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Sobre remendar de lo que estamos hechos.

Publicado por Rafael Antonio Flores activado 18 Junio 2013

Sobre remendar de lo que estamos hechos.

Sobre remendar libros.

Rafael Antonio Flores.

Este escrito esta dedicado para quienes acostumbran leer, quienes aman las palabras contenidas en las líneas y trazos sobre el papel; este pensamiento se dirige para quienes no renuncian al placer de conocerse en el vació de los sentidos, pero sobretodo, he escrito esto para aquellos que viven en el contacto directo con los libros, aquellos que sujetan los lomos, acarician con las yemas las portadas, para quienes disfrutan el aroma contenido entre las hojas que esperan ser descubiertas, observadas, acariciadas, comprendidas.

Porque ustedes, sabrán a lo que me refiero cuando hablo de remendar, curar, arreglar un libro; solo quien se relaciona de manera íntima con los compañeros de las palabras puede entender el valor e importancia que hay en el acto de pegar un libro.

Pues, resulta que solo se arregla un libro cuando se rompe, las pastas se pegan cuando no se sujetan más al lomo, se remienda cuando las hojas vuelan y se pierde el sentido de las oraciones y la continuidad de los discursos, resulta que solo ante esta situación (estoy diciendo una obviedad) uno puede arreglar un libro; no solo es así, también se hace en función de lo que es ese libro para el lector, de las confesiones que en la soledad hace la compañía de las ideas.

Lo que cura, es la atención del lector sobre el libro, la atención al libro se genera por el vínculo. Se puede pegar con cinta la portada, sujetándola a la contraportada, así se afianza la forma logrando que lo profundo e intimo no quede expuesto a la intemperie y calamidad del clima, que a veces, es hostil.

La cinta, algo importante para pegar, y sujetar, podría convertirse en aquello que tape y pierda la identidad, el rostro de quien expresa los pensamientos, de ahí, que resulta indispensable utilizar una cinta transparente, lo suficientemente transparente, como para permitir que la portada siga expresándose por si misma de manera clara; eventualmente, la marca de la cinta es evidente, pero eso es lo de menos, a veces se requieren marcas para sujetar el rostro y poder expresarse, siempre y cuando estas marcas no entierren las portadas y dejen sin voz a nuestro interesante compañero.

Quizás, no es la portada aquello que se desprendió, sino que un bloque de hojas de alguna parte, quizás de modo azaroso, se soltó del lomo, se zafó por el movimiento, fue arrancado por el uso, quizás solo fue el tiempo quién se encargo de que se perdiera la fortaleza en lo que en un principio mantenía unido como un solo ser a este amigo. Aquí ya no se puede usar la cinta, pero, seguramente, el pegamento, restituirá aquello que se desprendió, se tendrá que trabajar de acuerdo al orden en que los bloques y hojas se han desprendido, logrando así reincorporar al lomo, pues de ahí se soltaron, los bloques u hojas que se han ido a otro lugar, para decir cosas, que no tienen sentido, pues ya no hay continuidad.

Trabajo bello es el realizar una tarea que permite regresar el sentido a aquello que se perdió cuando se arrancó de su columna, lo que le daba cierta entereza, cierto decir algo. Quedan casos que parecen ser más graves, serios, complicados; a decir verdad, solo ofrecen otra forma de acercarse a ellos, si no sirve la cinta adhesiva ni el pegamento, seguramente habrá otro modo de afianzar las palabras y evitar que se desborden, que la forma se conserve y no se pierda la voz del portavoz.

Podríamos utilizar un tratamiento que seguramente parecerá violento, agresivo, hostil, ya que cuando uno atraviesa por el margen de las hojas a las ideas que contienen a estas, la tarea toma una manifestación destructora, pero solo es eso, una manifestación, el efecto más bien resulta en algo que beneficia al papel, a la portada.

Si la broca cruza, taladrando hoja por hoja, haciendo el recuento de cada página donde se depositaron los sentidos y afectos, llegando hasta donde no se escribió nada, donde las pastas blancas y los guarda no contienen más que el vació, uno tendrá una serie de orificios que atraviesan la totalidad de lo que ahora esta en pedazos, y por medio de ese atravesamiento se sujeta con cuerdas y nudos, desde la portada hasta la contraportada, permitiendo se sostenga en su pie, exprese algo, y no diluya su forma, tratamiento riesgoso, violento, complicado, elaborado, y sin embargo, produce unidad, coherencia, solidez, sentido, ser, otro ser, quizás superando al anterior.

En este tejido se hace patente el vínculo que existe entre el lector y el libro. Se hace patente lo que cura al uno, para que el otro pueda verse, curarse, remendarse.

Remendar libros, es una analogía, una comparación. Remendar libros, remendar ideas, hilar discursos, tejer palabras, pegar conceptos, sujetar pensamientos, es lo que a veces nos hace entender que estamos vivos.

Sobre remendar de lo que estamos hechos.

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