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Análisis Vocacional

Publicado por Francisco Mora activado 20 Marzo 2013

Análisis Vocacional

Notas para un Acercamiento al Análisis Vocacional

Lic. Francisco Mora Larch.

RESUMEN. El trabajo presenta algunas reflexiones acerca de la orientación vocacional tradicional, y una crítica de los supuestos en que se sustenta, como paso previo para acceder a una práctica distinta, la que expresa en el uso del término Análisis Vocacional. Este término, envía al orientador a una metodología que pueda trabajar los elementos de los diversos niveles de determinación de lo vocacional.

Introducción.

"Mediante un horóscopo se puede influir magníficamente e incluso dirigir las conductas de las personas. Sin duda se, les puede recomendar ciertos actos, prevenirles contra otros... haciéndoles prevenir con finura futuras catástrofes".

Milán Kundera El libro de la risa y del olvido

Desde hace algún tiempo, el término “Análisis Vocacional” ha ido recorriendo un camino que se antoja mas que difícil; a ello contribuyen el arraigo del término “orientación vocacional", al cual ha ido desplazando muy tímidamente aún, el que mantiene dominancia en el amplio espectro de las prácticas vocacionales. Digo prácticas, porque las actividades de un técnico vocacional son amplias y muy variadas. En ello reside también una dificultad, pero creo que además, la posibilidad de aceptación de un concepto como el de análisis.

Dificultad, porque al hablar de análisis vocacional, por lo menos para aún un restringido grupo de nosotros, remite a una práctica y a un método mas o menos definido y preciso (referido a lo que se entiende por vocación, elección, información, etc.) del cual quedarían excluidas muchas actividades y métodos de trabajo del material con el que se enfrenta el orientador que se mantiene en la tradición. Posibilidad y esperanza, porque mucho de lo que hace un orientador (información, asesoría, reflexión sobre, y con- el sujeto, aprendizaje social, etc.), puede inscribirse en la práctica del análisis vocacional; claro que esta inscripción se realiza con un enfoque y un método distinto de lectura y transformación del material, del que sigue ejerciendo en la práctica tradicional de la orientación vocacional.

De todo esto, deriva una especie de pre-requisito en la práctica del análisis vocacional: la critica radical, pero también objetiva de los supuestos de base en los que se ha fundado y se asienta nuestra labor como orientadores vocacionales. Primer escalón, difícil por lo tortuoso del camino que ha de transitarse si queremos salir del impasse y la contradicción en que se vive y se ejerce en nuestro trabajo, cuando entre el decir y el hacer, el pensar y el actuar, existe un espacio casi abismal. No se pretende una verdad última, si no la conquista de pequeños trozos de realidad que puedan recuperarse de las cegueras histórico-sociales e incluso afectivas.

Y creo que hasta hoy los orientadores vocacionales no hemos hecho sino acrecentar aquéllas, cumpliendo con ello una función social muy específica en desmedro a los sujetos a los cuales supuestamente van encaminando los servicios que prestamos, sujetos que en un momento clave de su vida, se plantean el ser de su existencia, haciéndonos testigos de sus dudas ontológicas con un problema al que no hemos enfrentado con la seriedad y el rigor que merece.

"Es un rasgo bastante curioso del espíritu pre-científico no poder dirigir sus críticas contra sí mismo".

G. Bachelard La formación del espíritu científico.

Para mí, la práctica de la orientación vocacional, al carecer de un objeto de estudio específico, es decir, de un constructo teórico u objeto formal abstracto, se circunscribe a cubrir una demanda social; para ello no le queda mas que ofrecer técnicas que respondan a la demanda vocacional. Así, la orientación vocacional no es mas que una práctica técnica. Esta debe producir determinados efectos, visibles y verificables para los involucrados en ella. En orientación, la demanda es que el técnico ofrezca una o algunas carreras que satisfagan los deseos del adolescente; la situación de orientación se establece y se define sobre esta base: ofrecer a otro una carrera que este de acuerdo a su gusto, a su interés, incluso al de la familia del demandante.

Si en la práctica técnica, los medios dependen de los objetivos, la oferta de carreras debe ser un aspecto a cubrir, así que a la demanda de carreras debe ofertarse un abanico amplio de posibilidades (información profesiográfica). Aún esto, el orientado sabe que no basta y acude a orientación para que el psicólogo le aplique tests: de interés, aptitud, inteligencia, capacidad, etc. Oferta y demanda se incluyen mutuamente, el orientado ya sabe a lo que va y el orientador intuye a que viene aquel. Cualquier margen de reflexión sobre el sujeto y su entorno es aplastado en aras de cubrir una demanda que, formulada, podría plantear múltiples posibilidades.

Esta práctica vocacional, abandonada a sí misma solo produce la “teoría vocacional” que necesita para seguir existiendo en la medida en que siga cubriendo (en el sentido de ocultar) una demanda vocacional.

Los fines de la orientación permanecen, por tanto, no conocidos, ya que no son reflexionados o criticados; y es que el producto de estos fines, que se han organizado como una teoría y una práctica de la orientación, no pueden producir por sí mismos los elementos necesarios para romper con el círculo vicioso de la oferta y la demanda profesional.

Desde otro punto de vista, la ideología de la elección, supone a esta como un fenómeno posible. Se plantea aquí el problema de la libertad de elección; ello lleva a la ideología del hombre libre; es la ideología de los hombres libres que funda la revolución burguesa cuyo paradigma es la Francia de 1789 y el ascenso del capitalismo. Claro, los hombres son libres... para contratarse o para vender su fuerza de trabajo a quienes estos hombres libres lo deseen.

Entonces, la ideología vocacional se funda también sobre la ideología de la libertad humana, con las características propias de la organización económica del capitalismo. Pero preguntemos a un obrero qué tan libre es para contratarse con quien el desee. Cito a Engels: "La libertad no reside en una imaginaria independencia respecto a las leyes de la naturaleza (y de la sociedad), sino en el conocimiento de dichas leyes y en la posibilidad basada en este conocimiento". Pero un obrero, o un adolescente en situación de elegir, ¿posee este conocimiento de las leyes que los llevan a ser obrero o adolescente en situación de elegir?.

Mucho más allá, podemos deducir de la frase citada, una ética de la práctica vocacional, un nuevo método de trabajo y el recorte de un objetivo específico para el orientador. Toda elección se basa en un supuesto completamente imaginario compartido por orientador-orientado: la posibilidad abstracta de elegir, alzándose por encima, en un salto mortal, de los determinismos sociales e incluso naturales que determinan al hombre como sujeto histórico, con necesidades y deseos afectiva e históricamente determinados.

Lo que determina que la cuestión de la elección de una carrera sea algo recortado del contenido social, tiene que ver con:

  1. La singularidad del sujeto, asentado sobre una distinción tajante del yo / otros de nuestra cultura occidental, sobrevaluando el primer término de la relación.
  2. Que lo inmediato de la institución familiar como grupo cerrado, imposibilita también una toma de conciencia del más allá social.

En todo caso, la elección de carrera podría ser un "asunto familiar" y/ o a lo menos, de los padres o solo del padre, ya que éste, consciente o inconscientemente, desea formar a su imagen y semejanza: a su imagen, es decir, conforme a una idea o ideal que como tal no fue alcanzado; a semejanza, de nueva imagen, modelo propuesto y no pospuesto (recuérdese el Génesis Bíblico, donde es Dios padre quien creó al hombre a su imagen y semejanza).

Así, el padre proyecta su deseo en el sujeto por-venir y lo que desea el padre o los padres, para los hijos, es forjarles un porvenir; por lo que aquí se trasluce con un poco de más claridad que los padres han deseado de antemano para los hijos y que estos deseos paternos (per) seguirán para bien o para mal a cada sujeto hasta su muerte.

En la medida en que por las prohibiciones externas se impide cuestionar al padre acerca de “su vocación”, tampoco se es capaz de explicarse en más acá del destino social que siguió la instancia real parental. Los padres pocas veces pueden ser contextuados; como ideales internalizados que no pueden ser evaluados o valorados objetivamente en un medio social que los determinó en determinados roles sociales, ¿porqué el padre de uno es obrero?, ¿por qué no hizo más por estudiar, por ser otra cosa?. Más difícil es contextuar al padre, más fácil es criticarlo; a fin de cuentas es e´l por lo regular, y en nuestro tipo de sociedad, el que trae u ofrece al interior del núcleo familiar lo social-laboral-profesional, es él el que se enfrenta al trabajo, al otro trabajo, distinto al de la labor doméstica, que es trabajo también.

También y estructuralmente de la ideología fundamental en que se asienta el capitalismo: la del interés privado, referida a la propiedad privada de los medios de producción y que se infiltra en todos los órdenes de la vida, en desmedro de los intereses públicos o sociales, los intereses de la colectividad.

Aquí, la elección es un asunto o un problema completamente privado, pero que se hace pasar como una libertad extraterritorial a la misma sociedad, presentándose como una libertad abstracta, solo determinada por las propias capacidades del sujeto. Esta libertad ilusoria es la que principalmente hemos, y seguimos explotando los orientadores, con fines no declarados sino mudos en su decir y que cada día nos interpelan desde los mismos sujetos de nuestra labor.

Acerca del Análisis Vocacional.

Cuando decimos que planteamos el hacer Análisis Vocacional, se esboza la mueca de algunos psicólogos "científicos", de profesionales que hacen trabajo concreto, medible y verificable, con instrumentos técnicos derivados de la ciencia, no haciendo uso de artimañas o de elucubraciones, que no serían sino cosa del psicólogo-analista. El campo vocacional es un terreno ya ocupado por el profesional de la psicología, con una filosofía del hombre, oculta e ignorada en sus instrumentos, pero no por ello muda.

¿Quién o qué nos ataca o nos refuta un acercamiento metodológico distinto al que siempre ha sido usado?. Ese profesional de la psicología que somos, es solo instrumento de una teoría y una filosofía de ajuste, tecnológica y funcional de la sociedad de consumo. Es la técnica de la psicología adaptativa y del empirismo a-histórico.

Esta es una psicología carente de reflexión, que se atiene a brindar o a ofrecer diagnósticos vocacionales, carentes de una significación para la vida y la crisis del adolescente. Hay implícitamente un concepto atomizado de lo que es la orientación vocacional. El problema de la vocación no se contextúa curiosamente en el mismo proceso vocacional. Así, un dato frío como "ud. es bueno para... ", impide una estructuración verdadera de un proyecto de vida a ser construido y que esto ' explique un andamiaje anterior por el que se ha transitado.

Al plantear el problema de la vocación como algo dado, planteo el problema del conocimiento de si-por intermedio de / o con objetos externos. El conocimiento de sí se conjuga en el interjuego de un proceso donde lo interno y lo externo se influyen mutuamente, es la interrelación entre lo introyectivo y lo proyectivo del sujeto. Al manipular de determinada manera la información exterior se empiezan a inferir propiedades particulares a cada una de estas informaciones, propiedades que no se poseían hasta antes de establecer un contacto con ellas.

La experiencia vocacional construye percepciones vocacionales que han sido introducidas por la misma experiencia y no por las características propias de la profesión. Realzo la importancia aquí y de este modo, del contexto orientativo, de la "ecología" del proceso de orientación. Para un empirismo ingenuo -y este por lo regular lo es- el mundo profesional o del trabajo siempre es estático, inmóvil, a-histórico; una actitud distinta ante lo vocacional permite ver un proceso en su accionar.

El conocimiento de sí mismo, el encuentro con la vocación, se extrae de la acción que produce una reflexión sobre lo que uno mismo encuentra con la previa acción iniciada. El miedo, el temor, la "desorientación" no es más que el temor a encontrarse con el otro yo; este otro, adentro y a la vez afuera del mundo, pocas veces logra establecer un contacto justo con la realidad palpable de un universo profesional o laboral, ya que todo lo que nos rodea, nos cubre y encubre es producto de una actitud humana hecha profesión de la vida. La forma en que el sujeto conoce, se informa o investiga una profesión, es un Índice ya del tipo de profesión que busca.

Se busca donde lo imaginario domina, en la seducción de las imágenes, pero hay algo en un más acá y es la forma de buscar. Si en términos psicológicos uno se plantea que todo empieza y termina con el objeto interno, es hacia él que debemos observar, claro, con otros ojos que los físicos. No sucede esto asimismo con los objetos externos, del mundo real. Si entonces, los objetos externos son solo una referencia, el pretexto para una labor de análisis, se trata en este caso solo de un dato; que por el contrario para el orientador es lo esencial de una actividad a terminar, punto culminante como punto de llegada, fin de un proceso vacuo, sin contenido, completamente externo.

Y esto es lo que llama la atención, el orientador quiere jugar afuera, diría que el adolescente le aterroriza y es esto, justamente, el problema que el orientador no quiere y no puede plantearse: no puede, porque para ello necesitaría una teoría del sujeto, que por lo regular no la tiene; no quiere, porque esto exigiría mucho más de él de lo que hasta ahora parcamente ha dado, le exigiría renunciar a su cómoda posición, a su estatus, incluso a su “saber” de lo vocacional, a algo que lo llevaría a cuestionar su propio proceso de convertirse o de haber elegido ser orientador.

Así que prefiere cerrar el libro en blanco; claro, no es que este en blanco pero si no leemos algo más en él eso nos evitará problemas; para cada libro en blanco lo único que se puede hacer es cerrarlo o ponerle un título. No hay complicación de la existencia; negación de una biografía y de una historia no escrita, ausencia del sujeto, vacío lleno de experiencias vividas que en el momento no son nada, nada significan; otras “historias”, diversas a la real también serán clausuradas a una mirada aunque sea breve y retrospectiva.

En cierto modo, cada diagnóstico vocacional formulado, si no es sometido a una ardua labor de análisis y recomposición, resulta una historia borrada que no resistió los embates de la censura socio-profesional.

Hago así una distinción; para mí la asunción del título de una carrera profesional por la que se ha optado, no es el punto de llegada sino el principio, el verdadero punto de partida del proceso vocacional; justo ahí, donde los orientadores creen haber terminado, debemos ver en realidad el comienzo de la problemática vocacional; el problema no es el de que el sujeto en ese momento elija o no, sino analizar el por qué de una elección, y en particular, cómo eligió. Esto implica una actividad o mejor, una práctica de reflexión sobre sí mismo*, si se quiere una especie de introspección para pensar sobre lo hecho.

Este ejercicio de auto-conocimiento lo expresa una máxima griega: “Para conocer el mundo, debes conocerte a ti mismo”. Es decir, el proceso vocacional se puede definir como un trabajo de análisis sobre un material, interno con instrumentos externos, y de un material externo con instrumentos internos. Aquel que desdeña este trabajo del adolescente quizás lo hace porque jamás ha pensado acerca de sí mismo.

No planteo un trabajo sobre lo observable sino sobre lo no observable y sobre los obstáculos que impiden trabajar sobre esto último, obstáculos que también y de entrada se presentan como no observables; elementos de una realidad heterogénea que escapa a mis sentidos y para lo cual requiero un serio rodeo teórico y metodológico, que me permita en situación, el propio análisis, ya no del objeto sino del instrumento conceptual-afectivo.

En especial, es necesario poner en paréntesis los resultados medibles y cuantificables de instrumentos técnicos como los tests, que solo deben ser tratados como un dato más y que en verdad no nos dicen nada del sujeto si no son contextuados en un espacio donde la razón organice la metodología de abordaje conceptual.

Para un fenómeno psicosocial, el análisis requiere de otros instrumentos: una teoría explicativa acorde a la índole de la materia en cuestión; una metodología que incluya técnicas de descomposición, separación o escisión. En esto, el sujeto vocacional no es un ente pasivo y en mi concepción, es el propio sujeto el que realiza su síntesis; por eso, para mí es absurdo hablar de una psicosíntesis o de una psicología sintética que llevaría a cabo el propio psicólogo. ¿o es que en esto de la vocación los orientadores tenemos la última palabra?.

Bibliografía

  1. Bachelard, G.; "La Formación del Espíritu Científico". Siglo XXI, Edits. Méx, 1979.
  2. Bohoslavsky, R.; "Lo Vocacional, Teoría, Técnica e Ideología". Ed. Búsqueda, Bs. As. 1975.
  3. Braunstein, N.; "Psicología: Ideología y Ciencia". Edits. Siglo XXI. Méx., 1976.
  4. Caruso, I.; "Narcisismo y Socialización". Siglo XXI, Edits., Méx. 1978.
  5. Engles, F.; "El (anti) Duhring", en obras escogidas de Marx y Engels, T. I. Edit. Progreso, Moscú 1976.
  6. Foladori, H.; "Análisis Vocacional y Grupos". UAEM, Cuernavaca, Mor. 1985.
  7. Foladori, H. "Contribuciones al Análisis Vocacional Grupal". UAEM, Cuernavaca, Mor, 1987.
  8. Mannoni, M.; "La Primera Entrevista con el Psicoanalista". Ed. Gedisa, Bs. As. 1981.
  9. Mora, F.; "Grupos Operativos en Orientación Vocacional" (versión ampliada). Segundo Congreso Nacional de Orientación Vocacional". UNAM, SEP, AMPO; Méx. D, F. 1983.
  10. Mora Larch, F. y Vázquez, C. Algunas Reflexiones en Torno al Rol del Orientador. 3er Congreso Nacional y 1er. Congreso Iberoamericano de Orientación Vocacional. Morelia, 1985.

Nota. *En todo caso, si la reflexión no interviniese, ¿podríamos diferenciar nuestra práctica , de la labor del adivino, o un mago como a lo que hace referencia Kundera en el epígrafe del inicio?. No, y ya lo ha expresado muy bien Bachelard al señalar que”en lo sucesivo.... el charlatán y el científico están separados por un abismo”.

Conferencia Magistral. Presentada en el 2º. Encuentro Latinoamericano de Asociaciones y Profesionales de la Orientación. Universidad de Colima. Méx. 1990. Memorias.

Análisis Vocacional