Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog

Sobre el Yo Piel y algunos Mitos Pre-Hispanicos..

Publicado por activado 28 Abril 2013

Sobre el Yo Piel y algunos Mitos Pre-Hispanicos..

El Yo-Piel, Xipe-Totec y otras pieles

* Norah Gramajo Galimany

ANTECEDENTES

Los analizantes narcisistas o con severas depresiones y en general los “pacientes difíciles” son de acceso complejo ya que su rígido sistema defensivo no tolera lo nuevo que propone el analista. La extrema vulnerabilidad de su narcisismo hace que la búsqueda analítica sea vivida como una intrusión que los puede exponer a revivir el desamparo infantil sin palabras, verdadera catástrofe psíquica. Férreas defensas protegen esta zona en blanco, en blanco en cuanto a lo que esperamos: que recuerde, pero... ¿no decimos, con Freud, que lo que hemos vivido está registrado en alguna parte del organismo? Pero ¿dónde?

En el consultorio se nos plantea cómo llegar mediante un tratamiento analítico a estas zonas no inscritas como palabras. Conocemos los avances de los Botella (1997) buscando construir la representación ausente usando la contratransferencia, las propuestas de Gibault y Villarino (2004), Baranès (2011) y otros franceses muy influenciados por Anzieu que trabajan con el psicodrama analítico, la propuesta de Cassorla (2005) que se centra en el estudio de los enactments, etc. Cuando observamos los esfuerzos terapéuticos de estos innovadores pensamos, evocando a Wallerstein (1988) ¿hay un psicoanálisis o varios? Y extendemos la pregunta ¿hay un solo Freud o varios?

Respondiendo a Anzieu (1987, p. 150), que se quejaba de que los analistas habían dejado de lado lo sensible, trataremos aquí de enfatizar lo corporal, lo sensible, las percepciones que se ocultan en estos espacios desolados. Quizá, influenciados por el genio de Lacan con su teoría centrada en el lenguaje, dejamos de lado los registros más primitivos, lo prelingúístico, con lo que el organismo trata de construir un sujeto muchas veces sin elementos para hacerlo mientras que al mismo tiempo está acuciado por exigencias transgeneracionales, familiares y sociales para realizarlo.

El propósito de este escrito es proponer una vía de acceso menos riesgosa que el acceso tradicional que practicamos, que en general va de la superficie a la profundidad psíquica y que a menudo provoca heridas narcisistas que interrumpen el tratamiento En la clínica veo que algunos analizantes narcisistas muestran una gran incidencia de trastornos de la piel: picazones, ronchas momentáneas, pinchazos, calores, sensaciones de roce, etc ¿Hay alguna relación entre estos y la patología narcisista? Mc Dougall (1989, p. 74) se pregunta si puede hablarse de una ‘histeria arcaica’.

Comienzo a estudiar las disfunciones que pueden sufrir la piel y el yopiel (Anzieu, 1987), trastornos que se originaron en las épocas en que se construyó el psiquismo. Sin embargo, Mc Dougall considera la aparición de estos síntomas como regresión. En la clínica habría que diferenciar fantasías reprimidas de aquellas otras que aún no se han constituido. Voy encontrando algunas relaciones que mostraré en las viñetas clínicas. Al promediar este trabajo y como homenaje a la deslumbrante magia que emana de México exploraré el mito tolteca-mexica de Xipe-Totec que creo está muy relacionado con el tema.

LAS TEORÍAS

Los hallazgos clínicos orientan la búsqueda hacia teorías sobre el desarrollo temprano y sobre las patologías psicóticas infantiles, todo esto considerando la construcción del sujeto, el espacio de transformaciones entre cuerpo y psique.

La escuela inglesa por un lado, con los minuciosos estudios de Meltzer (1975, 1979) sobre el autismo infantil y Anzieu de la escuela francesa, por otro lado, cuya noción de yo-piel (1974) impacta al psicoanálisis por su enfoque novedoso, brindan apoyos invaluables. Esta presentación se inspira en Anzieu porque su teoría establece correlaciones más firmes a mi modo de ver, entre lo orgánico y lo psíquico. Anzieu parte de lo orgánico entablando un paralelismo y desarrollando la complejización del mismo para alcanzar lo psíquico. Así llegamos al yo-piel, estructura de interfase, fundamental en la construcción del sujeto-infans.

En el embrión humano el tacto es uno de los primeros sentidos en construirse. Lo táctil está imbricado con la piel de modo que no es fácil separarlos y estudiarlos aisladamente. La piel y el tacto aparecen en el embrión al final del segundo mes, antes que el olfato y el gusto, antecede al sistema vestibular, a los ojos y a los oídos. Tanto el SNC como la piel, incluyendo a los órganos de los sentidos, se originan en el ectodermo; ambos son estructuras superficiales y sensibles abiertas a lo exterior y por lo tanto necesitan protección.

El cerebro está protegido por los huesos del cráneo, además de las membranas que lo envuelven. La piel tiene una capa externa, que es protectora y otra que recoge información y filtra lo percibido, (tal y como lo describe Freud en “Nota sobre ‘la pizarra mágica’”, 1924), salvo algunas zonas como los párpados, la vagina, el glande , el ano, la nariz y los labios que no tienen protección pero sí un alto grado de erogeneidad que asegura el placer más intenso.

EL YO-PIEL

Partimos de la concepción de un tiempo primitivo en que hay una inclusión mutua entre madre e hijo, llamada inclusión recíproca por Sami-Ali (1988). En ese estadio la fantasía es tener una piel común que contiene en un polo a la madre y en el otro al bebé. Para este autor, la paradoja es la expresión lingüística de este estadio (pág 14). Una teorización similar sobre la simbiosis trabajó Bleger (1967) en Argentina.

El desarrollo consiste en diferenciarse y asumirse como un ser separado. Entre la etapa de inclusión recíproca y la diferenciación Anzieu ubica al yopiel. En el Yo y el Ello (1923) el Yo es presentado por Freud como una interfaz entre los procesos internos y los externos. Del mismo modo, el yopiel es la interfaz entre la madre que le sirve de sostén al niño y el mundo exterior. Evocamos a Freud: “El Yo es ante todo un yo corporal, no es solamente un ser de superficie sino que él mismo es la proyección de una superficie” (pág. 1219 y 1220).

Este yo-piel es capaz de emitir señales: gritos, olores, movimientos, entre otros, a los que la madre va a responder produciendo en su hijo la satisfacción de sus necesidades y la sensación de bienestar relativa a “saber” que hay alguien pegado a él que lo comprende, lo carga narcisísticamente y es el complementario simétrico de sus señales. Assoun (1995, pág.110), va a decir, apoyándose en Lacan, que la demanda es imposible de satisfacer. Volviendo a Anzieu, el yo-piel es un espacio de entrecruzamientos de mensajes y sensaciones.

Sería similar al espacio transicional de Winnicott (1931). El narcisismo del bebé origina una ilusión que funda el yo-piel, le hace buscar mayores satisfacciones y lo empuja a realizar nuevas “hazañas”. Aulagnier (1975) nos decía que el aparato psíquico sólo trabaja si recibe una cuota de placer. En esta “zona” anida lo sensitivo-motriz configurando un pre-yo corporal que tiende a unificar las aferencias sensoriales. Este pre-yo es anterior al estadio del espejo de Lacan (1966).

Con el desarrollo vendrá luego la necesidad de despegarse de la madre, que insiste en ser el portavoz de sus deseos, como describe Aulagnier. Este Yo arcaico emplea métodos radicales para regular su relación con la realidad que, cuando se vuelve espantosa, utiliza la desmentalización (Meltzer 1979, págs. 35, 36). Este mecanismo explorado en niños autistas suspende inmediata y transitoriamente la actividad mental después de un trauma insoportable. Es un intento de paralizar la vida mental. No son experiencias vividas sino escasamente vividas, casi alucinadas y por ello no registradas, de tal modo que no pueden archivarse. La desmentalización atañe a los sentidos y se fundamenta en la suspensión de la atención.

De tal modo los sentidos vagan cada uno por separado impidiendo la consensualidad necesaria para construir sobre ella la percepción. Este mecanismo se completa con el desmantelamiento que separa cada sentido por separado, como si la mente tuviera líneas de fragilización; el máximo exponente de estas defensas arcaicas es la desmentalización. Meltzer piensa que estos mecanismos son pasivos, mientras otros autores los ven como expresión de la agresión; los ubican en los estadios postautistas. Una pregunta surge: ¿este mecanismo existe sólo como remanente del autismo o a veces está incluido en los diferentes narcisismos que nos oponen fuertes resistencias?

Las primitivas percepciones, dice Meltzer, están más cerca de lo neurofisiológico que de la mente (pág 189). La concepción de Aulagnier de núcleos psicóticos encapsulados que pueden activarse es particularmente rica. También otras denominaciones como parte psicótica de la personalidad (Bion, 1975), parte simbiótica, (Bleger, 1967) pueden ser apropiadas. Con todo me parece que es más contundente y explicativa la formulación de Anzieu.

FUNCIONES DEL YO-PIEL

Las funciones que cumple el yo-piel son múltiples y variadas, algunas de las cuales son: mantenimiento del psiquismo, contención, paraexcitación, individuación, inscripción de trazos, etc. Voy a tomar sólo algunas. Hay importantes coincidencias con los postulados de Bion (1975), por ejemplo, Bion habla de continente, mientras que Anzieu habla de contención, aunque también usa el término continente.

La psique, como el cuerpo, necesita un sostén que le asegure unidad y solidez. Derivada de la madre, especialmente de sus manos y de los modos con que ella lo sostiene, esta función de mantenimiento o contención le permite al bebé apoyarse en su columna vertebral y adquirir el sentimiento de contar con un firme apoyo interno.

VIÑETA 1

Una joven analizante sufre continuamente las separaciones de los fines de semana. Sus férreas defensas narcisistas luchan por defender su desolado mundo interno y para impedir el acceso de su analista a este dolor. Un día lunes aparece desesperada, incapaz de sostenerse, rascándose todo el cuerpo mientras me dice furiosa: “Le digo que Ud tiene que aguantarme porque yo no me puedo aguantar” (Camina por el consultorio y gesticula). Me dice con furia que va a clavarme a mi sillón para que no me escape de ella y que ella va a venir a verme así, inmóvil. (Los padres deseaban un hijo varón y al nacer ella la dieron a la abuela).

La contratransferencia me provoca un intenso dolor en brazos y piernas y una tenue ternura. Asocio con la crucifixión de Cristo y las torturas previas que le dejaron su piel agujereada. Empleo una construcción. Le digo que “su piel y su cabeza quedaron agujereadas y le pican porque se transformó en un bebe abandonado por esta mamá que la deja y no sostiene su cuerpito los fines de semana”. Rompe a llorar mientras analizamos su falta de continuidad psíquica (Botella, 1997, p. 63), ahora con calma.

Estos fuertes afectos son irrepresentables, sólo aparecen como una piel furiosa que pica y duele. La función continente ha sido muy estudiada especialmente por Bion. La madre recibe y tamiza lo displacentero para devolvérselo elaborado y representable al bebé. El ejemplo anterior también muestra este aspecto que lleva a la analista-madre por la contratransferencia, a recibir, elaborar y nombrar estos afectos. Función de intersensorialidad: la piel es el sentido más extenso; alberga en su superficie a los órganos de los sentidos, protegidos por cavidades. Cada sentido trae una información que necesita unificarse con las demás en el yo piel. Apoyándose en el tacto como fondo, puede lograr una captación plena: es la consensualidad. Si esta función unificante falla, la sensación es que cada sentido envía una información diferente: es el desmantelamiento que describe Meltzer en el postautismo. Cada trozo separado está organizado según cada sentido, de forma tal que las partes pueden volver a reunirse.

VIÑETA 2

Marisa se pellizca el pecho; me dice, gritando, que no le digo lo que ella quiere oír, que ella merece tener un marido rico, que debo reconocer que es hermosa, que merece tener una analista mejor, que, como no sirvo para nada, ella va a interrumpir el tratamiento, una amenaza que cumple en dos oportunidades. Se tira al piso, me dice que yo la quiero abandonar, que no la soporto, que quiero deshacerme de ella.

Aprendí a no acercarme directamente a su narcisismo herido porque se desmentalizaba, se volvía tonta y sorda y se tiraba al piso. Un día parece que se pellizca el pecho más que de costumbre. Le digo que ella cree que yo la voy a abandonar por algo que le pellizca en el pecho. Se abre el recuerdo, se recuesta absorta y me dice que no puede usar escotes porque a los dos meses de edad su madre le había puesto cataplasmas muy calientes en la espalda y en el pecho porque tosía; luego la madre la abandonó.

Le provocó quemaduras graves cuyas cicatrices le producían picazones en sus sesiones, creo que con la intención de mostrarme lo que le sucedía. Su madre, horrorizada por lo que le había hecho a su hija, toma una enfermera para que se ocupe de la niña y ya no se acerca más a ella. Reuniendo los datos obtenidos puedo interpretar a partir de los pellizcos y remarcar su necesidad de mostrarme lo que le pasaba para que yo pudiera ayudarla. La relación analítica cambia radicalmente. El sufrimiento narcisista aparece menos amenazante.

El yo-piel inscribe huellas que Anzieu llama “inscripción de huellas” (1974, pág. 116), Aulagnier llama pictogramas, y Mc Dougall (1998, pág. 165) “memorias del cuerpo”. Relataré una pequeña viñeta que he utilizado en otras oportunidades para describir otros aspectos.

VIÑETA 3

Residiendo yo en Guadalajara recibo a una hermosa jovencita narcisista que lucha contra la dura y estéril repetición que no le permite internalizar mis cuidados. Frecuentemente ordena sus cabellos poniéndolos detrás de sus orejas. Mi consultorio está en el primer piso; ella llega a la planta baja.

Cuando le anuncio que puede pasar a su sesión diciendo ¡Adelante! ella contesta repitiendo la melodía de lo que ha escuchado. Hay placer en su entonación y una sonrisa en su rostro, tal como describo en El placer musical (Gramajo Galimany, 1993). Percibo el ritmo y cadencia del canto y descubro que en medio de tantos fracasos en la primitiva relación madre-hija hay un retorno de captaciones sensoriales auditivas placenteras que podemos llamar memorias del cuerpo, tal y como sucede en las tres viñetas mostradas. Hago una construcción, pero aquí se trata de la envoltura sonora de ambas, precursora del yo-piel. Ahora se posibilita una mejor interacción entre nosotras.

La melodía está anclada en su cuerpo-oído sirviendo de inicio a la simbolización. Ahora puede recordar con palabras y rellenar su vacío de recuerdos; su tía adolescente la rescataba del abandono por los viajes de su madre acunándola mientras le cantaba tangos. A partir de ese día entonar su canto la protegía de las crisis de catástrofes internas. Los primeros cuidados de su tía, acompañados de sus impresiones sensoriales quedan en Marisa formando un idioma sonoro exclusivo comprendido por ambas: el espejo sonoro (Anzieu, 1987), el pictograma (Aulagnier, 1975).

RESULTADOS PROVISORIOS

a) Me parece que si hubiésemos tomado para analizar el odio de la analizante entraríamos en el horrible espacio del narcisismo herido, vacío y sin salida. Creo que es más adecuado analizar la piel dolida, hacer una construcción y más tarde acercarnos al núcleo narcisista después de la inyección de libido que aporta la construcción.

b) Las memorias del cuerpo (Mc Dougall, 1998, pág. 165), inscritas en el yo-piel, aluden al trauma. Sin embargo, si se usan para hacer una construcción inician la simbolización del daño sufrido para que se les pueda poner palabras abordando por este camino el núcleo narcisista.

c) Las construcciones usadas aquí siguen el ejemplo de las de Freud (1937), quien utilizaba sus teorías sobre el desarrollo para realizarlas. Las que muestro aquí se basan en la piel y el yo-piel mortificados; están construidas con las teorías de Anzieu.

Considero que son una opción válida para investigar a estos analizantes, llegando al núcleo narcisista sin el riesgo de la caída de las representaciones. Para concluir relataré un mito mexicano que presenta analogías con el tema. Se trata del mito del dios Xipe-Totec.

Xipe Totec es un dios del panteón mexicano. Su nombre significa Nuestro Señor el Desollado, es el Dios de la fertilidad, también llamado Tezcatlipoca Rojo. Fueron los toltecas, pueblo culto que llegó del norte en el siglo XIII los que trajeron este dios. Los toltecas fueron los arquitectos de los más bellos monumentos, los que construyeron los atlantes de Tula y los chacmoles de Chichen-Itzá. Xipe-Totec es representado como un adulto que lleva en la mano derecha una copa y en la izquierda un escudo. Su ropaje se pinta de rojo o de obsidiana. Los guerreros toltecas realizaban una Guerra Florida dentro de sus corazones estudiándose a sí mismos y tratando de ser mejores sin avasallar a los demás. Llegaron a establecer una religión monoteísta. Su dios máximo era un ser supremo, innombrable e impalpable. Sólo se lo puede nombrar metafóricamente como “El que todo lo sabe”, “El que está en todas partes”, etc.

Como en numerosos mitos mexicanos, la crisis social que lleva a los toltecas a abandonar sus templos y marcharse con Quetzalcóatl, (la Serpiente Emplumada) se atribuye a la falta de alimentos. Sin embargo, Quetzalcóatl les asegura que va a regresar. La representación de Quetzalcóatl como humano que encontramos en las estelas es la de un hombre con barba, en tanto los indígenas no tienen barba. Por ello, según dicen algunos historiadores, ante la llegada de los españoles, los indígenas creyeron que era Quetzalcóatl quien regresaba, por lo que se sometieron y le ofrecieron regalos. Estos temas fueron estudiados entre nosotros por Cárcamo (1943) y Garma (1955).

EL MITO

En México llueve solamente cuatro o cinco meses al año. En un año con gran sequía el pueblo estaba sediento y hambriento. Xipe Totec, su dios protector, alarmado por la grave crisis, se quita completamente su piel con un cuchillo de obsidiana y la coloca cuidadosamente en la tierra yerma para que se alimente y dé sus frutos a los hombres. Así sucede, porque a partir de este acto fecundo renace la primavera y crecen los alimentos. El gesto del dios imita a la semilla del maíz que pierde la capa externa antes de germinar. Si bien el gesto del dios es sangriento consigo mismo tiene la finalidad de cuidar a su pueblo que se alimenta ahora con los productos de la tierra fértil.

Cuando se van los toltecas acompañando a Quetzalcóatl llegan también del norte los mexicas, pueblo guerrero y sangriento; toman la religión tolteca en lo aparente y la modifican en lo profundo. En vez de adorar a Quetzalcóatl lo sustituyen por Huitzilopotl, dios sangriento que nace adulto y con armadura guerrera; su madre es Coyolxautli. Huitzilopotl no tiene padre, es hijo de una semilla traída por el viento, semilla que le cae a Coyolxautli cuando está barriendo su casa.

Este dios sangriento va a llevar a su pueblo a la guerra contra sus vecinos para robarles sus tierras y tener más poder; les cobran altos tributos y al hacerlos prisioneros los sacrifican para alimentar al dios sol: los mexicas quieren forjarse un imperio. En esta versión los mexicas hacen de Xipe-Totec un dios cruel que ahora desuella a sus víctimas para que sus sacerdotes usen sus pieles nauseabundas como capas durante veinte días para que les dé poder y provoquen terror. El mito cambia porque los mitos dependen directamente de la ideología del pueblo que los sustenta.

Vimos que los pacientes simbióticos conservan la fantasía de una piel común con la madre, piel representada arcaicamente por una imagen táctil y probablemente olfativa. La separación de la madre está representada en el caso de una madre amorosa por la separación de las pieles de cada uno, sería el Xipe-Toltec tolteca, y podemos adscribir la interpretación a los pacientes no simbióticos, pero si la madre es hostil sería el Xipe-Totec mexica, sólo el arrancamiento-desollado de esa piel común, realizada por la madre permitirá la separación. Esta piel arrancada y doliente produce síntomas en la piel de los analizantes que estamos investigando pica, da calor, ronchas, sensación de roces, exhibiendo indicios de su sufrimiento. Pareciera que esta interpretación tiene su correlato en las pacientes observadas, que además de narcisistas son masoquistas y simbióticas.

¿Por qué Xipe Totec tolteca es amoroso y la versión mexica es mortífera? Porque en un caso se trata de una madre-padre cariñoso (el dios tolteca) que facilita el crecimiento de los hijos ayudando a la madre exhausta, en cambio la versión mexica es la de una madre agresiva (¿la Coyoxaultli con su hijo guerrero Huitzilopotl?). No permite el desarrollo y evolución de los hijos, que sólo se pueden independizar rasgando y desollando su piel.

La simbiosis y la problemática individuación tienen que ver con las costumbres indígenas todavía vigentes: las madres llevan a los hijos pequeños en la espalda aún cuando ya pueden caminar por sus propios medios. La pegazón simbiótica es notoria en ellos tanto como en las pacientes tratadas. Con todo, sabemos que el desollamiento se practica desde hace mucho tiempo y en diferentes culturas y que los pueblos de Mesoamérica han practicado estos sacrificios al mismo tiempo que poseían una cultura excepcional, como en Europa los romanos, cultos y refinados y que, sin embargo, utilizaban a los vencidos y esclavos como gladiadores en el Coliseo. Allí morían peleando y divirtiendo al pueblo. Las pulsiones antagónicas están en evidencia.

Los mexicas fundaron Tenochtitlán, la actual ciudad de México en 1532, llegaron a su apogeo con Moctezuma I en 1440, construyendo un gran imperio hasta la llegada de los españoles. La ciudad era de una grandiosidad y belleza tales que asombraron a los europeos. Estaba construida sobre chinampas (balsas) en un lago donde, según exigía la leyenda, encontraron un águila posada en un nopal (cactus) llevando en su pico una serpiente, tema mítico que se ha inmortalizado en la bandera mexicana.

RESUMEN

Los analizantes narcisistas y/o con trastornos identitarios son de acceso difícil ya que su rígido sistema defensivo vive la búsqueda psicoanalítica como una intrusión que los expondría a revivir el desamparo, verdadera catástrofe psíquica. Para avanzar en esta dirección se propone el estudio de las alteraciones que sufre su yo-piel en las épocas tempranas en que se construyó el psiquismo. Se muestran las diferentes anomalías de la interfase yo-piel que ocurren en el espacio anterior a la palabra donde se registran los primeros organizadores de los símbolos, las marcas encarnadas en la piel momentáneamente afectada por distintas carencias maternales: picazones, ardores, ronchas, etc.

Es importante remarcar el importante peso de la patología transgeneracional que ha producido una deficitaria simbiosis. Para mostrar la deficiente organización del yo-piel se usan viñetas clínicas obtenidas por supervisión. El mito tolteca-azteca de Xipe Totec, el desollador, brinda la oportunidad de aplicar estas observaciones al dios mexicano relacionado directamente con estas cuestiones de piel.

Bibliografía.-

Anzieu, D. (1974): Le moi peau, Nouvelle Revue de Psychanalyse, 9, París.

—— (1987): El yo piel, Madrid, Biblioteca Nueva.

—— (1997):Crear, destruir, Madrid, Biblioteca Nueva.

Aulagnier, P. (1975): La violencia de la interpretación, Buenos Aires, Amorrortu.

Assoun, P.L. (1995): La mirada y la voz, Buenos Aires, Nueva Visión.

Baranès, J. J. (2010): Conferencia en APA el 25 de octubre.

Bion, W. (1974):Atención e interpretación, Buenos Aires, Paidós.

Bleger, J. (1967): Simbiosis y ambigüedad, Buenos Aires, Paidós.

Botella, C. y S. (1998): Más allá de la Representación, Valencia, Promolibro.

Cárcamo, C. (1943): La serpiente emplumada, psicoanálisis de la religión maya, azteca y del sacrificio humano, Revista de Psicoanálisis, vol 1, Nº 1, Argentina.

Cassorla, R. (2005): Conferencia L. Americana IJPA 2004, “Do baluarte ao enactment”,Rio de Janeiro.Brasil.

Enciclopedia libre universal en español. (2010) México.

Freud, S. (1923): El yo y el ello, Buenos Aires, Amorrortu, Vol XIX.

—— (1924): Nota sobre la pizarra mágica, Buenos Aires, Amorrortu, Vol. XIX

—— (1937): Construcciones en el análisis, Amorrortu, Vol. XXIII

Garma, A. (1955): La serpiente alada o emplumada, la guarda escalonada y el meandro”, Revista de Psicoanálisis, Vol XII. Nº 2.

Gibault & Villarino (2004): Comunicación personal.

González Torres,Y. (1995): Dirección de Mitología y Religiones de mesoamérica, Mé-

xico, Larousse.

Gramajo Galimany, N. ( 1993):The Musical Pleasure, The International Journal

of Psycho-analysis, vol 74, part 2, London.

Lacan, J (1966): El estadio del espejo como formador del yo tal como se nos revela

en la experiencia psicoanalítica, en Escritos I, Méjico, SXXI, 1978.

León Portilla, M. (2000): Los aztecas. estudios sobre un gentilicio, MéxFCE,

Mc Dougall, J (1991):Teatros del cuerpo, Julián Yébenes.

Meltzer, D (1975): Exploración del autismo, Buenos Aires, Paidós.

Matos Moctezuma, E. (1910): Las pirámides como centro del universo, Arqueología

Mexicana, tomo XVIII; México.

Sami-Ali, M. (1988): Lo visual y lo táctil, Buenos Aires, Amorrortu.

Soustelle, J (1970): La vida de los aztecas en vísperas de la conquista, México, FCE

UNICEF (1998): Juegos de amor y magia, Instituto del Niño, Montevideo.

Wallerstein, R. (1988): ¿Un psicoanálisis o muchos? Libro anual de psicoanálisis.

Winnicott (1972): Objetos transicionales y fenómenos transicionales, Barcelona, Gedisa.

Sobre el Yo Piel y algunos Mitos Pre-Hispanicos..

Comentar este post