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Teoria Critica y Psicoanalisis

Publicado por activado 14 Abril 2013

Teoria Critica y Psicoanalisis

PSICOANÁLISIS, SEXO Y POLÍTICA

LOS APORTES DE WILHELM REICH Y HERBERT MARCUSE

Dra. Mabel Inés Falcón (1)

Resumen:

La sobresaliente generación de pensadores del siglo XX, denominada “Izquierda freudiana”, desarrolló una crítica social del capitalismo que se caracterizó por reunir en una mismo enfoque elementos del psicoanálisis y del marxismo. En este breve texto, se hará referencia a dos de sus exponentes, tratando de señalar, a grandes rasgos, su visión en cuanto a la importancia de la sexualidad, como forma de expresión y ejercicio de la libertad.

Introducción

En los comienzos de sus desarrollos teóricos, Freud había expuesto, algunos rasgos críticos que apuntalaban tímidas actitudes reformistas. En 1908, en el texto titulado “La moral sexual cultural y la nerviosidad moderna”, se refiere a los daños que la moral sexual cultural puede provocar en la salud y energía vital de los individuos, señalando que esos daños tienen su origen en los sacrificios que les son impuestos por la moral sexual dominante, en el espacio de la sociedad occidental contemporánea.

Sostenía que esa exigencia alcanzaba una dimensión tan intensa, que poedía llegar a constituir un peligro para la sociedad. Freud se introduce en el tema coincidiendo, en principio, con la opinión de muchos de sus contemporáneos que atribuían a la civilización industrial moderna, un aumento significativo del número de las enfermedades mentales. Para ellos, las características de la vida moderna -agitación social, competencia económica, rivalidad, inseguridad, etc.- eran la causa de estas enfermedades mentales características de la época. No obstante, esta visión de la “vida moderna, común a casi todos los pensadores de la época, tiene en ese texto freudiano una innovación especial, en el hecho de dirigir sus críticas a la moral sexual contemporánea, como generadora de patologías mentales, sacando a las mismas de los tradicionales enfoques que apuntaban a los factores sociales, económicos etc.; los que en variadas oportunidades, sobre todo en los teóricos e intérpretes del marxismo, suelen caer en lo que W. Reich dio en llamar, con algo de ironía, un economicismo ingenuo.

Se puede decir que en este libro Freud hace, con las salvedades correspondientes, una crítica social a la cultura de su época, cuando dice, textualmente: “Así, es lícito preguntar si nuestra moral sexual “cultural” merece el sacrificio que nos impone, sobre todo si uno no se ha emancipado tanto del hedonismo que ni siquiera admita cierta medida de satisfacción y dicha para el individuo entre las metas de nuestro desarrollo cultural.”1 Más allá de estas manifestaciones que Freud continuará desarrollando, bajo otros aspectos en obras de la magnitud de El porvenir de una ilusión (1927) y El malestar en la cultura (1929), la crítica freudiana atraía las miradas de un importante sector de intelectuales marxistas, que comienza a pensar que las “causalidades económicas” que ofrecía el marxismo, no alcanzaban para explicar determinados cambios sociales y políticos que se estaban produciendo en aquel contexto socio-histórico, sobre todo las referidas al advenimiento de formas políticas extremadamente autoritarias, tales como el nazismo, el fascismo y el stalinismo.

El Psicoanálisis ofrecía las bases biosociológicas de una psicología de las masas que -a través de sus fundamentos- podía explicar los impulsos autodestructivos de las sociedades y de los individuos, elementos que constituían un aporte teórico importante para explicar el advenimiento y aceptación -por parte de las masas- de formas de gobierno autoritarias. Para muchos pensadores de las décadas de 1920 a 1940, el psicoanálisis podía llegar a constituirse en el complemento psicológico del marxismo. En cierto modo esta idea fue esbozada por Freud en una de las Nuevas

Lecciones de Introducción al Psicoanálisis (1933), en la conferencia Nº 35 “En torno de una cosmovisión”, expresa que las variables económicas no pueden ser las únicas que expliquen la conducta social, por el contrario, las reacciones psicológicas, sustentadas en las mociones pulsionales de vida y de muerte constituyen un aporte que las ciencias sociales no pueden ignorar, como tampoco se puede ignorar la influencia de lo cultural en el comportamiento humano. Estos factores, que operan fusionados, hacen muy difícil demostrar cual es su interrelación y que papel juegan en la producción, promoción o inhibición de los diferentes comportamientos.

Por esa razón Freud concluye que “Si alguien estuviera en condiciones de demostrar en detalle el modo en que se comportan, se inhiben y se promueven entre sí estos diversos factores, la disposición pulsional común a todos los hombres, sus variaciones raciales y sus moldeamientos culturales, bajo las condiciones del régimen social, de la actividad profesional y las posibilidades de ganarse el sustento; si alguien, digo, lo consiguiera, habría completado el marxismo hasta convertirlo en una real y efectiva ciencia de la sociedad.” 2

Los aportes de Freud, hicieron que algunos psicoanalistas de izquierda, especularan con la posibilidad de asociar al psicoanálisis y el marxismo, en la medida que ambas doctrinas formulan la liberación del hombre y en consecuencia, ambas constituyen las herramientas o metodologías adecuadas para llevar a cabo el proceso revolucionario. El psicoanálisis, tiene por objetivo la liberación del sujeto mediante la exploración singular de su inconsciente, y el marxismo, al cambiar la sociedad a través de la lucha colectiva, modifica los perjuicios generados por el capitalismo.

EL PENSAMIENTO DE WILHELM REICH

Con la intención de que el psicoanálisis constituya un complemento psicológico de la sociología histórico materialista, W. Reich intenta resolver la incógnita sobre la correspondencia entre los factores económicos y las estructuras ideológicas, a partir de una explicación psicológica.

Reich es uno de los pioneros que critica igualmente a los sistemas políticos del nazismo y el stalinismo.

Al primero, por racista a través del desvarío de una “pureza asexual”. Su crítica al comunismo soviético, se basa en el hecho de que al no abolir la “moral sexual” tradicional, reduce al “hombre nuevo”, -objetivo que proclamaba la revolución bolchevique- en un mero slogan propagandístico y, en esas condiciones, no es posible liberar toda la potencia biológica y sexual que encierra el trabajo.

Así mismo, Reich considera que el culto al líder se daba en ambos sistemas políticos, situación que produce el efecto de la infantilización de las masas, al reproducir el proceso de sujeción del individuo a la Ley del Padre. De ese modo, los sujetos continúan ligados al modelo familiar autoritario, que ha sido el contexto en el cual se ha producido el proceso de subjetivación. La represión milenaria de la sexualidad, mucho más antigua que la represión del capitalismo como forma política, culmina en la producción de una coraza caracterológica que, tanto en el plano muscular, como en la vida emocional y social, impide la descarga orgásmica.

En este contexto, Reich sostiene que la familia de origen, es la que produce la inhibición infantil del sujeto, actuando como representante y reproductora de la represión política. Al interior de la familia se constituye la sexualidad del niño y del joven, sexualidad que la familia burguesa y conservadora reprimirá a través de la imposición de una moral que impone la represión de la sexualidad infantil y la consiguiente represión de la sexualidad adulta. La familia, en su papel de reproductora del orden social imperante, cumple la función de reiterar la modalidad familiar existente, a través de la perpetuación de instituciones como el matrimonio y de principios morales como el del matrimonio indisoluble y la fidelidad conyugal.

“En lo que respecta a la ideología sexual, no hay diferencias entre la ideología matrimonial de la familia de las clases medias y la idea básica de familia en general, es decir, el matrimonio monógamo de por vida.” 3 Esta repetición de modelos familiares socialmente establecidos inhibe, a través de la imposición de aquellos condicionamientos, la libertad sexual, represión que puede ser la causa de fijación en estadios pregenitales, con la consecuencia de formaciones sexuales patológicas. La realidad de la vida conyugal, sometida a la represión de la sexualidad y a los mandatos sociales autoritarios, también hace efecto en la constitución psíquica de los hijos. Resumiendo, la función política de la familia patriarcal, genera la mutilación sexual de los sujetos y su repetición que se perpetúa a través del modelo de ese modelo familiar, generando trastornos sexuales, neurosis, perversiones, etc.

En cuanto al carácter, la represión familiar, produce individuos acobardados ante la vida y temerosos de la autoridad, que favorecen la perpetuación de dirigentes que imponen su voluntad a las masas. La familia de burguesa, utiliza la represión sexual para someter al niño y para ello utiliza un dispositivo eficaz que es la religión, instrumento que establece precozmente, la angustia y la culpa ante la trasgresión. Esa sofocación de la sexualidad produce también, una inhibición en cuanto a la libertad y autonomía del sujeto y lo convierten en un campo propicio para el desarrollo de ideologías autoritarias, simultáneamente imprime a su conducta la rigidez enfermiza que sostendrá durante toda su vida los valores de “deber” y “honor”.

Este esquema caracterológico será el que posibilite la manipulación de los individuos y el sacrificio de gran cantidad de vidas -en la guerra y en los campos de exterminio- aberración que, desde una lectura superficial, puede ser considerada el fruto de las ideas megalómanas de un fanático, pero, desde la perspectiva de Reich, es el resultado de una adecuada interpretación –aunque fuese sólo intuitiva- del pensar y sentir de una gran masa de población que mantenía larvada la ideología fascista que la hizo realidad.

En cuanto a las transformaciones de la legislación soviética que se produjeron en los comienzos de la revolución, Reich registra en sus viajes a la URSS, la posición del nuevo orden, en relación a la sexualidad. En un principio, cree que la legislación que se establece en relación a la familia que incluye la liberación de la mujer, constituye un intento serio de establecer una verdadera revolución sexual, en la medida que esa legislación, contemplaba la legalización del aborto y la anticoncepción, la educación sexual de la juventud, anula prácticamente el matrimonio o al menos lo convierte en un trámite simple que puede ser disuelto con igual facilidad, elimina la condena del incesto, etc. desde su perspectiva, estas medidas tendían a abolir el poder patriarcal y de ese modo eliminar el poder del padre sobre los miembros de la familia y, al mismo tiempo, alejan al poder del Estado del interior de la familia, elemento base de la sociedad de clases.

Desde su perspectiva, la moral soviética se estaba trasformando en el verdadero reconocimiento del valor de la sexualidad. Posteriormente, en de otros viajes que realizó a la URSS, Reich observa que a pesar de los cambios objetivos sobre las relaciones sexuales, se percibía la ausencia de una teoría sexual revolucionaria, como lo era la teoría sexual psicoanalítica que, en tiempos de Stalin, fue rechazada por considerarla una teoría burguesa. Al no ser aceptado el psicoanálisis, Reich considera que los cambios legislados que de algún modo incluían el tema de la sexualidad, fueron mucho menos fluidos que otras transformaciones de la vida cultural, por ejemplo la exclusión de la educación religiosa y su transformación en una educación científica y tecnológica.

LOS APORTES DE HERBERT MARCUSE

En el libro que se va a analizar en este espacio, “Eros y Civilización”, Marcuse encara una interpretación de los aportes de Freud en la cual no negaría ninguno de los temas cuestionados por las otras líneas revisionistas. Desde una postura dialéctica, comienza por aceptar todas las formulaciones teóricas de Freud. La importancia de la sexualidad en el desarrollo de la subjetividad, la trascendencia de los aspectos inconscientes del psiquismo, la represión e incluso la pulsión de muerte, que tan cuestionada fue por sus contemporáneos.

Los dos conceptos más significativos elaborados por él, a partir de los postulados freudianos en su libro “Eros y Civilización” fueron “la plus represión” y el “principio de ejecución”. Respecto al concepto de represión, incorpora una dimensión cuantitativa de la represión sexual, que la dominación político- económica impone al sujeto.

Este concepto reúne la teoría hidráulica de Freud en relación a la energía psíquica y su equilibrio o desequilibrio entre libido objetal y libido narcisista, que a su vez asocia con el aporte de Reich y el componente sexual de los regímenes económicos y políticos, además del concepto de plusvalía – medida cuantitativa de la fuerza de trabajo- propuesto por Marx para explicar la explotación humana por el capitalismo. Marcuse admite la posición de Freud en el sentido de que debía existir cierta proporción de represión sexual necesaria para la supervivencia de la cultura pero también sostiene que esa represión se agudiza y se convierte en “plus represión” en las sociedades modernas.

La diferenciación entre la represión básica freudiana, la plusrepresión, además de tener, como se señaló oportunamente, un componente cuantitativo, también contempla la posibilidad de instalar una fórmula atenuada de la equivalencia freudiana: civilización = represión. Esto implica que puede aliviarse a la sociedad del carácter fuertemente represivo, sin caer en la barbarie y el caos. La otra innovación desarrollada por Marcuse, está referida al tratamiento que le da al “principio de realidad”, al que denomina “principio de ejecución”.

Para explicar este punto, también se basa en aspectos cuantitativos Para Freud, el principio del placer que rige el funcionamiento mental tiene como principio evitar el displacer, en tanto este principio está asociado a un aumento de la excitación y procurar el placer relacionado con la disminución de esa excitación. Por lo tanto su esencia es netamente económica. El principio de realidad freudiano, actúa siempre en relación con el principio del placer y lo modifica, se impone como principio regulador por lo cual la búsqueda de la satisfacción se logra a través de rodeos y la necesidad de aplazar su satisfacción en función de las condiciones del mundo exterior.

En la transformación del principio del placer en el de realidad, se produce también una modificación de la energía libre en energía ligada. Desde una perspectiva social, la energía ligada del principio de realidad es garante del mantenimiento y progreso social. Marcuse toma estos aspectos de la teoría freudiana y sus desarrollos también se orientan hacia un punto de vista cuantitativo. Si bien él aceptaba la postura de Freud en cuanto a la necesidad de mantener esa “energía ligada”, considera que la sociedad capitalista, exige que el principio de realidad sea sostenido a través de una represión mayor que la necesaria para la supervivencia de la civilización.

Para desarrollar este punto, comienza por denominar al “principio de realidad” “principio de ejecución”. Del mismo modo que la noción de “plusrepresión” puede asimilarse al concepto marxista de “plusvalía”, el principio de ejecución podía incluirse entre las concepciones marxistas de alienación y cosificación.

Al respecto señala: “Bajo el régimen del principio de ejecución, cuerpo y mente son convertidos en instrumentos del trabajo alienado; pueden funcionar como tales instrumentos, sólo si renuncian a la libertad del sujeto – objeto libidinal que el organismo humano primordialmente es y desea”4 La esencia del principio de ejecución se encuentra en el concepto de cosificación del marxismo, que sostiene que el sujeto alienado en su trabajo, se transforma en una pieza más del proceso de producción. En esta cosificación del sujeto, opera también la plusrepresión, que como ya se señaló, pertenece al concepto cuantitativo de represión sexual, que impone la sociedad capitalista.

Sostiene también que esa represión excesiva e innecesaria de la sexualidad, trae aparejada la desexualización total y la consiguiente reducción de la posibilidad de placer. Para entender esta afirmación, toma el desarrollo sexual esbozado por Freud en “Tres ensayos de una teoría sexual”, en el cual expone un desarrollo de la sexualidad a partir de una organismo totalmente sexualizado en el cual en los cinco primeros años de vida la sexualidad se va concentrando progresivamente en diversos órganos: la boca, el ano y finalmente en los genitales. Marcuse acepta la lógica biológica que sostiene Freud, pero agrega que ese modelo biológico, que determina una progresión de las pulsiones parciales que culmina en una sexualidad concentrada en los genitales, está en concordancia con la necesidad de dejar libre el resto del organismo, para ser utilizado como instrumento de trabajo.

Desde esa perspectiva, Marcuse rescata el valor crítico de las perversiones, y no considera que las mismas sean aspectos patológicos de la sexualidad, por el contrario sostiene que “Las perversiones expresan la rebelión contra el sometimiento de la sexualidad al orden de la procreación y contra las instituciones que garantizan dicho orden”5

CONCLUSIONES

Para concluir, es interesante marcar las diferencias existentes en estos dos psicoanalistas marxistas, que tomaron como eje de su crítica social, conceptos psicoanalíticos freudianos.

En la utilización de la teoría freudiana, Reich ignora muchas de las propuestas fundamentales de esa teoría. Marcuse, por el contrario, modifica estos postulados para alinear la teoría psicoanalítica con categorías marxistas. Ambos explican la explotación capitalista, con la represión sexual pero toman diferentes argumentos y perspectivas para explicar la génesis de esta explotación y la alienación del sujeto.

Reich sostiene que la familia deja una marca fundamental en el proceso por el cual el individuo se transforma en un ser, no sólo reprimido en su sexualidad, sino también en un sujeto pasivo y dominado, fácil de manipular por gobiernos autoritarios o regímenes políticos opresivos. La represión sexual para Reich, es generadora de diferentes patologías, entre las que incluye a las perversiones.

Marcuse, no alude a la familia como determinante de la alineación del sujeto por la sociedad capitalista, sino que coloca el énfasis en el exceso de represión (plus represión) que ejerce la sociedad capitalista sobre el individuo para poder apoderarse de su fuerza de trabajo (plusvalía).

En cuanto a los efectos de la represión sexual, Marcuse sostiene que la liberación de la libido tiene que ser no sólo cuantitativa sino también cualitativa y que en la misma deben estar incluidas las pulsiones parciales. En consecuencia alienta la conducta sexual perversa, a la que considera similar e igualmente valiosa, que la crítica sociológica.

BIBLIOGRAFÍA

ELLIOTT, A: Teoría Social y psicoanálisis en transición. Ed. Amorrortu, Bs. As., 1995.

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FREUD, S: (1933) Nuevas Lecciones de Introducción al Psicoanálisis conferencia Nº 35 “.Ed. Amorrortu, 1986.

MARCUSE. H. (1955): Eros y civilización” Editorial Sarpe, Madrid, 1983

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REFERENCIAS

1FREUD, S: (1908) “La moral sexual cultural y la nerviosidad moderna”, Ed. Amorrortu, 1986.

2 FREUD, S: (1933) Nuevas Lecciones de Introducción al Psicoanálisis conferencia Nº 35 “.Ed. Amorrortu, 1986.

3 REICH, W.: (1936) La revolución sexual. Editorial Planeta Agostini, Barcelona 1993.

4 MARCUSE. H. (1955): Eros y civilización. Editorial Sarpe, Madrid, 1983

5 MARCUSE. H. (1955): Eros y civilización” Editorial Sarpe, Madrid, 1983

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