Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog

Presentación de Libro.

Publicado por Francisco Mora activado 17 Marzo 2013

Presentación de Libro.

Comentario al libro:

LA TUTORÍA.

Una estrategia innovadora en el marco de los programas

de atención a estudiantes.

De la Dra. Alejandra Romo López.

Editorial de la ANUIES (Asociación Nacional de Universidades e Institutos de Educación Superior) México, 2011.

Presentación, En el Marco de la Primera Feria del Libro de la UANL, Organizada por La Casa del Libro. 2010

Presentacion del Libro Por Francisco Mora Larch.

De la introducción.-

Este texto, se presenta como un Cuaderno de trabajo y esto para mi representa un merito sustancial. Es una invitación a trabajar y a trabajar-nos desde un tema que como actividad, aparece “entre”, entre la docencia y la orientación; entre dar clases y asesorar o acompañar, y quizás entre enseñar y aprender.

El cuaderno me rememora mis días de escuela, era una herramienta imprescindible, tal y como ahora pueden ser las lap top para muchos. Era mi block de notas, y marcado por mi escritura, que era pequeña y parecía jeroglífico armado de “pequeñas arañas”, era casi inviolable, un material personal, casi intimo.

Y la autora, nos envía a desentrañar un poco la historia de la Tutoría institucional en nuestro país, des-intimando su trayectoria y mostrando con cada aporte, sus fallas, sus déficits, sus carencias, sus rezagos, pero también sus fortalezas, sus esfuerzos y su voluntad por crear y establecer un espacio social, que le de legitimidad desde sus agentes: docentes y estudiantes, pero también Directivos y otros profesionales.

Lo que sigue tiene que ver con hacer el comentario de lo que yo des-cubro, desde una posición un tanto externa, en la lectura de este interesante texto, ya que en los últimos años he centrado mi tiempo y mi trayectoria en tratar de aportar co-operando, con estos agentes clave que revaloriza la Dra. Romo: los docentes.

Pero por otro lado, también se me aparece el libro en “función tutorial”, un verdadero acompañante del tutor, que lo invita a recibir los estímulos de un material que le permita significar su labor, pareciera en este sentido, que el texto trabaja como apoyo, soporte, sostén, algo que hace e invita a hacer lazo social para no abrumarse con la tarea, para no desfallecer, para no claudicar, una especie de tutor oriental, que nos enseña “el arte de la lucha”, en función de fines nobles. Fines nobles, ¿no abjuramos de la ausencia de estos últimos factores en la vida cotidiana?

Capitulo 1.

En los años 90’s y por razones laborales, me acerque a la psicología humanista. Un aporte básico de esta corriente, tiene que ver con los textos de Carl Rogers (1972, 1979), aunque debo decir que Rogers se me indigesta un tanto, debido al trato que da a la teoría psicoanalítica, la que diluye en una psicología de las relaciones interpersonales donde se supone que hay que tener fe en que el ser humano es por definición, bueno (vaya usted a saber en que sentido), una apelación al sentido común, olvidando que el trabajo científico, se instituye en contra de este sentido, el de la Doxa.

Y esto no es un problema menor, que requeriría una discusión a fondo, sin embargo no dejé de pensar el mérito que tuvo un título de sus escritos: Psicoterapia centrada en el cliente.

Esta frase, “centrada en el cliente”, llamó la atención de muchos agentes psi y de otros agentes sociales ligados al campo educativo, como para ir remontando una cuestión socio-cultural: los sujetos de la cultura occidental habíamos perdido el rumbo en lo que respecta a la dimensión humana de la existencia: lo verdaderamente importante en la vida, somos nosotros: yo -y los otros, no el dinero, no los bienes materiales, no la tecnología de punta.

Y a diferencia de lo que promueve la estupidez publicitaria, aunque los muchachos no sean “famosos”, a muchos nos importa lo que sucede con ellos, y por eso estamos aquí y en esto.

Y este era un llamado de atención al fenómeno, que ya empezaba a mostrar los estragos que una sociedad basada solo en el lucro y la ganancia, promovía a nivel de los vínculos humanos, su desatención y una cierta forma de “formalización” académica promovida por algunas psicologías que dominaban el ambiente psi, habían arrasado con lo que ahora eufemísticamente se empieza a conocer como “inteligencia emocional” (Goleman, 1996; Weisinger, 1998), lo que Pichon Rivière (1985) puede expresar como el ámbito donde se practica la psicología de la vida cotidiana.

El primer capitulo del libro de la Dra. Romo es clave para lo que vendrá mas adelante en el texto, porque se trata de contextualizar desde los niveles macro (internacionales o mundiales), la importancia que un enfoque centrado en el otro, puede provocar o facilitar para fomentar de manera eficaz el cambio en la educación, el que se viene anunciando desde hace décadas.

Y digo que el capitulo me parece “crítico”, porque además de otros, se enmarca en el ámbito de la nueva modalidad educativa: el desarrollo de competencias, sobre las cuales tengo algunas consideraciones críticas que hacer y que es algo sobre lo que trabajo actualmente en un Proyecto de Investigación educativa en el Instituto FOCIM.

Pero no quiero perder de vista la cuestión de “centrarnos”, si no en el cliente, sí en el sujeto de la educación, el estudiante. Sin embargo resulta paradójico que mis estudiantes no son los estudiantes en sí sino los maestros, es decir los formadores. El texto es claro en este sentido:

“que el profesor abandone su posición central y se transforme en guía, en un tutor, detonador de aprendizajes; que se transforme en un co-aprendiz con su alumno” (Romo, 2011).

Esto es lo que me hace eco y resuena en mi visión de lo que se requiere en el ámbito educativo, ya que será difícil que un docente haga un corrimiento de su papel y su función si antes no ha experimentado de manera vivencial, experiencial, lo que “significa” sostener una didáctica de otro modo, que en su formación –que debe ser permanente-, re-descubra a un otro que lo invita a vivir una experiencia casi inédita:

Soltar el control, renunciar tácticamente al saber, y lanzarse al vacio de la ignorancia, que aparecería como un océano lleno de vida desconocida, que provoca el asombro de lo cotidiano visto desde una nueva posición subjetiva, desde una “conversión” que sabe a rito iniciático, un tránsito por el espacio interior y no por el mundo ya conocido, el del dominio intelectual o del conocimiento académico.

Así, quizás aparecería una sensación de carencia, previa a un viaje donde uno se podría permitir perderse, para “salir de lo cotidiano”; lo planteo como una encrucijada en donde el sujeto será interpelado e invitado a tomar una decisión crítica: aceptar la renuncia al viejo modelo docente y volverse, como dice la Dra. Romo “un co-aprendiz” con su alumno.

Quizás no se visualiza la cuestión del cambio, ya no como necesario sino urgente, y esto nos habla de que el tiempo de mantener las estereotipias, las formas, los hábitos, los “como si”, los controles a ultranza y las tradiciones en la educación se ha agotado, en una institución educativa no podemos relegar al segundo plano lo educativo, en función de la burocracia y del trabajo administrativo.

En las empresas, la fórmula de la calidad es: primero el cliente, estar en función del cliente; si la satisfacción del cliente exige mayor trabajo administrativo, estamos en lo correcto, la prioridad es su satisfacción y no nuestra comodidad administrativa.

En la dimensión del cambio, en donde uno de sus motores proviene de la demanda del sector industrial y de servicios vía los programas de calidad, la educación retoma este último término, se requiere calidad en educación. La introducción de la ideología empresarial tiene sus pros y contras en educación. Resalto lo que plantea la Dra. Romo:

“la categoría de calidad se construye sobre conceptos como pertinencia, cobertura, eficiencia, nivel de desempeño y equidad, reflejados en un apartado dedicado al desarrollo integral de los alumnos” (Romo, 2011) (el subrayado es mío).

Pero justo aquí quiero llamar la atención de un problema, del cual no solo he intentado hablar sino trabajar y resolver desde mis limitados alcances. Invitar a los docentes y las instituciones a centrarse en el sujeto de la educación, el estudiante, no puede resolverse con una declaración de principios.

Todo intento de cambio sobre sujetos y colectivos se basa en la consulta y la participación de los involucrados; pedirle a alguien que cambie sus hábitos de un día para otro, o de un año para otro, se volverá un error que favorecería las resistencias larvadas al cambio, por aquellos mas reacios a abandonar comodidades y privilegios.

Aún el docente que trabaja teorías y lógicas racionales, se comportará en estas cuestiones a contrapelo de su racionalidad, y se le verá levantando diques y obstáculos a cualquier avance que intente modificar el status quo en los niveles grupales e institucionales, se mostrará evidenciando que en estos asuntos su “logica racional” no sabe de razones.

La clarificación de cómo ANUIES opera como intermediaria entre las inquietudes y directrices de los organismos internacionales como la UNESCO o la OCDE, por mencionar solo algunos, y los órganos nacionales implicados en las políticas educativas, me hace revalorar y significar la situación crítica de ANUIES, crítica, porque no se trata de imponer nada, ni “dictar” sino de sugerir, invitar, convencer de la necesidad de los cambios y solo eso. ¿No debería funcionar así un autentico “tutor” institucional?

Pues bien, si no lo hacen las instituciones, este material, que me parece invaluable, no hace sino mostrar la nobleza de la intención del cambio, aportándonos que en el empeño, no estamos solos, y que hay muchos sujetos, grupos y colectivo sociales, haciendo su labor e implicados en un proyecto que debe auto trabajarse para hacerse viable y sustentable a partir de sus resultados.

Capitulo 2 Los Enfoques Teóricos.

De la lectura del capitulo dos, quiero centrarme, para no hacer extenso el comentario, en el rescate que hace la autora del informe Delors (1996), en la UNESCO y del cual deriva una política, en la que se puede estar de acuerdo en lo general. Por lo que se vuelve un factor de unidad para el sistema Global. Según Delors, la Educación debe alcanzar 4 objetivos fundamentales, con respecto a los estudiantes, que ellos aprendan:

  1. A conocer, 2. a hacer; 3. a convivir y 4. a ser.

Y como hemos dicho en alguna ocasión, y para la mayoría de los objetivos de la educación; en el papel se ve y se lee muy bonito; el asunto es ¿cómo lograr estos objetivos?

La referencia de los marcos teóricos generales es enumerada y ahí detecto en mí una preocupación, el enfoque humanista va en primer plano, y como tal, es eje vertebral que impregna los otros puntos de vista:

Sin embargo quiero rescatar la propuesta de Sanz (2009) que la Dra. Romo trae a colación, para este autor, y evaluando que el marco teórico deje todo en el aire, se requiere aterrizar el problema metodológico en cuestiones concretas, por lo que al tutor se le adjudicaran tres responsabilidades específicas, que los estudiantes…

  • “ Sean capaces de conocer (los aspectos académicos o intelectuales requeridos);
  • Que sean capaces de hacer (el desarrollo concreto de competencias )
  • Que sean capaces de ser (referido a actitudes y responsabilidades)”.

Si acordamos que estamos de acuerdo mas o menos en los dos primeros puntos, la cuestión del ser, va mas allá de las competencias, aunque no las deje de lado, y esto tiene que ver con rescatar el valor de la propuesta del informe Delors.

Me pregunto, ¿Cómo saber que alguien es, o que está siendo? Y me parece que para lograr que alguien sea, requiero como formador, ser Yo, ese ente inaprehensible que no coincide con el “yo pienso”, y mucho menos con el cerebro, la cabeza, o el entramado neuronal cuya red entreteje y sostiene bioquímicamente la actividad cerebral.

Pero en una sociedad dividida en clases, como la nuestra, donde un grupo se apropia de la riqueza producida por la mayoría, merced a la apropiación de los medios de producción, los sujetos sociales sufren la influencia de los mecanismos socioeconómicos que condicionan la alienación del yo de los sujetos; vistas estas clases en su situación de privilegio, se induce a los desposeídos a olvidar la condición humana social, en aras de ubicar en el ideal, la identificación con el privilegiado, el que goza de la riqueza social; así, el yo que cree ser libre de condicionamientos sociales, se aliena en el deseo del otro, lo que resulta en un estado a-conflictivo que desmiente la realidad concreta que vive y soporta, a veces a costa del sufrimiento propio, de la pareja, de los hijos, de los compañeros y amigos.

Desde la psicopatología se habla de un síndrome, cuyos síntomas son el vacio existencial y la falta de sentido existencial, humano.

Aprender a ser, desde una psicología humanista, o cognitiva, que no cuestiona desde un pensamiento crítico las condiciones de alienación de las mayorías excluidas o marginadas de los beneficios y riquezas sociales, lo único que harán será reforzar ciegamente un aprender a ser en la alienación, que es no ser, y no aprender y además negar la condición existencial de poder ser realmente.

Ya en otra parte he mencionado los alcances de una psicología como la de C. Rogers (Mora, 2009: 143), que diluyó al psicoanálisis como disciplina científica, amputando los aspectos cruciales y revolucionarios que nos aportaba, hasta degradarlo a una psicología positiva, ocultadora de la realidad social y carente de reflexión crítica hacia la misma disciplina y hacia los entornos sociales productores de patología social y sufrimiento psíquico.

Puedo entender que se recurra al humanismo cuando toda la sociedad se deshumaniza, sin embargo, la creación de una sociedad mas justa, igualitaria y democrática, no se resuelve con los recursos de sentido común que aporta el humanismo, se requiere esfuerzo intelectual, rigor científico y en principio, la implicación del agente u operador social.

¿Cuánto dolor, cuánta sangre, cuánto sufrimiento humano le cuesta a este país, mantener un orden social a todas luces injusto? (Véase, Bleichmar, 2002).

Y aquí me parece que la Dra. Romo lo tiene claro cuando afirma: “en el marco de los profundos cambios sociales y en res­puesta a las necesidades que suponen una efectiva formación profesio­nal, tanto la orientación como la tutoría tienen una gran oportunidad de aportar al necesario cambio en las actitudes y en los compromisos” (Romo, 2011).

Lo sostiene cuando acuerda con un servidor, al mencionar que no debemos voltear la cara, cuando en el prólogo de mi último libro comenta que tenemos que mantenernos “alertas ante imposiciones de orden económico y político insensibles ante la pobreza, la exclusión y la injusticia de una elevada proporción de la población de este país” (Romo, 2011, en Mora, 2011: XI).

Capitulo 3.

Conceptos, definiciones y escenarios… para la Tutoría.

La condición neurótica universal, es decir, la que compartimos todos, aunque algunos la negamos o desmentimos, es la de no ser indiferentes ante lo que le sucede al otro. Ante el sufrimiento y la desgracia “ajena”, de la cual somos testigos, reaccionamos abrumados, controlados, o matizamos la angustia, con el fin de instrumentarnos para “ayudar” u combatir las causas de esas desgracias.

En este sentido, la tutoría no seria para “tibios”, para des-comprometidos, para des-implicados.

Tendría que ser una especie de “hija de la docencia”, la que ha llegado solo para enseñarle a su madre que el sujeto que nace, solo crece, se desarrolla y se impulsa al calor de los vínculos afectivos, en la experiencia de sentir , de registrar el haber sido deseado, apoyado, amado, sostenido, querido por otros, aquellos que funcionaron como referentes identificatorios a través de la experiencia compartida, en las discusiones, en los acuerdos, en el reconocimiento de las diferencias, al hacernos sentir ser escuchados y tomados en cuenta, desde nuestro saber y desde nuestra ignorancia, con una sensibilidad humana de aquel que se sabe consciente de su proceder ético ante seres en evolución.

Por eso, y ante la desazón de lo que produce la escuela en términos humanos, había que ir re-constituyendo el tejido institucional a través de una figura difusa, a veces demandante; esta figura invita al docente a “dar”, cuando este siente e intuye que no tiene para mas; que no hay deseo, sino carencia; que no hay riqueza sino desasosiego; que no hay iniciativa sino claudicación e impotencia, pero ante esta especie de desvalimiento, pareciera que no se es sensible y se pide mas, mas allá de nuestras fuerzas, y sentimos a la institución como una boca que devora y succiona y no una madre que nutre.

Sin saber bien a bien, que esta demanda, puede resultar todo lo contrario de lo que imagina y de lo que se huye, así, dice la autora,

“es fundamental pensar en la necesidad de consolidar una forma de tutoría con una mayor profundidad, manteniendo su carácter orientador y con apego a un nuevo paradigma educativo” (Romo, 2011:55)

y aunque pareciera que el discurso es de aquellos reiterativos de cada sexenio estatal o nacional, no se sostiene en la retórica sino en la práctica, en el esfuerzo, en el trabajo cotidiano, en la implicación personal, y en estos tiempos eso ya es mucho decir.

Porque concuerdo con la autora y con aquellos con los que he compartido alguna experiencia de formación, que el aprendizaje de la tutoría es un pretexto para aprender a aprender, para re-descubrir el placer de la comunicación, del vínculo, de la creación individual y colectiva. En este sentido, hay ahí una comunicación en clave con la Dra. Romo cuando menciona….

“En relación con la formación integral, la posibilidad de conocer cómo ocurre el desarrollo personal del estudiante de nivel superior… no es una tarea sencilla, porque no responde a una lógica mecánica ni de acumulación, sino de reflexión profunda sobre el perfil de un sujeto en permanente transformación y sobre el tipo de contacto que el tutor ejerce”. (Romo, 2011: 57)

Apuntamos a la cuestión de la formación docente, y es así, porque se instala como eje del cambio institucional y educativo, y si bien le atribuimos al colectivo de profesores la mayor tarea, esto no deja de ser un “privilegio”, a la vez que no es don, es algo a ser conquistado a partir de trabajo, compromiso, implicancia y claridad conceptual: el mundo no se transforma y cambia desde las puras buenas intenciones, se requiere una teoría del cambio y una teoría del cambio en la educación.

En México, el predominio de una práctica docente tradicional impide la integración de la acción educativa con el proceso formativo del estu­diante, por lo cual es indispensable promover, desde el propio terreno educativo, la transformación del actual modelo de docencia… Aparece así una tarea insoslayable: desarrollar la capacidad de establecer relaciones humanas de calidad, alimentadas constantemente por el diá­logo y la discusión respetuosa

La Dra. Romo cita a Robles (2001) al respecto:

“…Precisamos de una educación que se desarrolle en el seno de una relación humana profunda, que no se puede alcanzar simple­mente poniendo a los estudiantes frente a las fuentes de informa­ción, por abundantes que éstas sean, sino que se requiere un ver­dadero proceso de interacción humana, de diálogo, de discusión “.

Capitulo 4.

Este capitulo tiene por titulo una interrogante: ¿Necesitamos de la tutoría en la educación superior?

Me parece que hay quien dice que no, pero habemos otros, que pensamos junto con la Dra. Romo López, que es necesaria y en varios sentidos. Para cambiar algo necesitamos saber, necesitamos conocer y este conocer se obtiene no alejado sino cercano al objeto, de ahí que la autora mencione: “la tutoría es una vía para identificar las condiciones en las que cada estudiante se forma y saber cuáles son las adversidades y necesi­dades que enfrenta en ese trayecto” (Romo, 2011: 71).

Segundo, la introducción de actividades tutoriales se vuelve una innovación, algo novedoso, que no deja de tener consecuencias para la institución que las permite o promueve, ya que sus efectos no dejan de afectar el campo, y esta afectación, parece re-mover un poco los cimientos de un ente que parece prehistórico e inamovible.

Dice la autora que en “la actual política federal de educación superior, el mejoramiento de la educación está presente en el Programa Sectorial de Educación, 2007-2012”: Y mas adelante expresa que

“la ANUIES destaca como uno de sus objetivos primordiales la implementación de una cultura de innovación en las IES, mediante la transformación cualita­tiva de los modelos académicos que permita alcanzar los fines de la educación” (Romo, 2011: 73).

No deja de sorprenderme algo que vengo recalcando desde el 2006, a partir del desarrollo de algunos textos presentados en varios foros: Un programa institucional de tutorías, desarrollado por los docentes, no dejaría de ser un pretexto para que estos agentes sociales se vieran impulsados a una revisión de su práctica, al desarrollo de nuevas habilidades y competencias y a un cambio drástico, pero necesario que favorezca un reacomodo de sus estructuras subjetivas, en aras del desarrollo de “nuevas” formas de trabajo académico.

Entonces, y desde ahí, concuerdo plenamente con la Dra. Alejandra, al mencionar en su texto que…

“la puesta en práctica de un programa de tutoría en esta perspectiva innovadora, va a dar cuenta de transiciones entre mode­los de corte tradicional y fórmulas que proponen nuevos significados y propósitos, formas de participación de estudiantes y docentes tutores, nuevos métodos de abordaje de las necesidades de los estudiantes; in­novadoras y diversas prácticas y herramientas de atención”.

Esto nos llevaría a re-plantear y re-dimensionar el tema de la tutoría ya no como un servicio, ni como una actividad de moda o una práctica asistencial o remedial, sino como dice la autora, en una nota al pie en la pág. 81.

hay que ubicarla precisamente como una estrategia educativa; es más, también hay que romper los límites que la proponen como “la alternativa” para disminuir la reprobación y la deserción. Lejos de ello, es necesario aceptarla también como una actitud; como un espacio en el que permanentemente se procura la comunicación interpersonal”.

Desde este punto de vista, y sin explicitarlo completamente, la tutoría nos induce a plantear un objetivo fundamental para la cuestión de la educación y “sus crisis”, porque esto llevaría a dilucidar que vamos al rescate de los sujetos de la educación, de sus singularidades, de sus particularidades, de su subjetividad, reconociendo al otro como alter, induciendo el reconocimiento de la diferencia, de la inclusión, de la no discriminación, es decir, todo un trabajo de personalización que rompe con ese tipo de prácticas vacías de sentido humano-social que impregnan el trabajo docente.

La eficiencia no puede sustituir ni desbancar en prioridad a la persona, ni en el aula, ni en ningún otro espacio social producido por el ser humano.

Así que nos acercamos al meollo del problema: de implementar un servicio de asistencia y acompañamiento a través de acciones de tutoría, la idea es iniciar un proceso de cambio, donde el Programa Institucional de Tutorías y su consecuencia, el Programa de Acción Tutorial (Romo, 2011: 87), se transformen en el eje de un instituyente que permita y favorezca el inicio de una transformación a fondo de la institución escolar.

El PIT y sus agentes deben de impulsar la plena institucionalización de este último, que lo lleve a funcionar como puente entre los viejos modelos académicos con sus roles esclerosados, y los nuevos formatos y roles de la docencia, que induzcan a través de vínculos novedosos una nueva forma de re-pensar la enseñanza, el aprendizaje y el papel activo y comprometido del estudiante con su propio proceso formativo.

Sin embargo, advierte la autora en la pagina 86, se debe tener claro que “La tutoría no preten­de constituirse como un instrumento técnico, integrado por manuales y recetarios que “faciliten” una tarea de enorme importancia como lo es la formación de los jóvenes. No es la tutoría un remedio para resolver problemas de la propia formación; es un proceso de construc­ción de relaciones y maduración de la persona, para su vida profesional y su desempeño social futuros”.

Y la autora llega a este nivel de propuesta, porque dejar la tutoría a una práctica asistencial y de coyuntura o de urgencia, haría que se perdiera en la banalidad, sin significación, y la mayoría de las veces dejaría un vacio que bloquearía cualquier construcción de sentido humano-social.

Mis reservas para la cuestión del cambio. Aquí seria muy valioso, que la introducción de los PITS en las diversas instituciones, deberían ir acompañados de un equipo de asesores, principalmente psicólogos sociales, sociólogos y analistas institucionales que promuevan estrategias de clarificación, elucidación e intervención social que neutralicen las resistencias al cambio en sus trasvasamentos organizacionales, grupales, laborales e incluso políticos, para favorecer a las fuerzas instituyentes que llevan adelante el proyecto de innovación institucional (Lourau, 1975: 147-260; Lourau, et al., 1977: 119-150)

CAPÍTULO 5

¿QUÉ REQUERIMOS ENTENDER Y ORGANIZAR PARA DESARROLLAR PROGRAMAS DE TUTORÍA Y GARANTIZAR SU PRÁCTICA ENLAS IES MEXICANAS?

La respuesta a esta pregunta, nos habla de esa toma de conciencia de la Dra. Romo, a partir de una labor exhaustiva, permanente, esa praxis que integra teorías, prácticas, reflexiones y trabajo humano, que implica siempre, pensar a solas y a la vez pensar con otros.

Su texto nos muestra su diálogo interno y con los otros, su respeto por el esfuerzo y las ideas que aportan sus interlocutores, y la habilidad que desarrolla para utilizar “la didáctica de los esquemas” sin que esto se vuelva esquematismo.

Su experiencia ha sedimentado algunos saberes, y en ese sentido sabe a que se enfrenta, a la vez que reconoce que lo que enfrenta, si bien se abre a opciones y voces, excluye otras, es su oponente a la vez que su medio en el sentido del contexto, es la realidad compleja de la institución educativa o académica por la que se transita.

En ella, el docente juega un papel central, papel o rol que debe ser pensado, reflexionado y cuestionado. Si bien no deja de ser imprescindible, no puede ser mantenido en función de una tarea o labor instrumental a partir de que el sistema lo ha burocratizado; desde aquí, el aporte valioso de este texto debe ser significado por el docente y por nadie mas, al docente solo puede invitársele a desarrollar una otra actividad.

Pero esta nueva actividad, estará enmarcada en un plan, en un marco más general, que será el que de sentido a su labor. Entenderá entonces que la nueva actividad y el nuevo rol que desempeña, forma parte de un plan que tiene metas, objetivos, acciones, y que todo esto se concreta en lo que es el Programa de Acción Tutorial.

Desde aquí, el docente podrá entender que hay toda una labor y esfuerzo en llevar adelante una acción conjunta, donde se trabaja conforme a una planificación, a un diseño del proyecto y a las formas o estrategias de implementación; y aún mas, que requerirá nuevas formas y competencias para ser evaluado, en función de ratificar o rectificar lo hecho, según sea el caso.

Uno de los ejes sobre los que girará este plan, deberá ser explicitado y tiene como objetivo que la institución educativa requiere desarrollar un perfil de egreso del estudiante, a través de una trayectoria que lo haga salir de la dependencia afectiva e intelectual, promoviendo su autodeterminación y con un compromiso solidario con el todo social.

El perfil del alumno que egresa de una institución es función de la política educativa, que incluye una idea de sujeto, idea que debe explicitarse y revisarse permanentemente a la luz de la actividad cotidiana en el aula y fuera de ella; pero la institución educativa no produce sujetos por fuera de la voluntad de los agentes involucrados en el proceso, porque no son objetos de manipulaciones pedagógicas o didácticas, mas allá de las bondades de algunas de ellas.

Y en este sentido, es que se debe revalorizar el papel del docente en la escuela y del docente en el aula; insisto, esta no será una labor de expertos, y si estos intervienen, no será más que para tutorar la labor del propio docente en su trabajo consigo mismo. No se trata de formar a los profesores, se trata de que los profesores se formen, que implica que hay ahí o debe haber un trabajo (que puede ser a través de otro) de empoderamiento, donde el poder de transformar la realidad docente se vuelve a centrar, “en el interior” del docente mismo.

Pero esta labor no puede darse en solitario, si el docente enseña a los alumnos que la unión hace la fuerza, debe asumir este principio, aunque el costo sea un esfuerzo mayúsculo por romper las inercias de sus propias estructuras subjetivas, y los vicios asimilados por estructuras administrativas obsoletas e incluso sindicales, viscosamente enraizadas en la tradición, el habito y la costumbre burocrática; esto debe volverse, desde el punto de vista de la Dra. Romo, en…

“un nuevo paradig­ma educativo… cuyo significado más importante, en esta perspectiva de acompañamiento al estudiante, es la promoción de nuevas formas de interacción profesor-alumno, así como una transformación en los es­quemas de apropiación del conocimiento” (Romo, 2011: 101)

Así como en una intervención en el seno del grupo familiar, para resolver los problemas que ese grupo enfrenta el técnico delimita las tareas, sus alcances y la responsabilidad que le atañe, indica que un terapeuta familiar nunca podrá sustituir a los padres, ni ninguna otra instancia social.

Lo mismo vale para la institución educativa, donde al docente le atañen algunas responsabilidades cruciales, las cuales no puede ni debe evadir. El titulo de un libro del Dr. Zemelman (2006) es: “La labor del maestro: formar y formarse”.

Mientras el docente tome conciencia de esta necesidad, de esta exigencia y sobretodo, sepa aprovecharla y disfrutarla, una labor como la tutoría no será una carga mas, será un medio y un instrumento para re-inventarse permanentemente.

Recibo con placer, aliento y fe, las palabras de Weinstein y Rogers (1975, en Hernández Rojas 2002: 106-107), que hace suyas la Dra. Alejandra Romo López: “el contexto educativo debe crear las condiciones favorables para facilitar y liberar las capacidades de aprendizaje existentes en cada individuo… se debe adoptar una perspectiva global de lo intelectual, lo afectivo y lo personal”.

Gracias.

Referencias.

Bleichmar, Silvia (2002) Dolor País. Buenos Aires. Libros del Zorzal.

Delors, Jacques (1996). La educación encierra un tesoro. Informe a la UNESCO de la Comisión Internacional sobre la Educación para el siglo XXI, México, ediciones UNESCO y Correo de la UNESCO.

Goleman, Daniel (1996) La inteligencia emocional. Barcelona, Editorial Kairós.

Hernández Rojas, G. (2002) Paradigmas en psicología de la educación, México, Paidós Educador.

Lourau, Rene (1975) El análisis institucional. Buenos Aires, Amorrortu editores.

Lourau, Rene, et al. (1977) Análisis institucional y socioanálisis. México, Edit. Nueva Imagen.

Mora Larch, F. (2009) Tutoría en la educación: ¿instrucción o formación? Monterrey. Editorial del Instituto para el fomento científico de Monterrey.

Mora Larch, F. (2011) Tutoría educativa. Hacia la formación integral. Monterrey. Editorial del Instituto para el fomento científico de Monterrey.

Pichon Rivière, E. (1985) Psicología de la vida cotidiana. Buenos Aires, Nueva Visión.

Robles, José E. (2001) Un modelo de docencia para el bachillerato, en Bazán, José de Jesús y García, Trinidad (Coord.). Educación Media Superior. Aportes Vol 1., México, UNAM-CCH.

Rogers, C. (1972) Psicoterapia centrada en el cliente. Buenos Aires: Paidós.

Rogers, C. (1979) El proceso de convertirse en persona. Buenos Aires: Paidós.

Romo López, A. (2011) La Tutoría. Una estrategia innovadora en el marco de los programas de atención a estudiantes. México, Anuies.

Sanz Oro, Rafael (Coord.) (2009). Tutoría y atención personal al estudiante en la Universidad. Madrid, Editorial Síntesis.

Weisinger, Hendrie (1998) La inteligencia emocional en el trabajo. Buenos Aires. Javier Vergara Editor.

Referencias.

Adorno, T.W. et al (1986) Teoría critica del sujeto. México, Siglo XXI editores.

Allidière, Noemí. (2004) El vinculo profesor – alumno. Una lectura psicología. Buenos Aires, Editorial Biblos.

Anzaldúa Arce, Raúl (2004) La subjetividad en la relación educativa: una cuestión eludida. Revista TRAMAS 22, México, UAM-X.

Argudin, Yolanda. (2005) Educación basada en competencias. México, Editorial Trillas.

Carmona Granero, M. (2007) “La educación y la crisis de la modernidad. Hacia una educación humanizadora”; Revista de Artes y Humanidades UNICA, Año 8 Nº 19 / Mayo-Agosto, pp. 134 – 157, Trujillo, Ven. Universidad Católica Cecilio Acosta.

Concatti, Gabriel (2009) “La primera escuela de Frankfurt. Una crítica a la cultura occidental para revisar y reflexionar”, en KAIROS. Revista de Temas Sociales. Año 13. Nº 24. Universidad Nacional de San Luis.

Bauman, Zygmunt (2007) Vida de consumo. México, Fondo de cultura económica.

Belcher, John. (1987) Productividad Total. Buenos Aires. Editorial Granica.

Braunstein, N. et al. (1975) Psicología: ideología y ciencia. México. Siglo XXI editores.

Carvajal Villaplana, Álvaro (2005), “La racionalidad tecnológica: más allá de la razón instrumental” en Rev. Filosofía XLIII (108), 75-88, Enero-Abril,

Univ. Costa Rica.

Comte, Auguste (1984) Discurso sobre el espíritu positivo. Madrid, Alianza Editorial.

Contreras, Fernando R. (2006) Estudio crítico de la razón instrumental totalitaria en Adorno y Horkheimer”, Revista Científica de Información y Comunicación Número 3, Sección Selecta, Universidad de Sevilla.

De Alba, Alicia Comp. (2004) “Posmodernidad y educación. Implicaciones epistémicas y conceptuales en los discursos educativos”. En Posmodernidad y educación. México, CESU-UNAM.

Díaz Barriga, A. (2006) “El enfoque de competencias en la educación. ¿Una alternativa o un disfraz de cambio?” En Revista Perfiles Educativos, tercera época, Vol XXVIII, No 111, México, CESU-UNAM.

Eraut, M. (1994) “Developing professional knowledge and competence”, Londres: Falmer Press. Citado por Moreno Olivos en Competencias en educación. Una mirada crítica. Revista Perfiles educativos. Cesu-Unam.

Editorial (2010) “El enfoque por competencias: ¿salida a la crisis educativa?” Revista Perfiles Educativos. vol.32 n.127 México, Cesu-Unam

Foucault, Michel (1981) Nietzsche, Freud, Marx. Barcelona. Editorial Anagrama.

Fromm, Erich (1978) ¿Tener o ser? México, Fondo de Cultura Económica.

Fromm, Erich ([1953] 2004) Ética y Psicoanálisis. México. Fondo de cultura económica.

Gargani, Aldo (Coord.) (1983) Crisis de la razón. México, Siglo XXI editores.

Gramsci, Antonio. (1972) Introducción a la filosofía de la praxis. Barcelona. Ediciones Península.

Horkheimer, Max. (2007) Critica de la razón instrumental. La Plata, ediciones Terramar.

Iñón, Carlos. (1997) “Didáctica operativa”. Rev. El emergente psicosocial en Internet. http://www.elemergente-liniers.com.ar/ (Consultado en Septiembre de 2010).

Jasiner, Graciela (2007) Coordinando grupos. Una logica para los pequeños grupos. Buenos Aires. Lugar editorial.

Llano 1996

Marcuse, Herbert. (1973) Un ensayo sobre la liberación. México, Editorial Joaquín Mortiz.

Marx, K. (1973) “Prólogo de la contribución a la critica de la economía política”. Obras escogidas T. II en 3 tomos. Moscú, Editorial Progreso.

Mendel, Gerard (1977) La descolonización del niño. Barcelona, Editorial Ariel.

Mora Larch, F. (2009) Tutoría en la educación: ¿Instrucción o formación? Monterrey, editorial del Focim.

Moreno Olivos, Tiburcio (2009) “Competencias en educación superior: un alto en el camino para revisar la ruta de viaje”, Revista Perfiles Educativos, vol. 31 n.124 México, Cesu-Unam. En internet http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-26982009000200006&lng=es&nrm=iso&tlng=es

Pampliega Quiroga, Ana (1997) Matrices de aprendizaje. Buenos Aires, Ediciones Cinco.

Pichon Rivière, E. (1971) Del psicoanálisis a la psicología social. Buenos Aires, Editorial Galerna.

Postic, Marcel ([1982] 2000) La relación educativa. Madrid, Editorial Narcea.

Romo López, A. (2011) La Tutoría. Una estrategia innovadora en el marco de los programas de atención a estudiantes. México. Editorial Anuies.

Presentación de Libro.