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Un imperdible de A. Bauleo ...

Publicado por Francisco Mora activado 27 Marzo 2013

Un imperdible de A. Bauleo ...

Notas para una Conceptualización

sobre Grupo.

Armando Bauleo.

Nuestro objetivo es estipular una serie de cuestiones que giran permanentemente alrededor del grupo. Tanto los aspectos técnicos, como los teóricos y los ideológicos son motivo de debate continuo, sin llegarse todavía a un recorte y definición clara de cada uno de ellos. Es por eso que nuestro trabajo apunta más a una delimitación de aquellas expresiones y aspectos que a un "racconto” sobre la expresión grupal.

Para ello tomaremos un modelo: la utilización de Grupo Operativo en aprendizaje, pero desde ya que es sólo una ejemplificación que puede ser sustituida por la terapéutica o la educación. La técnica que empleamos sobre ese ejemplo es la Operativa, Técnica que fue ideada por Pichón Rivière, y que luego elaborada por nosotros nos permitió seguir un camino en la observación y crítica de las otras técnicas, pero a su vez dichas elaboraciones nos permitieron el acceso a ciertas conceptualizaciones sobre grupo, que ahora pasaremos a comunicar.

Pero antes una breve ubicación sobre los datos de los cua­les partiremos. Definimos el aprendizaje en Grupos Operativos, por la práctica ideológica y técnica, efectuadas en el ámbito grupal, que tiene por objetivo el "aprender a pensar" (enunciado de Pichón). Es decir, que a través de la experiencia grupa!, centrada al­rededor de un tema, se trata de elaborar, viviéndola, una expe­riencia de corte con los modelos instituidos, en los cuales la afectividad y el pensamiento aparecen como opuestos y sin ninguna conexión.

Con la posibilidad de dar racionalidad a la experiencia y pasión al pensamiento, apuntando a una tarea determinada, se logra con el Grupo Operativo un modelo situacional distinto a lo que comúnmente se da con el aprendizaje en esta sociedad, el cual es parcializado y trata de desconectar lo vivido de lo pensado. Esta dicotomía que puede tener visos de romanticismo, apa­rece en la sociedad capitalista bajo aspectos prácticos en la dis­tancia entre el trabajador y su producto, en el extrañamiento frente al trabajo, en la afectividad reglada de las relaciones interpersonales, etc. No podemos menos que citar la famosa clasificación de Cooley entre grupos primarios y grupos secundarios, como la expresión “científica” de esta ideología de clase.

Entonces, una segunda intención es que los sujetos partici­pantes de aquella experiencia, puedan ver de nuevo sus posiciones de agentes pasivos en los diferentes momentos de la vida. Esta segunda intención se engarza en un movimiento concientizador, ya que se busca que el sujeto se ubique en una adaptación activa, con la cual se quiere expresar que pueda pensar su contexto de existencia, rompiendo con los límites impuestos por las determinaciones estructurales, o las condiciones de soporte.

Es por ello que partiendo de la técnica, y de los supuestos sobre los que ella se fundamenta, tratamos de buscar la cone­xión entre lo afectivo y lo pensado, sabiendo que develar esa conexión es una labor ideológica. Dicho de otra manera, así como la técnica psicoanalítica de grupo pone una acentuación en lo afectivo, y la técnica de discusión sobre lo racional, tomando esto como ejemplificaciones extremas, la técnica que utilizamos es la que permite permanentemente indicar, señalar (o interpretar), la vinculación que une ambos aspectos del acontecer humano en grupo.

Pero a su vez antes de aclarar lo anteriormente expuesto trataremos de ir definiendo una serie de elementos que hacen a este discurso, ya que permanentemente rodean toda la proble­mática grupal. Una primera cuestión hace al problema enunciado por An­zieu en su trabajo "La Ilusión Grupal”. La segunda está determinada por la separación entre el concepto, la noción y la experiencia grupal. Solamente la aclaración de estos problemas va a permitir lograr los verdaderos alcances que involucra la denominación de contra-ideología.

Con este término tratamos de señalar la intención de elaborar una técnica a partir de supuestos en lucha con los de la ideología dominante, es decir, que la ideología esté explicitada en nuestra misma práctica científica, y sea contraría a la que impone la clase en el poder. Ya que el neutralismo en la ciencia es un mito del pasado, intentamos ahora efectuar el movimiento correspondiente de ajuste en nuestra labor científica, no sólo denunciando lo que se infiltra de ideológico en ella, sino también buscando otros supuestos, otras técnicas y otras teorías para esa labor.

Anzieu dice que ya se trate de un grupo artificial de psicoterapia o de formación, o bien de un grupo social natural o real, toda situación de grupo es vivida como realización imaginaria de deseos, y al mismo tiempo como fuente de angustia. El grupo como el sueño y como el síntoma, es en cada uno de sus episodios la asociación de un deseo y una defensa. Por otro lado, sigo parafraseando a Anzieu, los sujetos humanos van a los grupos de la misma manera que durante el dormir en­tran en el sueño, visto desde la dinámica psíquica. Aporta Anzieu dos tipos de argumentos en defensa de su tesis:

a) La actitud desconfiada de la sociedad en relación a los grupos. Aquélla los designa con un vocabulario peyorativo: sectas, clanes, ghettos, bandas, etc. Son sospechosos tanto de conspiración como de la práctica de una perversión. Es decir, que como representación social corriente, el grupo es el lugar de la trasgresión y de lo prohibido.

b) El otro argumento lo extrae de la actitud habitual de los miembros en relación a su grupo. Bajo mil variantes, en el cur­so de la historia de las ideas, el grupo ha sido imaginado como ese lugar fabuloso en que todos los deseos serían satisfechos.

Para apoyar este segundo punto, Anzieu indica como el grupo se transforma en objeto “libidinal” (sobre-investimiento del grupo en desmedro de la realidad). "Regresiones cronológicas, tópica y formal. Etapas de narcisismo secundario y primario (la confrontación con otros y la angustia que despierta); en la regresión tópica, ni Yo ni Super-yo pueden controlar suficientemente a la representación-representante de la pulsión, y se considera al grupo como madre todo poderosa". "La tercera forma de regresión, la formal, se observa en el recurso a modos de expresión arcaica, muy cercanos al proceso primario".

A nosotros se nos hace necesario mostrar este trabajo, por­que hacemos una distinción esencial, que a su vez ha partido de una crítica. Hemos utilizado el trabajo de Anzieu porque creemos que es un importante hito para mostrar lo que queremos enunciar. trabajo de Anzieu trata de explicar qué sucede con los dos polos en juego "en todo grupo, lo social y lo individual.

Enuncia la visión que la sociedad posee sobre los grupos. Luego el proceso sufrido por los integrantes de un grupo. En ambos casos no podemos menos que felicitar a Anzieu por su explicación. Podemos decir que permite repensar al Freud de Psicología de las masas y Análisis del Yo. Pero queda libre una cuestión: ¿Y el grupo? Pontalis ya había demandado a Bion, en "Aprés Freud'', cuál era la estructura que posibilitaba los supuestos básicos. Di­cho de otra forma la pregunta a Bion era: Si los supuestos bási­cos son efectos, ¿cuál es la estructura que los provoca? Creemos que al trabajo de Anzieu le cabe la misma pregunta: ¿Qué es lo que ve la sociedad? ¿En qué situación especial entran los sujetos para sufrir el proceso descrito en este trabajo?

Explicitemos: ¿Qué es ese algo imaginario en el cual tanto sociedad como individuo ubican problemáticas dispares? Creemos que esa estructura fantástica, pero en relación estrecha con la realidad, debe ser un soporte de valor para que tanto gire alrededor de ella. Solamente la ideología cubre los caracteres de real y de imaginario de apariencial y de real, de manifiesto y de latente que creemos que todo grupo posee.

Por lo tanto, nuestra hipótesis es que el grupo es la construcción ideológica por excelencia, a través de la cual se pueden poner de manifiesto los diferentes mecanismos en juego de la ideología. Más, por momentos llegamos a tomar directamente el funcionar de una estructura grupal como la expresión acabada, en estado puro, de una ideología determinada. Por lo tanto, cuando se habla de grupo, no hablamos de sociedad ni de individuos, hablamos de una estructura que fue esbozada, esquematizada y delimitada en los trabajos, princi­pales de tres autores: Lewin, Bion y Pichon Rivière.

Esta estructura determinada y determinante que señalamos, es Ia que sirve como doble vehículo de la ideología (la de la clase dominante) para imponer, sostener, mantener y obtener el ajuste entre los agentes del proceso de producción, en cuya organización y objetivos lleva la marca de la ideología que las sustenta. Por lo tanto en esa estructura grupal, que estudiamos como tal y no reducida a los individuos que la configuran, debemos objetivizar esos mecanismos que nos suturan a la ideología dominante. La denuncia de ese "agarrarnos" que tiene el sistema en sus finas redes pasa por el inconsciente en las diversas for­mas de inscripción en él, y a través también de los sujetos, so­portes de esa ideología, que aparecen como modelos de identi­ficación sociales.

También para éste hay modelos grupales que son las insti­tuciones oficiales, o las normas prescritas, y el mensaje implí­cito es: "así deben ser todas las instituciones en este sistema". Volviendo al tema puedo decir que cuando nosotros tratamos de distinguir entre concepto de grupo y experiencia grupa! (categoría del campo), lo que decimos es que así como la segunda se refiere a lo que los individuos relatan sobre lo vivido, la primera, el concepto de grupo, es un grado de abstracción logrado luego de la elaboración a partir de trabajar con los materiales de Lewin, Bion, y Pichón Riviere. Estos autores aportaron categorías empíricas y nociones de la experiencia grupal que hemos reelaborado con nuestras pro­pias nociones sobre grupo. Así, que cuando hablo de grupo, lo hago sobre la instancia que está más allá de los individuos que están haciendo la experiencia grupal, tratando a su vez de observar y delimitar en una latencia, que está más acá, y que debe ser trabajada a nivel de interpretación para mostrar los mecanismos que son propios grupo y no de los individuos que lo constituyen.

Por lo tanto, el concepto de grupo define un sistema de relaciones que se estructura exteriormente a los individuos que lo componen. Desarrollemos más este tema. Durante años, revisando a los diferentes autores he visto que mientras algunos hablaban desde "afuera" del grupo, sobre lo que ahí observaban, otros relataban lo sucedido como lo hacían los participantes del grupo. Poco a poco fui discriminando un problema que aparecía continuamente cuando se hablaba sobre el grupo, que mientras nos señalaban hechos ahí sucedidos (Taylor y la cuestión del emisario), otros autores relataban lo que ellos habían vivido en el grupo.

Esto me llevó a tratar de efectuar una distinción del con­cepto de grupo y la categoría empírica de experiencia grupal. Bion, Lewin y Pichon Rivière habían hablado de una estructura grupo, y ahora era necesario distinguir entre los que participaban en ella y el que observaba desde fuera. Se hacía imperiosa una diferenciación entre los integrantes, que hablan sobre el grupo y relatan lo que ahí ocurre, y el coordinador y el observador del grupo que hablan también sobre lo que aquí sucede, pero con un discurso diferente al de los participantes, ya que ellos deben mantener una distancia y una visión sobre el funcionamiento para así interpretar lo ocurrido.

De ahí que cuando uno oye por primera vez hablar a ambos (integrante o coordinador) de grupo, aunque pareciera que hablan de lo mismo, en realidad oyendo con mayor precaución encontrará que mientras el integrante relata lo vivido, la cohesión sentida, la conciencia del nosotros; el lenguaje del coordinador hablará del funcionamiento de una estructura, sus vicisitudes, el grado de cohesión significativa lograda, el grado de racionalidad alcanzado por el desarrollo de sus objetivos.

Discursos paralelos, uno situado sobre la experiencia y la recuperación de ésta por los integrantes. El otro discurso mos­trará un todo moviéndose, y ese movimiento, será sobre mo­mentos significativos para esa estructura y demandará interpre­taciones (o hipótesis) como posibilidad de mostrar latencias im­posibles de ser vistas desde la misma experiencia. Este segundo discurso, es decir el efectuado desde la coor­dinación, apunta a una estructura o espacio imaginario cons­truido por el grupo real, pero que tiene todas las características de un mito y como tal, cumple las funciones de establecer las leyes implícitas del funcionamiento grupal.

Con esto nos referimos, esquematizando a que tenemos co­mo hipótesis, que los grupos estructuran luego de su agrupamiento, una configuración organizada a partir de un entrecruzamiento de proyecciones de los integrantes a los cuales se en­trelazan elementos representativos sociales, de una manera tal que en esa configuración se escenifica la obra teatral, a la cual no sólo han aportado los integrantes, sino que la sociedad ha suministrado el clima correspondiente.

Es claro de observar que este cuadro pictórico imaginado configura otra instancia en el movimiento grupal: va a actuar con la fuerza de un mito provocando conductas contradictorias en los mismos sujetos que han aportado a su constitución. Este comportamiento mítico lleno de emblemas sociales e individuales, será a su vez el lugar donde se dirime la ideología que va a desplegar el grupo en su desenvolvimiento.

Así planteada la cuestión debemos ahora retenerla para ir esclareciendo una serie de puntos. La posibilidad de que la práctica grupal se convierta en una contra-ideología ha sido nuestra preocupación constante, es decir: ¿De qué manera salíamos de las opciones institucionalizadas del pensar, del accionar, del sentir? ¿De qué manera se puede aprender a pensar distinto en situa­ciones cuyos caminos están ya fijados desde su comienzo? Sabemos bien que la situación grupal sirvió para todo: desde motivar modificaciones alimenticias (experiencias de Lewin y White), pasando por provocar sensaciones de comunión ritual (experiencias de Comunidad Terapéutica), hasta ilusiones de pensamientos nuevos (otras pedagogías; Grupos de Estudio, Asociaciones Psicoanalíticas).

En todos los casos comprobamos la repetición en otras formas de los mismos contenidos, expresiones diferentes de un mismo enunciado, la ilusión del cambio, la modificación racionalizada. ¿Por qué podíamos deducir esta terrible conclusión? La disociación permanente entre lo que se decía y se hacía, entre los enunciados discursivos y la forma de vida, indican que la experiencia pasaba por la cabeza sin modificarla, era el ubicarse mejor dentro de lo instituido (oportunismo ideológi­co, pervivencia ideológica según Lenin o compulsión a la repe­tición en Freud), pero no había un trastoque del sistema relacional: Revisamos las situaciones y las técnicas grupales empleadas. Arribamos a la conclusión de que la posibilidad de otro nivel de ubicación debe partir de dos puntos básicos: la relación Grupo - Tarea y la vinculación del coordinador con dicha relación. En la relación Grupo-Tarea el objetivo permanente es no solo el que hablen del tema, no sólo que digan lo que sienten (po­laridades de una misma racionalización) sino que expresen lo que sobre el tema suponen con el soporte emotivo que toda re­lación interpersonal involucra.

Dicho de otra manera, el grupo en relación con el tema debe tratar a éste, elaborar las concomitancias, consecuencias, supuestos y límites que dicho tema implica con una palabra cuya fuerza está dada por la emoción (carga energética alternante) que el hablar en esa situación grupal provoca. Con esto queremos expresar que si todo el grupo tiene tarea, se hace necesario no sólo su explicitación sino también los niveles que ella involucra. Es decir que existen niveles diferentes de extensión e inten­sidad de trabajo sobre un objetivo, y a su vez éste determina formas diversas de estructuración y funciones distintas en su elaboración. Aunque los integrantes hablen de sus emociones, ellas deben ser vistas por alguien con distancia. Y aquí entramos en el ámbito de la distancia en el cual está ubicada la coordinación (o sea coordinador-observador).

El coordinador tiene como trabajo la relación del grupo con el tema específico. Es decir que la labor del coordinador y el observador, no es la del grupo, sino visualizar el vínculo entre Grupo y Tarea. De aquí podemos deducir que el coordinador-observador se halla descentrado en relación al grupo y su finalidad, por la función que ambos cumplen. Este ubicarse distanciado del coordinador, requiere que ha­ya aprendido que su función no es la de líder del grupo, aun­que el grupo en su primer momento deposite en él el liderazgo, el coordinador deberá devolverlo y ellos lo jugarán permanen­temente. Aparece aquí la diferencia entre la corriente norteamericana que expresa lo opuesto, y nosotros.

Nuestra posición la basamos en que el coordinador no tiene que ser el líder del grupo, porque si no provoca una simbiosis de este con él ya que grupo necesita de estos liderazgos para poder pensar situaciones desde diversos ángulos. Para ellos ; el jugar distintos liderazgos permite la discusión desde diferentes puntos de vista., y el "rol playing" mental de sentir y pensar en diversos niveles. Aclaremos. Los discípulos de Lewin hicieron una clasificación sobre liderazgos, distinguiendo entre líder autoritario, democrático y laizes faire. A esta clasificación de los liderazgos nosotros le sumamos la significación ideológica, ya que observamos que ella responde a una estructuración patriarcal del manejo del grupo. El líder tiene la misión del cumplimiento de una finalidad rotativa que es la de asumir implícitamente la organización, más que la tarea del grupo.

Dicho de otra manera, al líder le corresponde una cierta estructura del grupo, pero se halla fundido en éste, por lo tanto su función está totalmente comprometida con el movimiento grupal. (Esto también fue enunciado por Bion, cuando explicitando los supuestos básicos, expresó que éstos eran estruc­turas inconscientes grupales que tenían su líder particular). Sólo alguien desde "afuera" puede ver la relación entre lí­der y grupo, es decir alguien que tiene como función observar el desenvolvimiento total del grupo para desarrollar sus objetivos. Es por esta razón que confundir liderazgo con coordinador es perder de vista las funciones de cada uno, y los niveles en los cuales estas funciones se desarrollan.

A su vez, esta cuestión lleva a tener que observar ciertas si­tuaciones por las cuales la coordinación de un grupo debe pa­sar para poder cumplir con su cometido. Estas situaciones involucran elementos ideológicos, sociales y psicológicos que debemos enunciar. Sin adentrarnos en profundidades que llevan a otro tipo de problemática, que estamos elaborando, podemos estipular algunas sugerencias sobre la vinculación entre grupo y coordinación.

Si decimos que la coordinación debe aceptar su función y luego separarse del grupo, ella tendrá que elaborar un pasaje por una situación que involucra dos tipos de cuestiones:

a) La problemática de la apropiación del producto.

b} La problemática del duelo.

En a) Es claro lo que la ideología de clase inscrita en el aparato psíquico de los sujetos determina, en el sentido de creerse dueño del grupo o de su producto. Dicho de otra manera, podemos enunciar que el término "mi grupo" expresado por los coordinadores no es sólo metáfora de identificación, sino que también involucra el deseo inscrito en una ideología.

En b) el problema se complica. Tomando sintéticamente a Freud, podemos expresar que la posibilidad de aflicción y / o melancolía, pasa no sólo por la elección narcisista, sino también por las variantes ideológicas del prestigio y el status. (Recordemos una frase de Freud: "Creemos debe mantenerse la hipótesis de una tal pérdida, pero no conseguimos distinguir claramente lo que el sujeto ha perdido y hemos de admitir que a éste tampoco le es posible concebirlo conscientemente").

Es decir, la elección y la decisión de trabajar con un grupo la identificación con él, incluye además los tintes ideológicos que determinada capa social proporciona a dicho grupo. El coordinador debe saber que el grupo no es de su propiedad, él lo funda, pero desde ese mismo momento debe comenzar la separación del grupo, en otros términos a elaborar su pérdida (aflicción). Esto permite a su vez un modelo al grupo que aprende así a esbozar sus limitaciones.

Cuando el coordinador funda el grupo, devuelve los liderazgos y comienza a elaborar su separación, posibilita que el grupo asuma esa situación frente al tema. Al mostrar implícitamente el coordinador que su función es limitada y no de apropiación permanente, lleva al grupo elaborar esa misma situación frente a la tarea; ellos tampoco son los propietarios del tema, tampoco lo agotarán y tendrán que reelaborarlo constantemente si quieren comprender más sobre él (el grupo recupera así una historicidad que de otra manera le estaría negada cuando se organizan vínculos eternos, fuera del tiempo y del espacio).

Lo que emerge como consecuencia de lo anteriormente dicho se refiere a la problemática del autoritarismo y la asime­tría. Aclaremos. Creemos que lo que se denomina como autoritarismo en un grupo, es el ejercicio violento del liderazgo o una coordinación que ha perdido su función específica y utiliza su rol y la interpretación como formas de ejercer presión y dominio de un movimiento grupal. El primer caso lo hemos observado en ciertos tipos informales o naturales, pero creemos que esa forma de establecer el liderazgo no sólo la determina el líder, sino también la organización y el objetivo del grupo, desde la ideología sobre la que ambos se fundamentan.

En el segundo caso la incapacidad del coordinador frente al desarrollo de un grupo, la no elaboración de los elementos psi­cológicos y sociales, antes expuestos; o directamente una for­mación deformada de su preparación para su labor específica, son los elementos más visibles para comenzar a explicar esa disfunción coordinatoria. En relación a la asimetría debemos expresar que correspon­de separarla del problema del autoritarismo con el que se la ha confundido. Una asimetría bien entendida se asienta sobre tareas y funciones diferentes de la coordinación del grupo. Que se la ha­ya confundido con autoritarismo y con la lucha imaginaria por el poder de un grupo, corresponde a una cuestión ideológica de no distingo entre la coordinación de un grupo y el liderazgo de una masa política. Por los elementos que venimos viendo aparecerán una serie de consecuencias que son las siguientes:

Si en la táctica y técnica de la conducción grupal están co­mo supuestos básicos la separación y la ruptura de la idea de propiedad privada, debemos redefinir los alcances de la coordi­nación. La que fue asimetría efecto de la pareja saber-poder, se en­cuentra ahora supeditada a los límites de una tarea a la interpretación, al reconocimiento de que cada grupo tiene su propia lógica del tratamiento del tema, y la transferencia indirecta (es decir que pasa por la tarea) por lo tanto, ahora la asimetría se funda sobre una diferencia de función en el grupo.

Creemos que el real funcionamiento de un Grupo Productivo así instalado, llevará a una mecánica cuya finalidad será el trabajo propuesto como proyecto. Diremos para terminar entonces, que la propuesta de una contra-ideología se fundamenta en dos tipos de premisas:

1. La posibilidad de elaborar la conjunción de elementos como la afectividad y pensamiento frente a un tema (propuesta al contrario de lo dado socialmente: "una cosa es el grupo de trabajo y otra el grupo familiar"; "el afecto nada tiene que ver con la razón").

2. La premisa anterior implica para su funcionamiento una clara distinción entre tarea del grupo y trabajo del coordinador y observador.

Estos dos últimos son exteriores al vínculo Grupo-Tarea y deben mantener una exterioridad a partir de dos elementos.

a. Devolución de los liderazgos depositados.

b. Elaboración permanente de su separación con el grupo, eso desde ya involucra la ruptura del sometimiento, la posibilidad de crecimiento del grupo, la recuperación por el grupo del poder de decisión, de elección, etc., etc).

Bibliografía: Bauleo, Armando. Psicología y Sociología de Grupo. Edit. Fundamentos. Madrid, 1979.

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