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Sujeto –grupo - institución.

Publicado por Francisco Mora activado 9 Septiembre 2013

Sujeto –grupo -  institución.

Sujeto –grupo - institución.

¿una relación posible?

Diana Markwald

Hablando de sujetos e instituciones

A través del tiempo se han ido modificando los alcances del término institución: no solo se trata de un edificio sino de una red simbólica, y ya no resulta útil entonces pensar a la institución como un objeto totalmente externo al sujeto.

Propongo pensar un cruce entre aquella lejana teoría de Elliot Jaques que planteaba que ¨las instituciones son utilizadas por los miembros individuales para reforzar sus personales mecanismos de defensa contra la ansiedad¨ y la de René Kaes que plantea que ¨la institución nos precede, nos sitúa y nos inscribe en sus vínculos y sus discursos.... hemos tenido que admitir que la vida psíquica no está centrada exclusivamente en un inconsciente personal, sino que una parte de él mismo, que lo afecta en su identidad y que compone su inconsciente, no le pertenece en propiedad sino a las instituciones en que él se apuntala y que se sostiene por ese apuntalamiento¨

Estamos hablando de la institución como productora de subjetividad.

El cruce que propongo es que en ambos casos se apunta a la identidad del sujeto pero la gran diferencia es que ya no es una relación de máxima exterioridad sino de una interioridad – exterioridad, una cinta de Moebius. El movimiento va significando el modo en que la subjetividad participa de la producción social y ésta a su vez es coproductora de subjetividad.

La institución es una formación social. Se sitúa en la interacción del adentro y del afuera. Ejerce una pluralidad de funciones. Por lo tanto es potencialmente una instancia de articulación de niveles y formaciones psíquicas heterogéneas

René Kaes denomina al vínculo que se establece entre sujeto e institución vinculo instituido y lo define así: “ Vínculo que se determina por efecto de una doble conjunción: la del deseo de sus sujetos de inscribir un vínculo en una duración y en una cierta estabilidad y la de las formas sociales que de diversas maneras reconocen y sostienen la institución de este vínculo.”

Volviendo a Winnicott

Este modo de conceptualizar a la institución permite pensar a la misma reproduciendo los distintos avatares que puede sufrir el espacio transicional. Dicho espacio transicional puede estar afectado por la lógica de la sobre – implicación institucional, por la libertad para desarrollar proyectos propios en su seno o instalarse allí una dialéctica al modo del amo y los esclavos.

Así, la institución en su función de apoyatura puede dar lugar a un sujeto creativo, lúdico donde la institución y el sujeto son vasos comunicantes de una estructura que los excede y que a su vez ellos soportan o, puede dar lugar a un sujeto aprisionado, al estilo de la encerrona trágica de Ulloa, donde no hay allí “tercero de apelación”, quedando el sujeto a merced de la institución.

Podemos pensar aquí en ciertos agrupamientos que con el fin de descartar el peligro del análisis colectivo de la implicación, optan por la sobreimplicación de los miembros, (nosotros somos la institución) y así el material humano se torna más manejable (los grupos fundamentalistas por ejemplo)

D. Winnicott en su libro “Realidad y Juego” propone pensar a los fenómenos transicionales, como zonas intermedias de experiencia, territorio intermedio entre la realidad psíquica interna y el mundo exterior. A su vez denomina a este espacio como zona de alivio de la tensión en esta dialéctica mundo interno – mundo externo y pone como ejemplo las artes, la religión, la creación.

En este sentido, este alivio winnicottiano se podría decir que está emparentado con el efecto que produciría la participación en una institución según la concibe Jacques, en la medida en que estas protegen contra la ansiedad. Cuando Winnicott habla de objetos y de fenómenos transicionales él pone el acento no tanto en el objeto usado sino en el uso del objeto. En este sentido podemos decir que dependerá de qué uso hace del objeto institución el sujeto para ver qué modalidad vincular tiene.

Para pensar la modalidad vincular que se da entre estos dos términos (sujeto e institución), me interesa retomar los viejos conceptos de institución abierta o institución total.

Institución abierta sería aquella cuya exigencia para pertenecer abarca un sector de la vida de los sujetos e Institución total aquella otra que exige o genera una adhesión total, independientemente de si el sujeto permanece allí las 24 horas de los 365 días del año o no.

Se trata de distinguir la modalidad de pertenencia que los sujetos establecen con la institución.

A veces no son necesarias las prisiones o los hospicios porque las instituciones nos recluyen de lunes a viernes 8 horas por día.

¨Una misma institución puede resultar total para alguien en el sentido de ser el centro organizador de su vida, mientras que para otro funciona como una institución abierta. Esto puede verse en que si alguno se acerca a una institución con expectativas de ser provisto de una identidad prestada o si la institución representa un instrumento relativamente circunstancial¨

Mucho sujeto, mucha institución ¿y los grupos?

Gregorio Kaminsky escribió hace ya un tiempo que: “ Las instituciones tienen ojos. Los ojos institucionales son los grupos. A través de ellos es posible entender a los que son objeto de ella y a los que son sujetos de la misma. ”

Lo que efectivamente existe son los espacios de condensación de lo subjetivo y lo social : grupos e instituciones. Si la institución es un proceso en movimiento, son los grupos quienes pondrán en juego este movimiento. Hablar de las instituciones es hablar también de los grupos.

En este sentido creo que es posible pensar en términos de institución objeto e institución sujeto. Encontramos aquellas instituciones que son solo reproductoras, más de lo mismo y aquellas que pueden constituir su identidad singular. Muchas veces entre las primeras encontramos las grandes dificultades que presentan en algún momento de su historia las empresas familiares por ejemplo cuando hay un traspaso generacional. Suele ocurrir que no pueden terminar de apropiarse de un proyecto propio sin sentir que se está traicionando a su fundador y sus deseos.

Tutoreando una pasantía en un colegio grande de Capital Federal pudimos observar cómo frente a las preguntas de ¿Cómo ven la escuela hoy?, y ¿qué les preocupa?, sólo había referencias al pasado. Este pasado aún no ha sido historizado sino que es un interlocutor al que se añora o desprestigia pero que no ha podido hacer marca.

La cultura institucional caracteriza y justifica el ser y el hacer cotidiano de una institución. Esta cultura se vuelve observable a través de los mitos, leyendas, objetos, normas y símbolos producidos por la institución. En la medida en que sólo se busque reconstruir una versión ya vivida de la historia, se vuelve imposible apropiarse de los múltiples atravesamientos que dan cuenta de ella.

El mandato del fundador, como prescripción inapelable, no deja lugar al surgimiento de los movimientos instituyentes y a la novedad. Otras instituciones son aquellas que pueden albergar la novedad sin sentir que pierden su identidad. Hay allí un lugar para lo instituyente y para que la tensión estructural instituido- instituyente pueda seguir produciendo efectos.

Coincido con las autoras de un libro que recientemente tuve en mis manos ¨¿Dónde está la escuela? Ensayos sobre la gestión institucional en tiempos de turbulencia¨ cuando plantean diferenciar la novedad de la innovación. Ellas dicen: “Nos encontramos a la innovación como imperativo. Podemos inundar a la escuela de innovaciones y sin embargo ahogar la “novedad” entendida como algo de otro orden que viene a transformar matrices de pensamiento y acción¨.

En el imperativo de la novedad el pasado no se ofrece como anclaje para la ruptura sino que solo es “viejo”. “Es interesante porque desde esta perspectiva no hay una apuesta al devenir sino que se trata de convertir lo pasado en “deshecho”

El malestar de la cultura – La cultura del malestar

Freud plantea una paradoja inherente a la cultura. La misma produce sufrimiento pero a su vez es dadora de los recursos con los cuales los sujetos humanos nos defendemos de estos sufrimientos.

La institución como formación de la sociedad y de la cultura también es fuente de sufrimiento pero condición de identidad. Allí se instala un contrato entre lo que el sujeto cede y lo que la institución le da.

Sujeto e institución en una relación paradojal planteada por una búsqueda de autonomía y una necesidad de independencia.

¿Qué pasa cuando la institución no sostiene esta relación paradojal que todo sujeto establece con ella ? ¿Qué pasa cuando esta tensión estructurante entre la búsqueda de autonomía y la necesidad de dependencia no tiene lugar para desplegarse?, ¿En nombre de qué se hacen renuncias pulsionales en una institución?, ¿En nombre de que encontrar allí otros con los cuales compartir una tarea, encontrar representaciones comunes y matrices identificatorias?.

Cuando algo de este pacto se diluye, pueden aparecer dos tipos de respuestas: la violencia o la fragilización yoica No poder garantizar la posibilidad de desplegar la propia palabra , puede engendrar violencia.

Violencia como respuesta a la ruptura del pacto inconsciente. ¨Cuando la institución no sostiene más el narcisismo de sus sujetos, la institución es atacada a su vez“. Violencia que responde a la violencia institucional. Violencia institucional que he dado en llamar “en exceso” para diferenciarla de la violencia estructurante, la que subjetiviza, la que nos permite nacer a la vida psíquica. Es la violencia necesaria y fundante de la subjetividad, porque recorta de todas las posibles subjetividades, una.

Nuestra prematuración le exige al entorno esta violencia. La necesitamos para poder entrar en el circuito del deseo y no ser un mero objeto inerte ante los ojos de los otros. Nacer no es garantía de constituirnos en sujetos. Necesitamos de la mirada y la presencia del otro.

Tener un proyecto anticipatorio en relación al otro es poner en movimiento una violencia pero necesaria y estructurante, es lo que le sucede a los padres con su hijo, a un profesor con su alumno. Cuándo comienza la vida de un niño? Generalmente en la trama simbólica que entre palabras, sueños y promesas tejieron sus padres mucho antes de engendrarlo.

Luego el niño irá creciendo, irá confirmando o no su coincidencia con aquellos que el discurso anticipatorio le ha propuesto y pondrá en juego sus propias expectativas con respecto al lugar asignado

Pero también está la violencia “en exceso”, que es la que nos niega como sujetos, la del maltrato.

Este exceso se manifiesta en dolor, abuso, impotencia y constituye una “encerrona trágica” . “Se da cada vez que alguien para amar, divertirse, trabajar, estudiar, transcurrir su vejez, depende de alguien que lo maltrata o simplemente lo distrata, negándolo como sujeto”. (Ulloa La Novela Clínica Psicoanalítica)

También es “el malestar sobrante”de Silvia Bleichmar que lo define así: “Esa cuota de malestar extra que nos vemos obligados a pagar en ciertos casos, más allá de las necesarias e imprescindibles renuncias que toda vida social impone”. En muchos casos el trabajo institucional consiste en ir trabajando con los actores institucionales cómo desde cada singularidad se puede ir negociando la manera de no someterse y sí de ejecutar creativamente su tarea.

Esta idea es subsidiaria de un concepto actualmente muy escuchado en el ámbito de las organizaciones que es la Resiliencia (elasticidad). Este concepto viene del campo de la física y apunta a la cualidad que tienen algunos cuerpos de rebotar. Esos cuerpos no se fragmentan sino que sufren una deformación momentánea, pero luego recuperan su forma. La intención no es recuperar la misma forma una y otra vez, sino una forma propia para cada sujeto

La otra forma de respuesta a la ruptura del pacto se juega al interior del sujeto y su consecuencia es un sujeto fragilizado. Este es el sujeto de la postmodernidad.

En este sentido es muy importante la contribución de Robert Castel en tanto él muestra hoy en día a un individuo fragilizado más que emancipado. Esta celebración de la independencia del sujeto sólo coincide en parte con la problemática actual. De alguna manera esta idea de estar liberado de la presión de lo colectivo no va de la mano de ser propietario de su propia persona. Los soportes laborales- relacionales están pulverizados. Tomando a Pierre Bourdieu, hay falta de capital pero no sólo económico sino relacional

¿Quién dijo que Viva la diferencia?

Retomando la idea de pacto inconsciente singular entre el sujeto y la institución, ¿Cómo entender ciertas tendencias homogeneizadoras de las instituciones? ¿Cómo sostener la consistencia institucional, donde el discurso de los valores sea coherente con las propias prácticas instituidas si lo que se ve es un borramiento de lo diferente, de lo heterogéneo?.

¿Qué lugar hay allí para las diferencias, sin que esto devenga discriminación?, ¿Qué es lo que produce violencia? ¿Las diferencias o que se sostenga que hay una sola diferencia que divide y reina?

Supervisando una tarea de talleres realizados en una escuela de las llamadas ¨de riesgo¨ se pudo ver como la intención homogeneizante, barre con las diferencias y le abre las puertas a la discriminación.

La dirección de la escuela rotula a todos con un “todos tienen mala conducta”. La apuesta allí fue intentar crear dispositivos que permitieran desplegar todas las diferencias posibles con la intención de mostrar el valor que ellas tienen.

Que las diferencias enorgullezcan y no que arrasen subjetividades: el bolita, el paraguayo, el porteño, etc.

A través de diferentes juegos se fueron tomando diferencias arbitrarias que engloban de otra manera las diferencias existentes. Así podían quedar en cada grupo niños que se diferencian por la nacionalidad pero que al mismo tiempo tenían como condición de pertenencia a un grupo u otro el mes par o impar de nacimiento.

Cuando desde la lectura institucional se intenta homogeneizar al decir “en esta escuela SON TODOS....” ¿no se está acaso violentando ese contrato singular que cada sujeto establece con la institución?

El intento de homogeneizar es un intento de controlar y aún de controlar la propia implicación. Las instituciones muchas veces intentan sostener la ilusión de la coincidencia hasta que alguna irrupción viene a desarmar ese supuesto consenso, mostrando las lógicas diferentes que allí se juegan. Cuando la institución puede albergar esas heterogeneidades, esas diversidades, se puede desplegar su función metafórica.

¿Cómo reestablecer la capacidad metaforizante en una institución donde se impone una ley única? En este tipo de situaciones nos cuesta encontrarnos con un sujeto productor y producido del que nos hablara Enrique Pichón Riviere, sino más bien estamos en presencia de un o varios sujetos sometidos a otros.

“Cuando los sujetos dejan de ser hacedores y son sólo hechuras se instaura un malestar hecho cultura: la cultura de la mortificación. Desaparece la tensión y los sujetos terminan naturalizando la intimidación. Una comunidad mortificada, fácil presa de cualquier embaucador y sus falsas promesas “ (F.Ulloa- La novela clínica psicoanalítica).

Quisiera terminar con un fragmento de una obra bellísima de la literatura japonesa- (El elogio de la sombra. Junichiro Tanizaki) donde muestra la lucha entre Oriente por preservar su modo de hacer las cosas, su apego a las sombras en desmedro del brillo y la insistencia de Occidente por hacerse presente, con sus brillos y sus luces. Es similar a la lucha que se establece entre los tiempos y requerimientos institucionales y los tiempos subjetivos:

“ … Y a lo mejor mucho más tarde, pero siempre a base de avanzar muy lentamente, nadie nos dice que no hubiéramos inventado algún día los instrumentos de una civilización avanzada, el equivalente a nuestros tranvías actuales, nuestros aviones, nuestra radio, los cuales en vez de ser préstamos ajenos, habrían sido objetos adaptados realmente a nuestras propias necesidades…”

Bibliografía

  • Kaes, René y otros (1989) La institución y las instituciones. Estudios psicoanalíticos. Bs. As. Argentina. Editorial Paidos
  • Winicott, Donald (1971): Realidad y Juego. Editorial Gedisa. Barcelona, España
  • Ulloa, Fernando: (l995) Novela Clínica Psicoanalitica. Historial de una práctica. Bs. As. Argentina. Editorial Paidós
  • Freud, Sigmund (l979) Obras Completas XXI – El Malestar en la Cultura- Bs.As. Argentina, Amorrortu Editores
  • Duschatzky, Silvia y Birgin, Alejandra (compiladoras) (2001) –Dónde está la escuela? Ensayos sobre la gestión institucional en tiempos de turbulencia – Ed. FLACSO Manantial
  • Kaes, René (1998): Sufrimiento y psicopatología de los vínculos institucionales . Paidós- Grupos e Instituciones
  • Kaminsky, Gregorio (1990): Dispositivos institucionales . Lugar Editorial
  • Baraldi, Clemencia (1999): Jugar es cosa seria – Homo Sapiens ediciones. Serie Psicoanálisis

Sujeto –grupo -  institución.

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