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Un ensayo del 89, para pensar la orientación que sigue la formación del Psicologo.

Publicado por Francisco Mora activado 9 Mayo 2013

Un ensayo del 89, para pensar la orientación que sigue la formación del Psicologo.

El Porvenir de la Maestría en Psicología Clínica

en la Universidad.
(Elementos para una Toma de Conciencia

Sobre su Función Social)

Francisco Mora Larch.

El título que sirve como encabezado del presente escrito, alude a un texto leído por Freud hace 78 años ante el Segundo Congreso Psicoanalítico Privado de Nuremberg, en 1910 (1). En este texto, Freud no predecía el futuro de la “terapia psicoanalítica”, o del psicoanálisis, por lo menos a la manera del oráculo de Delfos; no, Freud se planteaba los interrogantes y las posibles consecuencias de un trabajo científico abocado a resolver los ‘problemas prácticos’ de aquellos interesados en el campo abierto por el Psicoanálisis.

Sin seguir el texto de Freud, pero tampoco dejándolo de lado, queremos plantear algunas reflexiones sobre el porvenir de la Maestría en Psicología Clínica de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Nuevo León, es decir, un entrenamiento a nivel de post grado del cual se encarga una institución pública, como lo es la Universidad estatal.

Reflexionar sobre el futuro no se realiza sino desde un presente y estas reflexiones se hacen desde la actualidad del entrenamiento, del conocimiento que aporta y de las reflexiones que suscita por la experiencia a que nos abre, también por la toma de conciencia de este tránsito.

Revisando el Documento que justifica la fundación o creación de nuestra Maestría, no podemos sino re-armarnos de incredulidad ante contradicciones tan flagrantes entre lo que se lee en él, y la forma misma en que está estructurada la currícula que, claro está, emana de este mismo documento como su ‘producto lógico’.

Así, es como se inicia este escrito: “La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado que la salud de un individuo no es independiente de la de los demás” (2). Se deja entrever en la cita anterior la idea del hombre como ente social, entramado en las relaciones interpersonales, socioeconómicas y socio-afectivas. El problema de la salud mental no es un fenómeno a tratar y comprender desde una psicología de lo individual sino desde los aspectos más amplios, colectivos, de los cuales surge el ser humano como un producto social “sano” o “enfermo”.

La única forma de entender la psicopatología o la salud mental de un individuo, tendría que ver con una comprensión más abarcativa o totalizadora del fenómeno a investigar y fundamentalmente a resolver; la escasez de especialistas en el área de la salud mental (el promedio es de 1 por cada 100 mil habitantes), “(3) con una minoría de ellos que se dedica al aspecto preventivo de la psicopatología” nos plantea la urgencia de una reflexión sobre el tipo de formación que recibimos, y no sólo a nivel de post-grado, sino de la misma licenciatura, a todos aquellos que nos interesamos por el problema de la salud y la enfermedad mental, es decir, el campo de la psicología clínica.

Reconocemos que el grueso de los profesionales en el área se dedican al trabajo asistencial o de rehabilitación, abocándose a reparar (cuando se puede, en relación tanto a condiciones internas como externas), a los individuos que sufre “fallas propias” para la convivencia y la exigencia social.

Nos preguntamos desde aquí: ¿por qué, si el problema de la Salud Mental es una cuestión no tanto individual o privada como pública, es decir, social o colectiva (como acaso lo acepta el Documento), la institución responde a la problemática con estrategias de formación para el trabajo privado e individual?; Con esta formación, los egresados no sólo no resuelven sino que refuerzan con la propia oferta de servicios, la estructura liberal-asistencial de su propia práctica, sin abocarse a investigar para la prevención o la prevención de la salud mental.

Creemos que la respuesta a la pregunta antes esbozada podría encontrarse en el tipo de formación que se ha pensado para este postgrado e incluso a nivel licenciatura, formación que se reproduce en las aulas universitarias, sean estas públicas o privadas.

Sin embargo, creemos que aquí, el carácter de la institución en que nos formamos, es decir, la Universidad Pública, reclama para nosotros un determinado grado de responsabilidad y compromiso social, que en las actuales condiciones de la formación a nivel de los profesionales de la Salud Mental, no se ve por ningún lado, salvo excepciones (recuérdese por ejemplo, el caso de algunos residentes y profesionales independientes en la organización del apoyo psicológico a los damnificados por el huracán Gilberto, coordinada por la Unidad de Psiquiatría del Hospital Universitario).

Este compromiso, si bien “tibiamente” se explicita en el Documento de la Maestría (4), al revisar la estructura curricular se esfuma como por encanto, casi mágicamente.

Así, el escrito habla sobre la “responsabilidad social” del universitario, el contribuir a “aminorar los peligros que se ciernen sobre la humanidad” (así, en abstracto); que hay que ayudar “a incrementar la salud mental”, no sólo personal (individual) sino colectiva, contribuyendo “a los procesos positivos de cambio en el medio” (el medio que podría ser, creemos, en donde está enclavada nuestra institución, el medio urbano o metropolitano, los grupos marginados o de la clase trabajadora, aquí tampoco se especifica).

De este modo, llegamos a los objetivos que persigue la creación de la Maestría, los que rastreados en el escrito se reducen a tres:

1. “Consolidar los fundamentos de una actividad clínica que pueda responder a la problemática social respecto a la Salud Mental”. Aquí, se toma como fundamento axial la obra de Freud, eje conceptual del programa de formación.

2. El segundo objetivo “implícito” (sic) ya en el anterior, es decir, “el énfasis que se atribuye a la investigación”.

3. Por último, “en el caso de que interese, la posibilidad de una preparación didáctica que capacite para la docencia” (5).

Tomemos por separado cada objetivo para fines didácticos. Lo esencial para el primero de los objetivos enunciados, es la disparidad o la alteridad de los elementos que lo constituyen:

a) Se busca consolidar una formación clínica (individual, véase los requisitos de prácticas) “que pueda responder a la problemática social”. Aquí, hay una contradicción flagrante. Cuando en Psicoanálisis se habla de una formación clínica, se entiende la capacitación o el entrenamiento en el Psicoanálisis o en la Psicoterapia de corte psicoanalítico, trabajo o práctica con las siguientes características:

-Asistencial
-Individual
-En profundidad

-Elevado costo económico (no accesible para la población mayoritaria del país.

-Que consume un período considerable de tiempo (mínimo 5 años con dos frecuencias semanales)
-Abocada a resolver un conflicto dominantemente interno (intra-psíquico), haciendo por tanto, y en gran medida, abstracción de lo social.

Sin agotar la enumeración, ¿se puede sostener que con estas características, una actividad clínica psicoanalítica “pueda responder a la problemática social respecto de la salud mental”? Nuestra respuesta es clara: No, en absoluto. Sin embargo, no seamos parciales; en ese apartado referente al primer objetivo, se agrega: “en síntesis, nuestro objetivo primario e inmediato es la formación de psicoterapeutas de orientación psicoanalítica y de amplio criterio científico.... personas altamente capacitadas en la comprensión, tratamiento y prevención de la Salud Mental individual y colectiva” (sic) (6).

Con los argumentos que exponemos más arriba cabe sólo preguntar, con esa declaración de intenciones, ¿cómo se alcanzaría lo que se pregona, con una formación que apunta casi privilegiadamente a “”consolidar los fundamentos de una actividad clínica”?. En este punto enfatizaremos que la crítica no proviene de fuera sino que es interna, ya que nuestra formación se encamina a un entrenamiento en psicoterapia psicoanalítica, es decir, se recorta en el campo asistencial e individual, sin atender siquiera accidentalmente al estudio de la Salud o la Enfermedad Mental colectiva.

Lo que planteamos es ¿por qué no entrenarnos en los fundamentos de la higiene mental, de la psico-profilaxis, del estudio epidemiológico de los trastornos mentales?; ¿por qué no entrenarnos mínimamente en el trabajo grupal, mucho más abarcativo, o en el análisis o socio-análisis institucional?. Y es que esto, lo que implica, es abrirnos al campo de lo social y de lo colectivo, como se pregona en el Documento.

No deseamos que se mal interprete, porque Aquí no se trata de una actitud voluntarista sino que pretende ser un análisis racional por el compromiso y la responsabilidad social del ser universitario, que lleva a una “toma de conciencia” de la situación que viven y soportan las grandes mayorías de la población (cerca de 40 millones de pobres, marginados y cientos de miles emigrados a los EEUU en busca de sobrevivir), carentes de todo beneficio social, incluso de los servicios de salud elementales.

Así que no es nuestra postura “situarnos ante la vida como fanáticos higienistas” (7), pero tampoco como fanáticos terapeutas.

2. Si vamos al análisis del segundo objetivo, en él se da énfasis a la investigación., aunque no hay más indicios de cómo se podría lograr esto.... ¿cuestión de método?. En cambio, en la estructura curricular existen como opción para ser Master en Psicología Clínica, los cursos complementarios, donde encontramos con relación a lo anterior:

- Un curso de Metodología y Epistemología.

- Un curso de Técnicas de Investigación.

Ni en este rubro (Seminarios Complementarios), ni en el de Especialización existe alguna materia que lleve a plantearse o a revisar por lo menos, los problemas colectivos de la Salud Mental, menos un curso que atienda a los factores sociales o comunitarios causantes de patología mental, ni tampoco de Psicología o Psiquiatría Preventiva.

Así, creemos que el único tipo de investigación que se podría realizar sería acerca de la psicopatología individual, presentado como “el estudio de casos”, pero para no especular recurramos a los números:

Desde 1978, año de fundación de la Maestría en Psicología Clínia, se han promovido entre 8 y 10 generaciones:

Egresados: 81 (en 10 años) (8)

Titulados: 2 (que por cierto, son extranjeros)

Tipo de recepción: Tesis.

a) Revisión Teórico Bibliográfica con el tema: “La Pulsión de Muerte” (en la Teoría Psicoanalítica).
b) Revisión Teórico Bibliográfica sobre “El Estudio de La Sexualidad Femenina en la Obra de Freud”.

Trámite De recepciones: 1 (actualmente, Noviembre de 1988).

Los números, al igual que los hechos, pueden decir mucho más que las palabras, sin embargo, si bien dicen o exponen significativamente lo que ocurre, no hablan por sí mismos sino que se los hace hablar; aún más, ellos callan muchas cosas. No estamos aquí para juzgar, sino para ilustrar e incentivar; ya no a buscar causas, que muchas de ellas son evidentes, sino a motivar o mover las energías que permanecen en estado de éxtasis, por una resistencia al cambio que congela cualquier posibilidad de avance y crecimiento de la propia institución.

Si los profesionales de la psicología clínica tenemos algo que aportar como respuesta válida a las encrucijadas sociales, único lugar de despliegue de los individuos, la respuesta no se encuentra en los estrechos marcos de un consultorio psicoanalítico, por más humilde que sea este.

4. Por ultimo, el tercer objetivo de la Maestría, que es de preparar para la docencia, quizás sea el único que pueda avalarse, no tanto por la formación que en este aspecto brinda el postgrado, ya que sólo existen para tal efecto dos cursos sobre “Procesos de Enseñanza Aprendizaje”, que tienden más que nada a esclarecer la significación de la docencia a nivel Superior, sino porque una buena cantidad de los egresados se desempeña en esta área; de todos modos, habría que ver en qué condiciones realizan ésta labor (¿tiempo completo?, ¿por horas?, etc.).

Estamos de acuerdo, entonces, con la idea de que “un Programa de Formación debe ser una estructura coherente” (9) y el Programa de Maestría lo es. Es decir, es bastante coherente para la formación de un Psicoterapeuta de Orientación Psicoanalítica, pero no de un Master en Psicología Clínica, que es una cosa si no “muy”, si algo diferente.

El psicoterapeuta es un profesional de la asistencia, aunque por sus “motivaciones” no reduzca su práctica a ella; un Master, en cambio, es un investigador en el campo de la Psicología Clínica, es decir, de la salud y la enfermedad mental, de los factores múltiples que las hacen aparecer con todo lo relativo de las características culturales en ellas presentes, de las diversas etiologías que las producen y de los programas tendientes a incidir sobre ellas.

Para esto último, se requiere de un conocimiento interrelacionado de diversas disciplinas y no de los distintos niveles de abordaje de una sola, como lo es el Psicoanálisis en sus aspectos teóricos, técnicos y metodológicos. La comprensión de la estructura familiar no la brinda el psicoanálisis más que en un nivel muy restringido y especifico, a no ser que modifique muchos de los lineamientos de la ortodoxia; sobre el estudio del medio social, tiene poco o nada qué aportar, así que cómo ofrecer respuestas a problemas colectivos sin las disciplinas encargadas de su estudio; sobre la estructura sanitaria e institucional mucho menos, entonces, ¿cómo elaborar programas psico-profilácticos?

Si como sustenta el Documento “el propósito del curso es formar Masters en Psicología Clínica, personas altamente capacitadas para proporcionar asistencia psicoterapéutica, realizar investigación y ser Maestro universitario capaz de transmitir sus conocimientos especializados en la materia” (10), no pensamos que tal y como está organizado el postgrado actualmente y desde que se fundó, pueda cumplir con ello. La estructura de la Maestría, curricular e institucionalmente está organizada para formar “un psicoterapeuta de corte psicoanalítico”(11).

Y aquí es muy clara Laura Achard, ya que en esta carta con carácter de aval, ella menciona haber consultado y convenido en que esto es lo mejor y "para la formación cabal de un psicoterapeuta de corte psicoanalítico, es absolutamente necesario un Psicoanálisis individual” (12) del graduado, requisito que tenemos que cumplir actualmente, con todo lo que desde el punto de vista económico y de tiempo implica para el que se forma.

Si en un principio se ofreció a los alumnos la posibilidad de incluirse en un grupo terapéutico-didáctico, esta ayuda o apoyo de la escuela de graduados se esfumó para las generaciones subsiguientes. Ante tal situación .... ¿se puede hacer una evaluación de la marcha de nuestra Maestría?.

No sólo apuntamos a los aspectos formales de un programa, sino incluso a los aspectos institucionales, por ejemplo:

No se cuenta con una planta docente en la cual se encuentren profesores de tiempo completo o medio tiempo; tampoco con un sistema de becas para los graduados de bajos y/ o medios recursos económicos, que les permitan dedicar el tiempo necesario a su formación; ni las instalaciones acordes a las necesidades de este entrenamiento; o el apoyo continuo o permanente de asesores externos o maestros invitados; un centro de investigaciones, donde en verdad se realice investigación sobre las necesidades en materia de Salud Mental Poblacional, y en particular de las capas más desprotegidas de nuestro pueblo, etc., o donde se implementen tácticas, técnicas y estrategias de asistencia de trastornos emocionales en situaciones de emergencia para la población (sólo damos unos ejemplos: en casos como los del terremoto de septiembre del 85 en México, o los damnificados por la creciente del río Santa Catarina en Nuevo León, en Septiembre del 88, o los inundados en Coahuila por las aguas de un afluente del río Bravo en el 2004).

No es posible, y sería erróneo hacerlo por el carácter público de nuestra universidad, seguir formando psicoterapeutas para el trabajo de asistencia individual, ofreciendo Psicoanálisis en consultorios privados, antes que formar Masters en Psicología Clínica, que quizás sea una de las respuestas viables para hacer frente a la responsabilidad social que implica ser universitario. Nosotros nos definimos y nos incluimos con orgullo en estos últimos.

El postgrado como tal, debe formar investigadores en este campo, debe abandonar las estrategias y las técnicas individuales para abocarse a utilizar o crear instrumentos más abarcativos, sean grupales, institucionales o comunitarios que respondan a las necesidades del pueblo. Para nosotros, la teoría psicoanalítica no es la inmaculada concepción que se corrompe en lo terrenal de la vida humana, sino decimos que es en esta que encuentra los frutos del conocimiento de la realidad social, único espacio de las prácticas, donde la producción de teorías es una de ellas; antes bien, la práctica, para nosotros, es el momento crucial de la teoría.

La ideología de la pureza se expresa en la paralización de –justamente-, los compromisos sociales y requiere por ello de un “Psicoanálisis especial”, ya que tiene las características de la rigidez obsesiva y del compulsivo control del yo a anular todo lo que se salga de lo estipulado.

Por último, cabe aclarar, nuestra postura no es una crítica radical y de ruptura; la orientación teórica en que se sustenta el programa de formación debe permanecer, pero con serias modificaciones, donde debe jerarquizarse en los énfasis dados a cada área con el fin de poder ampliar y enriquecer los marcos referenciales con otras materias y seminarios de apoyo; estos últimos elementos deben privilegiar el abrir el panorama de trabajo e investigación del Master en los aspectos sociales, culturales y socioeconómicos; en el estudio de la epidemiología y la psicopatología social, la salud mental comunitaria, los programas y la legislación vigente en materia de derechos a la salud, al trabajo, el respeto a los derechos humanos, etc., en el estudio de estrategias grupales y / o institucionales, los grupos de reflexión, de experiencia, etc..

Rechazamos, por tanto la idea de “profundizar” en autores de moda, únicamente por su prestigio intelectual y que sólo sirven para poder recitar una serie de frases vistosas, fuera de su contexto y extrapoladas a otro completamente ajeno, o para adornar el narcisismo de los “intelectuales” de la psicología, que se pavonean en los recintos universitarios o institucionales con el fin de transmitir “la verdad última”, bajo la máscara hipócrita de la pseudo-humildad de su propia inteligencia, como perritos del tiovivo, mordiéndose la cola en una circularidad ridícula, cuando el trabajo con los necesitados y oprimidos del país sigue esperando pacientemente la formulación racional y consciente de las problemáticas que, pertinentemente podrían resolverse si nos abocásemos al compromiso de un trabajo serio de crítica y auto-crítica.


No pedimos al Psicoanálisis lo que no está en sus manos resolver, eso nadie puede reprocharnos, hemos sido claros; exigimos y luchamos por resolver con heurística , lo que sólo una psicología científica y comprometida está en capacidad ciertamente de aportar al problema de la salud mental de las grandes mayorías.

Si de lo antes expuesto podemos avanzar en planteamientos de reforma o re-estructuración a corto y largo plazo respectivamente, habremos de darnos por satisfechos, ya que el porvenir de la Maestría en Psicología Clínica habrá de transformarse por el incremento de la acción potencializada, en la conjugación de varios factores:

1. “Progreso interno.

2. Incremento de autoridad.

3. Efecto general de nuestra labor” (13)

Antes de terminar citaremos una vez más a Freud, ya que sabemos de las implicaciones tan grandes que una propuesta de este tipo debe suscitar: “por muy poderosos que sean los afectos y los intereses de los hombres, lo intelectual también es un poder. No precisamente de aquellos que se imponen desde un principio, pero sí de los que acaban por vencer a la larga. Las verdades más espinosas acaban por ser escuchadas y reconocidas una vez que los intereses heridos y los afectos por ellos despertados han desahogado su violencia. Siempre ha pasado así...” (14).

Para nosotros como para Freud, las energías consumidas hoy en la producción y al servicio de lo imaginario, en energías gastadas sólo en consultorios cerrados al mundo de lo social, en la práctica enajenante de los gabinetes privados, pueden ser atraídas de nueva cuenta “a la vida real, reforzando el clamor en demanda de aquellas modificaciones” (15) que requiere nuestra sociedad.



Creemos así, con esto, que también ponemos un grano de arena que contribuya “a la profilaxis más fundamental de los enfermos neuróticos, por el camino de la autoridad social” (16), ganada a pulso dentro del amplio horizonte de la convivencia humana.

El porvenir de nuestra Maestría así deslindado, ganará en identidad e integración de la propia práctica, conformándose un proyecto distinto, ligado a la vida real y en estrecho contacto con ella, para bien de la sociedad y de las nuevas generaciones de científicos en el campo de las ciencias clínico-humanas.

Si las líneas que hemos esbozado más arriba permiten un replanteo de nuestra actividad institucional, esto deberá abrir a un diálogo de todos los interesados (alumnos, maestros, supervisores y autoridades), sobre la función social que hasta hoy cumple nuestro postgrado, por lo que este escrito habrá alcanzado los objetivos que se había propuesto; así, podemos finalizar con algunas palabras de Miguel Matrajt: “el propósito que nos guía cuando difundimos una idea, no es cerrar definitivamente una polémica, ya que no tenemos ‘complejo de Sumo Pontífice’ sino poder abrir muchas discusiones nuevas” (17).

Monterrey, Noviembre de 1989.

Notas.-

1. Freud, S. El Porvenir de la Terapia Psicoanalítica. O. C. Tomo II. Edit Biblioteca Nueva, Madrid, 1973. p. 1564.

2. Maestría en Psicología Clínica con orientación Psicoanalítica. Escuela de Graduados de la UANL. S/f, pág. 2. Nos referimos en adelante a este escrito como el “Documento”.

3. Ibid. Pág. 3.

4. Ibid, Pág. 4.

5. Ibid, Pág. 5.

6. Idem.

7. Freud, S. Op cit. Pág. 1569.

8. Rodríguez, Ma. G. Actual Coordinadora de la Maestría en Psicología Clínica. Comunicación Personal..

9. Documento de la Maestría. Op cit. pág. 6.

10. Ibid, Pág. 8

.11. Achard de D. L. Carta al Lic. Cirilo H. García. Director De la Fac. de Psicología. 7 de Julio de 1977(el subrayado es nuestro).

12. Idem. Vemos que se sigue aquí un modelo de formación sobre la base de la formación de psicoanalistas (el subrayado es nuestro).

13. Freud, S. Op cit. pág. 1564

14. Ibid, pág. 1568.

15. Ibid, pág. 1571.

16. Idem.

17. Matrajt, Miguel. Replanteo. Ed. Nuevo Mar. México, 1985. pág. 23.

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