio y trabajar con ella en un campo concreto de la realidad.

Cada vez debe ser menos frecuente el fenómeno insólito de que una información enciclopédica -en el mejor de los casos- está a la par de una total desvinculación de toda práctica, o bien ligada a un empirismo grosero. En psicología hay por lo general gran distancia entre lo que se formula y lo que se aplica. Ya felizmente hemos superado, en psicología, la etapa de las teorías y especulaciones elaboradas fuera del campo de trabajo.

Sea cual fuere el campo en que trabaja el psicólogo, éste puede beneficiarse con el psicoanálisis aplicado y can el pensamiento dinámico. ¿Qué significa incorporar un pensar dinámico o psicoanalítico? Sumariamente podemos decir que significa:

  1. actuar y pensar en el nivel humano de todo lo que se estudia; en el hombre como mediador o actor de todo, absolutamente de todo;
  2. tener en cuenta el carácter significativo de la conducta;
  3. enfocar permanentemente al ser humano y su conducta como un proceso en permanente interjuego con el medio cultural, en el que el hombre construye la cultura y en esta tarea se construye a sí mismo;
  4. el estudio de la conducta en sus motivaciones, objeto y finalidades;
  5. comprender el vínculo de los fenómenos psicológicos con la vida real y concreta, en sus complicadas interacciones; y
  6. abrir la comprensión y la sensibilidad para todas las facetas de la vida humana con sus problemas y conflictos.

Cómo enseñar.

El qué enseñar debe ser integrado con el cómo enseñar, si no seríamos posibles de las mismas críticas que hemos formulado a los psicólogos especialistas en exégesis bibliográficas, desvinculados de toda práctica.

En primer lugar, hay que enseñar elaborando contradicciones y sintetizando fragmentos. Quiero evitar de toda manera la aberración que con frecuencia he visto en estudiantes y profesionales que "saben" tanto psicoanálisis como conductismo, neopsicoanálisis, gestalt, reflexología, etc., etc., pero todo separado entre sí y aplicando una vez una cosa y otra vez otra. De esta manera se refleja individualmente el caos de los tex-tos de psicología y de la psicología misma. Hay que integrar la información.

Esto no es tarea fácil pero hay que intentarlo. Pensamos que se está delineando una psicología moderna que sintetiza conocimientos provenientes de distintos campos o de distintas corrientes y que resuelve muchas falsas antinomias ubicando cada cuerpo de teoría en función de la parte de la realidad que ha tomado y en función de la forma en que lo ha estudiado.

La inquietud intelectual de los estudiantes es un buen fermento para movilizar las estereotipias o la rutina de los profesores. La capacidad y la inquietud por investigar dependen en gran proporción de que se reavive o retenga en cierta proporción el asombro, la inquietud y la ansiedad del adolescente. Hay que reconocer, para ello, que con el curso de los años se alejan las inquietudes del adolescente frente al mundo desconocido, pero no porque se hayan resuelto los grandes interrogantes que se plantea el adolescente frente a lo desconocido.

Sintetizar no es injertar, no es borrar diferencias, no es ocultar contradicciones ni es conciliación; es reelaborar los conocimientos de manera operativa; es abrir la problemática y avivar los puntos en contradicción, les examinar, revisar conocimientos de un campo con las hipótesis extraídas de otros. Por ello, vamos a reconsiderar algunos problemas de la psicología académica, como el de la atención, memoria, juicio, etc., tanto como vamos a reconsiderar el psicoanálisis en función de los puntos de vista extraídos de la gestalt, el conductismo, la fenomenología.

Como está implícito en lo dicho sostenemos que todo lo que se enseña debe ser al mismo tiempo objeto de la investigación mientras se enseña. La única manera viva y completa de enseñar es la de investigar y aprender mientras se enseña. Las estereotipias del pensamiento y de información son tan nocivas para el estudiante como para el profesor. Posiblemente peor para este último.

La elaboración que postulamos no es por otra parte una tarea únicamente de elucidación y confrontación teórica; sólo podrá alcanzarse en una tarea completa, teórica y práctica. Para ello y por muchos motivos es imprescindible que el psicólogo haga trabajo de campo (en cualquier especialidad), sustente la teoría que sustentare. La psicología como especulación pura no es tarea del psicólogo como tal.

Basándonos en todas estas consideraciones, dedicaremos el tiempo disponible tanto a la teoría como a la práctica, Trataremos en lo posible de evitar el error de que los trabajos prácticos estén integrados por comentarios de textos. Las clases serán tanto teóricas como prácticas, porque si no se fomenta una dicotomía que perturba el aprendizaje. Utilizaremos material clínico, entrevistas de todo tipo, material de propaganda, cuentos para niños, material literario, sociológico, antropológico, chistes, material gráfico y pictórico, etc.

En la enseñanza y el aprendizaje (ambos deben ser partes de un mismo proceso) hay que preguntar y preguntarse tanto como hay que estimular a que se pregunte. No hay aprendizaje en la pasividad. Tampoco hay aprendizaje fuera de la relación interpersonal. No hay por qué exigirse conocer la respuestas a todas las preguntas; la investigación tiene el punto de partida en el momento en que se es capaz de decir "no sé". Lo que el profesor debe exigirse es el manejo de las técnicas del pensar -individual y de grupo- por las cuales se puede abrir el camino a las respuestas.

No es mi intención referirme ni a la metodología de las ciencias ni a problemas de didáctica ni a psicología del pensar. Lo que quiero dejar comprendido es que debemos trabajar todos porque no es solamente asimilación de datos o de una materia lo que Es exigible en la cátedra universitaria, sino también y fundamentalmente, el aprender a problematizar, abrir interrogantes y pensar en la forma de solucionarlos.

El pensar es el eje de la investigación y de una praxis racional. La burocracia instalada en el pensamiento se llama rutina y esterilidad. Hay ansiedades y defensas ligadas al proceso del conocimiento y al objeto del conocimiento; hay también una patología del conocer y del pensar que distorsiona, bloquea y esteriliza. De todo esto también nos ocuparemos en el desarrollo de la materia.

Análisis profano y análisis silvestre.

De lo que hemos expuesto hasta aquí, podemos resumir, una de las conclusiones fundamentales: en la Universidad sólo podemos enseñar psicoanálisis aplicado. Y a tal efecto, hemos puntualizado qué entendemos por psicoanálisis aplicado .

Si el psicoanálisis, como disciplina, puede dividirse en clínico y aplicado, es necesario también que definamos lo que es análisis profano y análisis silvestre. El primero es aquel ejercido por personas de correcta y completa formación, pero ajenas a la profesión médica. Este problema es no solamente un problema de carácter legal, pero cuya discusión no toca a la enseñanza que se imparte en la Universidad, porque ya hemos definido claramente que hasta ahora, y seguramente por mucho tiempo aún, los psicoanalistas se forman única y exclusivamente en los institutos de psicoanálisis.

El análisis silvestre es la utilización terapéutica del psicoanálisis por personas no preparadas técnica y teóricamente para hacerlo, sean éstos médicos o no.

Para el psicoanálisis éste es un problema más serio que el análisis profano. De todo lo dicho se infiere fácilmente que la enseñanza de la materia a mi cargo no tiende a formar de ustedes ni psicoanalistas profanos ni psicoanalistas silvestres. Se trata de enriquecer el campo de trabajo del psicólogo con el manejo del psicoanálisis aplicado que incluye en forma indispensable -como ya lo hemos señalado un pensamiento dinámico.

Fuente de la versión impresa: Bleger, J. (1962). Clase inaugural de la Cátedra de Psicoanálisis. Acta Psiquiátrica y Psicológica Argentina, 8 (1), 56-60 [marzo de 1962].

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