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Manifiesto de Psicólogos ...

Publicado por activado 16 Abril 2013

Manifiesto de Psicólogos ...

Manifiesto conjetural y poetizante de Psicólogos Sociales

Alejandra Defago - Ana Mayor - Román Mazzilli
Patricia Mercado - Carina Vanerio - Walter Vargas

En principio, una confesión: estamos cansados del monótono runrún del eficientismo hipócrita que supimos conseguir. Nos declaramos en rebeldía contra el individualismo radical y desesperanzado, la lógica de las cuentas bancarias, el carnaval de la pavada, la cultura de la queja y la letanía de la eterna postergación.

Nos negamos a que la resignación se convierta en una categoría ontológica y muchísimo menos creemos que la historia se haya terminado. En el peor de los casos, estamos lejos de extenderle un certificado de defunción a nuestras propias historias.

En realidad, nos estamos constituyendo aquí sólo por eso: a cada uno de nosotros le urge resistir, pero al mismo tiempo reclama ejercer el derecho de ir un poco más allá y sabe de la maravillosa dimensión de la grupalidad, a cuyos brazos se entrega, sin por ello declinar su propio perfil, los detalles gruesos o infinitesimales que nos hacen únicos e irrepetibles. Nuestro imperativo ético abreva en un viejo principio acuñado por los griegos: el cuidado de sí es también un modo de cuidar a los demás, un acto visible para los demás y, por ende, conjuntivo.

Pero tampoco aspiramos a cúspide vanguardista alguna. Sabemos o creemos saber de nuestras oscuridades y desde allí nos lanzamos a averiguar hasta dónde llegarán nuestros eventuales destellos. Sería excesivo, impreciso, llamarnos militantes, no porque descalifiquemos a sus cultores actuales ni reneguemos de pasados acaso más fervorosos -también empachados de certezas- sino porque de la palabra militante nos incomoda cierto defecto de fábrica: la uniformidad teórica, la voluntad acrítica, la organización vertical, la conducta pautada, militar, en fin, un conjunto de actos y supuestos al servicio de una feroz emboscada de creatividades, azares y devenires.

Nos proponemos convocar, explorar, investigar, experimentar, reflexionar, teorizar, conceptualizar, pero la democracia del diapasón nos hace resonar también con verbos tales como conjeturar, merodear, complejizar, ironizar, alegrar, jugar y poetizar.

No renunciamos a la verdad, si por verdad se entiende una evidencia que frecuentemente remeda el canto del cisne: se hace escuchar y luego muere. Y si es cierto que la verdad se ofrece a la insistencia del obsesivo, también lo es que puede vestir las ropas de una piedra con la cual tropezamos casi distraídamente. Pero para tropezar hay que andar y para andar hay que desentenderse de los territorios aprendidos y estar dispuestos a aventurarse en vastas geografías.

Nos reclamamos un movimiento en gestación, en tanto movimiento es, entre otras cosas, un cuerpo cuya posición varía desde un punto fijo. Nuestro atravesamiento común es la psicología social en general y la psicología social pichoniana en particular, pero compartimos también la necesidad de sostener una rigurosa gimnasia de exorcismo a los seductores fantasmas del paternalismo, la vacuidad tautológica y el sometimiento intelectual.

De Enrique Pichon Rivière no nos inspira tanto lo que dijo como lo que hizo: desplegar una provocadora alquimia de método y pasión en pos de saberes siempre sujetos a vaivenes, accidentes, malos entendidos, aporías, encrucijadas, perplejidades.

Tampoco suponemos que ser psicólogos sociales constituya una identidad en sí misma. Nuestras identidades son más bien un fluir de multiplicidades en permanente mutación, un ir siendo, una instancia gerundial que guarda mayor relación con la insistencia que con la existencia. Y es sobre los bordes y las incomodidades de esas intensidades que salimos al ruedo en el afán de construir una herramienta capaz, al menos, de ponerle nombre a sus preguntas.

Somos, además, docentes, terapeutas de familia, físicos, investigadores, periodistas, corporalistas, psicodramatistas. Creemos que hay mucho por hacer y decir en el campo de la salud y aunque abominamos de ligerezas, supercherías y eclecticismos, tampoco nos tranquilizan las lujosas cárceles que ofrecen categorías sólidas, consagradas, imprescindibles algunas de ellas, pero no lo suficiente para dar cuenta de la profunda riqueza de la existencia humana. Los términos salud y enfermedad se obstinan en desbordar los límites nosográficos y toda operación terapéutica o promotora de salud debería contemplar el valor de la música, la plástica, la literatura y otros condimentos esenciales de la vida cotidiana. En ese sentido, enfatizamos el valor terapéutico de la belleza.

Construimos este espacio en nombre de nuestro propio deseo. A nadie redimimos, a nadie pretendemos rescatar, a nadie ofrecemos una verdad última y definitiva, a nadie queremos convencer: se trata de que no nos convenzan a nosotros los penosos aullidos de la moda. Ni nos subastamos ni suscribimos la idea de que se trata de un naufragio y no hay nada mejor que el folclórico sálvese quién pueda. El individualismo de este tiempo no es más que una forma degradada de la autonomía personal.

Adivinamos, eso sí, que en lo inmediato el destino de nuestros deseos podrá devenir proyecto compartido con otros gozosos también de perseverar en el ser. Ese es el único requisito para imaginar andares y quehaceres. El grupo es un espacio fértil para la complejidad y la creatividad, no una aceitada maquinaria que en nombre de la producción aplane singularidades.

Entre las mustias hojas del objetivismo mecanicista y las pegajosas serpentinas del subjetivismo edulcorado, hay un ancho espacio que queremos recorrer, averiguar, respirar, beber, saborear y agasajar. Esa es nuestra opción existencial. Una cultura de la implicación, una ética del acto, una estética del pensamiento. Se trata, sencillamente, de la vida. Y queremos vivirla desde la a hasta la z.

Buenos Aires, junio de 1995

Centro de Investigaciones Psicosociales y Estéticas "Parte del aire"

Alejandra Defago - Ana Mayor - Román Mazzilli
Patricia Mercado - Carina Vanerio - Walter Vargas

Manifiesto de Psicólogos ...

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