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Un Texto de Marie Langer.

Publicado por Francisco Mora activado 5 Abril 2013

Un Texto de Marie Langer.

Teoría Psicoanalítica y Sociedad.

Criterio de Salud y Criterio de Realidad (1970)

Marie Langer.

Ya que el título de mi exposición es “Teoría Psicoanalítica y Sociedad” y el subtítulo “Criterio de salud y realidad”, permítanme una condensación. Hablaré sobre “Criterio de Salud y Realidad Social”.

Planteado así el tema surge un primer interrogante:

¿A qué realidad social nos referimos?, ¿A la de Freud alrededor de 1900, a la actual nuestra de 1970?, pero ¿en qué lugar –primer mundo, segundo mundo, tercer mundo-, o a una posible realidad del futuro?

Y un segundo interrogante: ¿Podemos tomar a esta realidad social, aún dentro de este relativismo histórico y geográfico, como un macizo hecho de una sola pieza, o debemos enfocarla como algo mucho más movido y complejo, algo que consta de clases, grupos en lucha, o para abreviar, de conformistas y no conformistas?

Tomado esto así, surge un tercer problema: ¿El criterio de salud de cada analista depende únicamente de su “genealogía analítica” e idiosincrasia personal, o depende también de su ubicación conformista o rebelde frente a la realidad social que lo rodea?

Daré rápidamente un ejemplo del primer enfoque. En el Congreso de Roma uno de los termas fue “Identidad sexual masculina y femenina”. Es un tema fascinante, ya que la teoría psicoanalítica al respecto pertenece a una época pasada, y no fue revisada sistemáticamente a pesar e los grandes cambios ocurridos. Los enumero en estilo telegráfico:

Dependencia versus independencia económica de la mujer. Libertad sexual sin consecuencias. Cambio de los criterios morales frente al sexo y como resultante de todo eso un cambio en la relación de pareja con pérdida de la fijeza de roles.

En resume, se modificó tanto la identidad masculina como la femenina. Sin embargo, ni el expositor ni los discutidores mencionaron eso –yo sí-, sino que analizaron cuidadosamente el historial del caso clínico de un homosexual, cuyo autor clamaba por la necesidad de imágenes parentales no distorsionadas. No se dieron cuenta de que estos super-padres idealizados eran de él, pero no ya de sus pacientes y menos de éstos como padres del futuro.

Para ejemplificar el segundo y tercer punto me referiré al planteo de un analista mayor que trabaja en Estados Unidos (en la Metrópolis, como se dice hoy en día). Explica cómo el clima social puede servir al analizando de resistencia, es decir, de algo no concordante con el criterio de salud del analista. Trae primero varios ejemplos de pacientes promiscuos. Se queja, por ejemplo, de que no pudo imponerle a L. (cito literalmente) “ni abstinencia, ni abstinencia más bien relativa, ya que de hecho, las mujeres se entregaron a L. Con facilidad”, y más adelante (cito de nuevo) “una y otra vez me sorprendí a mí mismo haciendo fantasías aparentemente utópicas de deseo de que L. Encontrara una joven del tipo de mi generación y tradición”.

Diría que aquí se produjo una confusión. Obviamente el paciente no pertenecía a la generación ni a la tradición de su analista. Pero era él, y no Bychowski quien debía elegir su objeto.

Además Bychowski se queja de las reglas de juego vigentes en el ambiente de su paciente. Pero, ¿eran únicamente ambientales o cambió la moral sexual en general desde la juventud de Bychowski?. Así nos reencontramos con el error de la discusión en Roma que tal vez es resultado de una dificultad más general de los analistas de aceptar cambios sociales.

De todos modos Bychowski sigue nostálgico. Describiendo otros casos parecidos a L. Llega a (cito) “extrañar la “old-established traditional rules of courtship”. Disculpen que cite literalmente el inglés, pero temo perder en su traducción al castellano el matiz victoriano del autor.

Eso respecto al sexo. Pero Bychowski tiene otras quejas contra el ambiente social que le impide adaptar a los pacientes a su criterio de salud. Dice que si la hostilidad no resuelta contra las figuras parentales (cito de nuevo literalmente) “se dirige contra el orden social reinante, contra el Establishment [curiosamente escrito con mayúscula] o contra algunos de sus representantes, encuentra su justificación y racionalización en movimientos radicales o hasta de carácter revolucionario. Una acción de protesta estudiantil o hasta un movimiento pacifista ofrecen entonces una oportunidad al paciente de descargar y racionalizar su destructividad de manera tal que esta resulta aceptable no solamente al superyó sino que hasta sea aprobada y enaltecida por el ideal del yo”.

Mas adelante nos habla de la “hostilidad transferencial de uno de sus pacientes contra la guerra del Viet Nam”, hecho más notable aún si tomamos en cuenta que las interpretaciones de la escuela norteamericana prescinden generalmente del enfoque transferencial.

Un paréntesis: Pareciera que me burlara de Bychowski. Si embargo se, desde luego, que tanto promiscuidad como actividad política pueden constituir un síntoma. Pero al describirlas así, unilateral y nostálgicamente, con tanto fervor por “the old established traditional rules of courtship” o por el Estabilshment, escrito con mayúscula, Bychowski invalida su propia argumentación.

Bychowski describe después las limitaciones del análisis. Supone que un miembro sureño del Ku Klux Klan no es analizable. Pero pudo comprobar que personas profundamente religiosas pueden terminar su análisis exitosamente sin perder por eso su background tradicional y ortodoxo religioso.

De acuerdo con la probable no analizabilidad del miembro del Ku Klux Klan. Pero, ¿qué tal el caso de un general o un fabricante de armamentos o de un torturador?. Citando el ejemplo expuesto por Frantz Fannon. Además, ¿y por qué justo una persona religiosa, ortodoxa y tradicional y no por ejemplo un católico post conciliar que participa hasta en manifestaciones pacifistas?

En relación con toda esta problemática urge una revisión urgente del concepto de psicopatía. Mientras que pretender cambiar el orden establecido activamente o defender la moral sexual “tradicional y ortodoxa” implique un diagnóstico de enfermedad, nuestro criterio de salud tendrá que ser forzosamente también ortodoxo y tradicional, es decir, estancado desde el principio de nuestro siglo.

Dos palabras más sobre Bychowski. El propone revisar y analizar las racionalizaciones y prejuicios vigentes en Estados Unidos, en el siglo pasado, que permitieron mantener y defender la esclavitud. Es una propuesta buena y humanitaria de análisis aplicado, pero no da en el punto de urgencia. Sería más actual revisar y analizar los prejuicios y racionalizaciones que justifican y enaltecen el mantenimiento de la explotación del hombre por el hombre.

Les hable de criterios de salud discutidos en el Congreso Internacional de Roma y otros expuestos por un psicoanalista de prestigio que trabaja en Nueva York. Pero nosotros estamos en Buenos Aires de 1970, dedicados, dentro y frente a determinada sociedad, a definir los criterios propios e la escuela argentina.

Traigo un breve ejemplo al respecto: En un seminario de control de cuarto año, un candidato presenta a su paciente: Ingeniero, de tal edad, soltero, etcétera. Describe la problemática de su analizando. En la discusión que sigue alguien le pregunta: ¿Decime, tu paciente es exitista? Y surge un debate para aclarar si ser exitista puede ser señal de salud o debiera ser enfocado como un síntoma. Esta discusión, hoy en día, es central para la escuela argentina.

Comentarios .

Luis Chiozza.

Nos hemos reunido para hablar acerca del tema “Teoría psicoanalítica y sociedad”, y la circunstancia de que esto ocurra precisamente aquí en la Asociación Psicoanalítica, y precisamente ahora, en un tiempo en el cual se experimenta un movimiento acelerado en cuanto a cambios y crisis en la estructura que configura la sociedad de nuestros días, constituye una coyuntura cuya importancia difícilmente podríamos exagerar.

El Instituto de Altos Estudios Económicos de Saint Gallen organizó hace ya unos cuantos años una conferencia de carácter internacional, reuniendo representantes de las distintas ramas del saber, a fin de presentar una visión de conjunto acerca de los cambios operados desde los comienzos de este siglo en nuestra imagen general del mundo. Sus conclusiones señalan el nacimiento de una nueva cultura, de la cual participa el psicoanálisis, y cuyo ímpetu renovador sólo encuentra un término de comparación en los tiempos ya lejanos que jalonan la evolución desde una cultura fundada en el pensamiento mágico hacia el nacimiento de otra nueva basada en el desarrollo del pensamiento racional.

Si de acuerdo con tales conclusiones, tenemos en cuenta que los cambios en la realidad social que nos rodea trascienden hoy ampliamente los límites habituales del conflicto generacional entre padres e hijos, la problemática en la cual acaba de introducirnos la doctora Langer se torna especialmente crítica, y el ejemplo del analista nostálgico se vuelve doblemente conmovedor como paradigma de una trágica incomunicación entre dos seres que se necesitan mutuamente, ya que ambos, aún como exponentes surgidos de campos sociales distintos, sufren inmersos en el conjunto de un mismo ambiente cultural de crisis.

En un todo de acuerdo con el planteo que aborda la doctora Langer acerca de la influencia de la realidad social sobre el criterio de salud nada puedo agregar a su clara y concisa introducción a propósito de este punto especifico. Entiendo que las inevitables reflexiones acerca del posible error técnico, que bajo la forma de un déficit en el análisis de la contra-transferencia, se manifiestan en el analista nostálgico como una invasión exagerada del criterio de salud en el campo de trabajo psicoanalítico constituido por el análisis de la transferencia, si bien permitirían interesantes consideraciones, no pertenecen al tema que nos ocupa, y no invalidan, obviamente, la legitimidad de su planteo. Diré en cambio dos palabras acerca de un enfoque complementario con el aportado por la doctora Langer: la influencia del criterio de salud sobre la realidad social.

No definiremos un determinado criterio de salud: sólo diremos que forma parte del acervo común psicoanalítico el pensar que el hacer consciente lo inconsciente se encuentra en el camino que, a través de diversos avatares, nos acerca a la salud que eludimos definir. Al mismo tiempo debemos subrayar que el hacer consciente lo inconsciente es un proceso que, como producto cultural, pertenece a la realidad social de nuestra época.

Nuestra sociedad adquirió así, a través de una evolución de milenios, una nueva forma de conciencia, nacida en el ámbito de la medicina como una concepción de la enfermedad y de la salud, fue, como un producto “simpático” con las corrientes subterráneas de la evolución cultural de nuestro tiempo impregnando el universo de nuestro mundo social.

Podemos decir por consiguiente que si por lo menos una parte de los cambios en la realidad social que nos rodea, no se debe al psicoanálisis y su criterio de salud y enfermedad, se deberá seguramente a la misma corriente cultural que lo creó.

Terminaré diciendo que si el descubrimiento de lo inconsciente como motivación de la conducta individual y colectiva nos conduce a comprender y percibir en las perturbaciones de la misma los factores que para el profano resultan increíbles, una parte indelegable de nuestra tarea social como psicoanalistas debe consistir entonces en la investigación y comunicación de los motivos inconscientes que contribuyen a configurar estructuras individuales y sociales dolorosas.

Un Texto de Marie Langer.

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