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Texto de Anzieu sobre envolturas psiquicas...

Publicado por activado 13 Mayo 2013

Texto de Anzieu sobre envolturas psiquicas...

El Yo Piel

Didier Anzieu.

Expondré algunas de mis ideas concernientes al Yo Piel y las envolturas psíquicas a partir de dos principios: uno freudiano y fundamental, toda función psíquica deriva de una función biológica; el segundo, “jacksoniano” –del neurólogo Jackson-, según el cual en el desarrollo del sistema nervioso, es el órgano más reciente y más superficial el que integra el conjunto del sistema. En efecto, existe en ello una diferencia fundamental entre el sistema nervioso y todos los otros sistemas biológicos.

¿De dónde proviene el Yo?. Freud responde rápidamente a la pregunta en su obra “El Yo y el Ello” de 1923: el Yo deriva de las sensaciones táctiles. Y agrega: El Súper yo deriva de las sensaciones acústicas. Esas son sus únicas explicaciones. Es posible suponer en efecto que el Súper yo deriva de las sensaciones acústicas no sólo a causa de las prohibiciones enunciadas por sus padres, sino también porque, para adquirir la palabra, el niño debe obedecer a las reglas del lenguaje, que es el primer sistema de reglas al que se somete. Se puede decir entonces que el Súper Yo está estructurado como un lenguaje.

Pero volvamos al Yo. Las sensaciones táctiles poseen una característica particular, diferente a todas las otras sensaciones exteroceptivas, a saber, que pueden ser al mismo tiempo pasivas y activas. Si me toco la nariz con el dedo, tengo la sensación de ser tocado en la nariz, y por otra parte la de tocar con el dedo. Ahora bien, lo que caracteriza al yo es el hecho de tener una doble faz, externa e interna. En términos de topología matemática, el Yo es una interfaz que permite distinguir dos espacios diferentes que obedecen a principios de funcionamiento igualmente diferentes. La piel, en tanto recibe sensaciones de origen a la vez externo e interno, provee al modelo del Yo.

De este modo, el Yo por su doble faz, puede conocer las sensaciones internas proyectándolas al exterior y percibiéndolas entonces como si fueran objetos exteriores. Desde este punto de vista, siempre en términos de topología matemática, la estructura del Yo es una banda de Moebius, es decir, una banda en la cual hay una torsión de la superficie, torsión por la cual la faz externa se vuelve faz interna y recíprocamente. Esto es lo que permite percibir el exterior y llevarlo al interior del psiquismo y percibir las pulsiones y sus representantes proyectándolas al exterior. No obstante, el modelo de la piel no se reduce a este único aspecto, es mucho más complejo y volvemos a encontrar en las funciones del Yo cada una de las grandes funciones de la piel.

La primera función de la piel (no me ubico en un punto de vista cronológico o lógico, sino para establecer un orden arbitrario), es una función de envoltura, de bolsa. Freud describe al Yo como una “vesícula”. El Yo es lo que contiene a todo el psiquismo. Lo intenta, al menos. Ahora, saber si lo logra, eso ya es otra historia. Tal como la piel asegura la unidad del organismo, el yo asegura la de la persona. Una segunda función de la piel, la más superficial de todas, la de esa capa endurecida córnea y queratinizada que es la epidermis, es la de servir de protección contra las excitaciones exteriores. Freud, en sus primeros escritos sobre el aparato psíquico, hablaba ya del Yo. Mostraba que esta función consiste en reducir la energía de manera de poder hacerla circular en el organismo sin peligro de destruirlo. La segunda función del Yo-piel es entonces la de protector contra las excitaciones (pare-excitations).

Pero la piel tiene igualmente una función de comunicación: filtra los intercambios entre el interior y el exterior. Es en la piel que se originan los órganos de los sentidos. Esta función se encuentra también en el Yo, que decide sobre lo que percibe o no percibe en el mundo exterior. Otro tanto ocurre con las informaciones que deja penetrar al interior. Se puede describir una patología correspondiente a cada una de sus funciones. Para la primera, la del Yo-piel como bolsa o vesícula, una patología subsiguiente es la de un Yo-piel “colador”. Es decir, que en este caso la bolsa agujereada y que lo que está en el interior no puede ser conservado. De lo cual deriva una angustia de vacío, y también el sentimiento de pérdida de la unidad personal.

Para la segunda función, la de protector contra las excitaciones (pare excitations), puede haber dos patologías: por exceso y por defecto. El protector contra las excitaciones puede estar hasta tal punto rugoso y endurecido que no deja pasar más nada al interior. El Yo-piel se vuelve una verdadera caparazón, lo que ha sido descrito en ciertos niños autistas. Estos están obligados a defenderse contra las intrusiones exteriores. Es lo que E. Bick llama un Yo-piel crustáceo. Otra anomalía consiste por el contrario, en una insuficiencia de la protección, como sise estuviera en carne viva, lo cual es otra forma de autismo, que ha sido descrita, siempre por Bick, como un Yo-piel blando y desnudo, a imagen, por ejemplo, del pulso que carece de caparazón.

En lo que concierne a la tercera función, la de filtro de los intercambios, la piel constituye la primera superficie de inscripción sobre la cual los estímulos externos vienen a dejar sus huellas. Por otra parte, no es casual, que para escribir, el primer material utilizado haya sido el pergamino, es decir, la piel. Y creo que nadie puede aprender a escribir si no ha hecho, cuando era muy pequeño, esa experiencia de la piel como de una superficie plana sobre la cual venían a marcarse esas inscripciones. Existen muchas otras funciones de la piel que se pueden encontrar entre las del Yo, tales como las que aseguran la continuidad de la experiencia personal, que hacen reconocer por los otros la propia individualidad. Se podría hablar de una función inmunológica del Yo, asociándola a la función biológica fundamental al nivel de la membrana de los glóbulos rojos, por ejemplo, que permite distinguir las sustancias peligrosas, y dejar pasar las primeras, no las segundas.

Esto me lleva a discutir algunas de las repre4sentaciones tradicionales del cuerpo y del psiquismo. Uno se representa con frecuencia al núcleo como siendo la cosa esencial, y a la membrana, la envoltura, la corteza, como menos importante. Ahora bien, en la actualidad, los trabajos de química biológica demuestran que hay una actividad química extremadamente importante en la membrana y de la cual han derivado nuevas explicaciones de la hipertensión arterial y del cáncer. Lo mismo sucede en psicología. La representación espontánea que el Yo se hace de sí mismo es la de ser el núcleo del psiquismo. De hecho esta representación no corresponde a la realidad. Es una representación narcisista del psiquismo. El narcisismo ha tenido siempre tendencia a considerarse como el centro de todas las cosas. El Yo es en realidad un fenómeno de superficie, de corteza, y no de núcleo.

Es preferible imaginarse una representación en términos de encajonamientos sucesivos de las envolturas: el inconsciente es la primera envoltura psíquica del cuerpo. A continuación, el Yo forma la envoltura psíquica del inconsciente. La conciencia intenta finalmente ser la envoltura del Yo. Es, pues, una serie de envolturas encajadas unas dentro de las otras. Considero esta representación por parcial que sea, como más verosímil que la representación que ubica al Yo en el centro del psiquismo. Se trata, en todo caso, de una hipótesis de trabajo que presenta la ventaja de integrar más elementos que la precedente. Otra de las características de esta envoltura psíquica es la de no ser total. El Yo es solamente una envoltura parcial. Esto es lo que permite estar en contacto con el inconsciente como con el Superyo.

Es posible señalar en este nivel, dos patologías importantes: el Yo ocupa una superficie demasiado pequeña, o una demasiado grande. Si no envuelve más que una pequeña parte del psiquismo. Se tratará por ejemplo, de la psicosis o de la psicopatía.. Pero se puede encontrar el caso contrario en la que el Yo tiende a envolver totalmente al psiquismo.

Tal sería el caso de aquella niña apenas púber que practicaba pesca submarina. Un día, al emerger a la superficie, chocó con una embarcación, la hélice le corto el pie y debió ser amputada. Por reacción desarrolló un Yo-piel enteramente cerrado, a tal punto que no pudo vivirse ni como mujer, ni como hombre, sino como un ser neutro. No tuvo jamás vida sentimental ni vida sexual –ya fuera activa como imaginaria-. Otra característica del Yo es la simetría entre la superficie y la faz interna. La faz interna y la faz externa no cumplen la misma función; la faz externa cumple la función de protector contra los estímulos y la faz interna al modo de la banda de Moebius, la función de percepción y conciencia.

Varias patologías se enraizan en este nivel como confusión de ambas faces (caras). La intervención de las dos faces, una puesta en lugar de la otra en una alternancia continua, se manifiesta clínicamente por la dificultad de diferenciar lo mío y lo no-mío. Hay por ejemplo, pacientes que se creen siempre responsables de cosas con las que no sólo no tenían nada que ver, sino que las han padecido. Estos pacientes van a sacrificarse a sí mismos haciéndose responsables de hechos que en realidad se originan en el comportamiento de su entorno. El Yo-piel permite las primeras discriminaciones sensoriales a partir de las cuales se vuelven posibles las primeras discriminaciones del pensamiento. Esta es la razón por la cual planteo la hipótesis de que la piel es la base del pensamiento.

Citaré algunos ejemplos de esta discriminación sensorial primitiva:

- El calor y el frío: he publicado la observación de una paciente que tenía perturbaciones en la distinción del calor y del frío. Tenía un hermanito menor. Cuando la bañaban, siempre lo hacían con agua demasiado caliente para que estuviera tibia para su hermanito. Gritaba y lloraba porque ese baño estaba demasiado caliente, pero le contestaban que era una mentirosa: “el baño no está demasiado caliente, te equivocas”. Descalificaban sus propias sensaciones; sus padres afirmaban que sabían mejor que ella lo que sentía, de este modo, no estaba nunca segura de lo que experimentaba.

- Lo interno y lo externo.

- Lo suave y lo áspero: esta distinción juega no solamente desde el punto de vista del contacto táctil sino también desde el punto de vista del contacto auditivo. La voz ronca es un equivalente del contacto áspero de la piel. Y las madres de los paranoicos son en general madres que tienen un contacto táctil áspero y una voz ronca.

- Lo animado y lo inanimado: una paciente llegó a su sesión de psicoanálisis y me cuenta el incidente siguiente: vino como de costumbre en auto desde las afueras donde vive y mientras conducía vio en la banquina de la ruta un hombre de pie que hacía dedo.

Disminuyó la marcha para levantarlo, pero al acercarse ve en primer lugar que no es un hombre sino una mujer. En segundo lugar, que no está inmóvil de pie sino que anda en motocicleta, y en tercer lugar, que no está de frente sino de espaldas, lo que suma tres errores de percepción. Estaba tan perturbada por esto que se olvidó de girar a la derecha. Para venir a mi consultorio y se perdió. Debió hacer grandes rodeos para poder retomar camino, este error la llenó de vergüenza y de una angustia considerable, pero lo curioso es que mientras habitualmente llega con retraso a sus sesiones, ese día llegó a tiempo a pesar de todo. Eso me dio la oportunidad de interpretar las tres confusiones que se le produjeron: la confusión hombre-mujer; la confusión delante-atrás, y sobre todo lo más importante de las tres, la confusión animado-inanimado. Le vuelve entonces el recuerdo de la muerte de su abuela. No voy a relatar la historia clínica de esta paciente, pero es necesario saber que sus padres se habían separado antes de su nacimiento y que es esa abuela quien la educó.

Su madre era muy hostil con respecto a esta niña que le recordaba al hombre que la había abandonado durante su embarazo. Mi paciente recupera el recuerdo del cadáver de su abuela en la capilla ardiente. Ella había llegado en el momento en que arreglaban el cadáver. Lo levantaban para ponerle las vestiduras mortuorias. Vio pues al cadáver moverse. Lo inanimado se había vuelto animado, la idea de que el muerto podía moverse le produjo una angustia espantosa. Esa angustia es la que revivió en ocasión de aquel error de percepción, pero no es una explicación suficiente, pues a todos nos angustia ver un cadáver y tememos que el muerto se mueva y se reanime, la angustia de ella era más fuerte que esta angustia universal.

Durante su primer año había tenido problemas de osificación y le habían mantenido las piernas separadas poro un aparato, para favorecer un mejor desarrollo de su esqueleto. Había permanecido así varios meses tendida e inmovilizada. Es en este hecho que se origina su confusión animado-inanimado, se sentía viva, necesitando moverse y ese aparato la mantenía inmóvil, la volvía inanimada. De ello surgió una angustia de muerte; con su abuela reencontró la misma angustia en sentido inverso, en efecto, si lo animado puede volverse inanimado, recíprocamente, lo inanimado puede volverse animado. La discriminación fundamental animado-inanimado, no había podido constituirse de manera suficiente, ¿por qué?, porque la madre era rechazante con respecto a esta niña, no comprendía cuales eran sus necesidades, sus sensaciones, sus emociones. Hubo por lo tanto, en ella, una constitución muy insuficiente del Yo-piel.

Esto me permite dar un esbozo de explicación sobre el origen del Yo-piel: el Yo-piel se constituye en la relación primitiva del cuerpo de la madre, o la persona que la sustituye, con el cuerpo del niño. Es decir, con la persona del primer entorno que cumple la función de continente de las sensaciones y los efectos del pequeño y que, por sus gestos, por sus palabras, por su mímica, sus miradas, por su manera de tocar al niño, de estrecharlo contra ella, de llevarlo alzado, de manipularlo, hace comprender al niño que ella ha comprendido lo que le ocurre. Es decir, que ella le devuelve en espejo lo que siente de él, y el niño no puede enterarse de lo que siente si no lo lee en ese espejo que es a la sazón su madre.

Es en este momento que el niño puede interiorizar el continente materno, y es una vez que él posee un continente propio que puede tener contenidos psíquicos. No puede hablarse de contenido psíquico sino cuando un continente ha sido interiorizado; de la discriminación insuficiente continente contenido se desprende toda una serie de perturbaciones que pueden manifestarse tanto a nivel de pensamiento lógico y del razonamiento, como a nivel de la expresión literaria, ya que la confusión del continente y el contenido se reencuentra en una figura retórica: la metonimia.

Existe un tipo de confusión aún más importante, la del sueño nocturno. En efecto, el sueño nocturno juega sin descanso con la confusión continente- contenido; en un principio Freud explicó el sueño nocturno como el cumplimiento imaginario de deseos reprimidos. Luego, se percató de que aunque esta explicación se aplica perfectamente ciertos sueños, no es válida para los sueños post-traumáticos, es decir, los sueños en que el durmiente revive todas las circunstancias que precedieron al accidente del que fue víctima. En este caso no hay cumplimiento de deseos, se trata poro el contrario de una experiencia sumamente dolorosa; de este modo, el estudio de los sueños post-traumáticos condujo a Freud a abandonar su primera teoría del aparato psíquico para construir la hipótesis del Yo, del Ello y del Súper-yo y a presentar la idea del Yo como una envoltura.

Cuando existe traumatismo, se produce un desborde del protector contra las excitaciones, ruptura del Yo-piel. El sueño tiene por función la de reparar los trozos desgarrados del Yo-piel, es decir, que allí donde el Yo-piel ya no puede funcionar, una piel de sueños intenta sustituirlo. Se puede incluso generalizar la explicación: padecemos cada día traumatismos, pequeños ciertamente, pero que se acumulan, y es necesario que todas las noches soñemos para reparar nuestro Yo en el cual estos traumatismos han provocado efracciones sin cesar. Esta es la razón por la cual el sueño es indispensable a la salud tanto física como psíquica. Se sabe que impedir a los animales y a los seres humanos soñar provoca enfermedades a veces mortales. Si el sueño tuviera como única función la de satisfacer los deseos, su ausencia no sería mortal. Uno no se muere por no poder cumplir sus deseos, por el contrario, no poder reparar las efracciones traumáticas presenta un riesgo mortal.

Esto conduce a revisar la primera teoría freudiana del sueño, que diferencia un contenido manifiesto y un contenido latente, considerando al contenido manifiesto secundario y superficial, y al contenido latente como más esencial, más profundo. Propongo la hipótesis siguiente: el contenido manifiesto es el continente del sueño, es la reconstrucción de la envoltura psíquica traumatizada. Desde este punto de vista, el contenido manifiesto tiene pues una importancia esencial que no disminuye para nada la importancia del contenido latente en cuanto al placer reprimido, incluso, es lo que muestra la necesidad de que haya un contenido manifiesto y un contenido latente en el sueño para satisfacer ambas funciones.

Examinemos ahora ciertas consecuencias clínicas y técnicas a propósito de lo que acabo de exponer, particularmente en el trabajo psíquico y en el trabajo psicoanalítico se trata ya no de buscar los fantasmas, las identificaciones, los mecanismos de defensa, sino de revelar igualmente cierto número de características narcisistas del sujeto. Evoque hace un momento la diferenciación del Yo y del no-Yo, evoqué igualmente la diferenciación continuidad-discontinuidad, animado-inanimado. Voy a citar otras dos o tres diferenciaciones que me parecen importantes.

Por ejemplo, la diferenciación familiar-extraño. Ustedes conocen los trabajos del psicoanalista norteamericano Spitz sobre la angustia del octavo mes en el niño: el rostro familiar es tranquilizador y el rostro desconocido es inquietante; esto ocurre en un niño normal, que posee ya una constitución muy avanzada del Yo-piel. Ahora bien, se observa una patología en la que lo familiar es peligroso y lo extraño es tranquilizador, es decir, que se opera una inversión de valores. En este caso puede hablarse de inquietante familiaridad, y las investigaciones en psicosomática parecen mostrar que la estructura alérgica, por ejemplo, la alternancia asma-eczema reposa, desde el punto de vista psíquico en esta inversión de lo familiar y lo extraño, en una experiencia precoz y repetida de inquietante familiaridad.

Los límites del Yo ofrecen igualmente ejemplos conflictivos. En un individuo normal se dan límites flexibles y variables a lo largo de un mismo día: dormirse y despertarse producen una modificación importante de los límites de Yo. Desde este punto de vista, se pueden observar dos patologías: una consiste en establecer límites rígidos, otra en no establecer ninguno.

Esto nos conduce a evocar una variable más de extrema importancia, la variable limitado-ilimitado; existen sujetos que desean preservar en ellos algo ilimitado, por tanto, van a resistirse al establecimiento de discriminaciones, de diferenciaciones. Con frecuencia se trata de una resistencia l proceso psicoterapéutico, ya que, por el progreso psicoterapéutico, los pacientes se dan cuenta de que se verán conducidos a establecer distinciones y delimitaciones, es decir, que les será necesario abandonar el sueño, la utopía, de ser ilimitados. No hay duda de que nadie, tampoco los psicoanalistas, ha abandonado por completo el sueño de ser ilimitado, todos tenemos esta creencia de que algo de nosotros quedará después de nuestra muerte, es decir, que algo permanecerá ilimitado, ya sea en el espacio, ya sea en el tiempo. Este aspecto, este sentimiento de sí ilimitado comporta cierto número de funcionamientos psíquicos de “todo o nada”, o incluso “o Yo o el otro”; o bien, uno vive o el otro muere, o bien, soy yo quien muere y es el otro quien vive; este funcionamiento psíquico es característico de los pacientes borderline.

Conviene insistir todavía en otra variable, la de la confirmación-descalificación, según sepa la madre confirmar o no al niño las sensaciones que éste experimenta;.esta variable es indispensable para la adquisición por el niño de dos creencias: la creencia en la existencia del mundo exterior y la creencia en su propia existencia. En lugar de describir todas las patologías que corresponden a esta variable, me contentaré con estudiar una que es tal vez menos conocida que las otras: se trata de los sujetos borderline que no experimentan el sentimiento de existir por sí mismos, es decir, que su Yo es exterior al psiquismo. Esto se traduce en el sentimiento que tienen de vivir la vida como observadores de ellos mismos, son exteriores u propia ida, observan lo que les ocurre, lo que hacen, pero no se habitan. Incluso en estos casos es necesario poder trabajar el nivel del Yo-piel y reparar sus fallas específicas.

****

(El texto que sigue es la respuesta de Didier Anzieu, sintéticamente elaborada, a todas las preguntas planteadas por el público).

Una de las preguntas que me hicieron atañe a las referencias teóricas. Cité a Freud y a Spitz. No cité a otros autores en forma explícita, pero es evidente que la noción de continente-contenido está tomada de Bion. No cité la noción de espacio transicional de Winnicott, pero está implícita en lo que dije.

La noción de sentimiento del Yo y los límites del Yo, la tomé de Federn que fue el primer psicoanalista que teorizó sobre el sentimiento del Yo, hacia 1920.

Me hicieron una pregunta sobre la epilepsia, es una muy buena pregunta, pues los estudios recientes sobre los epilépticos han mostrado un tipo de personalidad muy particular. Quiero decir que los jóvenes epilépticos, no los crónicos, presentan perturbaciones muy importantes delas variables narcisistas que enuncié hace un momento.

La relación continente contenido está muy perturbada en ellos, esto comporta el hecho de que no hay un espacio psíquico interno que permita localizar y controlar las pulsiones. La crisis epiléptica, es la descarga brutal de las pulsiones que no han podido ser localizadas en el espacio psíquico. Por lo general, se trata de la agresividad, pero también puede tratarse de una pulsión sexual, e incluso ambas al mismo tiempo.

Esta descarga es vivida como una pérdida de conciencia que caracteriza claramente la ausencia del Yo-piel. En Francia acaba de aparecer una obra de Hervé Beauchesne sobre los epilépticos que desarrolla esta aplicación del Yo-piel a la epilepsia.

Evidentemente, me hicieron preguntas sobre los grupos, ya que soy conocido por mi interés científico en ellos.¿Qué ocurre con las relaciones del Yo-piel y los grupos? Tenemos aquí mismo en esta sala en que el público está apiñado, un ejemplo de la tendencia a buscar el contacto con la piel del vecino para constituir una continuidad de piel unos con otros.

Es igualmente interesante observar cómo el grupo ocupa el espacio de que dispone. Voy muy rápidamente a otro resultado, René Kaes planteó la hipótesis de que existe un aparato psíquico grupal, tal como existe un aparato psíquico individual, más exactamente, una colección de individuos se convierte en grupo cuando sus aparatos psíquicos individuales construyen un aparato psíquico común. Y entre las características de este aparato psíquico grupal hay un Yo-piel de grupo que se construye y que va a permitir distinguir lo que está dentro del grupo y lo que está afuera, y muchas otras características que no tengo tiempo de desarrollar.

Es también algo bien conocido que las personas que tienen un déficit en su Yo-piel van a buscar un sustituto en la vida grupal; el grupo es con frecuencia un sustituto de la madre continente; las pandillas de chicos, por ejemplo. Esto puede observarse en los mamíferos superiores ya que los pequeños chimpancés que tuvieron una madre insuficientemente buena, se juntan en bandas y encuentran en ellas el sustituto materno que necesitan.

Se trata, por consiguiente, de un fenómeno biológico y sociológico fundamental; naturalmente, el grupo es al mismo tiempo una amenaza para el Yo-piel individual. No tuve tiempo de hablar del fenómeno de las inscripciones reales hechas en la piel por, medio de tatuajes, pinturas o escarificaciones; en las sociedades llamadas primitivas, esas pinturas sobre la piel tienen la finalidad de definir pertenencias sociales.

No sé cómo será el tatuaje en la Argentina, pero en Francia los que llevan tatuajes son las categorías de personas excluidas de la sociedad: los marineros que viven alejados de sus familias, los condenados en prisión, o incluso los militares que son enviados muy lejos de su país, ellos tienen necesidad de inscribir sobre su cuerpo signos al mismo tiempo de exclusión de la sociedad y de pertenencia al grupo de los excluidos.

Podría citar también la notable novela de Kafka, La Colonia Penitenciaria, en que el oficial inscribe, con ayuda de una máquina, sobre la piel de los condenados el artículo del reglamento que han transgredido; se da en este caso una relación directa entre el código y el cuerpo.

La última pregunta a la que voy a responder, disculpándome por no poder responder a todas, concierne a la técnica del análisis de los sueños. Lo que importa es el fondo del sueño, el decorado, y no solamente las personas que están en el primer plano, el relato es igualmente importante.

¿A quién se le cuenta el sueño?. Uno lo cuenta siempre a alguien, uno se lo cuenta a sí mismo al despertar, no se lo cuenta solamente al psicoanalista. Para volver a los fenómenos de grupo y a los lazos que en ellos se observan con frecuencia, existen grupos en que los miembros se cuentan sus sueños. Y hay sueños en los que todo el grupo está presente.

Sería necesario hacer hipótesis sobre el sueño grupal; el sueño representa una actividad de constitución del espacio transicional, se trata de saber entre qué y qué establece el sueño la transición. No se trata de interpretar solamente los deseos reprimidos, sino también de interpretar la dimensión de comunicación del sueño.

Texto extraído de “Cuadernos de Clínica Infantil”, Escuela de Comunicación Humana, No. 7 Univ. Autónoma del Edo. De Morelos. Cuernavaca, 1987.

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