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Psicoanálisis

Publicado por Francisco Mora Consulta En Psicoanalisis activado 10 Marzo 2013

Psicoanálisis

Definición del Objetivo del Procedimiento Psicoanalítico:

La Cura.

Gregorio Baremblitt.

Presentación del Trabajo de G. Baremblitt.

Por Horacio Foladori.

El artículo que deseamos introducir constituye la versión textual de la grabación de una clase dictada hace algunos años en Buenos Aires.

El tema es de por sí sugestivo; se trata nada menos que de la teoría de la cura en el psicoanálisis. Algunos opinarán que el problema de la curación no es un tema típicamente analítico, sino que más bien remite a la influencia de la ideología médica –y por lo tanto, biologista—en el psicoanálisis.

En tanto Freud proviene de la medicina, arrastra consigo muchos aspectos de su formación con los que no logra romper teóricamente; es posible incluso, visualizar en años posteriores regresiones teóricas de problemáticas supuestamente ya superadas. El caso de la preocupación por el problema de la cura no escapa a dicha evolución y, como se verá en el artículo de Baremblitt, los distintos puntos que señalan su definición abarcan momentos que recorren toda la vida de Freud.

Pero hay más: conviene señalar que si bien la curación podría no ser una preocupación analítica desde el punto de vista teórico (los puristas dirían que se trata de una investigación del inconsciente), lo es en cuanto a la motivación del sujeto que requiere del procedimiento: todo individuo concurre en busca de alivio para su angustia, motor principal del tratamiento, y su disminución remite, al menos en el plano empírico, a alguna idea de “mejoría”.

Claro está, y así lo destaca Baremblitt con total certeza, que el psicoanálisis no ha elaborado aún una adecuada conceptualización sobre el problema tan discutido de la salud-enfermedad, producción que vincula la concepción teórica en sujetos concretos –desarrollada en su clase- con la posibilidad de efectivizar en sujetos concretos dicha teorización, ya que el objetivo de la práctica analítica debe ser la transformación del objeto concreto real.

Los trabajos que conocemos dentro del psicoanálisis son absolutamente lamentables en tanto intentan dar una idea de normalidad desde una concepción social muy particular, sin reconocerla, proponiendo como los valores indiscutibles, aquellos de la sociedad capitalista. Subsiste, por tanto el vacío apuntado, tarea imprescindible para aquellos que desean trabajar en una articulación del psicoanálisis con el materialismo histórico que lo reubique en su verdadero lugar al servicio de aquellos procesos que propician un cambio social radical.

Por último, cabe indicar que en el excelente trabajo realizado por Laplanche y Pontalis al construir el “Vocabularie”, se omitió toda aquella conceptualización freudiana referente a la cura. El artículo de Baremblitt subsana con creces dicho olvido.

Definición del Objetivo del Procedimiento Psicoanalítico:

La Cura.

G. Baremblitt

Debemos recordar que el psicoanálisis es una práctica compuesta de un momento teórico, un momento del método y un momento del ejercicio de la técnica. El objetivo de la práctica teórica es la producción del efecto de conocimiento; es decir, del instrumental teórico que es a la vez el objeto formal abstracto de la disciplina. Por ejemplo, el primer aparato psíquico, en el momento de la ruptura, de la fundación del psicoanálisis como ciencia, o la segunda tópica, etc..

Este efecto de conocimiento será importado en el momento del método para operar sobre la materia prima provista por los significantes de cada paciente particular y dará como resultado la producción de conocimientos concretos y singulares acerca de ese caso, que serán luego realizados o efectivizados a través de intervenciones verbales del analista llamadas interpretaciones, construcciones que, en este momento de la técnica propiamente dicha, operarán transformaciones sobre el objeto real: la estructura psíquica de este paciente.

Ahora bien, el objetivo del procedimiento psicoanalítico definido en totalidad sólo puede serlo desde la teoría. Así, se puede formular como “hacer consciente lo inconsciente”, o “donde Ello era, Yo debe advenir”, o el análisis de las transferencias-resistencias, etc. No debe olvidarse, sin embargo, que para la realización de este procedimiento fijado desde la teoría, no existe otra posibilidad que la de efectuarlo sobre un sujeto concreto, inscrito en relaciones sociales concretas, en una formación económico-social concreta, ubicado sobre un soporte biológico concreto, en una subcultura, en una lengua y en un medio ecológico singular, etc.

Es en ese marco histórico en el cual el paciente requiere de los servicios de su analista contractualmente, en una relación generalmente rentada, mercantil, parte del proceso de compra y venta de trabajo en una sociedad capitalista.

Dejando momentáneamente de lado la cuestión de si la teoría tiene núcleos de cientificidad totalmente desideologizada que se ideologizan forzosamente en el momento del método y en el del ejercicio técnico como resultado de las determinaciones múltiples que afectan a los pacientes-individuos sujetos que lo practican y aquellos sobre quienes es practicado en el marco de una formación económico social, o si incluso esos supuestos núcleos teóricos epistemológicamente irreprochables no pueden ser totalmente desvinculados de determinaciones singulares y no están nunca entonces desaturados, por ejemplo, e la determinación estructural de la lucha de clases.

Sea como fuere, el marco de la concreción o realización de la teoría, impone el objetivo fijado desde la misma, las limitaciones que ejercen sobre la ciencia todas aquellas experimentaciones que se realicen sobre el hombre mismo. Eso hace entonces, que entre la finalidad pragmática del procedimiento y la finalidad teórica, existe una distancia que convierte a la primera en la concreción de lo posible y a la segunda, en una especie de meta ideal jamás alcanzable.

Cabe aquí como reflexión entre muchas otras, la de qué determinación económica-política-ideológica tiene esta misma afirmación que acabamos de hacer que sitúa el objetivo en un ideal remoto y no logra definir un ideal históricamente posible,

Pero dejando esto también en suspenso, digamos que la desigualdad arriba esbozada finca el sentido de aquel trabajo de Freud denominado “Análisis terminable e interminable”. Esto toca a la problemática mencionada en su aspecto de duración, aunque puede verse en lo dicho, habría muchos otros para estudiar. Freud dice entonces que desde el punto de vista teórico el análisis es interminable, puesto que la determinación por la estructura hace que ésta se constituya en cada nueva estructuración resultante de las transformaciones de la práctica científica sobre la capacidad de auto-conocimiento de un sujeto.

En consecuencia, la transparencia total de la estructura no se logra, lo cual hace el proceso de desciframiento interminable. Pero en la medida en que se practica con sujetos reales, históricamente determinados, aunque por supuesto igualmente retomable en la oportunidad en que sea posible o necesario.

Ahora bien, ¿cómo podemos definir desde el punto de vista teórico el objetivo del procedimiento psicoanalítico?. Tomaremos los puntos de vista clásicos para referirnos a la cuestión: el punto de vista tópico, el dinámico, el económico y el estructural.

Desde el punto de vista tópico se puede decir en una fórmula ya vacía por lo clásico y lo repetida, que el objetivo del psicoanálisis es “hacer conciente lo inconsciente”. Es decir, es el de incrementar la permeabilidad de la censura, de la frontera que separa lo conciente de lo inconsciente, dotándola de la capacidad de permitir la afluencia de representaciones preconscientes que vehiculizan las que han sido previamente reprimidas en la represión propiamente dicha.

Igualmente consiste en proveer representaciones de palabras para poder instaurar una represión adecuada que mantenga en el inconsciente aquellas representaciones primarias que lo constituyen. Usando una fórmula muy difundida: que permita hablar a una parte del psiquismo para que otra pueda callar sin enfermar.

Desde el punto de vista económico, el procedimiento tiene por objeto contribuir a instaurar el principio de realidad para lograr mediantemente (sic) la plena realización del principio del placer. Es decir, la obtención de la distensión o vivencia placentera con una preservación y crecimiento del organismo psíquico.

También puede decirse, en términos de fortalecer o instaurar el proceso secundario, fundamentalmente por medio de las contracatexis, a los fines de ligar adecuadamente la energía del procesos primario y por ese medio a esa maqueta de la realidad que es el pensamiento, a los fines de planificar y dirigir adecuadamente la llamada acción especifica que realizará la aproximación libidinal al objeto.

Desde el punto de vista dinámico, el objetivo será una capacidad de planteo y resolución de los conflictos entre la pulsión de vida y la pulsión de muerte, con el predominio de la pulsión de vida, es decir, con la posibilidad de crecimiento y formación de unidades psíquicas cada vez más complejas. Desde el punto de vista del conflicto entre las pulsiones parciales, hablaremos de la plena instauración de la fase genital, es decir, la capacidad de logro de placer genital y del amor por el objeto sexual; es decir la existencia de sentimientos desexualizados y, agregaría yo, la ampliación de la voluntad en su capacidad de instrumentar todas las zonas erógenas al servicio del placer.

Todo esto implica por supuesto, pasar del autoerotismo y del narcisismo primario y secundario a la equilibrada carga de la libido objetal, a las representaciones del objeto, manteniendo en su función de autoestima una carga en el Yo. Desde el punto de vista estructural, la fórmula clásica es que donde Ello era Yo debe advenir. Es decir, donde en ese mismo enfoque hablamos de la instauración y de la moderación de un Super Yo permisivo y del pleno aprovechamiento de las potencialidades del Ello en el ejercicio de las regresiones al servicio del Yo, que abandonará sus defensas rígidas, sustituyéndolas por técnicas y así facultará al Ello para realizarse en el juego, el arte, la inspiración científica o el ejercicio de la violencia en la toma del poder y toda otra forma placentera de trabajo y creación.

Desde el punto de vista de la transferencia resistencia podemos hablar de una instrumentación de la transferencia positiva amistosa a los fines de posibilitar el proceso de superación de las resistencias, incremento del insight, y práctica del auto-análisis espontáneo. Esto implica que la repetición que eventualmente realicen las instancias psíquicas, no será ni compulsiva ni obsesiva. Es decir, ni al servicio obsecuente del principio del placer ni del nirvana, es decir, de la pulsión de muerte, sino exclusivamente al servicio del Yo y del principio de la realidad, lo cual implica un grado de ejercicio de la voluntad, de los objetivos concientes bastante considerables.

Complementando este panorama, digamos que desde un punto de vista metódico aparece en Freud también el objetivo como reconstrucción histórica, reparación de las lagunas mnémicas, es decir, recuperación de los fragmentos olvidados de la vida del paciente y reconocimiento de la persona real del analista. Es decir, de la discrepancia existente ente su función real de hacer conciente lo inconsciente y las investiduras fantásticas que se le atribuían, e incluso, sus características reales que la limitan.

Es a partir de estos conceptos básicos de la teoría freudiana que se derivan proposiciones como las de las escuela Kleiniana, las de Fairbairn, o las de Lacan. La escuela Kleiniana hablará del decremento de las ansiedades esquizo-paranoides y depresivas, fluidificación de las defensas, y la aparición de la posición depresiva, en donde el vínculo libidinal se realiza con objetos totales, disminuye la ambivalencia, se privilegia la reparación del objeto y del Yo y se introyecta a un objeto bueno, reparado, con el que el Yo se identifica asimilándolo para el mayor crecimiento del organismo psíquico.

Fairbairn habla del cambio de la dependencia infantil a la dependencia madura, adulta. La conceptualización lacaniana girará fundamentalmente sobre la comprensión de la irrealizabilidad del deseo, comprendida en la fuga metonímica de significante en significante en la demanda, y la alienación del self en las identificaciones, es decir, en los Yos imaginarios que se van dando y en el atrapamiento del Yo en la cadena significante.

Esta aceptación de la carencia del ser posibilitará a su vez por medio de la adquisición de lo simbólico la capacidad de pensar y en consecuencia aceptar la muerte, la castración, la unisexualidad, es decir, renunciar a la omnipotencia del narcisismo y de lo imaginario.

Personalmente, creemos que una teoría de la cura en donde se logren articular los objetivos teóricos con los múltiples objetivos político-ecónomico-ideológicos-lingüísticos y orgánicos de la misma, es decir, una teoría articulada en la totalidad de las prácticas del objetivo pragmático de una de ellas, dista mucho de estar producida y en nuestra opinión es necesaria puesto que no basta con atribuir al objetivo teórico una claridad que no puede ser cumplida por los sujetos agentes, sino que es necesario producir la teoría de la posibilidad real de esa concreción en cada coyuntura, en cada momento histórico, en la sobredeterminación que lo condiciona.

Ahora bien, llegado el momento teórico y /o pragmático de la terminación y/ o suspensión del análisis, los analistas coinciden en señalar, y Freud también lo hace en “El Hombre de los lobos”- en la aparición de una serie de fenómenos bastante prototípicos. Uno de ellos suele ser el recrudecimiento de la sintomatología que trajo al paciente a su análisis, la reproducción acelerada y condensada de las etapas por las que el mismo pasó, e incluso la reaparición de un enfermar que obliga a diferir la finalización del procedimiento.

Es posible que esto no sea otra cosa que el modo que tiene el aparato psíquico para terminar cualquier vínculo, es decir, reeditar en cada acontecimiento la historia, para transformarla y transformarse a sí mismo en ella aceptando la existencia de la misma, es decir, el paso del tiempo.

Cuando esta dinámica se exagera, estaremos frente a la reacción terapéutica negativa, es decir, a esa entidad técnica de Freud que atribuía a una gran culpa inconsciente.

Diversos analistas han coincidido en el hallazgo en el período de finalización del análisis, de fantasías de robo al analista, de culpa persecutoria, de haberse valido del mismo, o bien del peligro de muerte, de vivencia de castración en la separación.

Con todo, en los casos afortunados es posible destacar la importancia de ala aparición de una capacidad auto-analítica que no consiste en el ejercicio obsesivo y deliberado de un procedimiento de auto-observación, sino en la aparición automática de operaciones de reconstrucción y de cuestionamiento de significantes que permite acceder a la motivación inconsciente.

También aparecen sentimientos de agradecimiento hacia el analista y de placer y goce en la comprensión tanto en los propios mecanismos como en aquellas peculiaridades del analista que no le han permitido cubrir a la perfección el objetivo de la cura; quiero decir peculiaridades personales o propias del campo de concreción real del procedimiento.

Atendiendo a la dinámica especial de este período, los analistas han dispuesto de una serie de dispositivos técnicos, por ejemplo, una gradual disminución del número de sesiones, cambio en la posición durante el procedimiento –es decir, abandonar el diván-, incremento de las interpretaciones denominadas del afuera, que no conciernen directamente a la relación entre analista y paciente como personas empíricas.

Algunos han aconsejado la conveniencia de mayores encuentros extra-analíticos, y también la toma de posición del analista frente a ciertos problemas irresueltos de su paciente; también se aconseja una serie de entrevistas alejadas entre sí de seguimiento. Buena parte de esas medidas tendría el sentido de ir disolviendo interpretativamente, pero también de facto la neurosis de transferencia, incrementando la aparición del analista como persona real, que de esa manera desaliente las proyecciones sobre él de los fantasmas, los objetivos imaginarios del paciente.

En realidad, otra postura propone el mantenimiento del mismo régimen de análisis hasta el último día estipulado para practicarlo. La idea sería pues, que seguir adelante con el análisis puede ser realizada hasta el último momento, dado que es lo mejor que el analista puede hacer por su paciente.

Todo aquello que no sea solucionado por la manera especifica, tampoco lo será por la otra. Por otra parte, el analista que se mantiene en esta actitud –como decía el Duce a los soldados italianos: “soldado que huye sirve para otra guerra”. En este caso, el analista que se mantiene en funciones, sirve para un re-análisis; la medida en que apelar a otros recursos técnicos vicia la relación transferencial y su análisis posible es harina de otro costal.

Como recomendación final, digamos que debe atenderse cuidadosamente en no caer en transformar el psicoanálisis en una terapia de objetivo y duración limitada, aunque ese tema no deja de tener un inmenso interés, dada la conveniencia siempre presente y posible de reducir el lapso de análisis.

Sin embargo, recordemos los ejemplos históricos de Ferenczi o de Rank, que no fueron adecuadamente teorizados y no dieron buenos resultados. Asimismo, el extremo opuesto es formar caracteres analíticos: es decir, analizados crónicos cuya vida gira alrededor de un proceso de intelectualización vacía de sus análisis, para los cuales el psicoanálisis pasa a reemplazar la realidad, y transformado en un dogma, les permite creer que si nosotros no somos omnipotentes, el análisis sí lo es.

Hasta pueden llegar a suponer que si enfermamos o morimos es porque somos masoquistas o porque tenemos mucho instinto de muerte. Esta deformación muy característica en las instituciones psicoanalíticas, nos hace olvidar que el tiempo de la vida humana no nos permite un análisis lo bastante largo como para alcanzar la inmortalidad.

Texto extraído de los “Cuadernos de Psicología” de la Facultad de Psicología. Univ. Autónoma de Querétaro. México. No. 1. s/f.

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